15 Mayo 2013

please hold…

Publicado en escribiendo por escribir, musica y literatura, video libro por franciscru a las 19:22 h.

El objetivo de las campañas publicitarias es el de instalar el mensaje allí donde las palabras y los razonamientos, por muy mesurados y cabales que sean, no encuentran acomodo. Una buena historia tiene más posibilidades de abrir los cauces del entendimiento que los argumentos de autoridad del catedrático más veterano. Y por eso nos terminamos creyendo eso de que Robin Hood era un tipo altruista, que siempre hay un bando bueno y otro malo o que los hombres han pisado la superficie de la Luna (¿Hay alguien en condiciones de demostrar con evidencias que eso haya sido así?). Si bien la vida nos proporciona experiencias que van forjando nuestras convicciones, generalmente el cotidiano discurrir de la existencia no alcanza a ilustrar todas y cada una de las certezas que tan orgullosamente defendemos en una tertulia de café. El ciudadano menos reflexivo quizá se conforme con repetir lo que ha oído en el último telediario, pero los que tienen por costumbre pensar en lo que dicen seguro que tomarán partido a favor o en contra de la pena capital o de la captura de la ballena azul recordando esta o aquella película, estas o aquellas historias o imágenes que hayan podido inclinar su juicio y determinar su postura. Por su especial trascendencia social, las campañas de seguridad vial son un clásico en las pantallas de la televisión y en las vallas publicitarias de todo el mundo occidental, campañas de tal repercusión que concitan siempre la atención de un abundante número de detractores y un no menos nutrido grupo de defensores. Las historias de las campañas de tráfico navegan entre la plácida contemplación de lo que pudo haber sido y la crudeza descarnada de lo que es. Casi siempre abordan lugares comunes que mueven a la reflexión o alertan del peligro, en ocasiones apelando a los sentimientos, aunque también explotan nuestros temores más atávicos. Escribir y construir una historia que transmita un mensaje positivo sin columpiarse en el abismo de la exageración es un ejercicio bonito. Y hasta saludable, porque además nos ayuda a reflexionar sobre el fenómeno en sí, ordena las ideas y remueve la conciencia. Como ejemplo, presentamos un pequeño vídeo que alerta sobre las consecuencias de una fatal distracción en carretera, y de paso enlazamos algún otro de mucho más merito y alcance, no sin advertir que la vida puede herir la sensibilidad del amable lector-espectador.

9 Mayo 2013

estantería primaveral

Publicado en Recomendaciones por franciscru a las 20:38 h.

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¡Pero cómo llueve! ¡Y llueve! Y cuanto más lo pienso, más llueve. Llueve bajo el árbol de Tántalo, llueve por el bies del Cantábrico; llueve como una pena enorme, como un saco de agua, como una cascada detenida… Llueve a mares, sin tregua, es algo así como un estornudo atómico, un pozo invertido, una herida en el viento… Así que a falta de verde seco y rumor de océano quieto te proponemos que le eches un vistazo a nuestra estantería primaveral y tomes el libro que quieras. Hay de todo: un poco de ciencia, de historia, de guerra, de ficción, de buena literatura, de cómic… Para perder el gusto. O para ganarlo, ¡quién sabe! (Lo de France Gall es una debilidad personal: no sabe bailar, no sabe cantar, no sabe peinarse, no sabe mirar a la cámara pero, ¡qué bien lo hace!)

3 Mayo 2013

los pecepis se desatan…

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 12:12 h.

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¡Pero mira que es difícil hacerles escribir..! Como si las palabras encerraran el germen de algún mal terrible o fueran las culpables de oscuros designios que mantienen los traseros pegados a los pupitres de la clase. Escribir (y ya no digamos leer) puede ser entretenido y ¡hasta divertido! Con medida algarabía y unas dosis de buen humor, las profes Begoña y Mónica se propusieron hacer del día del libro una jornada de desagravio: con un boli y un poco de imaginación, invitaron a que los pecepis volcaran su autorreprimida creatividad sobre un papel en blanco. Como resultado se obtuvieron una serie de historias contadas con gracia que alcanzaron el objetivo de pasar un buen rato. Y parece ser que los resultados cumplieron con las expectativas… Por si queda duda, un ejemplo:

Érase una vez un ogro llamado Pedro que trabajaba de botones en un hotel. Un buen día recogió las maletas de unos huéspedes. Al subir las escaleras las maletas se abrieron y apareció una vara. Al botones le pareció muy bonita. Al cogerla, se iluminó y pensó que no era una vara cualquiera. La llevó a su habitación y descubrió sus poderes. Estando en la habitación llamó a la puerta una anciana del IMSERSO. Pedro el ogro le dio un toque con la vara en el hombro y la anciana se convirtió en una bella princesa.

La noticia de la aparición de la bella princesa llegó a oídos del príncipe José Ramón IV y este emprendió un largo viaje a caballo hasta llegar al hotel, donde vio a la princesa hablando con el recepcionista. En ese momento, surge un flechazo y el príncipe le pide matrimonio. Pero entonces aparece el ogro, y se empiezan a batir en duelo. La princesa se desmaya y ambos deciden practicarle la reanimación cardiorrespiratoria. Al despertarse la princesa, el ogro recoge la vara del suelo y convierte al príncipe en anciano del IMSERSO. A partir de ese momento el príncipe pasa a llamarse Pepe y a ocupar su tiempo, para el resto de sus días, mirando obras de construcción. Al poco tiempo la princesa y el ogro se casaron y se trasladaron al país de los ogros, donde fueron felices y comieron perdices.