15 Octubre 2019

una historia natural

Publicado en Naturalmente leyendo, fondos de la biblioteca por franciscru a las 10:48 h.

Ya hemos escrito aquí la opinión que nos merece ese subproducto editorial tan rentable como inútil al que denominamos libro de texto, ideal para atizar el hogar en invierno (el combustible más caro del mundo). Pero para ser justos, reconozcamos que alguna vez su existencia estuvo justificada. En la segunda mitad del siglo XIX los textos escolares se antojaban necesarios para sembrar el germen del conocimiento en las nuevas generaciones. Escritos con esmero por profesores solventes, la virtud de estos autores no era precisamente la de atender las peculiaridades intelectuales de los jóvenes lectores, pero sí la de sintetizar los rudimentos de una disciplina sin ahorrarse un ápice de rigor y honestidad académica. En nuestro fondo contamos con El manual de historia natural de Manuel María José de Galdo, una guía para la segunda enseñanza (equivalente a la educación secundaria de ahora, salvando las distancias), por primera vez escrita pensando en alumnos españoles. Hasta ese momento se disponía de textos extranjeros, traducidos generalmente del francés. La primera edición es de 1848. Está dedicada a Su Majestad la Reina Isabel II y cuenta con los avales del gobierno de la época. De hecho, las reediciones ampliadas fueron libro obligatorio durante cuarenta y nueve años. D. Manuel presentó la primera versión con veintitrés añitos, aunque el texto fue revisado en numerosas ocasiones hasta prácticamente la fecha de su fallecimiento. En las sucesivas apariciones del manual, Galdo incorpora grabados y referencias al entorno natural español, especialmente en las lecciones de geología y mineralogía, temas en los que la información general se completa con datos locales como, por ejemplo, la situación de los principales afloramientos de minerales del país. La evolución personal e intelectual del autor y, por ende, la de la comunidad académica y científica de la nación, quedan bien patentes en los cambios y mejoras introducidas en cada una de las nuevas versiones: El señor Galdo, que llegó a ser durante un breve periodo de tiempo alcalde de Madrid,  pasa de las dedicatorias a la reina al cuestionamiento monárquico (1867), y de posiciones académicas conservadoras (”El cultivo de las ciencias, lejos de ser hostil a la religión, es por el contrario uno de los más fundamentales y verdaderos apoyos“) a decididas apuestas por la nueva ciencia y las visiones más revolucionarias, como la teoría de la evolución, recogida finalmente en la edición de 1888 (casi treinta años después de que se publicara El origen de las especies de Charles Darwin). El estudio de este libro implicaba una fuerte dosis de memoria, sobre todo en lo tocante a las clasificaciones minerales, de animales y de plantas. En el apartado pecuniario, la venta de la obra reportó al autor bastantes beneficios, aunque muy, pero que muy alejados de los márgenes que dejan los actuales libros de texto.

25 Septiembre 2015

caravaggio vs.velázquez

Publicado en Recomendaciones, fondos de la biblioteca por franciscru a las 1:20 h.

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Volvemos a los tebeos. En nuestra modesta colección figuran algunos títulos que expresan a las mil maravillas el vínculo entre la pintura y el noveno arte, bien sea por una indisimulada admiración, bien por la infinita inspiración que ofrecen creadores universales como Picasso, Dalí, Chagall, Goya, Michelangelo… Hoy nos ocupamos de dos obras excepcionales que todo buen aficionado ha de leer y disfrutar: Caravaggio. El pincel y la espada, y Las Meninas. El primero de ellos es obra del gran Milo Manara: se trata de un retrato biográfico de Michelangelo Merisi ambientado en la Roma de finales del siglo XVI. El Caravaggio más camorrista y pendenciero entrena sus pinceles en talleres de baja estofa, confundido entre malandrines, canallas, pordioseros y señoras estupendas de vida disipada. En el cómic, la amistad con una de estas mujeres fatales propiciará el duelo en el que el gran pintor siega la vida de su oponente, aunque el verdadero origen del sangriento lance que le obligaría a huir de la ciudad parece haber sido un inocente juego de pelota. Los escenarios grandilocuentes de Manara nos trasladan mágicamente a este universo turbio, a la vez que despiertan la curiosidad de todo buen aficionado al arte. Las Meninas de Santiago García y Javier Olivares es otra cosa. Reflexivo, inteligente y novedosamente estructurado, recorre la vida del Diego Velázquez, aposentador de Palacio, buscando la esencia última del arte más sublime, finalmente materializado en la obra cumbre de la pintura española: Las Meninas. El dibujo tosco y crudo, los trazos gruesos y muy calculados regalan la vista y complacen al lector hasta el punto de obligarle a exprimir todo el jugo de la ilustración antes de pasar página. Un retrato de mérito sustentado en un guión por escenas que revela una sólida documentación.

15 Abril 2013

El segundo jinete

Publicado en Recomendaciones, escribiendo por escribir, fondos de la biblioteca por franciscru a las 1:03 h.

