11 Noviembre 2018

Un día de hace cien años…

Publicado en Recomendaciones por franciscru a las 11:00 h.

 En último proyectil de la Primera Gran Guerra (sin desmerecer a las demás) se disparó un segundo antes de las once de la mañana, un once de noviembre (mes once) de 1918. Hoy hace un siglo. Estamos en condiciones de asegurar al ciento por ciento que no queda nadie vivo que pueda dar testimonio del hecho. Guardamos registros sonoros, imágenes, películas y libros. Para las nuevas generaciones de escolares, la memoria de las guerras mundiales se reduce a ridícula palabrería histórica en sendos capítulos del libro de texto. Como la Reconquista. O las Guerras Púnicas (¿Alguien se preguntó alguna vez por qué se llamaban así? Pues el que tenga curiosidad, que lo busque). La ignorancia sirve para dar nuevos significados a los conflictos bélicos del pasado, “liberadores”, “revolucionarios”, “justos”… Es tan fácil manipular la historia que causa sonrojo la escasa talla intelectual de los que cada día lo hacen con descarada soltura. Pero para eso hay abundante literatura, documentación más que suficiente para contrarrestar las andanadas de balines tuiteros que “incendian” las redes (desafortunadamente en sentido figurado). Como tenemos la manía de no decirle a la gente lo que tiene que decir, creer o pensar, invitamos a que cada cual se forme su propio juicio (que es distinto a opinar: un chimpacé medianamente entrenado es capaz de expresar una opinión, pero emitir un juicio razonado es exclusivo de las funciones cognitivas superiores de la inteligencia humana). Para ello recomendamos algunas obras interesantes de fácil acceso y muy reveladoras: El Miedo, de Grabriel Chevalier (con el aliciente de que el autor fue calificado en su país de antipatriota por este libro), Sonámbulos, de Christopher Clark (Es difícil explicar el desarrollo de una guerra sin analizar los malentendidos, las bobadas y los gestos involuntarios que hicieron que se desatara una crisis sin vuelta atrás en cuestión de semanas), Tres soldados, de John Dos Passos (No hay que olvidar que los campos de batalla europeos se empaparon de la sangre vertida por miles de jóvenes reclutas venidos del otro lado del atlántico), El desertor, de Lajos Zilahy (autor húngaro que está muy bien conocer. Y leer), Visión estelar de un momento de guerra, de Don Ramón María del Valle Inclán (de cuando nuestro enorme autor hizo de periodista y cruzó las líneas enemigas a bordo de un avión espía. La lengua española por las nubes y más allá), La caída de los gigantes, de Ken Follet, Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline o La Primera Guerra Mundial contada para escépticos, del prolífico Juan Eslava Galán.

Y ya sabes: si no quieres ser como ellos, lee…

27 Octubre 2018

jardines en el bolsillo

Publicado en Recomendaciones, audio libro por franciscru a las 12:57 h.

“Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo”. Así reza un proverbio de origen árabe, y aunque podríamos suscribirlo con el ese mismo ánimo poético, le vamos a poner algunas pegas de esas que les escuchamos a veces a nuestros compañeros de la FP Agraria: Hay jardines muy coloristas pero pretenciosos. Otros se presentan salvajes, pero lo que están es descuidados. Los hay tan insulsos que lo mejor que se puede decir de ellos es que su césped parece artificial. También encontramos jardines en rincones recoletos que son como pequeños retratos de la naturaleza, pero otros están comidos por la maleza, son cenagosos, oscuros y tristes. Por analogía, hemos de acercarnos a los libros con idéntica precaución: no todo lo que se imprime es bueno, ni conveniente, ni entretenido. Para no rendirse a modas o corrientes, o no sucumbir ante las interesadas promociones publicitarias, es necesario que alguien nos guíe por la endiablada geografía de las letras, que es la del pensamiento, transitando por falsos paraísos de postal hacia los destinos que satisfarán la sed del viajero y su ansia de paisaje. Jardines en el bolsillo es un programa radiofónico de libros y literatura. Así. La diferencia con otros estriba en el enfoque: de ordinario la divulgación literaria se va por el cerro de los excesos y las pedanterías, ignora a los clásicos o se centra en la prosa o en las novísimas novedades de la industria editorial. Jardines habla de Literatura sin entrevistas, estridencias o parafernalias, haciendo de cada sección un agradable y entretenido encuentro a tres bandas: locutores, autor y oyentes. Radio Nacional de España tiene tradición en este tipo de programas y es, de largo, la que emite mejores contenidos culturales y musicales. Hubo tiempos mejores, también es verdad, pero los profesionales más reputados fueron expulsados o invitados a jubilarse para retornar a un modelo más dócil y empático con las directrices políticas de turno. Aún así, no se consiguió arrasar por completo con una escuela de radio que comenzó a fraguarse a comienzos de la Transición y cuyos herederos son los promotores de programas como el que traemos hoy a nuestra bitácora. Solo nos queda recomendarle a nuestros lectores que lo escuchen, que es gratis. Todas las entregas de este espacio semanal están a disposición en el archivo sonoro de Radio Nacional de España.

