Día del libro en confinamiento

22 04 2020

23 de abril de 2020, Día del Libro. Un día extraño, como extraño es el mes entero. La biblioteca está desierta, solitaria. Los libros yacen olvidados en sus estantes, sin que nadie se acerque a mitigar su encierro. Porque ellos también están encerrados y nadie los lleva en préstamo. No escuchan voces infantiles en los deberes del recreo, no sienten la mano suave de la bibliotecaria que los devuelve a su sitio, solo ven pasar las horas coloreadas por las vidrieras de Miró y Lichtenstein.

Por eso hay actividades que proponen sacar a los libros de ese confinamiento, como la que nos llega a través de “La hora del cuento”: recrear portadas de libros con fotos “caseras”. El resultado es digno de verse.

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Yo no soy tan fotogénica como Sofía-Pippi, por eso celebro este día con sonido de versos de uno de mis poetas favoritos: Aurelio González Ovies. Aquí tenéis el vídeo, hecho con todo cariño a pesar de la voz cansada:

https://youtu.be/ZZI3kTKTS7Q

VENGO DEL NORTE VI

Desde las ventanas de tu cuarto
verás esa llanura donde habitan los hombres
que no tienen a nadie,
esos seres que escancian la nostalgia en las cubas sin fondo
de la niebla.
Verás todos los faros de la mitología
y a todas las esposas que esperan el regreso de los barcos.

Ha llegado a tu piel la primavera, ha llegado la pascua
a los laureles de tu aliento;
tendrás que bendecir estos terrenos
con la oración que traes escrita en el cansancio.

Ha llegado el momento de que pintes las flores
con el betún reciente de tu lengua materna
y pongas a los sauces a llorar para siempre.
Te nombrarán la dueña del espacio silvestre,
la artesana del polen,
la molinera azul de todos los panales
y cada abril que venga te pedirá permiso
para hacer el amor sobre la tierra.

Aquí serás feliz yéndote con las fuentes a conocer
lo efímero,
a comer fresas ácidas a los ocasos,
a bailar en las fiestas, entre los campesinos.
Serás feliz y hermosa
y verterás dolor al tinte de las malvas
y llevarás pendientes como los manantiales
y te deshojarás toda en noviembre.

Estaremos tan sanos que en cada aniversario
la edad no llegará porque habrá nieve
y pasarán los años con el retraso de las indecisiones.

Desde las ventanas de tu cuarto
verás la enredadera de la costumbre trepando vida arriba
y no echarás de menos tu estancia en otra parte.
Jamás serán los días un eco indiferente
de las agrias campanas de los abutilones.
Quedaremos aquí,
apoyados en estos corredores donde cura el futuro.


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