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	<title>Comentarios para Biblioteca del IES de Noreña</title>
	<link>http://blog.educastur.es/biblionorena</link>
	<description>Educastur Blog</description>
	<pubDate>Fri, 10 Feb 2012 16:45:16 +0000</pubDate>
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		<title>Comentario de Juan Tendi en RINCÓN CREADOR</title>
		<link>http://blog.educastur.es/biblionorena/rincon-creador/#comment-946</link>
		<dc:creator>Juan Tendi</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 19:46:55 +0000</pubDate>
		<guid>http://blog.educastur.es/biblionorena/rincon-creador/#comment-946</guid>
		<description>Mendigos 

I.

	Cuando era niño sabía a que atenerme. Ser mendigo entonces era una profesión y resultaba fácil distinguirlos. Todos parecían viejos e iban desarrapados, con barbas largas y múltiples prendas amontonadas sobre el cuerpo. Te visitaban en casa, con la consideración de viejos conocidos, en días preestablecidos y, las más de las veces, la dádiva consistía en un trozo de pan o un vaso de leche. Sólo algunas gitanas se salían del papel, con la consiguiente indignación de mi madre, al despreciar el pan y solicitar aceite o dinero. Muchos de ellos no desdeñaban hacer trabajos ocasionales, aunque la edad avanzada y el aire aturdido de casi todos excluyesen cualquier reproche. La única crítica que solían recibir emanaba de su devoción por el alcohol.
	A mis ojos, tenían su lugar en el mundo. No especialmente deseable ni glorioso, pero el suyo. Eran mendigos igual que otros obreros, pintores o policías.
	Al crecer les fui olvidando. Perdieron su halo misterioso y se convirtieron en una suerte de hombres fallidos, de quienes se aparta la vista por piedad, aunque siguieran conservando su estatus mendicante.
	No obstante, el orgullo que los jóvenes sienten por sus éxitos, que atribuyen a la voluntad, hizo que poco a poco se fuera minando esa última concesión. Comencé a distinguir entre la desdicha física y la psicológica, y a verlos como el resultado de una mezcla de ambas. 
	Tuvieron que pasar muchos años, y conocer los modos en que la vida puede destruir a un hombre, para que variase mi modo de percibir su mala estrella: la propia vida, la adversidad, los demás o cualquier otra maldita cosa que pueda romper lo que nos sostiene.
	También, comprender que el mendigo es una figura ideal y que los que la encarnan responden a tipologías diversas. Con el tiempo fui distinguiendo al chiflado lúcido, al rebelde loco, al herido, al desconcertado, al enfermo, al solitario, al niño, al diferente... Y al normal que un día atraviesa sin darse cuenta la línea que le separa de todos ellos.
	Lo más chocante es que algunos fueron mis amigos. Como Luis, un hombre alto y escuálido, de voz susurrante y trémula, a quien conocí cuando era un joven que llegaba a la capital para abrirse camino con apenas diecisiete años. Tenía entonces una biografía breve pero suficientemente extensa para sus años. En la pensión de estudiantes donde coincidimos, pude oírle hablar con cierta envidia cómo había militado hasta hacía poco en un equipo de fútbol de tercera, en su villa natal, de la chica del pueblo con la que se escribía y que parecía no querer olvidarle – desde la belleza de una fotografía que él siempre tenía sobre la mesilla -, de sus planes de estudio y trabajo, y de la esperanza que había depositado en una nueva vida en la ciudad. 
	Tardé en darme cuenta que era un mendigo. A lo largo de los años había ido encontrándole de tarde en tarde, enterándome de un modo vago de cómo iba su suerte. Al principio eran trabajos más o menos ocasionales; después, largos períodos sin nada concreto. Salvo la queja  que poco a poco fui asociando a su persona. 
- No hay trabajo. El último que tuve era una mierda. Y hay gente que no te paga. Hice encuestas durante tres meses y ahora no quieren pagármelas. 
Más tarde ya fueron los amigos y sus traiciones, las mujeres y sus caprichos, la enfermedad y su yermo legado. También, con el paso de los años, la pequeña ayuda, el anticipo, la invitación y el avío.
-	Estoy pasando una mala racha. Ahora mismo, con dos mil pesetas arreglaba mi vida. Van a echarme de la pensión si no pago algo de lo que ya debo. Y en el bar donde como no quieren fiarme más… Gracias, esto me salva la vida. 
Pero su vida parecía ir perdiéndose junto con su salud y su buena apariencia. Su presencia, en cambio, fue haciéndose cada vez más conspicua. Empecé a encontrármelo en mi propia calle demasiado a menudo como para juzgarlo una casualidad. No siempre me detenía a charlar o a tomar algo; le daba una ayuda y me iba. Un día miré antes de salir y le vi sentado ante el portal. Varié mis costumbres e inevitablemente llegó el momento en que oí su voz por el interfono preguntándome si pensaba salir.
Fue entonces cuando tuve la ocurrencia de comentar el caso con otro amigo, Miguel, éste mucho más intimo y con quien me unía una intermitente pero inalterable amistad.
- Ese tío es un yonki – me dijo, acogiéndose a la autoridad que le daba ser yonki él mismo – Para eso quiere el dinero. Le conozco bien. 
Estuve un tiempo sin encontrar a Luis y meses más tarde, comenté su extraña desaparición con Miguel, temiendo que le hubiera ocurrido algo.
- No le pasa nada; hablé con él. Le dije que como siguiera molestándote le arrancaba la cabeza – dijo entre tierno y feroz con inocente franqueza -. Además, en caso de que tú le dieras dinero alguien, le dije, me lo darías a mí, que soy mucho más amigo que él y desde hace más tiempo.
Tenía razón. Y casi sin proponérmelo me encontré con Miguel como nuevo beneficiario de mi indecisa generosidad. 
También tardé mucho tiempo en percatarme que él era casi un mendigo. De hecho, no lo supe claramente hasta que murió de una sobredosis. Fue entonces cuando, al comentar el suceso con otros conocidos, descubrí que tenía una red de benefactores a los que igual que a mí sometía a un chantaje de amistad y afecto.
- No sabía parar – me contó Josechu, un pastelero amigo de la noche y de todo el mundo -. No le bastaba con las cuarenta  que cobraba de una pensión de beneficencia. Lo sacaba de la madre, de los amigos y de todo el que podía. Sólo trapicheaba algo con los conocidos; la policía le tenía muy marcado y estaba en libertad condicional. Pero siempre hacía planes para seguir traficando en cuanto las circunstancias cambiasen.
No podía quejarme. El propio Miguel me había advertido años atrás contra los yonquis.
- Jamás te fíes de uno de ellos. Venden a su madre sin pensárselo. Jurarán por lo más sagrado y dos minutos más tarde ya lo habrán olvidado. Sólo viven para ella, para la blanca.
De todas formas, el caso de Miguel era un poco especial. Ni entonces ni ahora le he podido ver como un mendigo, aunque prácticamente lo fuese. 
	Lo que terminó por definir mi actitud ante los mendigos fue un suceso que me ocurrió poco tiempo después. 

II.

	Trabajaba por entonces como agente de tributos en la Recaudación de Hacienda de Gijón. Un empleo mal pagado, con irregulares horarios y escasa gratificación. Aún no se había inventado la semana inglesa para todos y debíamos trabajar los sábados.
	Uno de esos sábados, al volver a Oviedo con la paga del mes en el bolsillo – todavía existía la costumbre de abonar el salario al contado, incluida la calderilla – me encontré con él, con el hombre que habría de cambiar mi modo de pensar de un modo duradero.
	Le vi parado, levantando la mano, junto a la estación del tren, tras el semáforo que da paso a la autopista. No tenía buen aspecto: macilento, con las ropas arrugadas y barba de varios días. Le recogí; años atrás había recorrido varias veces el país haciendo autostop y me sentí obligado. Ya entonces no se veía a demasiada gente haciendo eso, pero yo era lo bastante joven e imprudente como para temer nada de nadie.
	Tras el saludo de cortesía permanecí en silencio para hacerle entender que no pensaba cobrarle peaje de conversación. No obstante, su aire desarbolado y el definido olor que introdujo en el coche me forzaron a interesarme por su salud y estado.
	- Llevo dos días sin comer – dijo con voz ronca y aliento entrecortado -, durmiendo en casas abandonadas. Llegué a Gijón hace dos meses con un contrato para embarcarme en un carguero con destino a Nigeria. Pero cuando fui al puerto no pude encontrar ni el barco ni al hombre me había contratado. Me quedé en un albergue para transeúntes con la esperanza de que alguno de los dos apareciese. Había venido desde Jaén y, gastos aparte, me sabía mal regresar con las manos y los bolsillos vacíos. Aguanté un mes, hasta que se acabó el dinero, yendo todos los días al puerto a preguntar por el barco o por cualquier otro trabajo que saliese. Una vez tuve suerte y me cogieron para descargar camiones. Sólo duró tres días. Después, nada. Me mantuve comiendo en la Cocina Económica y durmiendo en un albergue, hasta que me dijeron que debía trasladarme. Son para transeúntes. No permiten que nadie se instale definitivamente. Me parece bien. Me dirigí entonces a la carretera, para hacer autostop hacia el sur, pero ese día, no sé por qué, no me cogió nadie. Al día siguiente me puse a caminar, tampoco sé por qué, pero a los cuatro kilómetros ya no tenía fuerzas y me metí en una especie de garaje a descansar. Me quedé dormido. Cuando desperté estaba oscuro y no sabía exactamente donde me hallaba. Estuve despierto toda esa noche, viendo llover, y en cuanto amaneció volví a la ciudad campo a través. Eso fue ayer. Anoche dormí en un pajar, y esta mañana, al despertarme llegó el dueño y me pidió que me marchase. Llevo dos días sin comer, creo. Y hoy, cuando ya me encontraba bastante confuso y sin saber qué hacer, me pongo aquí y a los cinco minutos pasa ud.
	Siguió así más o menos todo el camino hasta Oviedo. No supe muy bien qué decirle. No me gusta repetir cosas consabidas y además, en esas ocasiones, todas las palabras parecen de compromiso.
	Sea por lo que fuera, cuando iba a apearse del coche, le pedí que aguardase, cogí mi sobre y saqué mil pesetas.
	Se negó a tomarlas. Insistí y las aceptó.
