31 Enero 2012

miguel ángel y las letras

Publicado en el escritor por franciscru a las 1:01 h.

Al mayor prodigio del Renacimiento no le gustaba que le consideraran un pintor. Abominaba de los regios encargos que le condenaban a dedicar meses, e incluso años, a la decoración de techos y paredes. Miguel Ángel se sentía, sobre todo y ante todo, un trabajador de la piedra, un escultor. No sabemos si al padre del “David” le habría hecho gracia que le recordasen como escritor. Aunque este artista total, aparte de lucirse con encarguillos de ingeniería, escultura, dibujo, arquitectura, pintura, urbanismo o diseño, también podía presumir de buen poeta. Pero su descomunal talento plástico ensombreció esa otra faceta del genio creador: los que saben de esto dicen que escribió durante toda su vida, que Miguel Ángel era un ávido lector, humanista como muchos de sus egregios contemporáneos, y devoto de Dante y Petrarca. A nadie le debe extrañar, pues, que a este hombre de su tiempo le atrajesen también el mundo de las letras y de las ideas filosóficas. Sus sonetos se han editado recientemente en español por la editorial Cátedra. Reproducimos aquí  uno de los más conocidos, con dos estrambotes, y compuesto al parecer mientras pintaba los frescos de la Capilla Sixtina. Son versos desenfadados, escritos en tono burlesco con intención de desmitificar la tarea solemne del artista. Según Francisco L. González-Camaño “este soneto se ha considerado siempre un sufrido testimonio de los ímprobos esfuerzos físicos que el artista hizo encima del andamio para poder llevar a cabo en solitario la magna obra asignada por el Papa. El autorretrato es crudamente explícito y el pintor no nos ahorra ningún detalle físico de su humanidad machacada” (Algunas notas sobre la poesía de Miguel Ángel, Revista de estética y teoría de las artes. Número 6, noviembre 2007). Toda una invitación a conocer un poco más sobre la vida y obra de este personaje crucial en la historia del arte con libros como los de TASCHEN que, por sus dimensiones, encontrarás rápidamente en la biblioteca…

 Se me ha hecho ya buche en la fatiga,
como hace el agua a los gatos en Lombardía
o en cualquier otra región de que se sea,
que a fuerza el vientre se junta a la barbilla.
La barba al cielo, y siento la memoria
en el trasero y tengo el pecho de una arpía.
Y sobre el rostro el pincel aún goteando
un rico pavimento me va haciendo.
Los riñones me han llegado hasta la panza
y del culo hago en contrapeso grupa
y ya sin ojos doy pasos en vano.
Por delante se me estira la corteza
y por plegarse atrás se me reagrupa
y me extiendo como un arco de Siria.
Pero engañoso y extraño
brota el juicio que la mente lleva,
pues tira mal la cerbatana rota.
Este cadáver de pintura
defiéndelo ahora, Juan, y también mi honor
no estando yo en mi sitio ni siendo yo pintor.

27 Enero 2012

jatakas

Publicado en Recomendaciones, biblioteca virtual por franciscru a las 8:15 h.

Esta película necesita Flash Player 7

La tradición literaria oriental es antiquísima, e infinita su variedad y riqueza, aunque por aquello de estar íntimamente ligada a un espiritualismo que no entendemos, nos suele resultar un tanto inaccesible. Sin embargo no podemos negar, por ejemplo, la enorme influencia que sobre las literaturas occidentales han ejercido los cuentos recopilados en Las mil y una noches: la prueba es que, en los albores del siglo XXI, se siguen publicando y actualizando ediciones. Según Vargas Llosa “no existe en la historia de la literatura una parábola más sencilla y luminosa que la de Sherezada y Sahrigar para explicar la razón de ser de la ficción en la vida de los seres humanos y la manera como ella ha contribuido a distanciarlos de esos oscuros orígenes de su historia en los que se confundían con los cuadrúpedos y las fieras” (Las mil noches y una noche. Alfaguara. 2009). La importancia de este clásico entre los clásicos merecerá tratamiento aparte en el futuro. Para abrir boca vamos a escribir una pequeña introducción a los jatakas, ilustrando la entrada con una preciosa edición americana de Tales of India de Ellen C. Babbitt, publicada en 1912 (en inglés). Los jatakas son historias de las andanzas de Buda en vidas anteriores, encarnado principalmente en seres humanos, pero también en todo tipo de animales. Las fábulas que integran esta colección son de muy diferente extensión y sirven al propósito de aleccionar al lector sobre las virtudes y la sabiduría. Es un error muy extendido pensar que todos los jatakas son cuentos infantiles con moraleja final: algunos resultan un poco macabros y hasta violentos. No vamos a dar pormenores de su génesis y evolución, porque para eso está internet. Pero sí vamos a recomendar su lectura, que puede resultar entretenida, amena y constructiva para personas de entre nueve y noventa y nueve años (si tenemos algún visitante de cien años o más le rogamos que nos disculpe, pero si éste es el rango universalmente aceptado para presentar un puzzle de mil piezas, con mayor motivo ha de serlo para inducir a leer un libro de más de mil palabras).

