23 Abril 2020

día del Libro

Todos los Días del Libro son especiales. Pero en tantos años de conmemoración, el del 2020 se lleva la palma. Nuestros libros, los que en apretada sucesión permanecen varados en las estanterías, se han convertido en testigos callados, que no mudos, de este confinamiento. Más de uno ha descubierto de nuevo su pequeña biblioteca, trazado con el dedo un rastro invisible sobre la fila de lomos expuestos a la curiosidad, recuperado trabajosamente un volumen del muro compacto, que se afloja y desmorona. El retiro obligado nos ha proporcionado la excusa perfecta para disfrutar del sencillo placer de la lectura, excelente compañera en momentos en los que la mente, cautiva del cautivo, se revuelve como gato enjaulado. En este día del libro, a solas con las lecturas recopiladas durante años, no se nos ocurre mejor homenaje que seguir compartiendo títulos y autores con nuestros estudiantes, esta vez a través de un servicio de préstamo telemático provisional. Ahora tenemos la oportunidad de difundir nuestros fondos electrónicos, una opción de lectura cada vez más popular que nos permite ser respetuosos con la naturaleza y llegar sin trabas a cualquier usuario que cuente con el dispositivo apropiado. No tiene el atractivo del libro en papel, un diseño que apenas ha sufrido modificaciones en siglos de historia, pero respeta la esencia de la palabra escrita y supera cualquier objeción práctica que se le quiera poner. Nos sumamos también a la propuesta de Marcos Mundstock (1942-2020) dirigida a la Real Academia y al Instituto Cervantes: “Apoyar al desarrollo de los libros de autoayuda de última generación: los libros de autolectura. O sea, libros que se leen solos. Usted lo compra, lo deja un tiempo en la biblioteca y ya no tiene que leerlo. Al fin de cuentas, es lo que muchos hacemos con todos los libros“. Gracias Marcos. Y descansa en paz.

1 Marzo 2020

Bunge, in memoriam

Publicado en Recomendaciones, atrapa al personaje, el escritor, vale más que las pesetas por franciscru a las 0:04 h.

Lo conocimos en el Palacio de la Magdalena. Hermoso agosto en Santander durante el que, contra todo pronóstico, se hilvanaron varios días de sol espléndido. D. Mario dirigía un seminario sobre filosofía de las ciencias sociales. En el piso inferior, el doctor Castilla del Pino hablaba de psicopatología del lenguaje. Así que hubo que repartirse. En las aulas de palacio, la concentración de sabios por metro cuadrado era asombrosa. Como nadie había tenido la previsión de llevar una grabadora, organizamos una rueda para tomar por turnos notas literales. Después las agitábamos con vehemencia en las retóricas sesiones de café que disfrutábamos a diario en los salones de la planta noble, o sentados en las escaleras de las solanas que se orientan hacia a la bahía. Por aquel entonces, Bunge era un amable septuagenario en plena efervescencia. Antes se creía que el ejercicio del poder causaba úlceras, y no es así. Es al revés. La sumisión causa úlceras. En un ambiente ligeramente académico por lo desenfadado y lo informal, el profesor Bunge se despachaba a gusto contra las pseudociencias. Nos chocaba que fuera precisamente un argentino el que aplastara las pretensiones científicas del psicoanálisis, rebajado de disciplina formal a pura charlatanería, igualmente formal. Los que empezábamos a intuir que el influyente Sigmund (el gran macaneador) era un intelectual mediocre y pagado de sí mismo, celebrábamos las palabras inmisericordes del maestro. Los discrepantes se encontraron en la encrucijada de seguir confiando en la taumaturgia del insigne austriaco o creer al exiliado argentino. Curiosa tesitura. Pero visto en perspectiva, los méritos de uno y otro no admitían comparación: Mario Bunge era físico de partículas, matemático, epistemólogo, profesor de lógica y autor de numerosos libros de filosofía, entre ellos su Treatise on Basic Philosophy, obra magna. Le otorgaron dos decenas de doctorados honoris causa en sendas universidades y en el año del Mundial de fútbol le concedieron el Premio Príncipe de Asturias, no recuerdo de qué porque prácticamente podía haber sido candidato ganador en todas las modalidades. Lo jubilaron con 90 años en una institución educativa canadiense de prestigio, pero siguió en activo hasta el último minuto. Me quedan muchos problemas por resolver, no tengo tiempo de morirme. Cumplido el siglo de vida, D. Mario encontró un ratito para morirse cuando ya todos pensábamos que la inmortalidad sería la última gran conquista del maestro, un defensor a ultranza de la siesta cotidiana. El profesor Bunge (o Banch o Bunye o Bungue, que a él lo mismo le daba) es, ante todo, un autor estimulante. Para descubrirlo basta leer algunas aportaciones sencillas que nos permitirán familiarizarnos con su estilo y su discurso. Nosotros proponemos aquí dos recopilaciones de artículos: Las pseudociencias ¡vaya timo! y 100 ideas, ambas de la editorial Laetoli. Hay dos clases de rebeldes: los que saben algo y los que no saben nada y se rebelan contra todo por ignorancia. Las reflexiones de este pensador moderno, consagrado a desenmascarar la superchería, están de plena actualidad. Es posible que sus argumentos certeros alienten la rebeldía de los más sensatos. Y hasta puede que iluminen la de los más zopencos.

