Como en anteriores ediciones, os proponemos un texto sin final para que podáis ejercitar vuestra creatividad y dar rienda suelta a vuestra imaginación. El autor, profesor del Centro, elegirá el final ganador.
Podeís participar hasta el día 15 de diciembre. ¡Ánimo!
EL SENTIDO DE UNA VIDA
Aquellos momentos no eran sin duda los mejores de toda su existencia y sin embargo sentía que la desesperanza todavía no ocupaba completamente su vida. Había dejado de ser la adolescente pueril y tambaleante a la que el vaivén de las emociones zarandeaba de un extremo al contrario con impertinente facilidad, pero en ocasiones era invadida por los rescoldos de aquella hoguera juvenil y aún se permitía alguna que otra alocada licencia. En realidad la calma y el sosiego tediosos invadían su día a día y cuando el acceso de apatía era mayor la memoria recurrente de los pasajes de aquel poema llegaba a poseerla por completo:
“…y ahora que mayor,
más veo peor,
la ausencia de aquel desazón…”.
- A las siete en punto de la mañana, los golpes de martillo del despertador en su cabeza. En esos momentos salta la duda recurrente del por qué de la negativa de los fabricantes de despertadores a hacer un estudio de mercado analizando las preferencias y gustos de los consumidores, al estilo de los fabricantes de yogures, en el que la finalidad fuera dar con el sonido más armonioso posible, aquél que nos despertara sin dilapidar el leve ánimo mañanero; fuera por donde fuera su pensamiento desde la cama, mientras apuraba el último remoloneo, la conclusión a la que llegaba era que el “despertador-beso” era la solución.
- A las siete y media fin del desayuno y con el último sorbo de café se acaba de vestir.
- Viaje de una hora y cuarto hasta el trabajo en coche. A las 9 ya está sentada.
- Desde que había empezado a trabajar en aquella oficina el bienaventurado concepto “hora de salida” se había alejado de sus prerrogativas laborales, con lo que, a una “hora indefinida”, siempre de noche, llegaba a su casa ya completamente agotada.
- Una ducha, su sándwich de pavo con tomate y lechuga y apenas un poco de aquella mayonesa que tanto le gustaba a su ya casi olvidado Santi. Era entonces cuando el tacto de la salsa en sus labios la llevaba irremediablemente y noche tras noche a tararear la canción de Loreena Mckennitt “the dark night of the soul” a lo que inmediatamente le seguía aquella cíclica rapsodia en la que estaba basada la, para ella, lacrimosa pieza:
“En una noche escura
con ansias en amores inflamada…”
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