16 Enero 2012

la historia reciente

Publicado en Recomendaciones, biblioteca virtual, escribiendo por escribir por franciscru a las 9:01 h.

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Exceptuando a los lectores más jovencitos, todos somos hijos del pasado siglo XX; al contrario de lo que se tiende a pensar por estas latitudes, este período fue el más convulso de la historia de la humanidad. Lo que hoy aceptamos con naturalidad, los rasgos distintivos de nuestra cultura política, económica y social hunden sus raíces en el inestable fondo telúrico que provocó también las grandes catástrofes bélicas de la pasada centuria. Somos herederos de una época marcada por la iniquidad, la brutalidad y el exterminio, cuyos últimos flecos (por el momento) acariciaron hace apenas diez años la tez clara y sonrosada de ese ente imposible al que llamamos Europa. Las eternas cantinelas del nacionalismo, el colonialismo, el expansionismo, el imperialismo y todos los “ismos” que se nos pudieran venir a la cabeza sumaron sus voces para que la historia rebullera; a la cabeza de las consiguientes orgías de destrucción figuraron personajes (varones en exclusiva) que supieron embridar la violencia dispersa, y la proyectaron con la furia de las ideologías; sin duda os sonarán los nombres de Mao Tse Tung, Pol Pot, Franco, Leopoldo II de Bélgica, Hirohito, Hitler o Stalin (el más sanguinario de todos, que ya es decir). Añadiríamos con gusto algunos otros, pero por estar rehabilitados o pertenecer al bando de los buenos, no se pueden citar aquí porque resultaría “políticamente incorrecto”. Como puede suponerse, la reconstrucción de la historia de los últimos cien años, pese a ser reciente, se topa con la interpretación apasionada y tendenciosa de autores e investigadores, necesariamente discrepante porque casi siempre lo más cómodo es adherirse a la opinión que pregona la corriente política dominante. Por eso os animamos desde aquí a que os paséis por la biblioteca y os forjéis vuestra propia visión sobre los conflictos del siglo XX. Os encontraréis libros de historia, pero también interesantes biografías gráficas como la que firma el laureado mangaka Shigeru Mizuki de Hitler, o las incontables novelas ambientadas en la guerra y en la posguerra como la muy conocida Cuando Hitler robó el conejo rosa de Judith Kerr o Año de Lobos de Willy Fährmann. Y ya sabes: evita en lo posible los libros de texto, que son para otras cosas…

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28 Diciembre 2011

el gato se pone las botas

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 21:52 h.

Todo el mundo conoce la historia de El gato con botas, ahora que está tan de moda por la película y la cargante publicidad. El animalito es un elemento de cuidado, y lo que más define su personalidad no son, como suele pensarse, las botarras esas que le llegan a la ingle. No. Lo que caracteriza al gato de marras es su capacidad para la oratoria. El felino de Perrault es un liante que se libró de ser devorado por su amo por ese piquito de oro que dios le dio. Con tanta rata suelta, este bicho da el perfil perfecto de buen gobernante: inteligencia y facilidad de palabra combinadas en cuerpo de gato. Pero no nos hagamos ilusiones: Biblioluces ha localizado al legendario personaje en su hacienda vitivinícola de Beaujolais donde, a decir de los expertos, elabora unos caldos de gran carácter y raigambre. Después de varias gestiones hemos obtenido unas reveladoras declaraciones en exclusiva. Para escucharle, aprieta el botoncito del play.

 

8 Diciembre 2011

ruedas de molino

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 9:00 h.

