25 Marzo 2017

bea Triz bea

Publicado en Recomendaciones, vale más que las pesetas por franciscru a las 12:54 h.

Tres cualidades a tener en cuenta… y UNO: es una autora reconocida y reconocible. Y DOS: tiene un talento más que notable. Y TRES: es una mujer muy joven que tiene las cosas muy claras, y por eso es un referente para todas aquellas que sienten que la creación es lo suyo… Además teníamos un par de libros de Bea Tormo, Triz, en la biblioteca: La vida secreta de Rebecca Paradise (Texto de Pedro Mañas) Premio Barco de Vapor 2015, y Esmeralda y yo (Texto de Juana Cortés Amunarriz) VII Premio de Literatura Infantil Ciudad de Málaga. Las credenciales no podían se mejores, así que prestos y dispuestos le pedimos una entrevista porque teníamos que saber algunas cosas que seguramente ella nos aclararía. Y, efectivamente, así fue. Aquí dejamos el resultado de la conversación, fraccionado en dos entregas. ¡Que aproveche!

BIBLIOLUCES.- Primero vamos con lo de los estudios… Ayúdanos  a convencer a una estudiante con talento de que lo suyo es el lápiz y no las integrales.
TRIZ.- Bueno, si una estudiante tiene claro que lo que le gusta es coger un lapicero para hacer dibujos y no para escribir números no debería tener que convencerla, tendría ella misma que saber qué es lo que quiere y hacerlo. A mí me enseñaron que tenía que estudiar aquello que me entusiasmase y no lo que se esperaba que hiciese sólo por tener algo estable y con dinero. Una misma tiene que tomar sus decisiones, no los demás.

BBL.- ¿Qué consejos le darías a una chica o a un chico de secundaria que quiera dedicarse a la lustración o a la historieta?
TRIZ.- Le diría que tiene que trabajar muy duro. Aún la gente no se cree que sea un trabajo serio, pero pagamos impuestos, hacemos papeleos y tenemos que organizarnos la jornada como todo el mundo. Al margen de eso, creo que es un trabajo en el que nunca dejas de aprender, y que se llega a un buen resultado con muchísimas horas de trabajo. Merece la pena, pero no es fácil.

BBL.- ¿Quién te enseña el oficio? Porque está claro que no es cosa de hacerse un máster supercaro… ¿O sí?
TRIZ.- No, no hace falta ningún máster carísimo para aprender el oficio, aunque está claro que unos estudios te ayudarán en cuestiones prácticas; color, proporción, composición… Yo no fui a la universidad y los estudios que cursé no me enseñaron gran cosa, todo hay que decirlo, pero sé que ahora hay cursos de bastante calidad. Luego, evidentemente, está tu propio interés y documentación, tienes que mantenerte al tanto de lo que se hace y echar horas en tu casa dibujando. Así es como se hace mano.

BBL.-  ¿Es el tuyo un trabajo de ocho horas con pausa para el café?
TRIZ.- ¡Ja, Ja, Ja! No. ¡Ojalá fuera algo tan organizado! Es un trabajo donde hay días de 12 horas de trabajo, otros de 4, otros de 10… depende del volumen de trabajo que tengas y de cómo te organices. No trabajas en una oficina, si ese día aún no has terminado lo que tengas para mañana tienes que hacerlo, y da igual cuantas horas estés delante del ordenador o del papel, hay que acabarlo porque tienes un cliente que lo necesita. Hay que marcarse pautas y una agenda controlada para no caer en el caos horario, pero sinceramente, nunca lo consigo.

BBL.- Tenemos una duda… el arte rupestre, ¿es obra de  hombres o de mujeres?
TRIZ.- Bueno, dicen que un gran porcentaje de las pinturas rupestres eran hechas por mujeres, que tiene sentido, eran las que se quedaban en la cueva. Quedarse todo un día metida en una cueva tenía que ser un coñazo (con perdón).

