Bram Stoker

20 04 2012

   Hoy, 20 de abril, se celebra el centenario de la muerte del escritor irlandés Abraham Stoker, figura importantísima en la creación literaria del vampiro. De salud delicada, tuvo que permanecer en cama hasta los ocho años, siendo las historias de terror y las viejas leyendas que le contaba su madre las que le influenciaron en su carrera como escritor. Comienza escribiendo una serie de cuentos fantásticos escritos para niños: Bajo el sol  para posteriormente publicar  novelas y relatos como  El desfiladero de la serpiente, Crooked sands,  La madriguera del gusano blanco, El entierro de las ratas, La dama del sudario y, sobre todo, la obra que le daría fama universal: Drácula.

     La palabra vampiro proviene del alemán vampir y se utiliza para designar a una criatura que tiene la imperiosa necesidad de beber sangre humana para poder vivir. Son seres que no están ni vivos ni muertos y por ello se les conoce también como “no-muertos”. Las principales características del vampiro tal como lo conocemos hoy en día aparecen en el libro Drácula de Bram Stoker y de las películas basadas en él, como Nosferatu y Drácula de Bram Stoker. Por lo general los vampiros tienen grandes incisivos con los que muerden el cuello de las víctimas para chupar su sangre y que se conviertan a su vez en vampiros. Además, se transforman en murciélagos, poseen una fuerza sobrenatural y carecen de alma, por lo que no se reflejan en los espejos. Duermen en ataúdes o bajo tierra y, según un mito surgido en los últimos setenta años, prefieren vivir de noche ya que la luz del sol puede dejarles ciegos e incluso matarlos. Sin embargo los verdaderos Nosferatu soportan la luz del sol aunque su piel es pálida.

     Si se quiere matar a un vampiro es necesario atravesar su corazón con una estaca de madera o una bala de plata. Aborrecen el olor de la flor del ajo y huyen despavoridos ante la presencia de un crucifijo o al tocar agua bendita. Estas dos características no se encuentran en las historias folklóricas sino que son inventadas por Stoker para adaptar el mito a una sociedad puritana y extremadamente religiosa como la inglesa de finales del XIX. No hay que olvidar que hay vampiros no cristianos en los que el crucifijo no surtiría ningún efecto y otros que ya existían antes del cristianismo.

     Sin embargo no es Stoker el creador del mito vampírico. En 1463 Michel Beheim, un juglar alemán que trabajaba en la Corte húngara, compuso la canción Von ainem wutrich der hies Trakle waida von der Walachei donde relataba la historia de un noble rumano llamado Vlad Tepes Draculea, duque de Valaquia que se había refugiado entre los magiares. Dracul  significa tanto dragón como demonio y era el apodo de Vlad II Dracul, padre de Vlad III. Éste sería conocido como Tepes El empalador y Draculea, hijo de Dracul. En él se inspiraría Stoker para crear a su famoso Conde. Vlad III era famoso por su valor y por la crueldad con que se empleaba en las guerras contra los turcos que pretendían invadir Valaquia, hasta el punto que sus enemigos contaban que su ejército estaba formado por guerreros fantasmales que salían por la noche para chupar la sangre de mujeres y niños.

     Estas leyendas tienen continuidad durante el siglo XVIII. En 1746 se publica  Disertaciones sobre las apariciones de los espíritus, de Dom Auguste Calmet, una obra sobre las leyendas folklóricas vampíricas de Europa Central; en 1748, El vampiro, de Ossenfelder y en 1773,  Lenore, de Bürge. Pero será el Romanticismo del  siglo XIX el verdadero caldo de cultivo del mito vampírico. En 1797 Goethe escribe  La novia de Corinto; en 1813 se publica The Giaour, de Lord Byron; en 1835,  Berenice, de Edgar Alan Poe y en 1836 Gautier escribe La muerta enamorada. 1843 será el año de La Familia del Vurdalak, del ruso Leon Tosltoi y poco después aparece en Inglaterra  la serie de novela gótica Varney, el vampiro, de James Malcom Rymer. En 1871 el escritor irlandés Sheridan Le Fanú aborda el tema en Carmilla.

     Inspirado en estos antecedentes Stoker recopila varias leyendas folklóricas transilvanas y las resume en Drácula, considerada como la obra maestra del género. El escritor añade al personaje nuevas características como el ataúd o el mordisco en el cuello.  Después de Stoker vendrán otras obras magistrales como Soy leyenda, de Richard Matheson o Las crónicas vampíricas de Anne Rice, pero aún hoy identificamos al vampiro con el  personaje rico, noble, refinado y a la vez cruel y sediento de sangre creado por Bram Stoker.

 


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