	Mil pesetas en esos tiempos no es que fuesen mucho, mas tampoco eran despreciables. Sobre todo para mí, que ganaba exactamente diecisiete mil, y que ni siquiera era capaz de poder pagarme solo una vivienda, y me veía obligado a compartirla con otro inquilino. Por no hablar de las ayudas en comida que recibía de casa.
	Como una cosa lleva a la otra, y todo llega por rachas, esa temporada me noté especialmente generoso con los pedigüeños. Nunca, por supuesto, volví a  darle mil pesetas a un desconocido, pero raro era el mendicante que no se iba con alguna moneda tras abordarme.
	Fue, por otro lado, una época en que la prensa se ocupaba a menudo de estos temas – o puede que yo les prestase más atención que antes -, y no eran infrecuentes las noticias acerca de redes organizadas que controlan a los vendedores de cualquier tipo de rifa o publicación, y del gran negocio que había montado sobre esto. Por no hablar del alquiler de niños, el eterno fingimiento de enfermedades y taras, y todo tipo de engaños propios del lumpen.
	El mismo Luis me había advertido sobre este tipo de cosas, tiempo atrás. 
	- Ese – me decía, aludiendo a un famoso pedigüeño que tenía su oficina en la calle frente a La Jirafa, desde hacía veinte años, y que pese a su patético aspecto, o precisamente por eso, se había convertido en algo así como el mendigo oficial de la ciudad, a quien saludaban todo tipo de autoridades y vecinos – se autolesiona intencionadamente para que la gente le dé. Pero es un yonki. Yo a las drogas les tengo mucho miedo. Nunca me metería nada por ningún motivo.
	Debía de tener razón. El mencionado postulante tenía el aspecto de haber sido atropellado por un autobús diariamente durante años. Flaco, fibroso, de ojos hundidos y gesto nervioso, era capaz de mendigar bajo homéricos aguaceros, temperaturas gélidas y nevadas persistentes.
	También pasaba por malas rachas. No en su recaudación, que parecía ser regular y abundante, sino en su humor. Algunos días, cuando los transeúntes no eran conocidos y se mostraban indiferentes, acostumbraba a echar alguna que otra maldición, recordando sus ancestrales orígenes.
-	Ojalá te salga un cáncer y se te pudra la mano.
Muy pronto se extendió, al menos entre la gente que yo frecuentaba, la opinión de que dar limosna era un error que sólo contribuía a incrementar la picaresca, y no a ayudar a las personas que realmente lo necesitaban. 
Yo seguía indeciso. Como suele decirse, cada caso es un mundo, y no me parecía que fuese tan fácil escudarse en la eficiencia de los servicios públicos o en la perdurable existencia de los pícaros,  para negar alguna que otra ayuda. También contaba cierta simpatía, más emocional que meditada, para con los marginados.
	Pero todo esto cambió el día en que cogí a un hombre en autostop, haciendo el trayecto de Oviedo a Gijón. Ya no trabajaba en la Recaudación, sino en otra cosa, si no mejor, sí un poco mejor pagada.
El hombre estaba al comienzo de la autopista, parado ante el semáforo, a la altura de la Fábrica de Armas.
No tenía mal aspecto, aunque tampoco es que fuese hecho un pincel. Barba recortada, jersey gris y pantalones gastados. Sí pensé que iba algo desabrigado para la época del año. Su rostro, pese a una mueca dolorida, parecía noble y sincero. Enseguida comenzó a hablar, y muy pronto tuve motivos para quedarme totalmente estupefacto. 
-  Llevo dos días sin comer – dijo de pronto, sin que le preguntase -, durmiendo en casas abandonadas. Llegué a Gijón hace dos meses con un contrato para embarcarme en un carguero con destino a Nigeria. Pero cuando fui al puerto, no pude hallar ni al barco ni al hombre me había contratado. Me quedé en un albergue para transeúntes, con la esperanza de que alguno de los dos apareciese. Había venido desde Jaén y, gastos aparte, me sabía mal regresar con las manos y los bolsillos vacíos. Aguanté un mes, hasta que se acabó el dinero, yendo todos los días al puerto, a preguntar por el barco o por cualquier otro trabajo que saliese. Una vez tuve suerte, me cogieron para descargar camiones. Pero sólo duró tres días. Después, nada. Me mantuve comiendo en la Cocina Económica y durmiendo en el albergue, hasta que me dijeron que debía trasladarme. Son albergues para transeúntes. No permiten que nadie se instale definitivamente...
Tardé en darme cuenta de que aquella historia no me era desconocida, pero poco a poco fue surgiendo la duda, la sorpresa, la incredulidad y la certeza.
Le miré fijamente.
-	A ud. le conozco. Hace unos dos años le cogí en autostop en este mismo trayecto, viniendo de Gijón. 
Por la cara que puso comprendí que no le gustaba nada lo que oía.
-	Es imposible. Llevo dos meses en Asturias y nunca había estado antes aquí.
-	Sí – insistí -. No soy bueno con las caras, pero recuerdo perfectamente la historia.
Siguió negando y yo insistiendo, hasta que creí poder convencerle, e incluso establecer cierta complicidad, recordándole que le había dado un billete de mil pesetas.
Se sintió ofendido.
-	Ud. me confunde con otro.
-	Pues es la misma historia que me contó alguien hace dos años.
El resto del viaje no fue muy agradable; los dos guardamos silencio. Yo sopesaba las posibilidades de que fuese un equívoco, pero no encontraba otro modo de interpretar la coincidencia. Por su parte, se notaba consciente de lo que implicaba mi afirmación y parecía resentido o desanimado.
Al llegar a Oviedo nos despedimos fríamente y nunca más le volví a ver. Aunque, seguramente, si lo hiciese ya no le reconocería.

III.

	En los días que siguieron me pregunté muchas veces cómo interpretar lo sucedido. Lo primero que pensé es que había creado, con mi exagerada contribución, a un mendigo. Yo era el responsable, en algún modo, de que un trabajador en apuros se hubiese convertido en un pillo mendicante.
	Deseché la posibilidad de un error, porque se pueden olvidar los rostros pero las historias es más difícil, por mucho que se deformen los detalles.
	Cabía también pensar que yo no hubiese sido el primero en escuchar aquella historia, sino sólo una víctima más de la cadena. Sin embargo, por lo que uno oye por ahí, nadie suele ser tan tonto o desprendido como yo lo había sido – los que tienen mucho, porque precisamente por eso han llegado a tenerlo, y los que no, porque sienten más compasión por sí mismos que por los demás.
	Imaginé, pues, con cierta culpabilidad, a aquel hombre, asombrado por el resultado de su  verídica historia y dispuesto a convertirla en falsa  con tal de poder escribir así la fábula de su vida. Yo había transformado, con mi imprudencia, su verdad en mentira. Y esa mentira se había convertido desde entonces en la verdad de su vida. 
	Hasta que me di cuenta de que seguía cometiendo el mismo error al sentirme responsable. Dos años atrás había querido, de algún modo, salvarle, no por la cuantía del dinero – que no habría de durarle mucho -, sino por la confianza que con mi gesto quería infundirle. Y ahora, nuevamente, buscaba librarle en parte de su responsabilidad, al creerme el agente de su decisión.
	En el fondo, pues, yo seguía viéndole como un hombre  caído, que necesita ayuda – física o moral - para salvarse. Pero la ayuda sólo sirve para quien se ayuda a sí mismo. Y él, al parecer, había decidido depender de otros para siempre.
