17 Agosto 2012

las ondas cerebrales de una mujer enamorada

Publicado en Recomendaciones, biblioteca virtual, fondos de la biblioteca por franciscru a las 6:35 h.

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Si estás cansado de volver la vista atrás; si mirando hacia abajo te encuentras con la puntera gastada de tus zapatos; si  te cuesta mantener las pupilas sobre el horizonte… detente durante un momento y eleva la mirada. Aunque te parezca mentira, el cielo es tan solo una ventanita por la que nos asomamos al universo, ese vacío inmenso que parece contener todo lo que, por exclusión, no le pertenece a ningún dios. El cielo de agosto es bello desde cualquier latitud. Fíjate, fíjate. Ahora con la amanecida Venus todavía está ahí colgado, orientando como un faro las maniobras del sol naciente, aunque poco a poco su luz se irá diluyendo en las doradas hebras que teje el alba… Me voy a poner el concierto Emperador, que le va a este momento que ni pintado, y regreso. Ya estoy aquí. Cualquiera puede quedarse embelesado bajo una lluvia de Perseidas; pero serán los más curiosos, esos a los que llaman viajeros de la noche, los que quedarán cautivados por el lenguaje oculto de las estrellas. Cuando Carl Sagan escribió Cosmos, triunfaba La Guerra de las Galaxias y el espacio era una de las canchas, junto a la de baloncesto, donde los dos bloques dirimían sus diferencias. Los abultados presupuestos y la propaganda inmisericorde agitaban la opinión pública, que se ponía de uno o de otro lado a golpe de consignas e intereses. Tanto en la serie de televisión como en el libro hay un ánimo por abochornar a los autoproclamados conquistadores del universo conciliando la ciencia, la razón, el saber y la belleza, algo que lleva al autor a expresarse así: “Desde una perspectiva extraterrestre está claro que nuestra civilización global está a punto de fracasar en la tarea más importante con la que se enfrenta: la preservación de las vidas y del bienestar de los ciudadanos del planeta”. Quizá este sea el motivo por el que en cuestión de unos pocos capítulos algunos volvimos la vista al infinito, preguntándonos si la negrura del espacio podría ocultar la verdad absoluta que se nos negaba aquí, a ras de suelo. También aprendimos a ser ciudadanos del mundo y a mostrarnos orgullosos de nuestro hermoso planeta azul, descrito al detalle por el selecto grupo de privilegiados que habían conseguido escapar de su férreo abrazo. Puestos a soñar, el propio Carl Sagan dirigió al equipo encargado de recopilar en un disco de oro una selección de imágenes y sonidos de nuestro mundo que contenía, entre otras cosas, las ondas cerebrales de una mujer perdidamente enamorada del propio Sagan. La grabación fue instalada a modo de tarjeta de visita interestelar en la sonda espacial Voyager, con destino a las estrellas. Por todo esto y por mucho más, recomendamos la revisión de la serie de TV y la lectura del libro durante el día, dejando para la madrugada el disfrute sencillo e intenso del cielo de agosto.

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2 comentarios para “las ondas cerebrales de una mujer enamorada”

  1. minmacullf escribe:

    Hola,
    precioso y emocionante artículo. Ha despertado en mí sensaciones perdidas, y estimulado el deseo de recuperarlas.
    El título, por cierto, es inmejorable.
    Muchas gracias por el regalo veraniego.
    Inma López

  2. Inma escribe:

    Gracias por despertar emociones perdidas. Precioso artículo.

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