26 Enero 2020

maravillas de la ciencia

Hasta bien entrado el siglo XIX, el científico era una figura excepcional, establecida en los márgenes del trabajo productivo, un gentilhombre curioso que merced a su estatus o a su fortuna personal, podía dedicar tiempo y esfuerzo intelectual a experimentos y lucubraciones. Todo eso cambio cuando en nombre del progreso, el oficio de científico se vio amparado socialmente y reconocido por instituciones con líneas de investigación que agrupaban a los sabios y organizaban su trabajo. Resultado de esta colaboración entre teóricos e ingenieros fueron los avances tecnológicos sobresalientes que inauguraron lo que llamamos la era industrial. La máquina a vapor, las técnicas siderúrgicas, los pesos y medidas, la electricidad, el telégrafo… extraordinarias aplicaciones de principios físicos y quìmicos que revolucionaron los viejos sistemas económicos y propiciaron el éxodo de millones de personas del campo a la ciudad. La burguesía que tanto se había beneficiado de la rápida transformación, acudía en masa a las exposiciones universales, donde quedaba abducida por las novedades ruidosas que expulsaban densos nubarrones de humo negro y prometían un progreso sin límite. Aparece la literatura científica, con un énfasis en la ciencia y la industria como elementos que habrían de guiar al hombre hacia un porvenir de felicidad y armonía en una sociedad más adecuada al ser humano del mañana1. Se sientan las bases de “la guerra contra naturaleza” que liberará al nuevo ciudadano de la explotación. El primero de los baluartes será la ciencia; más tarde se sumarán la industria y las grandes obras de ingeniería. Numerosas obras de corte popular (dirigido a un público no especialista, aunque formado intelectualmente) saturan el mercado. En Francia, Verne y Hetzel encuentran un verdadero filón literario imaginando las bondades del progreso con argumentos ágiles que también promueven valores del socialismo romántico como la solidaridad, la fraternidad o la justicia. Otros autores no tan mimados por la masas pero igualmente prolíficos se consagran a lo que hoy llamamos divulgación científica. Louis Figuier es posiblemente el más reconocido de todos. Escribió muchísimos libros. También dirigió La Science Illustrée, prestigioso semanario en el que colaboraron reconocidos periodistas y escritores, incluyendo al propio Verne, que semanalmente publicaba por entregas sus folletones menos conocidos. La obra que ha dado pie a este pequeño preámbulo fue descubierta entre un montón de libros expurgados. Se llama Merveilles de la science, ou description populaire des inventions modernes, un volumen de los cuatro que bajo ese mismo título el señor Figuier publicó entre los años 1867 y 1870. El ejemplar contiene una serie de capítulos con títulos como El telégrafo aéreo, Galvanoplastia o Aerostatos. Dentro de cada apartado, el autor presenta una visión evolutiva de cada invención. El libro tiene 741 páginas y su encuadernación holandesa con tapa dura es recia y robusta. Está profusamente ilustrado con preciosos grabados, imágenes que a menudo constituyen las primeras reconstrucciones visuales de ingenios tecnológicos importantes. Sabemos además que muchos de estos grabados son obra de H. Rousseau y E. Thomas, pero aparecen regularmente en libros modernos sobre la historia de la ciencia y la tecnología generalmente sin atribución. Recuperamos para nuestros lectores esta interesante muestra de la literatura científica del XIX en su idioma original, de referencia obligada para los curiosos de la ciencia y de la historia que se estén preguntando por el origen remoto de lo que doña Greta Thunberg denomina un planeta en llamas.