	Lo que no puedo evitar desde entonces, cuando alguien se acerca hasta mí con alguna historia penosa, o veo esos carteles en los que alguien exhibe su derrota, es preguntarme a cuál de los dos fracasos se referirá. Al falso – por azaroso y sobrevenido -, que le llevó a escribir el cartel, o al verdadero – por definitivo y elegido – que le condenó a reescribirlo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Mendigos </p>
<p>I.</p>
<p>	Cuando era niño sabía a que atenerme. Ser mendigo entonces era una profesión y resultaba fácil distinguirlos. Todos parecían viejos e iban desarrapados, con barbas largas y múltiples prendas amontonadas sobre el cuerpo. Te visitaban en casa, con la consideración de viejos conocidos, en días preestablecidos y, las más de las veces, la dádiva consistía en un trozo de pan o un vaso de leche. Sólo algunas gitanas se salían del papel, con la consiguiente indignación de mi madre, al despreciar el pan y solicitar aceite o dinero. Muchos de ellos no desdeñaban hacer trabajos ocasionales, aunque la edad avanzada y el aire aturdido de casi todos excluyesen cualquier reproche. La única crítica que solían recibir emanaba de su devoción por el alcohol.<br />
	A mis ojos, tenían su lugar en el mundo. No especialmente deseable ni glorioso, pero el suyo. Eran mendigos igual que otros obreros, pintores o policías.<br />
	Al crecer les fui olvidando. Perdieron su halo misterioso y se convirtieron en una suerte de hombres fallidos, de quienes se aparta la vista por piedad, aunque siguieran conservando su estatus mendicante.<br />
	No obstante, el orgullo que los jóvenes sienten por sus éxitos, que atribuyen a la voluntad, hizo que poco a poco se fuera minando esa última concesión. Comencé a distinguir entre la desdicha física y la psicológica, y a verlos como el resultado de una mezcla de ambas.<br />
	Tuvieron que pasar muchos años, y conocer los modos en que la vida puede destruir a un hombre, para que variase mi modo de percibir su mala estrella: la propia vida, la adversidad, los demás o cualquier otra maldita cosa que pueda romper lo que nos sostiene.<br />
	También, comprender que el mendigo es una figura ideal y que los que la encarnan responden a tipologías diversas. Con el tiempo fui distinguiendo al chiflado lúcido, al rebelde loco, al herido, al desconcertado, al enfermo, al solitario, al niño, al diferente&#8230; Y al normal que un día atraviesa sin darse cuenta la línea que le separa de todos ellos.<br />
	Lo más chocante es que algunos fueron mis amigos. Como Luis, un hombre alto y escuálido, de voz susurrante y trémula, a quien conocí cuando era un joven que llegaba a la capital para abrirse camino con apenas diecisiete años. Tenía entonces una biografía breve pero suficientemente extensa para sus años. En la pensión de estudiantes donde coincidimos, pude oírle hablar con cierta envidia cómo había militado hasta hacía poco en un equipo de fútbol de tercera, en su villa natal, de la chica del pueblo con la que se escribía y que parecía no querer olvidarle – desde la belleza de una fotografía que él siempre tenía sobre la mesilla -, de sus planes de estudio y trabajo, y de la esperanza que había depositado en una nueva vida en la ciudad.<br />
	Tardé en darme cuenta que era un mendigo. A lo largo de los años había ido encontrándole de tarde en tarde, enterándome de un modo vago de cómo iba su suerte. Al principio eran trabajos más o menos ocasionales; después, largos períodos sin nada concreto. Salvo la queja  que poco a poco fui asociando a su persona.<br />
- No hay trabajo. El último que tuve era una mierda. Y hay gente que no te paga. Hice encuestas durante tres meses y ahora no quieren pagármelas.<br />
Más tarde ya fueron los amigos y sus traiciones, las mujeres y sus caprichos, la enfermedad y su yermo legado. También, con el paso de los años, la pequeña ayuda, el anticipo, la invitación y el avío.<br />
-	Estoy pasando una mala racha. Ahora mismo, con dos mil pesetas arreglaba mi vida. Van a echarme de la pensión si no pago algo de lo que ya debo. Y en el bar donde como no quieren fiarme más… Gracias, esto me salva la vida.<br />
Pero su vida parecía ir perdiéndose junto con su salud y su buena apariencia. Su presencia, en cambio, fue haciéndose cada vez más conspicua. Empecé a encontrármelo en mi propia calle demasiado a menudo como para juzgarlo una casualidad. No siempre me detenía a charlar o a tomar algo; le daba una ayuda y me iba. Un día miré antes de salir y le vi sentado ante el portal. Varié mis costumbres e inevitablemente llegó el momento en que oí su voz por el interfono preguntándome si pensaba salir.<br />
Fue entonces cuando tuve la ocurrencia de comentar el caso con otro amigo, Miguel, éste mucho más intimo y con quien me unía una intermitente pero inalterable amistad.<br />
- Ese tío es un yonki – me dijo, acogiéndose a la autoridad que le daba ser yonki él mismo – Para eso quiere el dinero. Le conozco bien.<br />
Estuve un tiempo sin encontrar a Luis y meses más tarde, comenté su extraña desaparición con Miguel, temiendo que le hubiera ocurrido algo.<br />
- No le pasa nada; hablé con él. Le dije que como siguiera molestándote le arrancaba la cabeza – dijo entre tierno y feroz con inocente franqueza -. Además, en caso de que tú le dieras dinero alguien, le dije, me lo darías a mí, que soy mucho más amigo que él y desde hace más tiempo.<br />
Tenía razón. Y casi sin proponérmelo me encontré con Miguel como nuevo beneficiario de mi indecisa generosidad.<br />
También tardé mucho tiempo en percatarme que él era casi un mendigo. De hecho, no lo supe claramente hasta que murió de una sobredosis. Fue entonces cuando, al comentar el suceso con otros conocidos, descubrí que tenía una red de benefactores a los que igual que a mí sometía a un chantaje de amistad y afecto.<br />
- No sabía parar – me contó Josechu, un pastelero amigo de la noche y de todo el mundo -. No le bastaba con las cuarenta  que cobraba de una pensión de beneficencia. Lo sacaba de la madre, de los amigos y de todo el que podía. Sólo trapicheaba algo con los conocidos; la policía le tenía muy marcado y estaba en libertad condicional. Pero siempre hacía planes para seguir traficando en cuanto las circunstancias cambiasen.<br />
No podía quejarme. El propio Miguel me había advertido años atrás contra los yonquis.<br />
- Jamás te fíes de uno de ellos. Venden a su madre sin pensárselo. Jurarán por lo más sagrado y dos minutos más tarde ya lo habrán olvidado. Sólo viven para ella, para la blanca.<br />
De todas formas, el caso de Miguel era un poco especial. Ni entonces ni ahora le he podido ver como un mendigo, aunque prácticamente lo fuese.<br />
	Lo que terminó por definir mi actitud ante los mendigos fue un suceso que me ocurrió poco tiempo después. </p>
<p>II.</p>
<p>	Trabajaba por entonces como agente de tributos en la Recaudación de Hacienda de Gijón. Un empleo mal pagado, con irregulares horarios y escasa gratificación. Aún no se había inventado la semana inglesa para todos y debíamos trabajar los sábados.<br />
	Uno de esos sábados, al volver a Oviedo con la paga del mes en el bolsillo – todavía existía la costumbre de abonar el salario al contado, incluida la calderilla – me encontré con él, con el hombre que habría de cambiar mi modo de pensar de un modo duradero.<br />
	Le vi parado, levantando la mano, junto a la estación del tren, tras el semáforo que da paso a la autopista. No tenía buen aspecto: macilento, con las ropas arrugadas y barba de varios días. Le recogí; años atrás había recorrido varias veces el país haciendo autostop y me sentí obligado. Ya entonces no se veía a demasiada gente haciendo eso, pero yo era lo bastante joven e imprudente como para temer nada de nadie.<br />
	Tras el saludo de cortesía permanecí en silencio para hacerle entender que no pensaba cobrarle peaje de conversación. No obstante, su aire desarbolado y el definido olor que introdujo en el coche me forzaron a interesarme por su salud y estado.<br />
	- Llevo dos días sin comer – dijo con voz ronca y aliento entrecortado -, durmiendo en casas abandonadas. Llegué a Gijón hace dos meses con un contrato para embarcarme en un carguero con destino a Nigeria. Pero cuando fui al puerto no pude encontrar ni el barco ni al hombre me había contratado. Me quedé en un albergue para transeúntes con la esperanza de que alguno de los dos apareciese. Había venido desde Jaén y, gastos aparte, me sabía mal regresar con las manos y los bolsillos vacíos. Aguanté un mes, hasta que se acabó el dinero, yendo todos los días al puerto a preguntar por el barco o por cualquier otro trabajo que saliese. Una vez tuve suerte y me cogieron para descargar camiones. Sólo duró tres días. Después, nada. Me mantuve comiendo en la Cocina Económica y durmiendo en un albergue, hasta que me dijeron que debía trasladarme. Son para transeúntes. No permiten que nadie se instale definitivamente. Me parece bien. Me dirigí entonces a la carretera, para hacer autostop hacia el sur, pero ese día, no sé por qué, no me cogió nadie. Al día siguiente me puse a caminar, tampoco sé por qué, pero a los cuatro kilómetros ya no tenía fuerzas y me metí en una especie de garaje a descansar. Me quedé dormido. Cuando desperté estaba oscuro y no sabía exactamente donde me hallaba. Estuve despierto toda esa noche, viendo llover, y en cuanto amaneció volví a la ciudad campo a través. Eso fue ayer. Anoche dormí en un pajar, y esta mañana, al despertarme llegó el dueño y me pidió que me marchase. Llevo dos días sin comer, creo. Y hoy, cuando ya me encontraba bastante confuso y sin saber qué hacer, me pongo aquí y a los cinco minutos pasa ud.<br />
	Siguió así más o menos todo el camino hasta Oviedo. No supe muy bien qué decirle. No me gusta repetir cosas consabidas y además, en esas ocasiones, todas las palabras parecen de compromiso.<br />
	Sea por lo que fuera, cuando iba a apearse del coche, le pedí que aguardase, cogí mi sobre y saqué mil pesetas.<br />
	Se negó a tomarlas. Insistí y las aceptó.<br />
	Mil pesetas en esos tiempos no es que fuesen mucho, mas tampoco eran despreciables. Sobre todo para mí, que ganaba exactamente diecisiete mil, y que ni siquiera era capaz de poder pagarme solo una vivienda, y me veía obligado a compartirla con otro inquilino. Por no hablar de las ayudas en comida que recibía de casa.<br />
	Como una cosa lleva a la otra, y todo llega por rachas, esa temporada me noté especialmente generoso con los pedigüeños. Nunca, por supuesto, volví a  darle mil pesetas a un desconocido, pero raro era el mendicante que no se iba con alguna moneda tras abordarme.<br />
	Fue, por otro lado, una época en que la prensa se ocupaba a menudo de estos temas – o puede que yo les prestase más atención que antes -, y no eran infrecuentes las noticias acerca de redes organizadas que controlan a los vendedores de cualquier tipo de rifa o publicación, y del gran negocio que había montado sobre esto. Por no hablar del alquiler de niños, el eterno fingimiento de enfermedades y taras, y todo tipo de engaños propios del lumpen.<br />
	El mismo Luis me había advertido sobre este tipo de cosas, tiempo atrás.<br />
