14 Noviembre 2011

primum vivere deinde filosofare: Galdós

Publicado en buscando un billete, el escritor por franciscru a las 8:45 h.

Don Benito fue la primera pluma de España. Los expertos dicen que era casi tan digno de este billete de mil pesetas como Cervantes. Y no solo por el mérito de una producción literaria copiosa y variopinta, sino por la calidad portentosa de su prosa, sin parangón. Galdós fue coetáneo de Tolstoi y Proust, dos escritores muy influyentes. Ninguno de ellos fue reconocido con el Premio Nobel, pese a que los tres estaban en edad de merecer(lo). Pero se sabe que aunque la talla (literaria) de Don Benito no admitía controversia, la concesión de tal honor hubiera incomodado a muchos de sus paisanos, que le tenían por un excéntrico personaje, radical, mujeriego y, por si esto fuera poco, anticlerical. Galdós se ganó mucha de esta fama a pulso, y todavía hoy su vida sentimental ocupa a profesores y tertulianos exquisitos. Pero la mayoría de la obra galdosiana está lejos de ser un muestrario de fobias y rencores. Sus personajes (y sobre todo sus personajes femeninos) están retratados con la sutileza de un observador pulcro y juicioso. Según dicen, Don Benito era un hombre callado, amable y generoso, poco inclinado a hacerse notar. Celoso siempre de su vida privada, en Memorias de un Desmemoriado, el autor recuerda así sus primeros años en Madrid:

“Vine a esta Corte y entré en la Universidad, donde me distinguí por los frecuentes novillos que hacía… Escapándome de las cátedras, ganduleaba por las calles, plazas y callejuelas, gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital. Mi vocación literaria se iniciaba con el prurito dramático, y si mis días se me iban en flanear por las calles, invertía parte de las noches en emborronar dramas y comedias.”

Si uno se pasea por la avenida central de la biblioteca y aledaños encontrará decenas de títulos galdosianos, empezando por los cuarenta y seis Episodios Nacionales y terminando con El amigo manso, la última novela del autor. Intuimos que no resulta muy progre recomendar la lectura de estos volúmenes, y nos tememos que la osadía pueda interpretarse incluso como una invitación al esnobismo. Pero como los que cometemos exceso tal no tenemos (casi) ningún complejo, le dedicamos esta (y otra) entrada a Pérez Galdós, que a buen seguro nos estará contemplando desde el purgatorio templadito de todos los que algún día fueron billetes verdes.

 

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6 Octubre 2011

pessoa: uno de tantos

Publicado en buscando un billete por franciscru a las 18:51 h.

Cuando la peseta, el dracma y el escudo eran tres divisas de poquísimo peso que buscaban refugio en las altas cumbres de los Alpes Suizos, los Bancos Nacionales emitían billetes con imágenes de conquistadores y eminentes figuras de las letras. Por aquel entonces, los países imprimían dinero a capricho y se montaban su propio Monopoly. Ahora el euro nos da alegría y estabilidad, pero limita la cancha del homenaje a los sellos de correos y los cupones de lotería. En 1988, Portugal emitió una serie de cem escudos, el último en papel de su historia. En el anverso figuraba el retrato de Fernando Antonio Nogueira Pessoa, un escritor que se manifestó contrario a la tradición lusa que prescribe la utilización preferencial del apellido materno. Portugués casi por casualidad, Fernando Pessoa (persona o máscara) escribía compulsivamente utilizando varias decenas de heterónimos, que eran algo así como desdoblamientos de su personalidad creadora. Digamos que, siendo uno, el autor se multiplicó en un sinfín de poetas (se dice que setenta y dos) con distintas inquietudes, que componían en tres idiomas diferentes y cada cual a su manera: “como cuando era niño, tendía a crear un mundo de ficción en torno y a rodearme de amigos y conocidos que nunca existieron”. Su vida y su obra está envuelta de un halo de misterio que no se corresponde con la anodina existencia de un oficinista nómada en su propia ciudad: Lisboa. Falleció joven. Exceptuando una colección de poemas en inglés y Mensagem, la mayoría de su producción, fértil y copiosa, no vería la luz hasta diez años después de su muerte. Traemos aquí algunas poesías de “su otro yo” Alberto Caeiro, cantor de la naturaleza; su biografía apócrifa nos cuenta que vivió apaciblemente en el campo y murió a los veintiséis años, víctima de la tuberculosis.

