10 Julio 2017

humillos o el innegable mérito de no saber leer

Publicado en General por franciscru a las 16:24 h.

Sigue faltando la buena lectura que nos haga malos los que por malos tenemos, y mezquinos y tontos los que pintan rubor en las mejillas de tan solo oillos, por lo mucho que yerran y lo poco que atinan en el gobierno de la república, que alardean de las coces y los rebuznos como si fuera idioma universal, cuando solo a ellos les atañe. Y para que todo lo escrito se entienda, vendré a decir que no hay mayor osadía que imitar a Cervantes y tomarle la palabra como si fuera propia, pues no hay dos que escriban y describan tan bien los vicios pasados y presentes, como lo son la ignorancia de los que nos gobiernan y la mayor y sobrada querencia al asta de la burricie de los que aspiran a sucedellos, que no hay más que oír la jerigonza de estos telesúcubos sobrados para ver lo mucho que desprecian el saber, y con él, a todos los que acuden a ellos para reclamar justicia, discreción, gobierno y mesura, pues no hay nada más lejos de su lugar de origen que tales conceptos, rebozados en lodo pegajoso, tan ocultos en la negrura de su corteza que apenas distinguirse pueda una lezna de cordura o de buen juicio. Y para el que de esto dude, siga por extensión ponerle remedio a la duda leyendo los Entremeses cervantinos, obritas jocosas que los escolares estudian pensando que su lectura es casi imposible, y que ponderan en las pruebas de saber sin saber siquiera si hay letras bajo el epígrafe. Y vaya si las hay, que siendo piezas bien cortas y medidas, enseñan más de lo que pudo enseñarle un asno a otro con solo leerlas, si se sabe, o verlas y escucharlas en las muchas representaciones que se paran en la pantomina de los personajes, tan reconocibles por necios que sus nombres les delatan antes siquiera de pisar la escena: Pedro Estornudo, Juana Castrada, Humillos, Mostrenca, Trampagos, Teresa Repolla, Alonso Algarroba… Pasen y vean pues, ahora que hay tiempo, que todos los vicios que nos hacen españoles, seamos andaluces, vizcaínos, extremeños o catalanes, ya hubo quien los describió con pluma lúcida y certera hace cuatrocientos años, señalando a los que no leen ni tienen trazas de aprender como los únicos candidatos a ocuparse de la cosa pública que ahora dan en llamar de interés general: “¿Sabéis leer, Humillos? No, por cierto, ni tal se probará que en mi linaje haya persona tan de poco asiento, que se ponga a aprender esas quimeras, que llevan a los hombres al brasero, y a las mujeres a la casa llana. Leer no sé, mas sé otras cosas tales, que llevan al leer ventajas muchas. Sé de memoria todas cuatro oraciones, y las rezo cada semana cuatro y cinco veces. Y ¿con eso pensáis de ser alcalde? Con esto, y con ser yo cristiano viejo, me atrevo a ser un senador romano”.

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