Alguien dijo una vez (no sé si con mucho conocimiento de causa) que la plena realización del ser humano pasa por plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. La primera tarea es llevadera: la dificultad radica en preservar el arbolito y mantenerlo sano y vigoroso; pero de ésto último el proverbio se desentiende. Al personal del género masculino, la segunda faena se le puede antojar un poco complicada, pero todo se andará. Y llegamos a la tercera que, en contra de lo que pudiera parecer, es la más fácil de todas: cualquiera puede escribir un libro. Y de hecho, las estanterías de las librerías están repletas de obras presuntuosas, retahílas de palabras o sucesos que no encierran más saber del que evocan sus tapas duras. Sin embargo, poderosos intereses comerciales intentan convencernos de lo contrario: grandes biografías de personajes sin sustancia, éxitos clamorosos antes siquiera de ser publicados, novelas imaginativas redactadas si pizca de imaginación, textos de autoayuda perversos y ñoños, memorias interesadas y oportunistas, segundas malas partes de peores primeras… Todo ello dispuesto entre títulos inspirados por el talento y el trabajo que, sin embargo, pasarán prácticamente desapercibidos. De entre los diez, los veinte o los cien libros más vendidos cada temporada, muy pocos se salvan de la mediocridad. Pero eso poco importa: la clave está en vender muchos ejemplares al precio de la novedad, promocionar la imagen del mercachifle de moda y lanzar algún derivado comercial que se venda igualmente bien. Antes de comprar un libro piensa que el título en cuestión ha de ganarse el mérito de figurar en tu biblioteca: los libros que no se leen ocupan sitio y acumulan polvo. Déjate aconsejar. El gusto por la lectura se alimenta de buenas historias y siempre hay algún autor capaz de hacernos crecer como lectores. No te fíes de los premios y los laureles, que en su mayoría están amañados. Acércate a lo nuevo sin prejuicios y a lo viejo sin complejos.

Como para muestra vale un botón, vamos a reproducir aquí dos fragmentos de sendas novelas que fueron finalistas del Premio Planeta, tomados ambos de la misma página; una de ellas escrita por el poeta gaditano Fernando Quiñones (La Canción del Pirata, 1983) y la otra firmada por un señor del que ahora mismo no recordamos cuál es su gracia (Villa Diamante, 2007). El estilo genuino, rico y evocador de Quiñones puesto al mismo nivel de la redacción chapucera del otro, que posiblemente también encierre su mérito, pero desde luego no el literario…

 

Soy ahora un casco en desguace o leño a la deriva, las greñas blanqueando, esa zanja fea de la frente que me entrecierra el ojo, encorvado el lomo y a medio desdentar: lo que se dice empezando ya a buscar la tierra como si fuese bien anciano, aunque no he de haber cumplido más de cuarentiséis, según mi cuenta, ni menos de cuarentitrés. Pero de mozo, y de hombre en todo su brío, fui trigueño, moreno de la mar y de ojos vivos, no porque yo lo diga; de los que calan muchas cosas antes de tenerlas vistas ni aprendidas, y bien memorioso, que eso me ha ido a más en vez de a menos. Si le caí en gracia a mucha gente, fue por salir a mi madre en el donaire, y a mi padre en la buena planta y el agrado del semblante, aunque todo lo haya ido perdiendo aun antes de llegar a viejo.

Ana Elisa deseó en su silencio poder tener la capacidad de contemplarse desde lejos, como si fuera otra, como si estuviera frente al proyector de su padre viéndose en la pantalla junto a ese ser que por fin tenía un rostro y un cuerpo en verdad completamente distintos de aquellos con los que fantaseaba en los dibujos que enviaba en sus cartas y su imaginación completaba hace ya tanto tiempo. Las aves, espectadoras impávidas de cada respiración, de cada gesto entre los dos humanos presentes, volvían a quedarse quietas, su silencio presionándole las sienes, mientras observaba la sonrisa, los labios, el eco de la profunda voz del hombre que movía suavemente sus manos bajo el agua, ante ella.

5 Diciembre 2011

un punto negro

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 9:38 h.

