Mario Vargas Llosa recibe el Nobel de Literatura

13 12 2010

 

Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.

     La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. 

     Con estas palabras comenzó el escritor Mario Vargas Llosa Elogio de la lectura y la ficción, el  discurso que  pronunció el pasado 7 de diciembre durante  la aceptación del Premio Nobel de Literatura 2010. Más tarde,  durante la cena posterior a la entrega de los premios dijo:

     Érase una vez un niño que a los cinco años aprendió a leer. Eso le cambió la vida. Gracias a los libros de aventuras que leía, descubrió una manera de escapar de la pobre casa, del pobre país y de la pobre realidad en que vivía, y de trasladarse a lugares maravillosos, espléndidos, con seres bellísimos y cosas sorprendentes donde cada día, cada noche, significaba una manera más intensa, aventurera y novedosa de gozar.

     Vargas Llosa nació en Perú, un país en el que un 50% de los niños padecen anemia  y  un 33% desnutrición crónica. Muy pocos niños tienen la inmensa fortuna de saber leer; muy pocos pueden disfrutar de ese billete para conseguir lo sueños llamado Lectura. Por ello añade:

      Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.

En la biblioteca de nuestro instituto puedes encontrar las siguientes obras:

  • El hablador
  • Los jefes/Los cachorros
  • Lituma en los Andes
  • Conversación en la catedral
  • Quien mató a Palomino Molero
  • Historia de Mayta
  • La ciudad y los perros
  • La tía Julia y el escribidor
  • La casa verde
  • Los cachorros y otros relatos
  • La guerra del fin del mundo

Acciones

Informaciones

Enviar un comentario


*
Para demostrar que eres un usuario (no un script de spam), introduce la palabra de seguridad mostrada en la imagen.
Anti-Spam Image