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6 Junio 2011

Was ist unser höchstes Gesetz?

Publicado en buscando un billete, vale más que las pesetas por franciscru a las 0:00 h.

Hace mucho, pero que mucho tiempo, existían dos Alemanias. No se puede decir que entre ambas hubiera muy buen rollo. De hecho, estaban separadas por un muro físico y político. Una de las alemanias era rica, floreciente, industriosa y tenía una buena selección de fútbol. La otra, la que se hacía llamar democrática, no era ni siquiera eso. Ésta última emitió en 1975 un billete con la efigie de un escritor reivindicado por las dos Germanias: Johann Wolfgang von Goethe. Goethe fue todo un personaje: además de literato de altura, ejerció de ministro y presumió de científico con ideas propias, de esas que no pasan a la posteridad, pero dan que pensar. Intelectualmente superdotado, se codeó con las personas más notables de su época, llegando a conocer a Napoleón, por el que sentía una gran admiración. Una de sus primeras novelas, Las desventuras de Werther, ocasionó una ola de suicidios entre jóvenes deprimidos aquejados de mal de amores. También es autor de Fausto, considerada una obra cumbre de la literatura universal. Goethe se pasó toda su vida revisando y corrigiendo el texto, hasta el punto de que la segunda parte solo se publicó después de su fallecimiento. El Fausto ha inspirado un montón de producciones literarias, pictóricas, musicales y cinematográficas (como prueba traemos aquí el de Murnau, una versión de 1926 aún no superada). Hijo de su tiempo, las ideas de Goethe eran un poquitín, cómo decirlo, acomodaticias: de él se dijo que “halagaba el egoísmo, la dureza de corazón; por eso lo aman los faltos de amor“. Se le atribuyen sentencias como aquella que reza “prefiero la injusticia al desorden” o ésta última, “Was ist unser höchstes Gesetz? Unser eigener Vorteil” (¿Cuál es nuestra ley suprema? Nuestro propio beneficio), divisa que, al margen de las ideologías, podría figurar en un billete de banco emitido por cualquier país.

El Instituto público que lleva su nombre tiene el misión de difundir por el mundo el conocimiento de la lengua germana y su cultura. Vendría a ser el equivalente a nuestro Instituto Cervantes. Ambos fueron laureados, (¡cómo no!) con el premio príncipe de asturias de hace unos años…

17 Abril 2011

veinte libras de yeats

Publicado en buscando un billete, el escritor por franciscru a las 12:00 h.

Otro poeta impreso en un billete de banco. La notoriedad de William Butler Yeats no se debe a su nombre (Butler es “Mayordomo” en inglés), ni a su obsesiva naturaleza enamoradiza. Ni siquiera al Premio Nobel, galardón que recibió en 1923, concedida por la oportunista academia sueca. La relevancia de la poesía de Yeats radica en su profunda identificación con irlanda y lo irlandés. Desgraciadamente, la complejidad de su obra no otorga concesiones a los que debemos leerle en traducciones más o menos acertadas. El poeta nunca escribió verso libre, y eso hace particularmente difícil trasladar la musicalidad y el sentimiento del inglés al español, a pesar de que la riqueza de nuestro idioma se presta a todo tipo de contorsiones líricas. Es una pena que en la biblioteca no haya nadie que esté en condiciones de llegar al alma de su palabra… ¡Un momento! Acaba de pasar una muchacha con un pequeño libro bajo el brazo… ¿Y si fuera de Yeats? ¿Y si quisiera leernos algún poema? ¡Oye! ¡Aguarda! ¡No te vayas!…

«Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
porque nuestro amor declina».

Y responde ella:
«Aunque nuestro amor se desvanezca,
permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
juntos en este momento especial
en el que la pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
y qué lejano nuestro primer beso,
y qué viejo parece mi corazón!».

Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
«La Pasión ha consumido con frecuencia
nuestros errantes corazones».

Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño; y ahora ambos se detienen
a la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
sobre su pecho y su pelo.

«No te lamentes», dijo él, «que estamos cansados
Porque otros amores nos esperan,
odiemos y amemos a través del tiempo imperturbable,
ante nosotros yace la eternidad,
nuestras almas son amor y un continuo adiós».

Versión de Luis Zalamea.

28 Febrero 2009

¿Dónde está Gustavo Adolfo? ÚLTIMA PISTA

Publicado en Recomendaciones, buscando un billete por franciscru a las 1:18 h.

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Que no sea por falta de pistas… Ahí os va la última: Este señor de más arriba es el autor del libro que buscáis, uno de los más conocidos de su producción en el que se recopilan relatos tan conocidos como El pozo y el péndulo o El gato negro. Precisamente este año celebramos el bicentenario de su nacimiento, y por tal motivo le dedicaremos con justo merecimiento algunas entradas más en éste, vuestro blog bibliotequero.

23 Febrero 2009

¿Dónde está Gustavo Adolfo? PISTA TERCERA

Publicado en buscando un billete por franciscru a las 13:10 h.

Como ya me he leído todo el libro, la pasada tarde fui a un videoclub y me saqué la película (en inglés) del cuento en el que estoy encerrado… Espero que esta pista sea la definitiva, porque ¡¡¡¡¡¡YA NO AGUANTO MÁS!!!!!!!

14 Febrero 2009

¿Dónde está Gustavo Adolfo? PISTA SEGUNDA

Publicado en General, buscando un billete por franciscru a las 12:11 h.

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Esta escena describe un terrible episodio del relato en el que me encuentro que, por cierto, empieza de la siguiente manera:
“¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen… y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia”. (Traducción: Julio Cortázar)

9 Febrero 2009

¿Dónde está Gustavo Adolfo? PISTA PRIMERA

Publicado en buscando un billete por franciscru a las 21:36 h.

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De la persona que escribió el libro donde estoy encerrado Borges dijo que “se creía poeta, solo poeta, pero las circunstancias lo llevaron a escribir cuentos, y esos cuentos a cuya escritura se resignó y que debió encarar como tareas ocasionales, son su inmortalidad“. Quizá esto te ayude. Quizá no. De todas formas, date prisa, que me ahogo.

5 Febrero 2009

¿dónde está Gustavo Adolfo?

Publicado en buscando un billete por franciscru a las 19:59 h.

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Hola.Mi nombre es Gustavo Adolfo. Yo era poeta. Escribí aquello tan famoso de “¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? Poesía eres tú.…” Seguro que lo has oído alguna vez. ¿No? Malos tiempos para la lírica. Bueno. No importa. Tampoco creas que era mi poema favorito. Los tengo mejores. Aunque eso no viene al caso. Lo cierto es que tras mi muerte continué siendo muy popular. La cima de mi carrera post mortem la alcancé cuando me convirtieron en billete (en la ilustración, pero sin gato); nada más y nada menos que en un billete de ¡cien pesetas! ¡Ahí es nada! ¿Qué tampoco sabes lo que son las pesetas? Pues una moneda… la moneda de un país que ya no existe… En su momento una verdadera fortuna, vaya. Ahora aparezco de vez en cuando por cajones viejos, bolsos enmohecidos o botecitos de hojalata oxidada. También entre las páginas de un libro. Ese es el lugar donde mejor me conservo: así por lo menos estoy abrigado y, como tengo algo que leer, no me aburro. No sé cómo llegué a tu biblioteca, pero aprovechando un descuido de los encargados, alguien me introdujo en el interior de un volumen. Al principio era divertido escuchar el tumulto que se forma en la sala de lectura a la hora del recreo. Pero ya me estoy empezando a entumecer. Así que os voy a pedir que me rescatéis. Desconozco el lugar exacto en el que me encuentro, pero semanalmente os iré ofreciendo pistas que aparecerán en el blog y en el tablón de la biblio. PROMETO COMPENSAR GENEROSAMENTE A QUIEN ME LIBERE. Porque, digan lo que digan, vivir como un emparedado en un sinvivir