Un puntito negro suspendido sobre un rectángulo que se inclina ligeramente a la izquierda; como era de esperar, la retrospectiva sobre Malevich atrajo a muchos japoneses ávidos de experiencias artísticas ultraterrenas, curiosos capaces de reconocer el arte decadente y exquisitos amantes del suprematismo, que alababan cada vértice, cada tetrágono concebido por la inagotable imaginación del maestro. De entre todos ellos, uno fue el que llamó la atención de los vigilantes, que hacían la ronda sin esperar mayores entusiasmos que un dedito peligrosamente levantado a pocos centímetros del lienzo sucio o las toses convulsas de quien había preferido visitar la exposición a quedarse encamado toda la tarde. Después de tres horas contemplando el cuadro, resultaba evidente que el peculiar visitante estaba atrapado por el magnetismo de la pintura. El sujeto, de gruesas lentes, vestido con sombrero de ala corta y un abrigo gris que le llegaba hasta poco más arriba de los tobillos, no se conmocionó ni cuando una conocida presentadora de televisión se asomó a su hombro para compartir la turbación que alguien pudiera experimentar a la vista de tamaña obra maestra. Tal y como el vigilante de sala temía, cumplida la hora del cierre, el tipo de los anteojos seguía instalado en una especie de ausencia hipnótica; ni las palabras amables ni otras más gruesas fueron capaces de sustraer su atención, sostenida durante más de cinco horas de pasmo estético. Alertada por los encargados, la comisaria de la exposición optó por evacuar rutinariamente todas las salas antes de solicitar la intervención del personal de seguridad. Rodeado por un grupo cada vez más furibundo que le observaba como a un bicho raro, el visitante movió ligeramente la cabeza, elevando un tanto la barbilla como para enriquecer la agotada perspectiva. Esta leve profanación de la quietud fue la señal que los presentes aguardaban desde hacía más de media hora.
—Realmente cautivador… ¿no le parece?, le espetó la comisaria interponiéndose bruscamente entre la obra y el observador.
La tez del hombre tornó al rojo para volverse después ligeramente azul antes de que la respuesta le brotara como un aullido desde lo más profundo de la garganta:
—iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…

Carlos Huero Caín. Malevich, incluido en el volumen Cuentos con Arte

Y es que, como dicen que sobre gustos no hay nada escrito, vamos a publicar algo que cubra este enorme vacío hablando de buena y mala literatura, sin afán de hacer escuela ni de mover conciencias. Escribir por escribir… Eso es… De igual forma que otros que se dicen escritores hablan (y redactan) mal (”Mi palabra favorita en español son muchas“) y encima salen en el canal del Instituto Cervantes.

28 Noviembre 2011

la novela gráfica

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 9:00 h.

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Hace justamente dos años nos asomábamos a la obra de Marjanne Satrapi por la especial relevancia de Persépolis, que había sido llevada con éxito al cine. Hoy volvemos a retomar el tema de la novela gráfica como opción interesante para todos aquellos que deambulan por la biblioteca sin saber qué partido tomar. La consolidación de este género obedece a un decidido intento editorial por reprogramar a los habituales lectores de literatura seria que de otro modo nunca se aproximarían a las estanterías del cómic tradicional. Aunque hay teóricos que establecen diferencias, la frontera entre la historieta y la llamada novela gráfica es muy difusa: las similitudes formales entre la una y la otra son totales, si exceptuamos el modo de presentación y ese algo subjetivo como es la aspiración del autor, que en el caso del de novela gráfica se conjuga con argumentos y guiones más comprometidos. También resultan muy gratas las aproximaciones a las grandes obras de la literatura universal, en las que se prepara el terreno para el asalto definitivo a la novela original. En este momento, todas las librerías y las bibliotecas tienen su sección de novela gráfica, donde abundan tanto las novedades como las reediciones. Un libro-historieta-cómic tiene todos los atributos de un buen presente para estas fiestas del derroche que están por llegar: es atractivo a la vista, interesante por lo que contiene y provechoso para el que lo disfruta… Una excelente alternativa para los que han decidido abandonar el irracional vicio de regalar por regalar…

20 Noviembre 2011

amanecerá, que no es poco

Publicado en De cine, biblioteca virtual, escribiendo por escribir por franciscru a las 22:30 h.

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En la Atenas del siglo V a. C., los teóricos que forjaron el pensamiento político occidental abordaron con precoz escepticismo tanto las ventajas como las enfermedades crónicas de la democracia. Todo el que hoy alabe o critique las fallas del sistema debe considerarse heredero de estos pensadores tan lúcidos que ya se plantearon el destino incierto de una sociedad gobernada por demagogos, aduladores, corruptos y torpes. Una corriente crítica que encabezaba Platón llamaba la atención sobre que “toda la democracia no había sido más que demagogia (…); y los demagogos, unos embaucadores del pueblo que, en vez de atender a la mejora de éste, habían cuidado sólo de su propio aventajamiento halagando y engañando a la multitud” (Manuel Fernández GalianoLa Génesis de La República). Platón no se cansaba de advertir la necesidad de un especial conocimiento para ejercer el poder: ”le parecía locura que se designasen los magistrados por sorteo, siendo así que nadie querría seguir tal procedimiento para la elección de un piloto, un carpintero, un flautista u otro operario semejante cuyas faltas son menos perjudiciales que las de aquellos que gobiernan el Estado (Jenof. Mem.I 2, 9)” (Ibíd.). El célebre autor de Los Diálogos también captaba lo grotesco que resulta censurar a un médico negligente que no guarda la salud de sus pacientes y, sin embargo, venerar los que tienen la osadía de dirigir los destinos de un pueblo con la torpeza propia de los que no son ni estadistas ni ciudadanos cultos. No estaría mal que todos los que presumen de reinventar el mundo con ocurrencias de bombero echasen un vistazo hacia atrás y se reconciliaran con los que les precedieron en la preocupación por construir una sociedad justa, participativa y democrática, sea lo que fuere lo que esto signifique.