23 Enero 2012

los libros de enero…

Publicado en Recomendaciones por franciscru a las 9:01 h.

Existen muchos cálculos sobre el número de volúmenes que una persona puede leer a lo largo de su vida. Como la estimación depende de la aplicación, el calibre de las lecturas y hasta de lo larga o corta que sea la existencia de la que hablamos, cualquier resultado que aventuremos tiene las mismas garantías de acertar: ninguna. El problema no suele estar en el tiempo que se dispone para leer, sino en todo en el que se desperdicia en los prolegómenos. Por lo general, los libros que suelen pasar por nuestras manos no son objeto ni de la atención necesaria ni de la curiosidad suficiente como para soportar una dedicación que se agote en la última página. Por la pinta o por las delirantes promesas que nos hacen desde las solapas, un buen porcentaje de potenciales lecturas no merecen siquiera ser consideradas como tales. Los libros voluminosos de papel biblia, con tapas duras y solemnes, suelen disuadir de cualquier intento de lectura continuada; aquellos otros con apariencia de antiguos y desfasados se expurgan de las bibliotecas sin atender las perennes cualidades de algunos de ellos. Los que aparecen desencuadernados o presentan desaliño o maltrato se toman con dos deditos y se arrojan a la papelera. Si a éstos les sumamos los que tienen una portada poco sugerente, las obras firmadas por autores de nombres imposibles, los picados con manchitas de humedad o los que exceden las dimensiones habituales, hemos conseguido reducir notablemente la lista de candidatos; pero ni siquiera recurriendo a este dudoso método de escrutinio disminuimos sustancialmente la cantidad de títulos a nuestra disposición. Solución: dejarse llevar por las razonadas recomendaciones de los que calentaron la butaca antes que uno. So pretexto de ser útiles en el empeño, traemos aquí algunos de los títulos a los que hemos aludido directa o indirectamente en las pasadas entradas: por arte de internet, basta con pinchar y acceder a la opinión cualificada de lectores que nos precedieron en la aventura, porque en este mundo globalizado, no hay ámbito en el que alguien no nos haya precedido en hacer, decir o pensar cualquier cosa.

19 Enero 2012

marcapáginas

Publicado en marcapáginas por franciscru a las 18:47 h.

Horas. Minutos. Segundos. Hemos conseguido crearnos la ilusión de que podemos dividir el tiempo en cantidades discretas, unidades que nos permiten sumarlo y restarlo, ponderarlo y hasta calcular sus dimensiones. Pero el tiempo dista mucho de ser el alma que mueve las agujas de un reloj. El ritmo que la vida impone, con sus pausas, letargos, esperas, progresos acelerados, retornos vacilantes… refuerza la evidencia de que el tiempo no cuenta con nosotros, que fluye implacable deslizándose por el filo del presente con la pericia de un skater. Sin embargo, cuando leemos somos dueños del reducido universo comprimido entre las tapas del libro; los acontecimientos se recrean ante la mirada atenta del lector, momentáneamente desembarazado de cuanto le vincula a la realidad. El tiempo se convierte entonces en parte de esa nueva conciencia, libre para moverse por la ficción sin limitaciones, como un pececillo de colores en el vasto océano. Esta sensación puede ser tan intensa que algunas personas aseguran que gracias a ella pudieron sobreponerse a un largo cautiverio físico, entre las cuatro paredes de un calabozo, o anímico, asediados por el tedio, la rutina y el aburrimiento. El marcapáginas es el símbolo de la soberana voluntad del lector, del aceptado receso que congela el tiempo de papel en el instante en el que las hojas se confunden ruidosamente. Los marcapáginas aguardan pacientes en la bitácora de nuestra mesilla de noche y vigilan la plaza hasta que regresamos, recordándonos a qué distancia se encuentra el desenlace. Los menos románticos alegarán que todo esto del tiempo y los pececitos irisados está muy bien, pero que con entremeter la solapa o doblar una esquinita, asunto resuelto. No tenemos argumentos de peso para convencer a toda esa tropa más apegada a lo pragmático que a lo romántico pero, sin ningún género de duda, utilizar la solapa es vulgar y plegar la página (sobre todo si el libro es de otro) inmoral… Nada que ver con este elegante impala dorado con el que inauguramos la sección, diseñado para lucir su esbelto y atlético porte en el lomo grueso de los Cuentos Completos de Julio Ramón Ribeyro o de Ignacio Aldecoa, por decir algo…