24 Febrero 2012

música y literatura: mozart entre rejas

Publicado en musica y literatura por franciscru a las 9:01 h.

La escena que traemos aquí pertenece a la película Cadena Perpetua, dirigida por Frank Darabond en 1994, uno de los mejores trabajos cinematográficos sobre alcaides, guardianes, reclusos y prisiones. El guión está basado en una novela corta del prolífico escritor americano Stephen King: Rita Hayworth y la redención de Shawshank, publicada en la colección Las cuatro estaciones en 1982. La película de Darabond enriquece el planteamiento de King en unas cuántas ocasiones. Entre las aportaciones cinematográficas destaca esta memorable escena de la comunidad carcelaria arrebatada por las voces de la condesa Rosina y su criada Susana, las dos protagonistas de Las bodas de Fígaro de Mozart que cantan a dúo la famosa Canzonetta sull’aria. Durante estos cuatro minutos casi es posible palpar todo lo que de bueno tiene el alma humana, subirse a lomos de la belleza que despierta en nuestro interior y elevarse por encima de los muros de Shawshank, contemplando desde lo alto lo pequeñito que resulta cualquier patio carcelario frente a toda la inmensidad del universo…

Ya he explicado, dentro de mis posibilidades, lo que es un hombre «institucional». Al principio, no puedes soportar estos muros; luego, llegas a resignarte a ellos y luego… llegas a aceptarlos… y entonces, cuando tu cuerpo y tu mente y tu espíritu se adaptan a la vida en esta escala, llegas incluso a amarlos. Te dicen cuándo tienes que comer, cuándo puedes escribir cartas, cuándo puedes fumar. Si estás trabajando en la lavandería o en el taller, te asignan cinco minutos de cada hora para ir al baño. Durante treinta y cinco años, mi momento era veinticinco minutos después de la hora y, después de treinta y cinco años, sólo entonces tengo ganas de orinar: a las horas y veinticinco. Y si, por alguna razón, no pudiera ir, a los cinco minutos dejaría de sentir la necesidad y volvería a sentirla a las y veinticinco de la hora siguiente.

20 Febrero 2012

el gesto de oliverio

Publicado en Recomendaciones, atrapa al personaje, escribiendo por escribir por franciscru a las 15:40 h.

Cuando Oliver Twist levanta su escudilla toda la estructura de poder a su alrededor se tambalea. El hambre ha servido para dominar y sojuzgar, pero también ha movido levantamientos y revoluciones. No hay razones políticas o de estado que conmuevan un estómago vacío. El gesto del niño solicitando otra ración de gachas es la señal de que el hambre le está ganando la partida al miedo. Por eso los despóticos y corruptos responsables del hospicio no están dispuestos a dejar que las cosas queden así. Mejor cortar por lo sano el tierno vástago que empieza a brotar. Los profundos cambios productivos, económicos y sociales que se producen en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX se llevan por delante todo un modo de vida. Las pujantes ciudades acogen sucesivas olas migratorias procedentes del campo que, como siempre ocurre, acuden al reclamo de una vida mejor. Las metrópolis sufren un proceso de transformación rápido y desordenado. Acuciada por la necesidad de sobrevivir, la masa desempleada deambula por calles estrechas y sucias buscando ocupación; la delincuencia y el crimen se hacen dueños de la ciudad, atropellando las aspiraciones de niños famélicos, que aprenden en la calle lo que otros en la escuela. La novela victoriana concentró sus miradas en las condiciones en las que vivía la población. Esta faceta le proporcionó un carácter popular y una importancia de la que jamás antes había disfrutado. Los escritores de esta época no pueden mantenerse ajenos a la miseria moral y material que el progreso trae de la mano, y deshacen tesis de redención en los argumentos de sus historias, en algunas ocasiones para poner en solfa los inconmovibles cimientos éticos de la hipócrita sociedad británica; en otras para denunciar la flaqueza y la podredumbre del alma humana.

En el hospicio, el hambre seguía atormentando a Oliver y a sus compañeros: sólo les daban un cacillo de gachas al día, excepto los días de fiesta en que recibían, además de las gachas, un trocito de pan. Al cabo de tres meses, los chicos decidieron cometer la osadía de pedir más comida y, tras echarlo a suertes, le tocó a Oliver hacerlo. Aquella noche, después de cenar, Oliver se levantó de la mesa, se acercó al director y dijo:
-Por favor, señor, quiero un poco más.
-¿Qué? -preguntó el señor Limbkins muy enfadado.
-Por favor, señor, quiero un poco más -repitió el muchacho.
El chico fue encerrado durante una semana en un cuarto frío y oscuro; allí pasó los días y las noches llorando amargamente. Sólo se le permitía salir para ser azotado en el comedor delante de todos sus compañeros. El caso del “insolente muchacho” fue llevado a la junta parroquial; ésta decidió poner un cartel en la puerta del hospicio ofreciendo cinco libras a quien aceptara hacerse cargo de Oliver
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16 Febrero 2012

puro teatro

Publicado en De cine, Recomendaciones por franciscru a las 1:02 h.