30 Septiembre 2018

pájaros en la cabeza

Publicado en Recomendaciones, el escritor, vale más que las pesetas por franciscru a las 19:01 h.

Aquel que piense que para encontrar talento debe pagar el peaje del Huerna se equivoca de cabo a rabo. Para demostrarlo traemos a nuestra bitácora a María Díaz Perera (Gijón, 1980). Y no solo porque La Perera sea asturiana, sino porque su trabajo tiene trazas de convertirse en uno de los más reconocibles del panorama nacional. Encontramos que María tiene una cálida y personal manera de hacerse visible en este universo editorial donde cada vez abundan más los ejemplos de jóvenes dibujantes con un enfoque artístico genuino. El caso de María Díaz destila poesía y encanto, y un optimismo que se llena de flores y, sobre todo, de pájaros que vuelan por doquier. Su obra nos recuerda un tanto a esa otra gran María, la ilustradora María Pascual, con quien encontramos algunas conexiones estéticas como el halo de común dulzura con la que ambas envuelven sus personajes o el estilo, sencillo y claro, en el que los colores inundan la retina del observador, sea niño, joven o adulto. Por todo lo escrito le queremos dedicar nuestro marcapáginas de cabecera. Pero no contentos con ello, y como nos apetece saber un poco más de ella misma y de su trabajo como dibujante, le hemos preparado una pequeña entrevista que esperamos os guste. Atentos a las siguientes entregas…

27 Septiembre 2018

sobre la utilidad de juntar una biblioteca

Publicado en Recomendaciones, escribiendo por escribir, vale más que las pesetas por franciscru a las 22:45 h.

La tradición de “La Escurialense” como biblioteca pública no tiene parangón. Hoy, mientras paseamos por la Sala Principal de la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial admirando los maravillosos frescos de la bóveda, nos embarga una emoción que bien pudiera ser completa si fuera posible abrir los anaqueles e inspeccionar a nuestro antojo los volúmenes que se agolpan en los estantes, un legado documental de valor incalculable que empezara a juntar Felipe II, y que fue enriqueciéndose merced a compras y aportaciones particulares. La providencial retransmisión de un evento deportivo nos permite estar a nuestras anchas, ignorados por los guardas, con patente para llegar más allá y más cerca de los maravillosos objetos que nos rodean: bargueños, esferas armilares, mesas de mármol pardo, globos terráqueos… aunque no liberados del todo, pues la mirada escrutadora y melancólica de Su Católica Majestad nos sigue allí donde vayamos. En el silencio total,  los atropellados conjuros radiofónicos se confunden con imaginados diálogos entre académicos y estoicos, alumnos frívolos que ignoran olímpicamente a sus maestros, y los gritos apagados de la muchedumbre futbolera con los murmullos de aquellos que siguen el encuentro de Salomón con la deslumbrante y coqueta Reina de Saba. Y los libros. Allí reposan ¡ay! el Apocalipsis de la Casa de Saboya, el Beato de Liébana, el Códice Aureo, el Códice Emilianense… La cercana vecindad de los volúmenes nos eriza la piel. Y si bien la pública condición de esta biblioteca se ha mantenido desde los tiempos del promotor Páez de Castro (”Memorial sobre los libros y utilidad de la librería y orden y traza que en ella se ha de tener“), los visitantes ocasionales no tienen vela que poner entre tanto libro dorado y han de conformarse con lo que se intuye entre las telas metálicas de las estanterías de palo negro. Quizá a más de uno llame la atención este particular paseo, que más tiene de peregrinaje que de visita turística. Pero merece la pena recrearse de vez en cuando en la contemplación de este tesoro de todos y que a todos concierne, aunque solo sea en las ocasiones magnas en que una semifinal o siquiera una eliminatoria de cuartos nos permita encontrarnos en la intimidad con nuestro inmenso patrimonio cultural.