23 Abril 2020

día del Libro

Todos los Días del Libro son especiales. Pero en tantos años de conmemoración, el del 2020 se lleva la palma. Nuestros libros, los que en apretada sucesión permanecen varados en las estanterías, se han convertido en testigos callados, que no mudos, de este confinamiento. Más de uno ha descubierto de nuevo su pequeña biblioteca, trazado con el dedo un rastro invisible sobre la fila de lomos expuestos a la curiosidad, recuperado trabajosamente un volumen del muro compacto, que se afloja y desmorona. El retiro obligado nos ha proporcionado la excusa perfecta para disfrutar del sencillo placer de la lectura, excelente compañera en momentos en los que la mente, cautiva del cautivo, se revuelve como gato enjaulado. En este día del libro, a solas con las lecturas recopiladas durante años, no se nos ocurre mejor homenaje que seguir compartiendo títulos y autores con nuestros estudiantes, esta vez a través de un servicio de préstamo telemático provisional. Ahora tenemos la oportunidad de difundir nuestros fondos electrónicos, una opción de lectura cada vez más popular que nos permite ser respetuosos con la naturaleza y llegar sin trabas a cualquier usuario que cuente con el dispositivo apropiado. No tiene el atractivo del libro en papel, un diseño que apenas ha sufrido modificaciones en siglos de historia, pero respeta la esencia de la palabra escrita y supera cualquier objeción práctica que se le quiera poner. Nos sumamos también a la propuesta de Marcos Mundstock (1942-2020) dirigida a la Real Academia y al Instituto Cervantes: “Apoyar al desarrollo de los libros de autoayuda de última generación: los libros de autolectura. O sea, libros que se leen solos. Usted lo compra, lo deja un tiempo en la biblioteca y ya no tiene que leerlo. Al fin de cuentas, es lo que muchos hacemos con todos los libros“. Gracias Marcos. Y descansa en paz.

16 Diciembre 2019

tu propio exlibris

Publicado en escribiendo por escribir, juegos y chanzas, marcapáginas por franciscru a las 20:39 h.

Para hacer un exlibris se permiten todos los sistemas que hacen posible una reproducción múltiple. Cuando los exlibris son el resultado de una técnica gráfica original (digamos un grabado de cualquier tipo), se imprime una edición de cincuenta a cien ejemplares que el artista firma y numera. Vamos a destacar algunas recomendaciones para hacer nuestros propios exlibris siguiendo las directrices que marca la FISAE (Fédération Internationale des Sociétés d’Amateurs d’Ex-Libris), que es algo así como la organización que vela por la ortodoxia y aglutina a los numerosos aficionados y coleccionistas.  En primer lugar, los exlibris rara vez son mayores de 13×13 cm por una cuestión obvia: tienen que caber en los libros. Por lo general se imprimen en un papel bastante ligero (no más de 200 gr por m2), ya que un papel más grueso impediría que la cubierta del libro se cerrase totalmente. La leyenda puede estar en nuestro idioma (por ejemplo, ‘De la colección de libros de Pepe Pi‘) o en latín (’Ex libris Pepe Pi”). Hay una serie de cuestiones elementales a tener en cuenta antes de ponernos por la labor, pero que son las que marcan la diferencia entre una vulgar estampa y un verdadero exlibris:
a) Como ya se apuntó, el lado mayor de la imagen debe medir no más de 13 cm, dimensiones que la permitan figurar en cualquier tipo de libro. En cuanto al soporte, la FISAE no especifica demasiado salvo que se trate de algún material que pueda ser albergado dentro de un libro. Digamos que un neón de colores no cumple el requisito. Tampoco hay nada que nos impida “dibujar” un exlibris en cada uno de nuestros volúmenes, pero la empresa nos puede llevar mucho tiempo y no salir siempre a nuestro gusto.
b) Debe figurar la palabra EX LIBRIS (de entre los libros de…) como parte de la imagen. También vale this book belongs to… , este libro es de… , o las variantes ex bibliotheca, soy de… Si pertenece a una colección temática, se puede reemplazar la palabra libris por la que haga referencia al asunto en cuestión: si es música será ex musicis, si se trata de una colección psicalíptica, ex eroticis
c) Debe figurar el nombre del propietario del exlibris o al menos sus iniciales. Se alude siempre a una persona viva o a una institución (a ser posible, viva también). Las estampas hechas a personas que no existen o dedicadas de manera apócrifa a celebridades que nunca las usaron se denominan pseudo exlibris. En general, los coleccionistas detestan la mentira en el exlibris, así que estos ejemplares suelen ser desechados. Eso no quita para que, en lugar de hacer un “exlibris Miguel de Cervantes” hagamos uno que rece “exlibris in memoriam Miguel de Cervantes. Biblioteca de Pepe Pi“.
Pegar un hermoso exlibris en los libros de uno no solo desalienta el robo y recuerda a los prestatarios que un libro debe ser devuelto, sino que también es una forma de rendir homenaje al objeto, que a pesar de la tecnología de comunicación moderna sigue siendo el vehículo esencial para la transmisión de conocimiento y fuente inagotable de placer, interés y… arte.