1Sunyer Martín, Pedro. Cuadernos Críticos de Geografía Humana, nº 76, julio de 1988

4 Diciembre 2019

entrevista con José Pablo García (y II)

Publicado en Recomendaciones, el escritor, el tebeo, vale más que las pesetas por franciscru a las 13:26 h.

Segunda y última entrega del pequeño encuentro literario mantenido a la distancia con uno de nuestros autores favoritos, el creador gráfico José Pablo García, que a pesar de su juventud conoce bien el oficio y nos habla del talento y de sus preferencias como lector. Para no perdérselo.

Bl. El buen dibujante, ¿nace o se hace? O si lo prefieres: ¿un aspirante debe plantearse de entrada si tiene talento?

J.P. Lo del talento es muy discutible y de entrada no hay que plantearse nada. Hay gente que tiene facilidad para dibujar y precisamente por eso les aburre hacerlo, y otros con mucha constancia han conseguido ser muy buenos. Pero para ser autor de cómics no hace falta dibujar especialmente bien, sino saber comunicar y narrar. Muchos de mis autores preferidos podrían considerarse dibujantes “malos“, porque son limitados técnicamente, pero sin embargo son capaces de contarte cosas de la mejor forma posible. Creo que el dibujante nace siempre, porque todos dibujamos cuando somos niños, pero por determinadas cuestiones casi todo el mundo lo va dejando con el paso del tiempo. Si se persiste, es fácil dibujar bien, porque la técnica se puede adquirir con paciencia y practicando…

 «El cómic es un medio híbrido. Cuantas más influencias mezcles más interesante será tu obra»

Bl. Nosotros intentamos motivar vocaciones incipientes… ¿qué le recomendarías a un chico (o chica) del instituto que tiene la intención de dedicarse a dibujar? ¿Qué perfil deber tener el que quiera dedicarse al mundo del tebeo?

J.P. Lo fundamental es tener algo que contar. También adquirir cierta cultura y tener interés por el cine, la literatura, el arte, la fotografía… porque el cómic es un medio híbrido, es una mezcla de todo y cuantas más influencias mezcles más interesante será tu obra. Bueno, y que te guste dibujar…

Bl. ¿Qué novela o autor clásico te gustaría adaptar al tebeo?

J.P. Llevo varios años dándole vueltas a hacer una adaptación de la obra teatral Luces de Bohemia de Valle-Inclán. El esperpento está muy relacionado con el cómic y la caricatura, y esta obra en concreto me resulta muy atractiva a nivel de diseño de personajes.

Bl. ¿Qué tres obras gráficas no deberían faltar en nuestra humilde biblioteca?

J.P. Voy a recomendar tres muy conocidas, que suelen estar en cualquier biblioteca: Maus de Art Spiegelman, Epiléptico de David B. y Persépolis de Marjane Satrapi.

Bl. Para terminar, ¿nos podías decir algo de tus proyectos más inmediatos?

J.P. Estoy adaptando la novela El 19 de marzo y el 2 de mayo, uno de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, que rememora el motín de Aranjuez y el levantamiento popular contra la ocupación francesa. Ha sido un encargo del ayuntamiento de Madrid y se publicará el año que viene para conmemorar el centenario de la muerte de Galdós.

Queremos agradecer a José Pablo que nos haya atendido con tanta amabilidad y que incluso nos haya confiado cuáles son sus proyectos futuros, deseándole lo mejor en este mundo tan concurrido de la novela gráfica. Estamos seguros de que pronto encontraremos nuevos trabajos de este interesante autor en los estantes de las librerías y, por supuesto, en los de nuestra pequeña biblioteca.