22 Junio 2015

qué leer

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 16:20 h.

 

Quieto como una esfinge de piedra, E. desmigaja el tiempo en el filo de una frágil guillotina, la del segundero que sube y baja hoy con la misma parsimonia con la que camina el astronauta por el Mare Tranquillitatis. Ante sí reposan, sobre pulcros estantes color cerezo, hileras de libros con el lomo vuelto hacia el observador. La duda asoma en la expresión de E., que reclina la cabeza en la palma de la mano, como si la decisión le pesara meninges adentro. La mirada se encuentra de nuevo con la esfera del reloj. No es nada fácil someterse a los dictados ajenos, y aunque el padre se muestra benigno y concede la posibilidad de elegir al gusto, el escrutinio forzado de las futuras lecturas estivales no es una tarea que le inunde de entusiasmo precisamente. “Debes proveerte de tres o cuatro libros para estas vacaciones… Tendrás tiempo para todo ¡Y no quiero escuchar la eterna cantinela de que te aburres!”. Recuerda así las palabras que resumen la terca perseverancia paterna. Los libros parecen disponerse respetando un orden; los espacios vacíos entre volúmenes señalan la fuga momentánea de algún tomo, reubicado provisionalmente en las mesillas de noche, dentro de una bandolera o en la guantera del automóvil de mamá. De la inacabable oferta no le suenan más de tres o cuatro títulos que ya pasaron por sus manos o que fueron objeto de teórica atención por parte del profesor de Lengua. En un momento de inspiración, cierra los ojos y deja que el dedo índice, arrojado al océano de la biblioteca, se enganche en la presa como si de un anzuelo se tratase. Repite la operación un par de veces más. La tía J., que en silencio y a la distancia le viene observando desde hace rato, le arrebata las capturas sin apenas darle tiempo a despegar los párpados. “¡Ah! ¡Curiosa elección! ¡No conocía yo tus inquietudes por la dinastía… merovingia!”. Sin aguardar respuesta, la tía distribuye los mamotretos en los huecos que va encontrando libres, y con el mismo desparpajo extrae ejemplares que le arrima al pecho con un gesto de cínico entusiasmo. “¡Empieza por los clásicos y después me cuentas!”. Aliviado, E. regresa a su habitación con el botín y se tumba en la cama de un salto a lo Fosbury. Cuando por fin repara en las palabras de su tía, apenas le queda tiempo de asomarse de un brinco a la ventana antes de que ésta desaparezca en el interior de su coche rojo. ¡Tía! Y… ¿qué es un clásico?”. Con la mano desmayada sobre el volante, ella lo mira un momento, diríase que hasta un poco conmovida. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, le responde.

 

14 Junio 2015

controversia

Publicado en escribiendo por escribir, musica y literatura por franciscru a las 12:55 h.

español_ingles

A menudo, el “bilingüismo” ha venido utilizándose en la educación pública como un ensalmo mágico capaz por sí mismo de conjurar los males endémicos de la formación básica. Casi siempre estas iniciativas son fruto de maniobras políticas y promesas electorales que no tienen en cuenta los recursos necesarios ni los presupuestos que han de sostenerlos. Desgraciadamente, más inglés no es sinónimo de calidad en la enseñanza, aunque hay que reconocerle su considerable potencial para “seleccionar” a los alumnos. Por encima de la platea, en el gallinero, se escucha el rumor de los que promueven un aprendizaje activo y constructivo de la propia lengua, donde se conceda relevancia y mérito académico a las producciones del alumnado, las capacidades expresivas y las habilidades para elaborar pensamiento nuevo a partir de lo visto, oído o leído. La urgencia de un bilingüismo no sentido por la población la encontramos en Puerto Rico. El fuerte vínculo de la ciudadanía con el idioma de la antigua metrópoli es objeto de debate y hasta de controversiaY no solo en sentido figurado. La controversia hecha música es un divertido género portorriqueño en el que dos trovadores se retan a un duelo dialéctico. Como si se tratara de pugilato, ambos ponen a prueba su capacidad para dar y encajar, haciendo del verso improvisado y de su agudeza para mantener la porfía sus armas principales. Traemos aquí una que viene muy a cuento, donde se dicen sobre el español cosas tan bonitas como ésta: Es algo que llevo dentro, que cuando busco, lo encuentro, y descarga mi conciencia, va más allá de la ciencia, del dinero o del poderío… Es un caudaloso río de sentimientos y amores, de voces de mil colores… ¡Es ese el idioma MÍO!

¿Hay quien dé más?

5 Junio 2015

Groucho y yo

Publicado en atrapa al personaje, el escritor por franciscru a las 0:22 h.

groucho

Querido Julius:

Como desconozco su actual paradero, supongo que no me tomará a mal que haga público este mensaje y con él, la devoción inmerecida que continúo profesándole. Acabo de releer Memorias de un amante sarnoso. Detecté consternado que alguien había babeado en la página veintisiete, para descubrir, más consternado aún, que se trataba de mi propia saliva, de la que hallé idénticas huellas, parduzcas y redondas ellas, en las páginas veintisiete de todos los libros que acomodo en la mesita del dormitorio, y sobre los que suelo dormir el primer sueño de la noche, que dicen que es el más placentero. He exigido en la librería de la esquina que se me reintegre el importe de la obra o, al menos, el de la página anegada. Como portavoz del sindicato de comerciantes, el chico de la frutería me ha respondido tajante que los desperfectos imputables a una descuidada babipulación no están sujetos a garantía. Desafortunadamente esta cláusula figuraba en la página veintisiete del contrato de compra-venta, por lo que me pasó desapercibida. Además estamos hablando de un ejemplar de la biblioteca pública que obraba en mi poder desde hacía más de veinte años (¡cómo pasa el tiempo!). Eso me recuerda que tengo que devolver mi espléndida colección de cuatro mil volúmenes antes de que la municipalidad opte por sancionarme. Considero de mal tono que no se haya molestado en dar señales de vida durante estas últimas décadas. La excusa de que está muerto me suena a manida disculpa; precisamente es ahora cuando tiene todo el tiempo del mundo para escribir cartas y ahorrarse el importe del franqueo. Los amigos incondicionales solemos revisar regularmente alguna de sus películas. El otro día invitamos a media docena de escolares a una de estas sesiones cine-mato-nostálgicas. Como no creímos oportuno censurar los diálogos políticamente incorrectos, nos coordinamos para toser ruidosamente por turnos. Nuestros esfuerzos se saldaron con un dolor de pecho colectivo y una inmensa sensación de ridículo. Los jóvenes se marcharon decepcionados, quién sabe si por su tiznado bigotón o por el inquietante presentimiento de haber sido contagiados de tos ferina. Aunque hoy en día es casi imposible contagiarse de nada: la prueba es que la mayor epidemia del momento ha afectado a cuatro personas. Bueno… y medio millón más en países de esos que ostentan nombres raros, aunque yo no doy crédito a tales exageraciones porque, de ser ciertas, algo se habría filtrado en el noticiario, que hoy se ocupó fundamentalmente de los peligros de caminar descalzo y de un huevo que baila. A mí estas reseñas me dejan frío porque, ¿quién no ha deseado alguna vez hospedar a todo el Bolshoi en su frigorífico?

Saludos.

P.S. No aguardo pronta respuesta, pero al menos manifiéstese con un leve movimiento de cortinas en la próxima reunión espiritista de Mrs. Fraudster.