La administración de justicia siempre ha sido un estupendo caldo para el cultivo de tramas dramáticas; la ficción nos ha acercado a casos absolutamente inconcebibles en la vida real: tribunales que se contradicen, sentencias pasadas de fecha, jueces que se juzgan a sí mismos, legisladores que redactan códigos prolijos para delitos que prescriben a los quince minutos… Todos identificamos la figura imponente del señor de la toga batiendo la mesa con el mazo, la del acusado infractor y mentiroso poniendo la mano izquierda sobre la Biblia, la imagen del testigo acongojado al que no le llega la camisa al cuerpo y, cómo no, la estampa inconfundible del jurado inasequible al bostezo que escucha desde el estrado las piruetas dialécticas de los letrados. En España, la institución del jurado popular fue reintroducida en el año 1995, contribuyendo a dar todavía más lustre y agilidad a un aparato judicial ya de por sí eficiente, accesible, barato e imparcial. Aprovechando que un grupo de cuarto está analizando la película “12″ de Nikita Mikhalkov, recordamos que el argumento de esta obra está basado en un guión original de Reginald Rose, “12 hombres sin piedad”, escrito para la televisión. La primera versión cinematográfica se la debemos a Sidney Lumet, y pese a que la adaptación es demoledora y magistral, la reinterpretación de Mikhalkov, ambientada en la Rusia moderna, no le anda a la zaga. El formato del relato (un jurado de doce varones deliberando alrededor de una mesa dentro de una habitación cerrada) lo hace especialmente atractivo para su puesta en escena, algo que se lleva haciendo casi ininterrumpidamente desde que se escribiera en el año 1950. Como curiosidad, dejamos el registro de un programa para cinéfilos insomnes, realizado por José Luis Garci y sus amigotes, en el que disertan sobre la “miticidad” de esta cinta, se fuman unos puracos de marca mayor y escuchan cómo el flamante fiscal general del estado se despacha a gusto envuelto en etéreas volutas de humo.

11 Febrero 2012

sobre balzac, chinos y libros

Publicado en De cine, Recomendaciones por franciscru a las 13:14 h.

Decidido a conservar la esencia del comunismo y eliminar cualquier disidencia, Mao dictó los principios de la revolución cultural proletaria, un experimento social verdaderamente funesto que resultó catastrófico para toda la población china. Se promovió el regreso a los orígenes rurales y se prohibió cualquier manifestación artística que tuviera el más mínimo tufillo occidentalizante. Los profesionales e intelectuales así como sus hijos terminaron trabajando de peones agrícolas en regiones remotas, al mando de sencillos agricultores analfabetos. Las purgas y las hambrunas se llevaron por delante millones de personas. En este escenario se desarrolla la novela/película de Dai Sijie Balzac y la joven costurera china“. Dos jóvenes de ciudad, condenados a “reeducarse” en una aldea colgada en los escarpados valles del interior, sobreviven gracias a un despertador, un espíritu abierto, la naturaleza sencilla de sus anfitriones y una maleta llena de libros condenados a la hoguera por el régimen comunista, el botín de un elaborado hurto a otro “reeducado”. El contenido de la maleta cambiará la percepción del mundo de los protagonistas y marcará el destino de una joven, la costurera inocente que descubre que los valles pueden embalsar millones de litros de agua, pero son incapaces de contener la inquietud de una muchacha inteligente, recién iniciada en los misterios del amor y el pensamiento contenidos en las novelas de Balzac.

Nos acercamos a la maleta. Estaba atada con una gruesa cuerda de paja trenzada, anudada en cruz. La liberamos de sus ataduras y la abrimos silenciosamente. En el interior, montones de libros se iluminaron bajo nuestra linterna eléctrica y los grandes escritores occidentales nos recibieron con los brazos abiertos: a su cabeza estaba nuestro viejo amigo Balzac, con cinco o seis novelas, seguido de Victor Hugo, Stendhal, Dumas, Flaubert, Baudelaire, Romain Rolland, Rousseau, Tolstoi, Gogol, Dostoievski y algunos ingleses: Dickens, Kipling, Emily Bronte… ¡Qué maravilla! Tenía la sensación de que iba a desvanecerme en las brumas de la embriaguez. Sacaba las novelas de la maleta una a una, las abría, contemplaba los retratos de los autores y se las pasaba a Luo. Al tocarlas con la yema de los dedos, me parecía que mis manos, que se habían vuelto pálidas, estaban en contacto con vidas humanas.
—Esto me recuerda la escena de una película —me dijo Luo—, cuando los bandidos abren una maleta llena de billetes…
—¿Qué sientes? ¿Ganas de llorar de alegría?
—No. Sólo siento odio.
—También yo. Odio a todos los que nos han prohibido estos libros.

(Traducción del francés de Manuel Serrat Crespo)