10 Noviembre 2011

los últimos días de pompeya

Publicado en biblioteca virtual, escribiendo por escribir por franciscru a las 8:15 h.

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No hay fuerza humana capaz de contener la irrefrenable furia de la naturaleza. Cuando la Tierra se despereza, la civilización occidental se tambalea. Y es que cuanto más hundimos nuestros cimientos en el vientre de este mundo cruel, más próximos estamos a esa entraña incandescente sobre la que navegamos a todo trapo. Volcanes y terremotos son protagonistas de varios clásicos del cine y la literatura. Y no es por casualidad: las pasiones humanas se cocinan de maravilla al calorcito de la lava ardiente. Pompeya era una ciudad rica y pujante. Sus prósperos ciudadanos vivían en villas opulentas y solo tendían los brazos al cielo para reclamar el correo de las palomas mensajeras. Pero de repente se acabó la diversión: rugió el Vesubio y mandó a parar. Cuerpos y almas quedaron detenidos, petrificados y sepultados bajo toneladas de ceniza hasta que los restos de la urbe fantasma fueron redescubiertos a mediados del siglo XVIII. El Barón Lytton le puso letra a este drama en plena efervescencia arqueológica, y si bien su prosa es un pelín pesada, adivinamos en cada frase la intención de emocionar al lector con una buena dosis de romanticismo:

Lenta y dulcemente transcurrió la noche que precedió a los crueles juegos del circo y vio brillar la aurora del último día de Pompeya. El aire parecía tranquilo, pero singularmente pesado; una bruma transparente extendíase por los valles y barrancos de los vastos campos de la Campania.

De todas formas siempre nos quedarán otras ficciones más atrevidas o el cómic de las Joyas Literarias Juveniles que os enlazamos desde aquí mismo. Afortunadamente en la isla del Hierro la cosa no pasa (espero) de la creación acelerada de un palmo más de territorio patrio, que los científicos esperan ver emerger en breve y al que quizá, quién sabe, dentro de mil años le corresponda un nuevo diputado en Cortes.

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28 Septiembre 2011

un mundo de números (mal que nos pese)

Publicado en Recomendaciones, escribiendo por escribir, fondos de la biblioteca por franciscru a las 10:30 h.

