11 Julio 2012

el experimento

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 0:21 h.

Que sí, que sí. Que con un poco de paciencia, cualquiera puede escribir el Quijote, Guerra y Paz o las Capitulaciones de Santa Fe. El teorema de los infinitos monos afirma que un montón de primates pulsando al azar el teclado de un ordenador acabará escribiendo cualquiera de las grandes obras de la literatura universal. Se trata de una cuestión matemáticamente impepinable. Es decir: que la clave está en perseverar en el empeño. Las conclusiones a las que se puede llegar a partir de este interesante teorema resultan un tanto inquietantes: 1) El proceso creativo es perfectamente sustituible por una actividad febril, sostenida en el tiempo. 2) Cualquier idiota es capaz de redactar un libro. 3) Los monos y los bobos ilustrados son capaces de remedar algo de lo que ya ha sido escrito, pero no de componer nada nuevo. 4) La estadística es un baluarte de la mediocridad, pero subraya el mérito de los espíritus talentosos y creativos.

Con la intención de comprobar sobre el terreno el alcance de esta afirmación matemática, unos señores (estamos en condiciones de asegurar que no estaban vinculados a ninguna universidad española… que se sepa) decidieron recrear el enunciado en un entorno controlado, con la ayuda, eso sí, de seis macacos negros crestados. La tesis de partida fue la siguiente: si infinitos monos son capaces de escribir las obras completas de Shakespeare en un indeterminado lapso de tiempo, ¿de qué serían capaces media docena de Macaca nigra en un par de semanas? Reproducimos aquí el resultado de la investigación, debidamente encuadernado. El experimento concluyó abruptamente el día en que los macacos orinaron sobre el ordenador (como acto de rebeldía, esta conducta se nos antoja verdaderamente inteligente), echando por tierra la esperanza de que el azar les llevara a escribir la segunda parte de “Sabor a hiel”.

Esta película necesita Flash Player 7

4 Julio 2012

las palabras

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 12:00 h.

Son la materia prima de nuestro pensamiento. El mundo, traducido en palabras, se organiza en los billones de estantes de nuestro cerebro, donde un potente buscador enlaza ideas, intuiciones y conocimientos para producir algo nuevo. La creatividad es el motor de la civilización, un juguete maravilloso capaz de adaptarse a las exigencias del jugador. Y todo gracias al rastro inteligente que dejan las palabras. Un teorema matemático dice que si un millón de personas no demasiado talentosas aporrearan las teclas de un ordenador durante un lapso de tiempo digamos de unos pocos millardos de años, acabarían por escribir el Quijote (hay una versión menos exigente que habla de un chimpancé tecleando durante un par de meses al que le salen las obras completas de Isabel Gemio). Como nosotros no disponemos de tantos años tendremos que espabilarnos y aprender palabras, muuuchas palabras que nos permitan expresar, por ejemplo, lo que nos inspira hasta el más leve cambio en la tonalidad del mar. Para eso están los libros. Los buenos libros. Y los juegos, como éste en el que participan unos alumnos de Luces, sin más recompensa ni premio que el de disfrutar de un rato agradable aprendiendo juntos.

Esta película necesita Flash Player 7