BBL.- Si revisamos la lista de galardonados con el Premio Nacional de Ilustración desde el año 1990 encontramos únicamente siete primeros premios en femenino… ¿Es que hay tanta diferencia entre mujeres y hombres en este oficio?
TRIZ.- Creo que los únicos que ven diferencias son los que dan los premios. A la hora de la verdad no hay absolutamente ninguna diferencia. Hacemos el mismo trabajo y además hay una cantera enorme de ilustradoras, así que o son muy ignorantes o huele un poco a podrido. Pregunten a los señores del jurado a ver que les dicen ellos y luego me lo contáis. (Continuará)

 

8 Marzo 2017

…en el que todos somos todas

Publicado en buscando un billete, escribiendo por escribir, vale más que las pesetas por franciscru a las 21:08 h.

Y no vamos a dejar pasar la ocasión de subrayar la calidad de nuestras lectoras, que ganan por goleada a los chicos en cantidad y variedad de intereses, y son las usuarias más fieles de nuestro plan de lectura. Por algo será. Así que los chicos les han redactado un manifiesto que han suscrito todos y cada uno de ellos (el cien por cien. Increíble) y que les hemos leído a modo de pequeño homenaje a lo largo de toda la jornada, bastante movidita por lo demás. Y para que el mensaje llegue más lejos, le hemos puesto unos sellos de lo más cucos emitidos por la Real Casa de la Moneda ilustrados por el madrileño Fabio Hurtado. El trabajo está hecho. Ahora nos queda a todos cumplir fielmente con lo que nos toca…

Hoy es un buen día. Un día tan bueno como cualquier otro para deciros, queridas compañeras, que sabemos que en un mundo de hombres, ser mujer no es tan fácil como parece y que, pese a todos los inconvenientes, nos demostráis a diario que la vida no sería lo mismo si no estuvierais ahí, para hacer de este mundo de hombres y de mujeres un lugar más habitable, más justo, menos canalla. El cambio es cosa de tiempo. Eso lo saben bien nuestras abuelas, que trabajaron y estudiaron de firme. Y también nuestras madres, que siguen luchando para cambiar las cosas, que nos dan ejemplo para que nuestra generación rompa definitivamente los tópicos y construya un futuro donde ya no se hable de diferencias, ni de agravios, donde el menosprecio ceda paso al mérito de cada cual, sin prejuicios, sin falsas ideas. Por eso os pedimos a vosotras, que sois las que más tienen que decir, que nos ayudéis a modificar lo que no funciona, que nos permitáis comprender un poco mejor cómo veis el mundo y cuál es el papel que tenemos que jugar, tanto chicas como chicos, para que la convivencia sea algo natural, tan natural como nuestras diferencias, arraigadas en nuestra condición de mujeres y de hombres. Y no olvidéis esto: vosotras sois la mitad de la humanidad que más nos gusta

en un día como éste…

Publicado en escribiendo por escribir, vale más que las pesetas por franciscru a las 9:36 h.

Como cada año, queremos depositar nuestro granito de arena personal para celebrar este ocho de marzo bajo los auspicios de la letra y la literatura, porque los tópicos, la ñoñería y la precipitación oportunista de tuiter siempre se quedan encajados en la gatera de lo previsible, dejando la palabra desnuda, sin sentimiento, como pólvora mojada. Por eso le regalamos a nuestras chicas un texto peculiar de Carlos Huero, el inventor de los afanósticos, junto con un grabado contemporáneo de Schmidt-Rottluff, un expresionista con carácter, sobre todo durante su primera etapa de grabador, cuando rondaba los treinta años. Como es una sorpresa, esperamos que descubran la nota sobre sus mesas antes de leerlo aquí, y que la Gerbera jamesonii que la acompaña deje en buen lugar a los hombres de este centro, que como jardineros de condiciones bien distintas, nos esforzamos por seleccionar las semillas más resistentes para obtener la mejor de las cosechas posibles. Aunque esto no se queda aquí…