	- Ese – me decía, aludiendo a un famoso pedigüeño que tenía su oficina en la calle frente a La Jirafa, desde hacía veinte años, y que pese a su patético aspecto, o precisamente por eso, se había convertido en algo así como el mendigo oficial de la ciudad, a quien saludaban todo tipo de autoridades y vecinos – se autolesiona intencionadamente para que la gente le dé. Pero es un yonki. Yo a las drogas les tengo mucho miedo. Nunca me metería nada por ningún motivo.<br />
	Debía de tener razón. El mencionado postulante tenía el aspecto de haber sido atropellado por un autobús diariamente durante años. Flaco, fibroso, de ojos hundidos y gesto nervioso, era capaz de mendigar bajo homéricos aguaceros, temperaturas gélidas y nevadas persistentes.<br />
	También pasaba por malas rachas. No en su recaudación, que parecía ser regular y abundante, sino en su humor. Algunos días, cuando los transeúntes no eran conocidos y se mostraban indiferentes, acostumbraba a echar alguna que otra maldición, recordando sus ancestrales orígenes.<br />
-	Ojalá te salga un cáncer y se te pudra la mano.<br />
Muy pronto se extendió, al menos entre la gente que yo frecuentaba, la opinión de que dar limosna era un error que sólo contribuía a incrementar la picaresca, y no a ayudar a las personas que realmente lo necesitaban.<br />
Yo seguía indeciso. Como suele decirse, cada caso es un mundo, y no me parecía que fuese tan fácil escudarse en la eficiencia de los servicios públicos o en la perdurable existencia de los pícaros,  para negar alguna que otra ayuda. También contaba cierta simpatía, más emocional que meditada, para con los marginados.<br />
	Pero todo esto cambió el día en que cogí a un hombre en autostop, haciendo el trayecto de Oviedo a Gijón. Ya no trabajaba en la Recaudación, sino en otra cosa, si no mejor, sí un poco mejor pagada.<br />
El hombre estaba al comienzo de la autopista, parado ante el semáforo, a la altura de la Fábrica de Armas.<br />
No tenía mal aspecto, aunque tampoco es que fuese hecho un pincel. Barba recortada, jersey gris y pantalones gastados. Sí pensé que iba algo desabrigado para la época del año. Su rostro, pese a una mueca dolorida, parecía noble y sincero. Enseguida comenzó a hablar, y muy pronto tuve motivos para quedarme totalmente estupefacto.<br />
-  Llevo dos días sin comer – dijo de pronto, sin que le preguntase -, durmiendo en casas abandonadas. Llegué a Gijón hace dos meses con un contrato para embarcarme en un carguero con destino a Nigeria. Pero cuando fui al puerto, no pude hallar ni al barco ni al hombre me había contratado. Me quedé en un albergue para transeúntes, con la esperanza de que alguno de los dos apareciese. Había venido desde Jaén y, gastos aparte, me sabía mal regresar con las manos y los bolsillos vacíos. Aguanté un mes, hasta que se acabó el dinero, yendo todos los días al puerto, a preguntar por el barco o por cualquier otro trabajo que saliese. Una vez tuve suerte, me cogieron para descargar camiones. Pero sólo duró tres días. Después, nada. Me mantuve comiendo en la Cocina Económica y durmiendo en el albergue, hasta que me dijeron que debía trasladarme. Son albergues para transeúntes. No permiten que nadie se instale definitivamente&#8230;<br />
Tardé en darme cuenta de que aquella historia no me era desconocida, pero poco a poco fue surgiendo la duda, la sorpresa, la incredulidad y la certeza.<br />
Le miré fijamente.<br />
-	A ud. le conozco. Hace unos dos años le cogí en autostop en este mismo trayecto, viniendo de Gijón.<br />
Por la cara que puso comprendí que no le gustaba nada lo que oía.<br />
-	Es imposible. Llevo dos meses en Asturias y nunca había estado antes aquí.<br />
-	Sí – insistí -. No soy bueno con las caras, pero recuerdo perfectamente la historia.<br />
Siguió negando y yo insistiendo, hasta que creí poder convencerle, e incluso establecer cierta complicidad, recordándole que le había dado un billete de mil pesetas.<br />
Se sintió ofendido.<br />
-	Ud. me confunde con otro.<br />
-	Pues es la misma historia que me contó alguien hace dos años.<br />
El resto del viaje no fue muy agradable; los dos guardamos silencio. Yo sopesaba las posibilidades de que fuese un equívoco, pero no encontraba otro modo de interpretar la coincidencia. Por su parte, se notaba consciente de lo que implicaba mi afirmación y parecía resentido o desanimado.<br />
Al llegar a Oviedo nos despedimos fríamente y nunca más le volví a ver. Aunque, seguramente, si lo hiciese ya no le reconocería.</p>
<p>III.</p>
<p>	En los días que siguieron me pregunté muchas veces cómo interpretar lo sucedido. Lo primero que pensé es que había creado, con mi exagerada contribución, a un mendigo. Yo era el responsable, en algún modo, de que un trabajador en apuros se hubiese convertido en un pillo mendicante.<br />
	Deseché la posibilidad de un error, porque se pueden olvidar los rostros pero las historias es más difícil, por mucho que se deformen los detalles.<br />
	Cabía también pensar que yo no hubiese sido el primero en escuchar aquella historia, sino sólo una víctima más de la cadena. Sin embargo, por lo que uno oye por ahí, nadie suele ser tan tonto o desprendido como yo lo había sido – los que tienen mucho, porque precisamente por eso han llegado a tenerlo, y los que no, porque sienten más compasión por sí mismos que por los demás.<br />
	Imaginé, pues, con cierta culpabilidad, a aquel hombre, asombrado por el resultado de su  verídica historia y dispuesto a convertirla en falsa  con tal de poder escribir así la fábula de su vida. Yo había transformado, con mi imprudencia, su verdad en mentira. Y esa mentira se había convertido desde entonces en la verdad de su vida.<br />
	Hasta que me di cuenta de que seguía cometiendo el mismo error al sentirme responsable. Dos años atrás había querido, de algún modo, salvarle, no por la cuantía del dinero – que no habría de durarle mucho -, sino por la confianza que con mi gesto quería infundirle. Y ahora, nuevamente, buscaba librarle en parte de su responsabilidad, al creerme el agente de su decisión.<br />
	En el fondo, pues, yo seguía viéndole como un hombre  caído, que necesita ayuda – física o moral - para salvarse. Pero la ayuda sólo sirve para quien se ayuda a sí mismo. Y él, al parecer, había decidido depender de otros para siempre.<br />
	Lo que no puedo evitar desde entonces, cuando alguien se acerca hasta mí con alguna historia penosa, o veo esos carteles en los que alguien exhibe su derrota, es preguntarme a cuál de los dos fracasos se referirá. Al falso – por azaroso y sobrevenido -, que le llevó a escribir el cartel, o al verdadero – por definitivo y elegido – que le condenó a reescribirlo.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Comentario de Juan Tendi en RINCÓN CREADOR</title>
		<link>http://blog.educastur.es/biblionorena/rincon-creador/#comment-945</link>
		<dc:creator>Juan Tendi</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 12:53:12 +0000</pubDate>
		<guid>http://blog.educastur.es/biblionorena/rincon-creador/#comment-945</guid>
		<description>Nietzsche o el hombre nuevo

- ¿Cuál es el punto de partida de la filosofía de Nietzsche?
-  La muerte de Dios.
-¿Dios no es inmortal y eterno?
-Se refería a la muerte cultural de la creencia en el Dios cristiano.
-Eso se arrastraba desde los ilustrados. Algunos de ellos como Holbach lo afirmaban explícitamente.
-Sí, pero Nietzsche creía que nadie había sacado las consecuencias relevantes de este extraordinario hecho.
-¿Qué consecuencias extrajo él?
-Que si no tenemos otra vida que ésta, porque no existe ningún trasmundo, debemos aceptarlo con todas sus implicaciones, y vivir de acuerdo con ello.
-Ya vivimos de todos modos, seamos creyentes o no.
-No lo que él entendía como una auténtica vida.
-Que era...
-Amar lo que somos y tenemos. Amar nuestra caducidad, nuestras emociones, nuestras pasiones...; en una palabra, ser vitalista.
-La vida es dura.
-Eso decía él: es dura y tiene un final. Pero si no existe Dios, nuestra vida es responsabilidad nuestra.
-Nietzsche se mostró muy crítico con todos y con todo.
-Su crítica se dirigió a la filosofía, a la moral, a las ciencias, a la política, a la religión judeo-cristiana y al enciclopedismo de la ilustración.
-Solo le faltaron las mujeres.
-También a ellas les reservó específicas y duras consideraciones.
-¿Qué reprochaba a la filosofía?
-Afirmar que el mundo real no es el verdadero mundo, por ser cambiante, imperfecto y sensible, y porque tenemos acceso a él por medio de unos sentidos que nos engañan.
-Apuntaba directamente a Platón.
-A Sócrates, a Platón y a todos los que les precedieron, como Parménides, o les sucedieron.
-¿No creía que los sentidos nos engañan?
-En absoluto; son nuestros mejores maestros. Aborrecía a quienes sostienen que hay otro mundo más real que el ordinario, como el Mundo de las Ideas platónico, el primer Motor aristotélico, el más allá de los cristianos o el noúmeno kantiano.
-En suma, a la metafísica.
-Le reprochaba ser demasiado abstracta y sostener un juicio negativo sobre la vida sin captarla realmente
-¿Y qué tenía contra la moral?
-Algo parecido. La rechazaba por oponerse a la vida y a los instintos, por ser una “moral de esclavos”.
-¿Esclavos de quién?
-De Dios, del deber, de la verdad, de la igualdad, de la democracia, del socialismo...
-Santo Dios
-Ni lo nombres en este contexto. Encontraba que la moral tiene una raíz platónica: salvación en “otro” mundo, intelectualismo (la virtud es conocimiento) y espiritualismo (existen vivientes incorpóreos). En suma, el platonismo era un crimen contra la vida.
-Pero la moral propone unas normas muy útiles para la sociedad.
-Sí, para una sociedad de esclavos, según él. Los valores de la moral son la compasión, el servicio, la paciencia, la humildad, la obediencia, la mansedumbre, la misericordia... Es decir, virtudes propias de esclavos. 
-¿Y qué tenía que objetar a las ciencias?
-Su uso del método matemático, que sólo conoce lo medible y cuantificable, por lo que es reduccionista: no explica al hombre ni lo orienta.  También las acusaba de estar vendidas al Estado, a quien consideraba un auténtico monstruo, y de no contribuir a un verdadero progreso.
-¿Y la política?
-Acusaba a los políticos y a las ideologías de subordinar todo lo humano a lo económico, y de defender el Estado, la Democracia y el socialismo, que son agentes niveladores.
-Pues el vivía gracias a su pensión de  prejubilado.
-No es correcto hacer argumentos ad hominen.
-Sólo lo hago constar. Imagino que teniendo en cuenta lo anterior, de la religión no diría maravillas. 
-Rechazaba la noción de Dios porque pone límites al hombre y porque la creencia en un más allá denota insatisfacción con la vida terrena, la única que disfrutamos.
-Los que la disfrutan. ¿Le quedaba algo por impugnar?
-El enciclopedismo. Decía que ni es asimilado por los hombres ni comporta un compromiso vital.
-¿A quien se refería?
-Al ideal de la Ilustración, con su confianza en la razón, el conocimiento y el progreso.
-La conclusión a la que llegaría tras todo esto no debía ser muy estimulante.
-Concluía que no sabemos qué sentido darle a la vida y como esto supone no creer en nada, lo llamó nihilismo. 
-Supongo que como casi todos los pensadores tendría algo que proponer al respecto.
-Por supuesto. Sus propuestas pueden resumirse en dos puntos: crear nuevos valores y aspirar a un hombre nuevo.
-El famoso superhombre nietzscheano.
-Luego hablaremos de él. Es el concepto más ambiguo y denostado, a la par que interesante, de los que utilizó.
-Comencemos con los valores.
