24 Octubre 2012

libros delebles

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 22:26 h.

La novedad viene de la Argentina y sería ésta: vos comprás un libro; te lo sirven envasado al vacío, recubierto por una coraza hermética como si fuera medio pollo asado. Un vez liberado de su cautiverio se inicia un rápido proceso de oxidación que volatiliza el mensaje: las palabras se esfuman y te quedas un cuarto de lonchas de papel entre dos tortas de cartoné. Los promotores creen que, acuciado por la urgencia, el lector pondrá más empeño en la tarea para no quedarse a la mitad del segundo capítulo sin novela y con un palmo de narices. Lo de la tinta sitehevistonomeacuerdo no es algo nuevo: bancos y partidos políticos llevan utilizándola desde hace años en libros de contabilidad y programas electorales. Lo realmente novedoso consiste en imprimir novelas con este sucedáneo del chimichurri. Aunque a decir verdad, lo que para un finés o un alemán pudiera resultar una desagradable contingencia -esto es: quedarse sin libro-, no lo sería tanto para el lector patrio: siempre cabe la posibilidad de meterlo en el congelador, plastificar las páginas, escanearlo, probar a cocerlo en leche hirviendo, repasarlo a mano o regalarlo como coqueto cuaderno de notas y comprarse otro. No sabemos si la idea cuajará o no pasará de alabarse como una ocurrencia más o menos divertida; lo cierto es que los escritores deben de estar locos de contentos ante la perspectiva de que su obra se disuelva en el aire, sin siquiera dar oportunidad a que otros curiosos rebañen un plato de papel agotado. Y para los que estiman la posesión del libro y la relectura, ya ni les cuento. Una metáfora de la programada caducidad de las cosas trasladada al mundo de las letras, un anti-libro bien distinto a aquellos incunables de Gutenberg impresos con vocación secular…

15 Octubre 2012

colón y las letras

Publicado en Recomendaciones, el escritor por franciscru a las 12:16 h.

Las peripecias de este hombre convirtieron su biografía en una de las más apasionantes de la historia moderna. Precisamente han sido las múltiples visiones de su personalidad las que han contribuido a envolver su figura en un halo de misterio. Los especialistas empiezan por no ponerse de acuerdo ni siquiera en sus orígenes: portugués, español, genovés, corso, noruego; incluso hay quien afirma que era suizo… el colmo para los que asocian su temprana vocación naval con los mares de su infancia. Por no conocer, no conocemos ni el verdadero rostro del Gran Almirante de la Mar Oceana. A pesar de ser uno de los personajes más notables de la historia, no posó para ningún pintor, ni mayor ni menor, a pesar de ser contemporáneo de Botticelli, Leonardo, Tiziano, Rafael, Berruguete… Sedientos de iconografía, algunos artistas se inventaron la imagen del descubridor, y a nadie le importó que las recreaciones fueran espurias a juzgar por el éxito que tuvieron luego. Libros sobre Don Cristóbal hay a esgaya, buenos y menos buenos. Y argumentos de ficción, ni les cuento… Pero el navegante también escribió sus cosillas: cartas, documentos y, sobre todo, los diarios de sus cuatro viajes atlánticos. En toda la producción podemos intuir la valía del Almirante como autor, que algunos quieren ver como remoto precursor de los románticos franceses del siglo XVIII, tal es su talento para describir la naturaleza tropical. Lo cierto es que, como ocurre con los grandes, el lector puede identificar en el arcaico lenguaje de Colón la emoción que provocan los relatos genuinos, poderosos, aquellos en los que se puede entrever el color del alma de quién los escribe.

(…) No tienen otras armas salvo las armas de las cañas, cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo; y no osan usar de aquellas; que muchas veces me ha acaecido enviar a tierra dos o tres hombres a alguna villa, para haber habla, y salir a ellos de ellos sin número; y después que los veían llegar huían, a no aguardar padre a hijo; y esto no porque a ninguno se haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, así paño como otras cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio. Verdad es que, después que se aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creería sino el que lo viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamás dicen de no; antes, convidan la persona con ello, y muestran tanto amor que darían los corazones, y, quieren sea cosa de valor, quien sea de poco precio, luego por cualquiera cosica, de cualquiera manera que sea que se le dé, por ello se van contentos (…).

Cristóbal Colón. Fragmento de la carta de Colón anunciando el descubrimiento. 

12 Octubre 2012

poe y la tecnología

Publicado en Naturalmente leyendo, biblioteca virtual, juegos y chanzas por franciscru a las 18:52 h.

Nunca presumimos de puristas, si bien es cierto que el libro como objeto siempre nos pareció que emparentaba más con el mundo de las letras que cualquier publicación digital. Alguna vez incluso reivindicamos los pixeles frente a la tinta, conscientes de que la progresiva banalización de la literatura y el conocimiento en general exigía un soporte capaz de evitar un innecesario gasto de papel y, por consiguiente, de recursos útiles para otro tipo de empresas de más fuste. Pero con el paso del tiempo y la aparición de nuevos cachivaches, hemos de reconocer que la revolución, aunque no consumada aún, está comenzando a remover los cimientos de la cultura popular. Y ya no solo por esa atracción casi obsesiva por la imagen y la interactividad, sino por la calidad extraordinaria de algunas producciones que al buen amante de las historias le dejan, sencillamente, anonadado. Tal es el caso de la iPoe colectión, un puñado de relatos adaptados de Edgar Allan Poe, primorosamente ilustrados por David García Forés y disponibles en inglés, francés y español. Es difícil imaginarse una conjunción tan bonita y elegante, donde los efectos visuales y sonoros se confabulan para construir una ambientación poetiana en extremo atractiva: gritos, rayos y truenos, corazones palpitantes… combinado con el familiar soniquete de las películas de terror. Reconocemos el mérito de primorosas ediciones adaptadas como la de ”La carta robada“ y su indudable tirón estético, pero cuando la llamada iPoe colectión nos pone en comunión directa con la obra y la biografía de un clásico de una forma tan divertida, los ojos se nos van hacia la pantallita luminosa, es verdad. Y además gratis, por lo menos en el día y la hora en el que lo encontramos y lo “bajamos” de la red. Del mismo ilustrador y con las mismas trazas hay todavía alguna otra cosilla que nos interesaría revisar, pero el tiempo da para lo que da, y necesitamos de tan importante recurso para hacer otras cosas también muy interesantes y convenientes como, por ejemplo, pasear, escribir una carta, dar un beso, recitar la tabla de multiplicar o… leer.