8 Septiembre 2016

trinca

Publicado en biblioteca virtual, el tebeo por franciscru a las 14:04 h.

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A fines de 1970 veía la luz una revista que marcaría época. Entre las secciones “La solución para el tercer mundo”, “El arte ibérico”, “Cromos” o “Dirigentes de hoy” se colaron autores que llevaron a cabo experimentos narrativos y estéticos poco comunes. Las series aparecidas en Trinca certifican que con censura o sin ella, y pese a los problemas internos de organización de la revista, los autores patrios eran capaces de realizar producciones de extraordinaria calidad, de lo que da fe la gran cantidad de premios con los que se reconoció su corta trayectoria editorial. Para saber un poco más os invitamos a que os paséis por la biblioteca donde podréis consultar algún número original. Recomendamos que previamente os leáis este fragmento de un artículo aparecido en la revista Paperback firmado por Rafael Marín:
“Los adolescentes que en noviembre de 1970 éramos ya aficionados a los comics jamás podremos olvidar el estupor vivido en clase de Formación del Espíritu Nacional, cuando el inevitable vendedor de enciclopedias, álbumes o colectas para bautizar negritos tan típicas de la época sacó de su maleta un extraño ejemplar de cómic y lo anunció a los cuatro vientos como la consecución más portentosa que jamás vieron los siglos. Los tebeos, escolarmente mal vistos, acababan de recibir la bendición del establishment con un nuevo título, Trinca, editado con todo lujo por Doncel, hasta entonces dedicada a los libros de política del régimen de Franco. (…) La inversión estatal que acababa de crear una revista que iba a hacer historia en España tan sólo necesitaba utilizar la maquinaria semi-engrasada del franquismo a través de la Secretaría del Movimiento. Muchos adolescentes de la época nos quedamos fríos ante la muestra, sobre todo por su alto precio y la extrañeza de sus personajes, y la desconfianza natural hacia todo aquello que oliera a oficialismo. Pero muchos padres, convencidos por la verborrea del vendedor y la consciencia de estar comprando una revista de historietas con sentido profundamente didáctico, en papel satinado y con profusión de artículos y atractivos colores, suscribieron a sus hijos al invento. Así echó a andar un proyecto que, de tener un precedente inmediato, habría que buscarlo en los añejos Flechas y Pelayos o Clarín.
(…) A pesar del capital estatal y algún artículo culturaloide, Trinca no puede ser acusada de vehículo al servicio de unas ideas políticas concretas; si esa fue la intención inicial, no cabe duda de que fracasó. Antes al contrario, la multitud de autores que en años sucesivos se turnarían en sus páginas consolidarían un amplio muestrario de estilos y técnicas, ninguna de las cuales puede relacionarse con la propaganda originariamente prevista para el título. En cierto modo, tras el fracaso de las aventuras del grupo adolescente que da nombre a la revista, La pandilla Trinca, tres edulcorados y repipis personajes que parecen sacados de una película de Los Bravos o Los Brincos, la revista aparece dominada por la asepsia. Hay, claro está, matices. La portada del número 1 muestra un dibujo del personaje Manos Kelly, de Antonio Hernández Palacios, y el texto añade “un español en el oeste”. Lo español parece potenciarse por encima de otras cosas: Es el caso de Los guerrilleros, respuesta de Andrade y Bernet Toledano a Astérix el galo, aunque con las tornas cambiadas y un humor bastante más grueso, o de Héctor, adalid de los almogávares, el interesante título que relanzó a Chiqui de la Fuente. Hay una especie de sentido patriótico-autárquico en la línea de la revista, donde todos los cómics incluidos son de autores españoles, circunstancia que no tiene nada de particular en el caso de Pilote, posiblemente el modelo a seguir, donde la mayor parte del material es de origen francés. (…) Los problemas denunciados por los autores para cobrar por su trabajo y su indefensión a la hora de ver cómo sus personajes eran vendidos sin su conocimiento al extranjero, la incompetencia de algunos de los directores, la censura o las inevitables tensiones en un proyecto de esta envergadura (determinaron) el cierre de la revista pocos años más tarde”.