-Proponía crear una nueva moral basada en una nueva tabla de valores.
-¿Con qué criterios?
-La vida y la voluntad de poder.
-¿Y con qué propósito?
-Llegar al superhombre.
-¿Qué valores consideraba superiores?
-Los inversos a los de la moral judeo-cristiana: el orgullo, la fuerza, el dominio, la alegría, el gozo... A eso lo llamaba “moral de señores”.
-¿Quiénes son los señores, los aristócratas?
-No necesariamente. Son los individuos que desprecian como malo todo aquello que es fruto de la cobardía, el temor, la compasión, y en general todo lo que es débil y disminuye el impulso vital.
-¿Cómo llego a esa idea de invertir completamente los valores de la cultura cristiana occidental.
-Fue su estudio de la cultura griega antigua, o mejor, arcaica. Se centró en el concepto de bueno y malo que se puede rastrear en Homero y Hesiodo.
-¿”Bueno” no era el que tenía una buena conducta moral en el sentido usual de la expresión?
-En absoluto. Los griegos de Homero llaman “bueno” al aristócrata, al hombre que es libre, orgulloso, generoso cuando quiere, dominador y que impone sus normas a los demás.
-Entonces “malos” serían los plebeyos. 
-Los plebeyos y sus ideales de ayuda mutua, compasión, servidumbre, supervivencia, humildad, etc.
-Pero eso cambió. Porque bueno y malo hacen referencia a cierta conducta moral, no al origen social de las personas.
-Todavía hay rastros hoy en día de esa manera de entender los términos. Piensa en la palabra “noble”, que significa tanto persona de buena conducta moral como persona de origen familiar aristocrático. Y en la de “villano”, individuo malvado y habitante de la villa, es decir, plebeyo.
-¿No reparó en que si se había superado esa forma de entender los términos sería por algo?
-No entraba en muchos detalles sobre las causas históricas. Lo resumía diciendo que el rebaño había triunfado sobre los “fuertes”.
-¿Quiénes eran los “fuertes”?
-Los orgullosos, los valientes, los dominadores, los alegres...
-Si perdieron es que no eran tan fuertes.
-Él consideraba el término “fuerte” en un sentido más psicológico y moral que otra cosa.
-Apreciaría mucho a esos que la historia llama “grandes hombres”, como Alejandro, Julio César, Aníbal, Carlomagno, Napoleón... O sea a los grandes carniceros.
-Por supuesto. Pero no le admiraba por los muertos que causaron sino porque habían tenido el valor de imponer sus deseos y sueños a los demás. También consideraba grandes hombres a los fundadores de las religiones,  a pesar de que algunos hubiesen defendido valores que consideraba equivocados, y a los grandes pensadores, con las mismas restricciones.
-Menudos grandes personajes.
-En realidad, creo que el ideal de superhombre encaja mejor con la figura del artista en el sentido romántico. Un hombre que se dedica a crear objetos, ideas y sentimientos en total libertad, sin respetar más reglas que las que él mismo se impone. 
-Eso está muy bien en los artistas, cuya influencia en la sociedad es parcial y sesgada, pero los políticos, los profetas y demás son otra cosa.
-Un superhombre es un individuo en el que la voluntad de dominio ha alcanzado un gran desarrollo. 
-¿Y qué rasgos debía tener?
-Ser libre respecto de Dios, de la filosofía, del deber, de la convenciones... ; creador, especialmente en el sentido moral, definiendo el bien y el mal, y legislador, imponiendo sus reglas.
-Para que haya dominadores debe haber dominados. 
-Sí, en realidad a Nietzsche no le importaba la sociedad, sino el individuo. Era consciente de que su mensaje sólo estaba dirigido a una minoría. Al menos en el presente. 

- Ya tengo una idea general de las doctrinas de Nietzsche, pero me gustaría precisar algo más. ¿No pasó por diferentes fases en la elaboración de sus ideas como ocurre con muchos filósofos?
- Los estudiosos suelen distinguir tres o cuatro periodos diferentes: El romántico, el positivista o ilustrado, el del superhombre y el crítico.
- Comencemos por el romántico.
- Su punto de partida fue una reflexión sobre la tragedia griega clásica.
- ¿Qué es una tragedia?
- Un obra teatral en la que se expone un conflicto sin solución. La realidad, según la visión trágica, es vida y muerte, placer y dolor, razón y sinrazón, lógica y absurdo… Apolo y Dionisio.
- ¿Apolo y Dionisios son símbolos?
- Sí,  interpretó la tragedia como la representación de una lucha entre lo que llamaba el elemento dionisiaco y el elemento apolíneo de la cultura griega.
- ¿Qué representa cada uno de ellos?
- Lo apolíneo representaba el sueño, el día, el orden, la razón, la apariencia o fenómeno, lo personal, la alegría… Esto se expresaba en la tragedia mediante la palabra y los personajes reales.
-  Me recuerda a la tabla de opuestos con la que los pitagóricos categorizaban la realidad. Pero ¿por qué el sueño?
- Porque el sueño crea imágenes igual que la conciencia crea los fenómenos.
- Entonces la realidad cotidiana es un engaño, como las imágenes de un sueño.
- Un engaño inconsciente.
- ¿Y lo dionisíaco?
- Lo dionisiaco representa la embriaguez, la noche, la desmesura, la renovación, la fuerza, la voluntad,  la vitalidad, el ímpetu, el dolor cósmico, lo impersonal, la cosa en sí, el fondo oscuro de la vida.
- ¿Y cómo se expresaba esto en la tragedia?
- Mediante la música, la danza y el coro.
- ¿De dónde sacó esta oposición entre lo apolíneo y lo dionisiaco.
- Se inspiró en la distinción de Schopenhauer entre representaciones y Voluntad. Que a su vez proviene de la distinción kantiana entre fenómeno y noúmeno o cosa en sí. Es decir, la tesis de que el conocimiento es una construcción de la mente que recibe información sensorial de una supuesta “cosa en sí” y la transforma en fenómeno mediante la aplicación de elementos a priori: espacio, tiempo y categorías como causalidad, unidad, existencia, etc.
- Según Nietzsche, la razón separa, crea figuras individuales, es un engaño.
- Sí, y  la emoción artística une, revela que tras la lucha de contrarios todo es único.
- ¿Cómo razona esta distinción?
- No razona, propone, afirma.
- ¿Y qué veía de útil a la tragedia?
-  Era como un consuelo metafísico para los espectadores. Gracias al fondo dionisiaco, éstos rompen los lazos con su propia individualidad, y se funden con los demás hombres, descubriendo la unidad suprema de todas las cosas. 
- Parece que está describiendo los efectos de una fiesta. Ahora entiendo lo de la embriaguez.
- Algo parecido.
- ¿Y por qué las fiestas nos consuelan?
- Porque nos revelan que tras la fugacidad de las apariencias, la vida es algo poderoso, alegre y placentero.
- ¿Y qué pasa con el elemento apolíneo? 
- Era como un contrapeso del dionisiaco.
- ¿Se puede decir que se parecía más a la vida cotidiana?
- Se puede. Lo que acabó ocurriendo, según Nietzsche, es que el elemento apolíneo desplazó al dionisiaco y ambos terminando desapareciendo, porque ambos eran correlativos.
- ¿Qué quedó entonces?
- La razón, la palabra, el diálogo.
- Rasgos apolíneos.
- Si, pero sin el contrapeso de lo dionisiaco, y  por tanto un enfoque sesgado y erróneo de la vida. En lugar de poner la razón al servicio de la vida, la vida se pone al servicio de la razón.
- ¿A qué se debió ese cambio?
- Culpaba a Sócrates, a Platón y a todos los metafísicos que les siguieron.
- Supongo que él querría recuperar el elemento dionisiaco para la cultura occidental.
- En efecto. Y veía en la música, sobre todo en la de Wagner, y en los filósofos alemanes, especialmente Schopenhauer, un atisbo de esta recuperación. 
- ¿Por qué se llama romántico a este período?
- Porque pone como modelo de comprensión del mundo al arte y al artista, al modo en que los entendió el romanticismo.
- El romántico cree que el arte está en la propia mente del artista, que lo expresa, con mejor o peor suerte, en las obras que crea.
- ¿Hay otra forma de entenderlo?
- Por supuesto. Tradicionalmente se suponía que el artista era un artesano como otro que había aprendido una técnica o arte que le permitía realizar obras más o menos logradas.
- O sea que el artista era un hombre corriente sólo que conocía unas determinadas técnicas. Se me ocurre una objeción: en la antigua Grecia se decía que los poetas estaban inspirados o poseídos por una musa o un dios cuando escribían sus obras.
- Sí, esta es la idea que recuperarán los románticos. Sólo que en lugar de estar inspirados por un dios, los artistas están inspirados por sí mismos, porque no son gente como los demás, son genios y captan de forma intuitiva aspectos de la realidad que los demás hombres no captan o que lo logran tras un largo esfuerzo mediante el uso de la razón.
- ¿Todavía se ve hoy en día así al artista?
- No. Ya en la época de Nietzsche, el arte comenzó a desplazarse desde la mente del artista a la mente del público.
- ¿Quiere decir esto que es el público quien determina si algo es arte o no?
- En efecto. Bien sea el público en general o una minoría de expertos.
- Pero no ha desparecido la visión romántica del artista. 
- Se mantiene de una forma residual. Son los denominados artistas malditos. Aquellos que pese a no ser apreciados por el público se empecinan en la realización de sus obras confiando en que el futuro reconocerá su valor y su genialidad.

- Pasemos al segundo período, al ilustrado.
- Dio comienzo con sus viajes, tras la ruptura con Wagner y Schopenhauer.
- ¿Por qué esa ruptura?
- Con Wagner porque comenzó a utilizar temas de inspiración cristiana para su música;  con Schopenhauer porque tenía un concepto de la vida demasiado triste y pesimista.
- ¿Qué características muestra este período?
- Asume la crítica de los ilustrados, especialmente Voltaire,  a la metafísica, la religión y el arte. Su proyecto es alcanzar un hombre libre de todas esas ataduras y de prejuicios.
- Se volvió positivista. 
- Sí, comenzó a interesarse por la ciencia y por el pensamiento a que ésta había dado lugar. Un pensamiento que no cree en dioses ni en conceptos que vayan más allá de la experiencia común.
- Sospecho que no le duró mucho este enfoque.