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Sabemos que la memoria colectiva es esa frágil conexión bioquímica que nos une con la historia reciente. Cuando se rompe o se agota, los hechos pretéritos pasan a formularse como relatos acabados que bailan de puntillas sobre un duro pavimento de datos y fechas. Hemos disfrutado de un largo período en ausencia de guerra (que no de paz). Por desgracia, está a punto de desaparecer la generación que experimentó en territorio patrio el último duelo fratricida. Recientemente hubimos de lamentar el fallecimiento de D. José Luis Sampedro. Con él se extinguió la llama de una mente clara y lúcida, pero también el testimonio narrado en primera persona de un drama de proporciones apocalípticas; porque la guerra, desde todos los puntos de vista, es sobre todo eso: el Apocalipsis. Nada, ni siquiera la peste se le parece. La guerra es un azote al que algunos se empeñaron en ponerle reglas, como si eso fuera suficiente para difuminar el perfil aniquilador de todo guerrero eficiente. Y puesto que se trata de la realidad cotidiana padecida ahora mismo por millones de seres humanos, conviene tener en cuenta algunos axiomas que pocas veces pasan como tales, y que a decir de ciertas sensibles pituitarias, expelen un tufillo de incorrección política, a saber: En la guerra no hay el bando de los buenos ni el de los malos; tan solo hay “amigos” y “enemigos”… pero ¡ojo! El statu quo puede cambiar en cualquier momento. Dos: el odio es el verdadero armamento de destrucción masiva. Contra él no hay pacto ni tregua posible. Basta con inseminar; lo demás vendrá por añadidura. Y tres: la crónica de los sucedido siempre la escriben los vencedores; la propaganda es el prólogo de un relato que se repetirá una y mil veces hasta que se imponga como verdad absoluta. La literatura ha contribuido a consagrar estos dogmas, pero también ha denunciado los excesos y condenado los atropellos que se cometen cuando el argumento que vale es el de la fuerza bruta. Los relatos sobre la guerra no tienen por qué estar ambientados en un campo de batalla. Desde el punto de vista narrativo, posee tanta fuerza el diario de una niña confinada en la buhardilla de su casa como la atormentada vida interior de un soldado horriblemente mutilado. Por eso nos vamos a tomar la pequeña libertad de consagrar al género todas las entradas que nos restan hasta el próximo Día del Libro, dedicado este año a las “historias de guerra”. Y para que nuestros jóvenes lectores vayan entrando en harina, el primero que identifique a la autora que aparece en la cabecera de la bitácora obtendrá una recompensa nada desdeñable: dos bonitos libros expurgados, ilustrados y garabateados por nuestros dibujantes. Pero antes de recibir la justa gratificación, el ganador deberá decirnos qué le sugiere la foto de más abajo, una imagen que, por sí misma, ya encierra el germen de una historia…

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17 Agosto 2012

las ondas cerebrales de una mujer enamorada

Publicado en Recomendaciones, biblioteca virtual, fondos de la biblioteca por franciscru a las 6:35 h.

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Si estás cansado de volver la vista atrás; si mirando hacia abajo te encuentras con la puntera gastada de tus zapatos; si  te cuesta mantener las pupilas sobre el horizonte… detente durante un momento y eleva la mirada. Aunque te parezca mentira, el cielo es tan solo una ventanita por la que nos asomamos al universo, ese vacío inmenso que parece contener todo lo que, por exclusión, no le pertenece a ningún dios. El cielo de agosto es bello desde cualquier latitud. Fíjate, fíjate. Ahora con la amanecida Venus todavía está ahí colgado, orientando como un faro las maniobras del sol naciente, aunque poco a poco su luz se irá diluyendo en las doradas hebras que teje el alba… Me voy a poner el concierto Emperador, que le va a este momento que ni pintado, y regreso. Ya estoy aquí. Cualquiera puede quedarse embelesado bajo una lluvia de Perseidas; pero serán los más curiosos, esos a los que llaman viajeros de la noche, los que quedarán cautivados por el lenguaje oculto de las estrellas. Cuando Carl Sagan escribió Cosmos, triunfaba La Guerra de las Galaxias y el espacio era una de las canchas, junto a la de baloncesto, donde los dos bloques dirimían sus diferencias. Los abultados presupuestos y la propaganda inmisericorde agitaban la opinión pública, que se ponía de uno o de otro lado a golpe de consignas e intereses. Tanto en la serie de televisión como en el libro hay un ánimo por abochornar a los autoproclamados conquistadores del universo conciliando la ciencia, la razón, el saber y la belleza, algo que lleva al autor a expresarse así: “Desde una perspectiva extraterrestre está claro que nuestra civilización global está a punto de fracasar en la tarea más importante con la que se enfrenta: la preservación de las vidas y del bienestar de los ciudadanos del planeta”. Quizá este sea el motivo por el que en cuestión de unos pocos capítulos algunos volvimos la vista al infinito, preguntándonos si la negrura del espacio podría ocultar la verdad absoluta que se nos negaba aquí, a ras de suelo. También aprendimos a ser ciudadanos del mundo y a mostrarnos orgullosos de nuestro hermoso planeta azul, descrito al detalle por el selecto grupo de privilegiados que habían conseguido escapar de su férreo abrazo. Puestos a soñar, el propio Carl Sagan dirigió al equipo encargado de recopilar en un disco de oro una selección de imágenes y sonidos de nuestro mundo que contenía, entre otras cosas, las ondas cerebrales de una mujer perdidamente enamorada del propio Sagan. La grabación fue instalada a modo de tarjeta de visita interestelar en la sonda espacial Voyager, con destino a las estrellas. Por todo esto y por mucho más, recomendamos la revisión de la serie de TV y la lectura del libro durante el día, dejando para la madrugada el disfrute sencillo e intenso del cielo de agosto.