22 Enero 2015

jorge no puede leer

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 19:42 h.

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Poh-poh, poh-poh… Jorge tiene un corazón que le suena en el pecho como una mariposa agitada en el interior de una cajita. O como la percusión de Caetano y Gilberto. Se lo prestaron hace unos meses para salir del paso; hoy lo conserva como el tesoro que es, viviendo al dictado de los rítmicos golpecitos que son el pasmo de cirujanos y cardiólogos. Jorge peleó duro por sobrevivir. Una refriega cruda que se resuelve entre las paredes de un quirófano y en las habitaciones de los hospitales, donde el alma se abandona primero a los designios del destino, y al mayor o menor oficio de la auxiliar de turno después. Como hábil ingeniero de la palabra, acierta con las citas y encaja fragmentos de los clásicos que la memoria le sirve en porciones. Son muchos años buscando algo de luz entre las páginas de los libros, compañeros desde el principio, cuando la ideología buscaba un asidero firme donde sostener la guerra intelectual (y no tanto) contra el dogmatismo del fascismo criminal. Ahora no le queda más remedio que levantar la vista al cielo, si no para suplicar, sí para hablar con los compañeros de rehabilitación que le han ganado la partida a la gravedad, una fuerza traicionera que, según Einstein, no es más que una perturbación producida por la gran masa de la Tierra. A Jorge no le arredra la masa del planeta ni nada de proporciones similares. Pero le inquieta no poder llegar al alma de los libros por do solía. La concentración le traiciona y ahora se ve perseguido por las ideas que antes domesticaba con facilidad. Sin saber por qué, el poso que le dejaban las palabras se desliza con el barro y la arena en la batea de su cabeza. El blanco contraste del papel le ciega por dentro y él se lamenta: “Dime que estás leyendo ahora, porque yo…”. Me gustaría complacerle, decirle que es una nube pasajera, la última perfidia del viejo corazón agotado que un día le abandonó. Pero los secretos del cerebro son tan insondables como el vientre de una estrella lejana. De momento, nos hemos propuesto barrer el piso de lamentos y recuperar lecturas anfibias, de esas que habían estado nadando en las riberas del recuerdo, tan desocupadas ellas que se habían olvidado de reptar por la playa y lucir al sol. Volveremos así a revivir las historias que no nos abandonaron, las que más huella dejaron a su paso, agradeciendo a la vida los días felices que nos regaló junto a las personas y los libros que tanto quisimos.

5 Enero 2015

las cruzadas

Publicado en biblioteca virtual por franciscru a las 9:38 h.

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Entre los acontecimientos que han determinado la historia de la civilización occidental, las Cruzadas sobresalen tanto por su repercusión como por su prolongación en el tiempo (entre 1095 y 1291). Nadie diría que la barbarie exhibida por ambos bandos tuviera trazas de inspiración divina. La primera cruzada empezó con promesas de redención y riquezas para todo aquel que se embarcase en la “guerra santa”. Estas recompensas terreno-celestiales cautivaron a muchos caballeros europeos, que durante décadas habían perseguido la gloria zurrándose mutuamente la badana. La amable convocatoria les permitía volver los filos de sus espadas sedientas de sangre hacia Tierra Santa, lugares que el Papa Urbano II reclamaba para la cristiandad. La verdad es que debió ser un alivio contemplar a tanto bruto llenando el macuto con intención de partir hacia el este. Para ir haciendo boca se organizaron los primeros pogromos contra los judíos; pero la guinda del pastel se puso con la toma de Jerusalén, una verdadera carnicería consumada al grito de ¡deus vult! (dios lo quiere), donde se masacró a musulmanes, judíos, mujeres, niños, mascotas y hasta a los pocos cristianos que habitaban la zona. Después de esta primera expedición se sucedieron ocho más. De todas ellas, la tercera tiene el glamour de la decidida participación caballeresca de dos “primeros espadas” como Federico Barbarroja y Ricardo Corazón de León, así como de un antagonista digno de ambos: Saladino. Durante año y pico, Ricardo y Saladino estuvieron machacándose a base de bien; todo concluyó con un tratado de paz entre ambos lo que, tratándose de una Cruzada, suponía un verdadero fiasco para los caballeros de la cruz al pecho. Nuestro bellísimo libro de miniaturas es un manuscrito rescatado de la riquísima colección de la BNF y datado alrededor de 1473, cuando las Cruzadas ya formaban parte de un pasado mítico y glorioso; en él se describen las gestas de los caballeros franceses contra “los turcos y otros sarracenos y moros ultramarinos” (Passages faiz oultre mer par les François contre les Turcqs et autres Sarrazins et Mores oultre marins),