- Así es. Fue cuando escribió su obra más famosa: Así hablaba Zaratrusta.

- Con eso entramos en el tercer período ¿Quién era Zaratustra?
- Una suerte de profeta persa del siglo VII a.C. que provocó una renovación religiosa proclamando un monoteísmo (Ahura Mazda ) que rige un universo en el que luchan dos principios o espíritus: el del bien (Spenta) y el del mal (Ahriman) 
- Un monoteísmo peculiar.
- Sí, porque finalmente la lucha se resuelve entre el Dios Santo o Ahura Mazda y Ahriman. Lo que ya es una aproximación al dualismo metafísico. En el cristianismo se da algo parecido: sólo hay un Dios, aparentemente todopoderoso, que sin embargo siempre está luchando contra un espíritu inferior a él, pero igualmente poderoso, que es Lucifer.
- ¿Por qué Nietzsche escogió la figura de Zaratrusta para representar sus nuevas ideas?
- Porque vio en él al iniciador de la moral, con su contraposición entre bien y mal. Y a la vez el de la metafísica, ya que interpreta a estos dos conceptos como espíritus vivientes, divinos y eternos.
- Pero Nietzsche estaba en contra de la metafísica y de la moral.
- Sí, se consideraba como el superador de ambas. Lo que en lenguaje simbólico significaba partir de Zaratrusta para superarlo.
- ¿Cómo pensaba hacerlo?
- Invirtiendo los presupuestos de Zaratustra. En primer lugar, negando que existan mundos divinos en el que los dioses o espíritus deciden sobre nuestras vidas. 
- Hablemos de la obra.
- Es en ella donde introduce los conceptos fundamentales de su doctrina: la muerte de Dios, el nihilismo, la transmutación de los valores, la pluralidad de perspectivas, la voluntad de poder, el eterno retorno y los hombres superiores.
. Comencemos por la voluntad de poder.
- Nunca definió con exactitud el significado de esta expresión. Lo usa como sinónimo de la voluntad de ser más, de vivir más, de superarse y de mostrar una fuerza siempre creciente.
- Se parece al conatus de Spinoza. ¿Tiene que ver con la “voluntad” de Schopenhauer?
- No. Tampoco con la voluntad de la que hablan los psicólogos. Ni la voluntad de verdad de los filósofos teóricos, que es un mero reflejo pasivo del mundo. Tampoco es la voluntad que busca el placer y evita el dolor; para Nietzsche  el dolor es algo positivo porque actúa como estimulante de la voluntad. 
- Pues será como una voluntad de vida.
- Más bien al contrario: la vida es voluntad de poder.
- ¿No se puede resumir en un concepto menos ambiguo?
- La voluntad de crear, seguramente.
- Pero dice que no es una facultad humana,  al modo de la de los psicólogos.
- Sí, y tampoco es un instinto biológico de poder, ni político ni racista. Es todo un conjunto de fuerzas y pulsiones que apuntan hacia el poder, entendiendo por tal el superarse a sí mismo en todos los sentidos. Más tarde interpretó que la voluntad de poder se concreta especialmente en la creación de nuevos valores.
- Pero parece que le daba un sentido cósmico a esa voluntad de poder. Como si fuera una suerte de Logos que explica el mundo.
- Mejor de antilogos. Porque es una fuerza irracional, un monstruo, ya que no es algo ordenado; un monstruo sin principio ni fin, un juego de fuerzas que ni se crea ni se aniquila, solamente se trasforma.
- ¿Sin principio ni fin? No tenía una visión lineal del tiempo.
- Aquí entra su concepto del “eterno retorno”. Negaba que el universo tuviese una finalidad o un progreso lineal. 
- Esto ya lo afirmaban los presocráticos.
- Sí, pero en Nietzsche apenas si tiene sentido cosmológico, sino moral. Porque del eterno retorno de todas las cosas y todas las situaciones él extrae una conclusión moral: si todo se repite, todo es bueno y justificable.
- Una idea estoica: la creación y destrucción de los mundos y el determinismo.
- El eterno retorno de Nietzsche es como una pesadilla. Porque no afirma solamente que el mundo pasa por infinitos ciclos de destrucción y reconstrucción, sino que cada ser, cada situación, cada pensamiento se repetirá una y otra vez.
- ¿Pero qué tenía que ver esto con la moral?
- Tal como él lo entendía la moral es el apego a la vida, a nuestra existencia, dolorosa y finita, y, por tanto, amor al destino: no querer que nada sea distinto, ni en el pasado ni en el futuro ni por toda la eternidad.
- Esto va en contra de todo lo admitido hasta entonces.
- Por eso él hablaba de una inversión de los valores para descartar todo lo que se opone a la vida.
-  O sea descartar la moral cristina: la bondad, la benevolencia… ¿Qué tipo de hombre y de sociedad cree que puede surgir de esa inversión de valores?
- La sociedad no le importaba mucho. Le preocupaba el individuo. Y lo que espera es que surja un hombre nuevo, un superhombre. O tal vez sea más preciso decir que “algunos superhombres”.
- Los nazis utilizaron este concepto.
- Lo tergiversaron. Fue la propia hermana del filósofo, casada con un racista antisemita, quien expurgó y cambió determinados textos de su hermano para darle un sentido espurio que luego los nazis utilizaron.
- Reconocerás que sus ideas se prestaban a ello.
- Sólo de un modo aparente.
- ¿Cómo suponía que iba a aparecer el superhombre?
- Si tomamos en serio el eterno retorno, vendría necesariamente como parte del ciclo eterno de repetición.
- ¿Y a qué se parecería? ¿A un nazi dominador, violento, cruel?
- En absoluto. Sería más parecido a un niño. Un niño amoral, no inmoral, que no tiene sentido del bien y del mal, inocente, que juega, que crea continuamente sin ninguna finalidad y sin ninguna causa que le determine a ello necesariamente.
- Recuerda a la afirmación de Jesús: quien no se haga como un niño no entrará en el reino de Dios.
- En algo se parece. En Lucero, el hombre nuevo significa una superación de la muerte por la resurrección. En Nietzsche por el contrario, significa la muerte de Dios, la desaparición de ese dios que es antítesis de la vida.
- Esto es un juego de palabras.
- Los cristianos entienden la verdadera vida no es ésta, sino otra que está más allá, después de la muerte. Nietzsche en cambio sólo ve como real esta vida, aunque, eso sí, eternamente repetida.
- ¿Por qué esa aversión tan grande al cristianismo?
-Veía al cristianismo como el resumen de todos los aspectos criticables de la cultura occidental: ciencia, arte, religión, filosofía, moral, ideologías, nacionalismo… 
- ¿No lo llamó “nihilismo”?
- Sí. Aunque utilizaba este término (de nihil = nada) para descalificar cualquier doctrina que niegue realidades o  valores que él considera importantes. 
- El término ya existía.
- Se llamó nihilismo al sentimiento de desesperanza que se produce en Rusia en el siglo XIX  tras el fracaso de las reformas de Alejandro II. Y se llamó nihilistas a quienes intentaban romper con la tradición y fundar la sociedad sobre una base científica o positivista. 
- Llegaron a ser un grupo político.
- Acabaron confundidos con los anarquistas.
- ¿En qué sentido lo utiliza Nietzsche?
- En dos sentidos: como signo del creciente poder del espíritu (nihilismo activo) y como decadencia y retroceso del poder del espíritu (nihilismo pasivo). Tiene que ver con la voluntad de poder: si disminuye, da lugar a un nihilismo pasivo; si aumenta, a un nihilismo activo, crítico.
- ¿Consideraba que ya habíamos llegado a una situación de nihilismo pasivo?
- Veía atisbos de su inminente llegada. Porque todos los valores creados por la cultura occidental eran falsos valores que negaban la vida misma. Se había pasado del “Dios es la verdad” a “Todo es falso”. De hecho, consideraba al mismo Schopenhauer como representante de este pesimismo.
- Supongo que él propondría un nihilismo activo.
- Sí, como una crítica destructiva que no se limitase a lamentaciones sino que diese paso a nuevos valores.
- Crear una civilización nueva antes de que se derrumbe la antigua.
- Le gustaban ese tipo de declaraciones grandilocuentes.
- Respecto a la filosofía, ¿cuáles eran sus objeciones?
- De todas clases: consideraba los conceptos como metáforas petrificadas y olvidadas, a los metafísicos como falsificadores del mundo, y a la verdad como un disfraz que oculta nuestros intereses.
- ¿Qué se opina hoy de él?
- Disparidad de opiniones. Hay quien no soporta su estilo grandilocuente, sus afirmaciones dogmáticas, su análisis más psicológico que filosófico...; otros lo consideran precisamente un extraordinario psicólogo del hombre y de la cultura, y uno de los grandes.
- Estaría muy satisfecho de saberlo.