En el antiguo Egipto los escribas pertenecían a una casta especial. Atesoraban el secreto de la escritura, pero también los del cálculo y la contabilidad. Eso les convertía en los verdaderos directores de la política real en tiempos en los que, tal y como ocurre en la actualidad, muy pocos faraones sabían leer y escribir. El acceso a esta carrera de éxito estaba controlada por un puñado de varones influyentes; tras la selección, los privilegiados recibían formación entre los cinco y los dieciséis años (¿a qué me recuerda esto?) en caligrafía, gramática, literatura, derecho, idiomas, historia, geografía y matemáticas (¿No les dice nada el currículo de marras?). Hoy en día el índice de alfabetización es una señal de progreso; paradójicamente, la mayoría sabemos leer y escribir, aunque son bastantes menos los escritores o lectores activos o en activo. Sin embargo, matemática y cálculo se han convertido en el arte de los listos, de los más cuadriculados; la ciencia de aquellos que cursaron estudios técnicos (no de humanidades) porque tenían muy claro que lo suyo era programar computadoras, construir ingenios de ariete hidráulico o diseñar el Niemeyer. Ese desapego popular hacia las matemáticas es un salvoconducto para personas con notables responsabilidades públicas o privadas, que justifican sin embozo su perezoso absentismo numérico con la famosa coletilla: “¡Ay! ¡Dímelo tú, que eres de ciencias!”. Tal y como ocurría en el antiguo Egipto, los conocedores del lenguaje de los recortes, los porcentajes, las ganancias, los aumentos, las reducciones, los puntos básicos, las rentabilidades y las amortizaciones tienen la capacidad de hacernos creer que las corporaciones y multinacionales que tanto trabajan por la riqueza del país están movidas por intereses cuasi filantrópicos, y que la exigua subida de la tarifa eléctrica no es sino una magra compensación por tantos años de denodado sacrificio inversor en beneficio de la ciudadanía. Eso por no hablar de la demagogia que se traen algunos con los impuestos y la fiscalidad. La renuncia a entender de números es una renuncia a comprender cuánto nos rodea, y para muchos, una garantía de paz social. Para todo aquel lector curioso, de ciencias o de letras, que piense que la matemática es (únicamente) un lenguaje abstruso para iniciados en la nadería del infinito, le recomendamos libros como éste de Alex Bellos, autor nada sospechoso que tanto escribe de ecuaciones como de fútbol. La lectura de Alex en el país de los números satisface el paladar no solo de los aficionados al tema sino de aquellos otros que se desvanecen cuando ven una fórmula matemática. Los números, la geometría, el azar, la estadística, las calculadoras, las paradojas… un amplio muestrario de realidades matemáticas que lejos de embotar el cerebro, abre nuevos horizontes y proporciona interesantes perspectivas de lo visible y lo invisible. Todo un tesoro para los que no se conforman con entender utilizando razonamientos de segunda mano. Aunque sean de letras.

25 Agosto 2011

leer en piedra

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 0:02 h.

Las piedras hablan. Esta es la razón por la cual al ojo experto se le revelan historias de nuestro pasado a poco que observe a su alrededor. La palabra escrita no fue accesible al común de las gentes hasta hace muy poco tiempo, pero eso no fue óbice para que reyes y emperadores dejaran constancia de campañas bélicas, exaltaran sus augustas figuras o difundieran una determinada ideología política sirviéndose de un diseño accesible, que permitía visualizar intuitivamente una sucesión de hechos por obra y gracia de un cincel artero, observante de las directrices impuestas por una meticulosa planificación de las escenas. Son libros de mármol, ilustrados al detalle con vocación de eternidad. En algunos casos, como el de la Columna de Trajano, las dos viñetas helicoidales, hábilmente trabajadas en perspectiva, han sobrevivido a los bárbaros de antes y a los de ahora, perdiendo color y un poco de prestancia, pero conservando el esplendoroso mensaje que traslada al moderno lector de cómic dos mil años atrás, cuando las invencibles legiones romanas ampliaban el imperio, ignorando entre aves y vítores el inevitable declive que pacientemente madura al sol de cualquier desahogada bonanza.

5 Agosto 2011

la biblioteca de babel

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 11:00 h.

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales.

Jorge Luis Borges

1 Agosto 2011

la llave de plata

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 11:00 h.

Un personaje del escritor fantástico H.P. Lovecraft emprende la búsqueda de una ciudad con cuyas cúpulas doradas en el sol de la tarde había soñado tantas veces. Perdido entre las marañas de callejuelas puede, por fin –gracias al auxilio de una mágica llave de plata–, acceder a ella. Cuando lo logra, descubre que no es otra que su propia ciudad natal: manifestada o revelada bajo una nueva luz. Sí: la ciudad onírica estaba dentro de su ciudad real (podemos extrapolar nosotros ahora) como el conocimiento está dentro de la información: agazapado, polvoriento, esperando la llave mágica. Y ya es hora de revelar nuestro secreto: la llave mágica del conocimiento es la lectura. Será necesario repetirlo, porque estamos subyugados por la magnitud y las virtudes de las nuevos prodigios tecnológicos, y al tiempo deberemos reaprender las potencialidades y las maravillas de algo que consideramos trivial, sólo porque lo poseemos ya, y porque nos acompaña desde hace muchísimo tiempo. La lectura es la capacidad de los humanos alfabetizados para extraer la información textual. La lectura es la llave del conocimiento en la sociedad de la información.