2 Diciembre 2019

el exlibris en España

Publicado en escribiendo por escribir, juegos y chanzas, marcapáginas por franciscru a las 9:43 h.

Todos hemos visto alguna vez bellos motivos, generalmente de carácter heráldico, estampados con pan de oro en las portadas de antiguos volúmenes. Este tipo de dorada filigrana recibió el nombre de supralibros, y es el precedente de los exlibris que estamos glosando en estas últimas entradas. El primer exlibris español que se conserva se usó para la biblioteca particular de un tal Francisco Tarafa. Se trata de una xilografía en óvalo del año 1553 que contiene la inscripción Bibliotheca Francisci Tarapha, Canonici Barchi. Tenemos una prueba de que los exlibris no eran, ni mucho menos, ejemplo de frivolidad pasajera o simple capricho de aquellos que se declaraban amantes del libro: el mismísimo Goya, insigne artista, diseñó elementos de estas características. Uno de ellos le fue entregado en 1798 a su amigo Melchor Gaspar de Jovellanos; se trata de un aguafuerte del que se conocen únicamente dos impresiones. Una de ellas se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid con la inscripción Del Sº (secretario) Jovellanos.  Pero la época de la verdadera popularización del exlibrismo patrio coincidió con la corriente modernista, que aprovechó las posibilidades que ofrecía la estampa para llevar el arte a los libros de los adinerados burgueses de fines del siglo XIX. Pablo Font, lejanamente emparentado con Francisco Maciá, se trajo la moda de la exposición universal de Paris de 1889 (la de la Tour Eiffel), y al volver de su viaje encargó los primeros diseños de lo que sería el resurgimiento del exlibris en España. Los ejemplares que se conservan son muy bonitos y tienen el inconfundible marchamo de la estética modernista. Actualmente las técnicas de reprografía y los sellos de caucho le han tomado la delantera al diseño de exlibris a la manera tradicional (calcografía, litografía, xilografía), que sobrevive gracias a los coleccionistas y a los concursos y bienales. Pero la afición continúa. En la actualidad existen casi medio centenar de organismos repartidos por todo el mundo dedicados a difundir el exlibrismo, promocionando la colección de ejemplares, el arte del grabado y de los artistas que los producen. Benoît Junod, conocido coleccionista, expresa su afición de esta manera:

Los ex libris son una forma de colección que reúne una cantidad de aspectos interesantes. Como existen desde el siglo XV en forma impresa, y que casi todos los artistas de las épocas sucesivas han realizado exlibris, son fascinantes como testigos del arte de todas las épocas, como ejemplos de la evolución de los estilos y de las técnicas, como marcas de posesión de libros de bibliófilos y bibliotecas (y así de la historia de la cultura), y más prosaicamente como pequeñas imágenes que reflejan una relación entre artista y coleccionista, y lo que el primero crea al gusto del segundo.

23 Abril 2019

María, Alonso, Julieta y un tal Romeo

Cuando María entró por la puerta, los chicos de la ESO ya se habían desayunado con Cervantes y un corrusco de Shakespeare a cuenta del Día del Libro. Las profesoras de Lengua prepararon el terreno para que a última hora de la mañana el espíritu de los dos escritores se colara en las clases como ese viento cálido que empuja los rodamundos.  Los más se sorprendieron de la energía de nuestra invitada, una tremolina pelirroja multiplicada aquí y allá en decenas de gestos, balanceos y sorbitos de agua para recuperar el aliento. El escenario se transforma. El aula ya no es un aula. o al menos no lo parece cuando Romeo dice aquello de que el amor busca al amor como el estudiante huye de sus libros, y el amor abandona al amor como el niño que deja sus juegos para regresar al estudio… Julieta se estremece:  ¡Oh Romeo, Romeo! Si yo pudiera hablar a gritos… La palabra escrita recobra la vida, se abre paso a saltos por encima vocablos arcaicos,  de sentimientos eternos que la pasión juvenil enciende en el corazón de los oyentes, conmovidos quizá por el triste final que aguarda a los protagonistas, aunque también sorprendidos por la fuerza del texto inmortal. Cuando le llega el turno a Don Alonso Quijano, las aspas son brazos terminados en cucharones de madera, y la cordura de Sancho no nos parece sino una innecesaria rúbrica a la locura de su señor, vuelto lanza en el ristre contra el molino, que lo sacude y lo maja al punto de hacernos creer a todos que realmente se trataba de un gigante de casi diez varas de alto, un ser ominoso que posiblemente la sensatez nos haya hurtado por vernos reír de los desvaríos ajenos. Al toque del último timbre de la jornada las ilusiones se desvanecen, y el punto final cae y rueda por el pasillo, seguido por la desbocada chavalería, ávida de libertad. Se llevan con ellos algunos versos, el recuerdo apresurado de los clásicos y las narizotas rojas que les regaló María Alonso, indumenta perfecta para vestir de sueños lo que resta del día. Así que, sin más demora, pongámonos a leer…