- Nunca llegará enterarse, si lo que dijo es cierto. Aunque ya en vida tenía una gran opinión sobre sí mismo. Y, desde  luego, nadie atacó a la cultura occidental con tal furor y sutileza.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nietzsche o el hombre nuevo</p>
<p>- ¿Cuál es el punto de partida de la filosofía de Nietzsche?<br />
-  La muerte de Dios.<br />
-¿Dios no es inmortal y eterno?<br />
-Se refería a la muerte cultural de la creencia en el Dios cristiano.<br />
-Eso se arrastraba desde los ilustrados. Algunos de ellos como Holbach lo afirmaban explícitamente.<br />
-Sí, pero Nietzsche creía que nadie había sacado las consecuencias relevantes de este extraordinario hecho.<br />
-¿Qué consecuencias extrajo él?<br />
-Que si no tenemos otra vida que ésta, porque no existe ningún trasmundo, debemos aceptarlo con todas sus implicaciones, y vivir de acuerdo con ello.<br />
-Ya vivimos de todos modos, seamos creyentes o no.<br />
-No lo que él entendía como una auténtica vida.<br />
-Que era&#8230;<br />
-Amar lo que somos y tenemos. Amar nuestra caducidad, nuestras emociones, nuestras pasiones&#8230;; en una palabra, ser vitalista.<br />
-La vida es dura.<br />
-Eso decía él: es dura y tiene un final. Pero si no existe Dios, nuestra vida es responsabilidad nuestra.<br />
-Nietzsche se mostró muy crítico con todos y con todo.<br />
-Su crítica se dirigió a la filosofía, a la moral, a las ciencias, a la política, a la religión judeo-cristiana y al enciclopedismo de la ilustración.<br />
-Solo le faltaron las mujeres.<br />
-También a ellas les reservó específicas y duras consideraciones.<br />
-¿Qué reprochaba a la filosofía?<br />
-Afirmar que el mundo real no es el verdadero mundo, por ser cambiante, imperfecto y sensible, y porque tenemos acceso a él por medio de unos sentidos que nos engañan.<br />
-Apuntaba directamente a Platón.<br />
-A Sócrates, a Platón y a todos los que les precedieron, como Parménides, o les sucedieron.<br />
-¿No creía que los sentidos nos engañan?<br />
-En absoluto; son nuestros mejores maestros. Aborrecía a quienes sostienen que hay otro mundo más real que el ordinario, como el Mundo de las Ideas platónico, el primer Motor aristotélico, el más allá de los cristianos o el noúmeno kantiano.<br />
-En suma, a la metafísica.<br />
-Le reprochaba ser demasiado abstracta y sostener un juicio negativo sobre la vida sin captarla realmente<br />
-¿Y qué tenía contra la moral?<br />
-Algo parecido. La rechazaba por oponerse a la vida y a los instintos, por ser una “moral de esclavos”.<br />
-¿Esclavos de quién?<br />
-De Dios, del deber, de la verdad, de la igualdad, de la democracia, del socialismo&#8230;<br />
-Santo Dios<br />
-Ni lo nombres en este contexto. Encontraba que la moral tiene una raíz platónica: salvación en “otro” mundo, intelectualismo (la virtud es conocimiento) y espiritualismo (existen vivientes incorpóreos). En suma, el platonismo era un crimen contra la vida.<br />
-Pero la moral propone unas normas muy útiles para la sociedad.<br />
-Sí, para una sociedad de esclavos, según él. Los valores de la moral son la compasión, el servicio, la paciencia, la humildad, la obediencia, la mansedumbre, la misericordia&#8230; Es decir, virtudes propias de esclavos.<br />
-¿Y qué tenía que objetar a las ciencias?<br />
-Su uso del método matemático, que sólo conoce lo medible y cuantificable, por lo que es reduccionista: no explica al hombre ni lo orienta.  También las acusaba de estar vendidas al Estado, a quien consideraba un auténtico monstruo, y de no contribuir a un verdadero progreso.<br />
-¿Y la política?<br />
-Acusaba a los políticos y a las ideologías de subordinar todo lo humano a lo económico, y de defender el Estado, la Democracia y el socialismo, que son agentes niveladores.<br />
-Pues el vivía gracias a su pensión de  prejubilado.<br />
-No es correcto hacer argumentos ad hominen.<br />
-Sólo lo hago constar. Imagino que teniendo en cuenta lo anterior, de la religión no diría maravillas.<br />
-Rechazaba la noción de Dios porque pone límites al hombre y porque la creencia en un más allá denota insatisfacción con la vida terrena, la única que disfrutamos.<br />
-Los que la disfrutan. ¿Le quedaba algo por impugnar?<br />
-El enciclopedismo. Decía que ni es asimilado por los hombres ni comporta un compromiso vital.<br />
-¿A quien se refería?<br />
-Al ideal de la Ilustración, con su confianza en la razón, el conocimiento y el progreso.<br />
-La conclusión a la que llegaría tras todo esto no debía ser muy estimulante.<br />
-Concluía que no sabemos qué sentido darle a la vida y como esto supone no creer en nada, lo llamó nihilismo.<br />
-Supongo que como casi todos los pensadores tendría algo que proponer al respecto.<br />
-Por supuesto. Sus propuestas pueden resumirse en dos puntos: crear nuevos valores y aspirar a un hombre nuevo.<br />
-El famoso superhombre nietzscheano.<br />
-Luego hablaremos de él. Es el concepto más ambiguo y denostado, a la par que interesante, de los que utilizó.<br />
-Comencemos con los valores.<br />
-Proponía crear una nueva moral basada en una nueva tabla de valores.<br />
-¿Con qué criterios?<br />
-La vida y la voluntad de poder.<br />
-¿Y con qué propósito?<br />
-Llegar al superhombre.<br />
-¿Qué valores consideraba superiores?<br />
-Los inversos a los de la moral judeo-cristiana: el orgullo, la fuerza, el dominio, la alegría, el gozo&#8230; A eso lo llamaba “moral de señores”.<br />
-¿Quiénes son los señores, los aristócratas?<br />
-No necesariamente. Son los individuos que desprecian como malo todo aquello que es fruto de la cobardía, el temor, la compasión, y en general todo lo que es débil y disminuye el impulso vital.<br />
-¿Cómo llego a esa idea de invertir completamente los valores de la cultura cristiana occidental.<br />
-Fue su estudio de la cultura griega antigua, o mejor, arcaica. Se centró en el concepto de bueno y malo que se puede rastrear en Homero y Hesiodo.<br />
-¿”Bueno” no era el que tenía una buena conducta moral en el sentido usual de la expresión?<br />
-En absoluto. Los griegos de Homero llaman “bueno” al aristócrata, al hombre que es libre, orgulloso, generoso cuando quiere, dominador y que impone sus normas a los demás.<br />
-Entonces “malos” serían los plebeyos.<br />
-Los plebeyos y sus ideales de ayuda mutua, compasión, servidumbre, supervivencia, humildad, etc.<br />
-Pero eso cambió. Porque bueno y malo hacen referencia a cierta conducta moral, no al origen social de las personas.<br />
-Todavía hay rastros hoy en día de esa manera de entender los términos. Piensa en la palabra “noble”, que significa tanto persona de buena conducta moral como persona de origen familiar aristocrático. Y en la de “villano”, individuo malvado y habitante de la villa, es decir, plebeyo.<br />
-¿No reparó en que si se había superado esa forma de entender los términos sería por algo?<br />
-No entraba en muchos detalles sobre las causas históricas. Lo resumía diciendo que el rebaño había triunfado sobre los “fuertes”.<br />
-¿Quiénes eran los “fuertes”?<br />
-Los orgullosos, los valientes, los dominadores, los alegres&#8230;<br />
-Si perdieron es que no eran tan fuertes.<br />
-Él consideraba el término “fuerte” en un sentido más psicológico y moral que otra cosa.<br />
-Apreciaría mucho a esos que la historia llama “grandes hombres”, como Alejandro, Julio César, Aníbal, Carlomagno, Napoleón&#8230; O sea a los grandes carniceros.<br />
-Por supuesto. Pero no le admiraba por los muertos que causaron sino porque habían tenido el valor de imponer sus deseos y sueños a los demás. También consideraba grandes hombres a los fundadores de las religiones,  a pesar de que algunos hubiesen defendido valores que consideraba equivocados, y a los grandes pensadores, con las mismas restricciones.<br />
-Menudos grandes personajes.<br />
-En realidad, creo que el ideal de superhombre encaja mejor con la figura del artista en el sentido romántico. Un hombre que se dedica a crear objetos, ideas y sentimientos en total libertad, sin respetar más reglas que las que él mismo se impone.<br />
-Eso está muy bien en los artistas, cuya influencia en la sociedad es parcial y sesgada, pero los políticos, los profetas y demás son otra cosa.<br />
-Un superhombre es un individuo en el que la voluntad de dominio ha alcanzado un gran desarrollo.<br />
-¿Y qué rasgos debía tener?<br />
-Ser libre respecto de Dios, de la filosofía, del deber, de la convenciones&#8230; ; creador, especialmente en el sentido moral, definiendo el bien y el mal, y legislador, imponiendo sus reglas.<br />
-Para que haya dominadores debe haber dominados.<br />
-Sí, en realidad a Nietzsche no le importaba la sociedad, sino el individuo. Era consciente de que su mensaje sólo estaba dirigido a una minoría. Al menos en el presente. </p>
<p>- Ya tengo una idea general de las doctrinas de Nietzsche, pero me gustaría precisar algo más. ¿No pasó por diferentes fases en la elaboración de sus ideas como ocurre con muchos filósofos?<br />
- Los estudiosos suelen distinguir tres o cuatro periodos diferentes: El romántico, el positivista o ilustrado, el del superhombre y el crítico.<br />
- Comencemos por el romántico.<br />
- Su punto de partida fue una reflexión sobre la tragedia griega clásica.<br />
- ¿Qué es una tragedia?<br />
- Un obra teatral en la que se expone un conflicto sin solución. La realidad, según la visión trágica, es vida y muerte, placer y dolor, razón y sinrazón, lógica y absurdo… Apolo y Dionisio.<br />
- ¿Apolo y Dionisios son símbolos?<br />
- Sí,  interpretó la tragedia como la representación de una lucha entre lo que llamaba el elemento dionisiaco y el elemento apolíneo de la cultura griega.<br />
- ¿Qué representa cada uno de ellos?<br />
- Lo apolíneo representaba el sueño, el día, el orden, la razón, la apariencia o fenómeno, lo personal, la alegría… Esto se expresaba en la tragedia mediante la palabra y los personajes reales.<br />
-  Me recuerda a la tabla de opuestos con la que los pitagóricos categorizaban la realidad. Pero ¿por qué el sueño?<br />
- Porque el sueño crea imágenes igual que la conciencia crea los fenómenos.<br />
- Entonces la realidad cotidiana es un engaño, como las imágenes de un sueño.<br />
- Un engaño inconsciente.<br />
- ¿Y lo dionisíaco?<br />
- Lo dionisiaco representa la embriaguez, la noche, la desmesura, la renovación, la fuerza, la voluntad,  la vitalidad, el ímpetu, el dolor cósmico, lo impersonal, la cosa en sí, el fondo oscuro de la vida.<br />
