2 Marzo 2015

olvidadas

Publicado en atrapa al personaje, escribiendo por escribir por franciscru a las 18:35 h.

meitner_biblioluces

No creemos que sea reiterativo abordar una vez más la secular invisibilidad de la mujer en el arte o la ciencia. La participación declarada de las féminas que se refleja en los anales del progreso y la innovación resulta meramente anecdótica. Algunos espíritus excepcionalmente fuertes y libres han logrado colarse en los libros de historia, pero casi siempre a costa de presentar su triunfo profesional como un reconocimiento a la voluntad férrea y, a menudo, al sacrificio personal y social que les supuso dicha determinación. Tal es el caso de la madre del Protactinio, Lise Meitner, una brillante física que desveló los arcanos de la materia y la transmutación del núcleo atómico. Meitner evolucionó de ferviente belicista durante la Gran Guerra a pacifista convencida, pero no antes de sufrir la persecución nazi y de haber conocido los devastadores efectos de la fisión nuclear que ella misma contribuyó a descubrir. En Austria, la doctora Meitner debía realizar sus experimentos en un destartalado laboratorio al que accedía por la puerta trasera. Pese a todo, su indiscutible instinto resultó fundamental para establecer las nuevas coordenadas de la física cuántica, aunque sus esfuerzos no obtuvieron la recompensa que merecían: mientras sus compañeros varones (de los que deliberadamente omitimos el nombre) recibían honores y distinciones (entre ellos el premio Nobel), Lise fue discretamente relegada a los márgenes del éxito. Tan solo unos años más tarde y ya fallecida, el elemento 109 de la Tabla Periódica recibió su nombre: el meitnerio, sumamente radiactivo e inestable con una vida media de ocho segundos… una porquería de elemento, para qué lo vamos a negar. Éstas y otras historias pueden leerse en tres obras muy recomendables: Las olvidadas de Ángeles Caso, Las damas del laboratorio de José María Casado, y el capítulo dedicado a mujeres y ciencia de Aristóteles, Leonardo, Einstein y Cía, escrito pot Ernst Peter Fischer. Así que a por ellos… y ellas.

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