Gabriela Mistral

8 03 2012

    

      Queremos dedicar el post de hoy, Día internacional de la mujer, a Gabriela Mistral, (Vicuña 1889-Nueva York 1957), la primera mujer en conseguir el Premio Nobel de Literatura en 1945.

    Lucila de María Godoy Alcayaga es el verdadero nombre de Gabriela Mistral, una escritora chilena que fue hija de un maestro de escuela del que heredó su vocación de maestra. Desde muy joven comenzó a escribir y publicar poesía, combinando dicha tarea con su trabajo en la enseñanza. En 1925 dejó su labor docente para representar a Chile en el Instituto de cooperación intelectual de la SDN y posterioremente ser cónsul chilena en Nápoles y en Lisboa. En 1953 fue cónsul de Chile en Nueva York y desde entonces representó a su país en la Asamblea de las Naciones Unidas.

     Los principales temas de la escritora fueron los niños, la maternidad, el amor y la ternura.  Entre sus obras destacan: Desolación, Lecturas para mujeres, Ternura, Tala, Poemas de las madres, Lagar y Todas íbamos a ser reinas. Desolación y Ternura puedes encontrarlos en nuestra biblioteca.

     Gabriela Mistral siempre estuvo muy comprometida en la lucha contra la injusticia, el cuidado de la infancia y la defensa del papel de la mujer en la sociedad. Era consciente de la necesidad de alfabetizar  a  niños y mujeres como forma de erradicar la pobreza.

     Para un conocimiento más profundo de la escritora te invitamos a leer este artículo publicado en el diario El país.

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.

Yo te enseñe a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.


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