 José Antonio Millán

2 Junio 2011

y el premio príncipe de asturias de las letras es para…

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 16:20 h.

Leonard Cohen, que se impuso en la última votación a los otros cuatro candidatos: el pato Donald y el trío Los Panchos.

2 Mayo 2011

la historia de la imprenta

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 17:59 h.

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No es una exageración afirmar que la imprenta revolucionó la historia de la producción y difusión del conocimiento, lo que es lo mismo que decir la historia de la humanidad. El invento en cuestión venía a satisfacer la clamorosa necesidad de surtir de libros a los curiosos, investigadores, profesores y eruditos del siglo XV, y la lenta y cara reproducción por copia directa encarecía los costes y no satisfacía la demanda. Gutenberg, cuyo verdadero nombre era Johannes Gensfleisch zur Laden (nada que ver con el tipejo ese que hoy está en boca de todo el mundo), empeñó hasta el sombrero para imprimir la biblia que os presentamos en la entrada anterior. Pero como quiera que el proyecto se retrasaba, Fust (que así se llamaba el socio capitalista que puso la pasta) se cansó de esperar resultados, y él y su yerno, el calígrafo Schöffer (el otro padre de la imprenta) se adueñaron de todo el tinglado. Disuelta la sociedad, Gutenberg quedó relegado, y a partir de ese momento malvivió de chafarle la exclusiva a los otros dos. Hoy se le reconoce como el promotor de una innovación más trascendente, si cabe, que el omnipresente microchip, porque sin la una difícilmente se hubiera llegado hasta el otro.

23 Abril 2011

atrápalo, si puedes

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 2:23 h.

 

14 Abril 2011

marco polo y…

Publicado en escribiendo por escribir por franciscru a las 19:02 h.

El gran rey Kublai es muy apuesto, de estatura mediana, ni muy grueso ni muy flaco; tiene la cara redonda y blanca, los ojos negros, la nariz muy hermosa, y en toda la complexión de su cuerpo está muy bien proporcionado. Tiene cuatro mujeres a las que da el nombre de legítimas. El primogénito de la primera le debe suceder en el trono. Cada una de estas cuatro dispone para sí de una corte real en su propio palacio, pues posee trescientas doncellas escogidas y muchos criados eunucos, y otros servidores sin cuento, de suerte que el séquito de cada una de ellas se compone de cerca de diez mil hombres y mujeres.

Algunos dicen que en las memorias de Marco Polo confluyen historias reales con fantasías, relatos de terceros e invenciones más o menos verosímiles para los lectores de su época. Según él, fue emisario y privado del Khan, que le tenía por hombre prudente. Sin embargo, los registros chinos de la época no recogen el encuentro entre ambos hombres. Sea como fuere, el texto de Marco Polo obtuvo una relevancia que va más allá de su rigor histórico o geográfico y, en ese sentido, no se le debe escatimar el mérito por lo mismo que nadie discute la influencia posterior de los ingeniosos relatos futuristas de Julio Verne, por ejemplo. En la China que visitó don Marco, la transmisión del conocimiento y la información en forma de documento escrito ya existía desde el segundo milenio antes de Cristo. El libro de seda, descubierto en 1973, es un tratado de astronomía realizado alrededor del 400 a.d.C. En la época de Kublai, los chinos eran expertos en la elaboración del papel, fabricado con distintas fibras vegetales procedentes del bambú, la morera, la paja de arroz… Aunque no gozó de mucha popularidad, los chinos del siglo XIII conocían desde hacía doscientos años el sistema de tipos móviles, reinventado en Europa por Gutenberg a mediados del siglo XV. Y no se queda aquí la relación de novedades y avances tecnológicos en los que China fue precursora. En aquellos tiempos, el esplendor cultural del oriente eclipsaba al de la cuitada Europa, que acababa de salir de un largo período de oscuridad. Kublai Khan terminó sus días alcoholizado y deprimido, preso de una terrible melancolía. Siete siglos después, las viejas democracias se vuelven hacia el gigante totalitario y protocapitalista, en el que ven al maravilloso inversor que ha de sacarnos del atolladero. Y como antaño, los marcopolos modernos nos describen lo aparente: una corte rica y suntuosa, una administración eficiente e implacable y unas capacidades de producción y crecimiento infinitas. Los chinos tendrán que esperar.

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