27 Octubre 2019

marga

Publicado en el escritor, vale más que las pesetas por franciscru a las 8:29 h.

La corta existencia de Marga Gil Roësset (1908-1932) nos permite intuir un enorme talento, truncado en la flor de la vida cuando no era más que el débil halo que proyectaba una muchachita insegura y melancólica. No supimos de ella hasta que nos la presentó nuestra amiga María Díaz Perera en el precioso retrato a lápiz que ilustra la entrada. Por lo que se dice, Marga recibió de su familia una educación exquisita; los padres, religiosos y cultivados, le ahorraron interferencias escolares promoviendo la creatividad espontánea y alentando la vena artística al margen de modas y convenciones. Marga se crió pues en un ambiente protector y selecto, que sin mala intención le había hurtado la posibilidad de experimentar contratiempos y frustraciones propias de la edad, y donde el impulso creativo era generosamente recompensado. Fruto de ello, Marga recibió el Premio Nacional de escultura cuando tenía veintidós primaveras. Dos años antes había publicado un libro junto a su hermana Consuelo, El niño de oro, ilustrado primorosamente. Se cuenta que el gran escultor Juan de Ávalos se enamoriscó de la chica en la cantera de granito que ambos frecuentaban. Pero el corazón de Marga ―¡ay!― estaba en otro lugar. En un acontecimiento operístico le fue presentado Juan Ramón Jiménez, un poeta de cincuenta y un años, consagrado y ya con una corte de discípulos y aduladores a los que no les afectaban las manías y rarezas del maestro.  Por aquel entonces, Zenobia Camprubí hacía propósito de consagrar su vida al poeta. Por delante quedaban bastantes años de sinsabores y complacencias con el futuro premio Nobel. Desde ese momento Marga los frecuentó a menudo. A pesar de las objeciones de Zenobia, Marga se comprometió a tallarle un busto en piedra que nunca llegaría a terminar. El vínculo entre las mujeres se fortaleció… pero por dentro la soflama del amor estaba a punto de prender en incontrolada pasión por el escritor, que por lo demás debía estar encantado con que la jovencita le mostrara ese arrobo adolescente, pues menudo era Juan Ramón. Los días previos al fatal desenlace Marga vagó sin rumbo, emitiendo señales inequívocas de su intención. Fue una desesperada llamada de auxilio: paseó el paquete con el revolver de aquí para allá, lloraba… e incluso la misma mañana de su muerte le entregó al poeta el diario íntimo donde figuraban sus planes macabros. Una señorita se suicida en un hotelito en Las Rozas. Así rezaba la breve reseña aparecida en la prensa el treinta de julio de mil novecientos treinta y dos. Marga se descerrajó un tiro en la sien, pero no fallecería al instante. Fue trasladada al hospital. Allí Juan Ramón Jiménez veló a la moribunda en los últimos instantes, ajeno en ese momento a que el motivo de tan funesto arrojo era el amor sin retorno que ella le había confesado. En la carta que le escribió a Zenobia, Marga se despedía en estos términos:

«Zenobita … Vas a perdonarme … ¡Me he enamorado de Juan Ramón! y aunque querer … y enamorarte es algo que te ocurre porque sí, sin tener tú la culpa … a mí al menos, pues así me ha pasado … lo he sentido cuando ya era … natural … que si te dedicaras a ir únicamente con personas que no te atraen … o te repugnan … quitarías todo peligro … pero eso es estúpido; … en fin me he enamorado de Juan Ramón … y siendo tu amiga … aquí ya está mi culpa … le he dicho … que le quiero … … y le he pedido que se case conmigo; … … ¡estaré loca! …………………….. pero como él … te quiere ¡te quiere!… pues me ha dicho que no … que nunca … … perdóname … porque si me hubiese dicho que sí … ¡ay! … a pesar de que la idea de amistad es para mí sagrada … … y tú eres mi amiga … y de verdad te quiero mucho … y me gustas mucho … … pues … ¡con ser todo eso tanto! … yo habría pasado por todo … por todo lo que fuese preciso … pero claro como soy yo sola a querer … … creo mucho mejor ¡matarme! ya … que sin él no puedo … … y … con él no puedo … … perdóname Azulita … por todo lo que si él quisiera yo habría hecho.
Marga».

19 Octubre 2019

¡acude! Esa frase educa

Publicado en Recomendaciones, el escritor, el tebeo por franciscru a las 21:02 h.

