
El arriba firmante, leedor convicto y confeso de libros , folletos, periódicos, panfletos, libelos, memoriales, carnés, inéditos, éditos, borradores, tesis, enciclopedias, códices… hasta de papelillos de ponderar medicamentos: frisando ya los cincuenta que don Quijote tenía, declara a la vista de que ayer fue y se celebró el Día del Libro:
Que leer no da la felicidad (como tampoco la fabada, el dinero, el pasear, los guateques ni las casas rurales), pero que ayuda.
Que se distingue la soledad mental de los pobrecitos míos (Pau Donés, cantante; Guti, futbolista) cuando proclaman que detestan leer. No detesto cantar, no detesto jugar al fútbol: pobre de mí, si así fuera.
Que no viene mal saber quiénes fueron Tácito, Napoleón, Casanova, el Marqués de Sade, Houdini, Woody Allen o Virginia Wolf por si viene cualquiera y hay que opinar sobre ella con cuenta y razón: una guerra, los payasos de la tele, Hotel Glam, Crónicas Marcianas, los documentales de La 2…
Que lo primero que hace un régimen fascista es quemar libros y quemar intelectuales, no sea que la gente dé en pensar y en tener ideas en vez de ocurrencias: un joven pedo total es un borrego, un joven (o maduro, o un viejo) leído es una incomodidad para el poderoso, hay que eliminarlo. Quémese el hígado, quémese el cerebro: de ahí la consigna nazi.
Que las campañas de promoción de la lectura que los políticos sacan de tanto en vez a pasear son filfa y sólo valen para engordar la bolsa de diseñadores, promotores, enchufados, parientes y etcéteras: no se les haga el menor caso.
Que la mayor parte de los premios literarios están dados o encargados de antemano, que se busca un perfil de autor y se le sugiere que se presente al premio de turno: no se fíen de ellos por norma.
Que muchos, muchos, críticos literarios están a sueldo de instituciones, fundaciones y otras mafias.
Que no hay imagen más bonita que una mujer leyendo un libro en un parque en primavera.
Que no hay una imagen más bonita que un hombre leyendo un libro en un parque en primavera.
Que los libreros son encantadores (los libreros, no las comerciales que te venden Una semana muy negra y mañana están de lencería): se les puede preguntar, exigir, comentar…
Que una librería no muerde.
Que tampoco muerde una biblioteca pública. Leer más »