Hay que encontrar las expresiones justas, buscarlas con mimo, hallarlas en el corazón para que tú, compañera, que esta mañana te despertaste del lado femenino de tu cama, no sepas si estas palabras que torpemente te celebran fueron obra de hombre o de mujer, aunque a nadie le importe tal porque tú, amiga, que hoy tomaste de la mano, que dejaste escapar de entre los dedos una caricia gentil, que libraste una batalla que lacera la piel, eres la única dueña de esa condición que no precisa más halago que un gesto, una mirada, una flor

Carlos Huero Caín, 1918

31 Diciembre 2016

ni se crea ni se destruye

Publicado en biblioteca virtual, vale más que las pesetas por franciscru a las 14:15 h.

lavoisier_biblioluces

Marie y Antoine Lavoisier fueron dos autores de éxito. Ambos trabajaron en colaboración estrecha, aunque la mayoría de los reconocimientos se los llevó Antoine, que es el que pasó a la historia. La contribución de ambos a la ciencia es más que notable, y puede decirse que nada volvió a ser lo mismo desde que la insigne cabeza del químico rodó por el patíbulo. Pero vayamos por partes (dicho esto sin sombra de sarcasmo). El libro que traemos aquí, Traité élémentaire de chimie, fue publicado en 1789, el mismo año de la toma de la Bastilla. Francia estaba en plena convulsión social y política, y la nuevas ideas que cambiarían el orden del antiguo régimen ya estaban afilando la cuchilla de Mme. Guillotin. Sin embargo, las inquietudes de nuestro autor iban por otros derroteros: “Cuando empezamos a estudiar una ciencia estamos respecto a ella en un estado muy semejante a aquel en el que se hallan los niños; por lo que el camino que debemos seguir es precisamente el mismo que el que sigue la naturaleza en la formación de las ideas. Y sí como en el niño la idea es el efecto de una sensación, y ésta produce la idea, así al comenzar a estudiar las ciencias físicas nuestras ideas deben ser consecuencias inmediatas de un experimento o de una observación“. Este planteamiento, que hoy nos parece elemental, modificó radicalmente los conceptos de progreso y conocimiento y puso las bases para que el nuevo método se impusiera a la atolondrada especulación que hasta ese momento había dominado el campo de la ciencia. Lavoisier tenía formación humanística. Muy culto y hábil con las palabras, se había licenciado en leyes. Sin embargo lo suyo era la ciencia, aunque la curiosidad de este hombre no conocía límite. Académico, empresario, agrónomo, investigador, funcionario, político… dicen que todo lo hizo y que lo hizo bien, poniendo una mente preclara al servicio de la organización y la racionalidad, siempre en consonancia con las altas miras que movían esta febril actividad que podríamos ilustrar con su modesta declaración de intenciones: producir una revolución en la física y la química. Hay que reconocer que todos los méritos que se le pueden atribuir a Lavoisier no son únicamente suyos. Se trataba, como ya dijimos, de un lector curioso e ilustrado que supo sacar partido de experimentos ajenos, a los que no solía reconocer el mérito que les correspondía. Como ya apuntamos, Lavoisier tuvo en su esposa, quince años más joven que él, una eficaz compañera, colaboradora esencial en sus prácticas experimentales de la que no sabemos con exactitud hasta que punto contribuyó al éxito del personaje. Lavoisier participó activamente en la Revolución francesa, fue diputado y perteneció en la Comuna de París. Pero eran tiempos convulsos: rencillas y viejas disputas pasaron factura. La República lo condena a la pena capital y es ejecutado. Se cuenta una historia, posiblemente apócrifa, de que su última apuesta experimental consistió en parpadear una vez decapitado para establecer cuánto resistía una cabeza separada del cuerpo. Rehabilitado públicamente poco después, Lavoisier sigue siendo una referencia obligada para investigadores y filósofos de la ciencia. Leer sus escritos originales (maravillosamente escritos) nos acerca al pensamiento y el espíritu de un extraordinario periodo de la historia.

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Traducción al español