Un palíndromo tiene su propia vida. Las palabras se mueven libremente hasta que encajan en un patrón afortunado de ida y vuelta, una suerte de simetría léxica más próxima a la matemática que a la lengua… ¡Y voilá! Segmentos sonoros, recortes de un universo delirante que pocas veces se pliegan a los deseos del autor. El dibujante y diseñador gráfico José Pablo García lo ha intentado con las palindrotiras, humor gráfico sujeto a estrictas leyes capicúas. Pero si lo traemos hoy aquí es por su aportación al mundo del tebeo. En la biblioteca podemos leer la versión gráfica de La Guerra Civil Española de Paul Preston, una verdadera odisea gráfica que consistió en pasar (y decimos “pasar” porque el dibujante apenas se ahorra una coma del original) un ensayo denso de cuatrocientas páginas a un álbum de unas… ¡¡mil trescientas viñetas!! que dan cuenta de todas las derrotas del conflicto, comenzando por un homenaje a Goya (Duelo a garrotazos) para terminar con la siesta del Caudillo. A lo largo de sus doscientas cuarenta páginas nos topamos con los protagonistas de la contienda y con numerosas referencias a imágenes y cartelería de la época, entre ellas la de los milicianos en alpargatas, apuntando con el Mauser desde la trinchera. Hay precedentes, y muchos. Aquí tenemos a mano los fascículos correspondientes de La historia de España (dibujada por Luis Collado entre otros) o las ilustraciones que hace Fernando Vicente para la La Guerra Civil contada a los jóvenes, de Pérez-Reverte. Pero el desarrollo de un ensayo histórico completo requería otro enfoque, y José Pablo García decidió quemar las naves en el empeño. El resultado: un completo análisis de la Guerra Civil desde sus cimientos, rescatando decenas de nombres y de situaciones que nos ofrecen una imagen compacta del conflicto bélico a través de un prisma fresco, como de alumno aplicado que pone su talento al servicio de lo que narra. La colaboración de dibujante e historiador se prolongó en otro libro, Muerte en Guernica, del que de momento no podemos dar referencias. Siguiendo con la sucesión de encargos que el dibujante está despachando con soltura, José Pablo ha publicado este mismo año una versión gráfica de Soldados de Salamina, reconocible título del reciente premio Planeta, Javier Cercas. Por todo ello, hemos creído oportuno profundizar en el trabajo de un autor joven y prometedor que señala el camino de otros tantos que vienen detrás, e interesarnos un poco por su forma de hacer y sus proyectos futuros. Y es que en este mundo de la creación, se es o no se es

15 Octubre 2019

una historia natural

Publicado en Naturalmente leyendo, fondos de la biblioteca por franciscru a las 10:48 h.

Ya hemos escrito aquí la opinión que nos merece ese subproducto editorial tan rentable como inútil al que denominamos libro de texto, ideal para atizar el hogar en invierno (el combustible más caro del mundo). Pero para ser justos, reconozcamos que alguna vez su existencia estuvo justificada. En la segunda mitad del siglo XIX los textos escolares se antojaban necesarios para sembrar el germen del conocimiento en las nuevas generaciones. Escritos con esmero por profesores solventes, la virtud de estos autores no era precisamente la de atender las peculiaridades intelectuales de los jóvenes lectores, pero sí la de sintetizar los rudimentos de una disciplina sin ahorrarse un ápice de rigor y honestidad académica. En nuestro fondo contamos con El manual de historia natural de Manuel María José de Galdo, una guía para la segunda enseñanza (equivalente a la educación secundaria de ahora, salvando las distancias), por primera vez escrita pensando en alumnos españoles. Hasta ese momento se disponía de textos extranjeros, traducidos generalmente del francés. La primera edición es de 1848. Está dedicada a Su Majestad la Reina Isabel II y cuenta con los avales del gobierno de la época. De hecho, las reediciones ampliadas fueron libro obligatorio durante cuarenta y nueve años. D. Manuel presentó la primera versión con veintitrés añitos, aunque el texto fue revisado en numerosas ocasiones hasta prácticamente la fecha de su fallecimiento. En las sucesivas apariciones del manual, Galdo incorpora grabados y referencias al entorno natural español, especialmente en las lecciones de geología y mineralogía, temas en los que la información general se completa con datos locales como, por ejemplo, la situación de los principales afloramientos de minerales del país. La evolución personal e intelectual del autor y, por ende, la de la comunidad académica y científica de la nación, quedan bien patentes en los cambios y mejoras introducidas en cada una de las nuevas versiones: El señor Galdo, que llegó a ser durante un breve periodo de tiempo alcalde de Madrid,  pasa de las dedicatorias a la reina al cuestionamiento monárquico (1867), y de posiciones académicas conservadoras (”El cultivo de las ciencias, lejos de ser hostil a la religión, es por el contrario uno de los más fundamentales y verdaderos apoyos“) a decididas apuestas por la nueva ciencia y las visiones más revolucionarias, como la teoría de la evolución, recogida finalmente en la edición de 1888 (casi treinta años después de que se publicara El origen de las especies de Charles Darwin). El estudio de este libro implicaba una fuerte dosis de memoria, sobre todo en lo tocante a las clasificaciones minerales, de animales y de plantas. En el apartado pecuniario, la venta de la obra reportó al autor bastantes beneficios, aunque muy, pero que muy alejados de los márgenes que dejan los actuales libros de texto.