5 Noviembre 2019

de entre los libros de

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 1:41 h.

Hubo un tiempo en que los libros eran un bien preciado. Quien podía acceder a la palabra escrita tenía la oportunidad de aprender a leer. Y la lectura era la llave del conocimiento. Los ricos y poderosos presumían no ya de lecturas doctas o piadosas, sino de los valiosos volúmenes que habían logrado atesorar, de ordinario comprando o canjeando, sin descartar regalos, robos o rapiñas. Cuesta creer que el progreso sedimentara sobre tales cimientos, pero así fue. De esta forma los libros se convirtieron también en objetivos. Cada cual componía una lista de títulos proscritos, so pena de requisa y consigna… Eso en el mejor de los casos. Era habitual que los implacables censores burlasen el ímpetu sancionador y se reservaran un ejemplar de entre todos los que entregaban a las llamas purificadoras. Nadie mejor que los fieles servidores de Señor para disfrutar de la fruta prohibida. Textos extraviados por éstas u otras contingencias se buscaron infructuosamente durante siglos. Algunos eruditos se hubieran ofrecido gustosos al tormento de hierros candentes a cambio de poseerlos siquiera unos instantes a la luz de un candil. Cuando la imprenta multiplicó las tiradas, los libros circularon con prodigalidad, pero la reverencia hacia ellos no hizo sino aumentar, acrecentando con ello la curiosidad y el ánimo de saber de los que hasta entonces no habían podido soñar con una biblioteca propia. Se ha descrito bien la natural disposición del hombre a salvaguardar lo que considera suyo, y los libros no fueron una excepción. Los nobles blasones con alarde de yelmos y tenantes aludían a la propiedad y disipaban las malas tentaciones. Institutos, gremios y congregaciones de toda condición se sumaron a la moda, señalando con estampas bien visibles los ejemplares de sus fondos. Era lo que se dio en llamar exlibris, locución latina que figuraba a modo de leyenda en estas marcas de propiedad, y cuyo significado es “de entre los libros de”. El exlibris se extiende durante el siglo XVI por Francia, Inglaterra, Holanda e Italia, debido en parte a las aportaciones que realizaron artistas como Durero, Cranach y Holbein, que realizaron pequeñas obras de arte para hacendados y bibliófilos de la época. La estampa finamente grabada experimenta un auge a principios del siglo XX entre aquellos que desean expresar de manera exquisita su amor por los libros. El sello se personaliza sustituyendo los motivos heráldicos por otros que lo convierten en una marca única, íntimamente identificada con el propietario. En el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española (2001) leemos la siguiente definición: Exlibris: “etiqueta o sello grabado que se estampa en el reverso de la tapa de los libros, en la cual consta el nombre del dueño o el de la biblioteca a que pertenece el libro”.

RSS 2.0 | Enviar un comentario | Enlazar

Envía un comentario


*
Para demostrar que eres un usuario (no un script de spam), introduce la palabra de seguridad mostrada en la imagen.
Anti-Spam Image