15 Febrero 2013

puntos de lectura

Publicado en marcapáginas por franciscru a las 1:16 h.

marcas_luces

De la mano de una amable coleccionista de marcapáginas descubrimos cuán extendida está la afición de atesorar estos humildes objetos de uso cotidiano, a los que debemos la custodia de tantas y tantas lecturas interrumpidas, pospuestas con y sin proyecto de futura prosecución. ¿Sabían que el primer marcapáginas documentado data del siglo XI? Estaba confeccionado con una fina tira de piel de becerro y decorado con miniaturas delicadas que representaban al Cordero, vencedor de entre las Bestias y las Serpientes. En el Palacio Real de Madrid se conserva el riquísimo marcapáginas con el que Felipe V obsequió a su hijo Luis el día de la coronación de éste como Rey. Se trata de una delgada lámina de oro rojo, exquisitamente repujada, donde se puede contemplar, por una cara, el escudo de armas de los Borbones, y por la otra una alegoría en la que aparece el sol iluminando al monarca junto a todas sus posesiones europeas y de ultramar, entre las que curiosamente se incluyen las islas de Terranova y de Menorca, a la sazón de soberanía británica y arrebatadas a Francia y España en virtud del tratado de Utrech. Insignes aficionados a este peculiar coleccionismo fueron Don Pedro Rodríguez de Campomanes, brillante jurisconsulto que llegó a sujetar entre sus dedos un marcapáginas original atribuido al mismísimo Rubens, perdido para siempre en el incendio que redujo a cenizas el palacio solariego de los Campomanes en Corniella. También Menéndez y Pelayo, de quien su gran amigo Gumersindo Laverde dijo: “No importaba si era de día o de madrugada: Marcelino pasaba largas horas contemplando sus marcapáginas, algunos de ellos tan desgastados y carcomidos que era preciso manipularlos ayudándose de unas ingeniosas pinzas de metal, forjadas especialmente para él por un herrero vallisoletano. Nunca conocí a nadie tan entusiasmado por los libros ni por cuanto en ellos podría contenerse”. (Laverde Ruiz, Gumersindo (1873). Ensayos y Memorias. Tomo IV. Lugo. Imprenta de Soto Freire). Pese a que en nuestra explotación ganadera tenemos becerros de sobra, nos nos parece correcto arrancarles la piel a tiras; tampoco disponemos del oro suficiente como para hacer más allá de una decena de marcapáginas como el que Felipe quinto (¿o quizá fuera Carlos tercero?) regaló a su hijo primogénito. De hecho, los últimos eran de cartulina y se los cedimos a una compañera lucense que lleva una bonita página sobre el particular. Prometemos a todos los que nos han solicitado algún ejemplar que tendremos en cuenta sus amables peticiones cuando la disponibilidad pecuniaria del instituto se vuelva a poner a la par con nuestra voluntad por agradar a los gentiles lectores.

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2 comentarios para “puntos de lectura”

  1. Justa escribe:

    Vuestra Merced por bien tuvo que cosas por ventura poco oídas y vistas, viniesen a noticia de muchos, pues podría ser que alguno que lo lea halle algo que le agrade y se huelgue en ello. Y a este propósito dice Plinio que no hay “marcapáginas”, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena……, y así vemos cosas tenidas en poco por algunos, que de otros no lo son.
    Agradecida a V.M. lo saluda esta “marcapaginera” (que no “cartagenera”, aunque sí morena……. y de Lugo)

  2. franciscru escribe:

    Creo y dispongo a fuer de atorrante
    Que dichoso es el que colecciona,
    Pues hacer de una afición corona
    Me resulta postura elegante.

    En mi vida hice intentos flagrantes:
    Sellos, muñecas, algunas muy monas,
    Monedas, cerillas, biblias mormonas.
    Todo metido en cajitas galantes.

    Si no conseguí mayores retos
    No fue por paciencia ni por aguante,
    Ni siquiera por rimar en tercetos.

    La culpa, por bien terminar este lance,
    Son los miles de cajones repletos
    Que una mudanza quebró en un instante.

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