- ¿Y cómo se expresaba esto en la tragedia?<br />
- Mediante la música, la danza y el coro.<br />
- ¿De dónde sacó esta oposición entre lo apolíneo y lo dionisiaco.<br />
- Se inspiró en la distinción de Schopenhauer entre representaciones y Voluntad. Que a su vez proviene de la distinción kantiana entre fenómeno y noúmeno o cosa en sí. Es decir, la tesis de que el conocimiento es una construcción de la mente que recibe información sensorial de una supuesta “cosa en sí” y la transforma en fenómeno mediante la aplicación de elementos a priori: espacio, tiempo y categorías como causalidad, unidad, existencia, etc.<br />
- Según Nietzsche, la razón separa, crea figuras individuales, es un engaño.<br />
- Sí, y  la emoción artística une, revela que tras la lucha de contrarios todo es único.<br />
- ¿Cómo razona esta distinción?<br />
- No razona, propone, afirma.<br />
- ¿Y qué veía de útil a la tragedia?<br />
-  Era como un consuelo metafísico para los espectadores. Gracias al fondo dionisiaco, éstos rompen los lazos con su propia individualidad, y se funden con los demás hombres, descubriendo la unidad suprema de todas las cosas.<br />
- Parece que está describiendo los efectos de una fiesta. Ahora entiendo lo de la embriaguez.<br />
- Algo parecido.<br />
- ¿Y por qué las fiestas nos consuelan?<br />
- Porque nos revelan que tras la fugacidad de las apariencias, la vida es algo poderoso, alegre y placentero.<br />
- ¿Y qué pasa con el elemento apolíneo?<br />
- Era como un contrapeso del dionisiaco.<br />
- ¿Se puede decir que se parecía más a la vida cotidiana?<br />
- Se puede. Lo que acabó ocurriendo, según Nietzsche, es que el elemento apolíneo desplazó al dionisiaco y ambos terminando desapareciendo, porque ambos eran correlativos.<br />
- ¿Qué quedó entonces?<br />
- La razón, la palabra, el diálogo.<br />
- Rasgos apolíneos.<br />
- Si, pero sin el contrapeso de lo dionisiaco, y  por tanto un enfoque sesgado y erróneo de la vida. En lugar de poner la razón al servicio de la vida, la vida se pone al servicio de la razón.<br />
- ¿A qué se debió ese cambio?<br />
- Culpaba a Sócrates, a Platón y a todos los metafísicos que les siguieron.<br />
- Supongo que él querría recuperar el elemento dionisiaco para la cultura occidental.<br />
- En efecto. Y veía en la música, sobre todo en la de Wagner, y en los filósofos alemanes, especialmente Schopenhauer, un atisbo de esta recuperación.<br />
- ¿Por qué se llama romántico a este período?<br />
- Porque pone como modelo de comprensión del mundo al arte y al artista, al modo en que los entendió el romanticismo.<br />
- El romántico cree que el arte está en la propia mente del artista, que lo expresa, con mejor o peor suerte, en las obras que crea.<br />
- ¿Hay otra forma de entenderlo?<br />
- Por supuesto. Tradicionalmente se suponía que el artista era un artesano como otro que había aprendido una técnica o arte que le permitía realizar obras más o menos logradas.<br />
- O sea que el artista era un hombre corriente sólo que conocía unas determinadas técnicas. Se me ocurre una objeción: en la antigua Grecia se decía que los poetas estaban inspirados o poseídos por una musa o un dios cuando escribían sus obras.<br />
- Sí, esta es la idea que recuperarán los románticos. Sólo que en lugar de estar inspirados por un dios, los artistas están inspirados por sí mismos, porque no son gente como los demás, son genios y captan de forma intuitiva aspectos de la realidad que los demás hombres no captan o que lo logran tras un largo esfuerzo mediante el uso de la razón.<br />
- ¿Todavía se ve hoy en día así al artista?<br />
- No. Ya en la época de Nietzsche, el arte comenzó a desplazarse desde la mente del artista a la mente del público.<br />
- ¿Quiere decir esto que es el público quien determina si algo es arte o no?<br />
- En efecto. Bien sea el público en general o una minoría de expertos.<br />
- Pero no ha desparecido la visión romántica del artista.<br />
- Se mantiene de una forma residual. Son los denominados artistas malditos. Aquellos que pese a no ser apreciados por el público se empecinan en la realización de sus obras confiando en que el futuro reconocerá su valor y su genialidad.</p>
<p>- Pasemos al segundo período, al ilustrado.<br />
- Dio comienzo con sus viajes, tras la ruptura con Wagner y Schopenhauer.<br />
- ¿Por qué esa ruptura?<br />
- Con Wagner porque comenzó a utilizar temas de inspiración cristiana para su música;  con Schopenhauer porque tenía un concepto de la vida demasiado triste y pesimista.<br />
- ¿Qué características muestra este período?<br />
- Asume la crítica de los ilustrados, especialmente Voltaire,  a la metafísica, la religión y el arte. Su proyecto es alcanzar un hombre libre de todas esas ataduras y de prejuicios.<br />
- Se volvió positivista.<br />
- Sí, comenzó a interesarse por la ciencia y por el pensamiento a que ésta había dado lugar. Un pensamiento que no cree en dioses ni en conceptos que vayan más allá de la experiencia común.<br />
- Sospecho que no le duró mucho este enfoque.<br />
- Así es. Fue cuando escribió su obra más famosa: Así hablaba Zaratrusta.</p>
<p>- Con eso entramos en el tercer período ¿Quién era Zaratustra?<br />
- Una suerte de profeta persa del siglo VII a.C. que provocó una renovación religiosa proclamando un monoteísmo (Ahura Mazda ) que rige un universo en el que luchan dos principios o espíritus: el del bien (Spenta) y el del mal (Ahriman)<br />
- Un monoteísmo peculiar.<br />
- Sí, porque finalmente la lucha se resuelve entre el Dios Santo o Ahura Mazda y Ahriman. Lo que ya es una aproximación al dualismo metafísico. En el cristianismo se da algo parecido: sólo hay un Dios, aparentemente todopoderoso, que sin embargo siempre está luchando contra un espíritu inferior a él, pero igualmente poderoso, que es Lucifer.<br />
- ¿Por qué Nietzsche escogió la figura de Zaratrusta para representar sus nuevas ideas?<br />
- Porque vio en él al iniciador de la moral, con su contraposición entre bien y mal. Y a la vez el de la metafísica, ya que interpreta a estos dos conceptos como espíritus vivientes, divinos y eternos.<br />
- Pero Nietzsche estaba en contra de la metafísica y de la moral.<br />
- Sí, se consideraba como el superador de ambas. Lo que en lenguaje simbólico significaba partir de Zaratrusta para superarlo.<br />
- ¿Cómo pensaba hacerlo?<br />
- Invirtiendo los presupuestos de Zaratustra. En primer lugar, negando que existan mundos divinos en el que los dioses o espíritus deciden sobre nuestras vidas.<br />
- Hablemos de la obra.<br />
- Es en ella donde introduce los conceptos fundamentales de su doctrina: la muerte de Dios, el nihilismo, la transmutación de los valores, la pluralidad de perspectivas, la voluntad de poder, el eterno retorno y los hombres superiores.<br />
. Comencemos por la voluntad de poder.<br />
- Nunca definió con exactitud el significado de esta expresión. Lo usa como sinónimo de la voluntad de ser más, de vivir más, de superarse y de mostrar una fuerza siempre creciente.<br />
- Se parece al conatus de Spinoza. ¿Tiene que ver con la “voluntad” de Schopenhauer?<br />
- No. Tampoco con la voluntad de la que hablan los psicólogos. Ni la voluntad de verdad de los filósofos teóricos, que es un mero reflejo pasivo del mundo. Tampoco es la voluntad que busca el placer y evita el dolor; para Nietzsche  el dolor es algo positivo porque actúa como estimulante de la voluntad.<br />
- Pues será como una voluntad de vida.<br />
- Más bien al contrario: la vida es voluntad de poder.<br />
- ¿No se puede resumir en un concepto menos ambiguo?<br />
- La voluntad de crear, seguramente.<br />
- Pero dice que no es una facultad humana,  al modo de la de los psicólogos.<br />
- Sí, y tampoco es un instinto biológico de poder, ni político ni racista. Es todo un conjunto de fuerzas y pulsiones que apuntan hacia el poder, entendiendo por tal el superarse a sí mismo en todos los sentidos. Más tarde interpretó que la voluntad de poder se concreta especialmente en la creación de nuevos valores.<br />
- Pero parece que le daba un sentido cósmico a esa voluntad de poder. Como si fuera una suerte de Logos que explica el mundo.<br />
- Mejor de antilogos. Porque es una fuerza irracional, un monstruo, ya que no es algo ordenado; un monstruo sin principio ni fin, un juego de fuerzas que ni se crea ni se aniquila, solamente se trasforma.<br />
- ¿Sin principio ni fin? No tenía una visión lineal del tiempo.<br />
- Aquí entra su concepto del “eterno retorno”. Negaba que el universo tuviese una finalidad o un progreso lineal.<br />
- Esto ya lo afirmaban los presocráticos.<br />
- Sí, pero en Nietzsche apenas si tiene sentido cosmológico, sino moral. Porque del eterno retorno de todas las cosas y todas las situaciones él extrae una conclusión moral: si todo se repite, todo es bueno y justificable.<br />
- Una idea estoica: la creación y destrucción de los mundos y el determinismo.<br />
- El eterno retorno de Nietzsche es como una pesadilla. Porque no afirma solamente que el mundo pasa por infinitos ciclos de destrucción y reconstrucción, sino que cada ser, cada situación, cada pensamiento se repetirá una y otra vez.<br />
- ¿Pero qué tenía que ver esto con la moral?<br />
- Tal como él lo entendía la moral es el apego a la vida, a nuestra existencia, dolorosa y finita, y, por tanto, amor al destino: no querer que nada sea distinto, ni en el pasado ni en el futuro ni por toda la eternidad.<br />
- Esto va en contra de todo lo admitido hasta entonces.<br />
- Por eso él hablaba de una inversión de los valores para descartar todo lo que se opone a la vida.<br />
-  O sea descartar la moral cristina: la bondad, la benevolencia… ¿Qué tipo de hombre y de sociedad cree que puede surgir de esa inversión de valores?<br />
- La sociedad no le importaba mucho. Le preocupaba el individuo. Y lo que espera es que surja un hombre nuevo, un superhombre. O tal vez sea más preciso decir que “algunos superhombres”.<br />
- Los nazis utilizaron este concepto.<br />
- Lo tergiversaron. Fue la propia hermana del filósofo, casada con un racista antisemita, quien expurgó y cambió determinados textos de su hermano para darle un sentido espurio que luego los nazis utilizaron.<br />
- Reconocerás que sus ideas se prestaban a ello.<br />
- Sólo de un modo aparente.<br />
- ¿Cómo suponía que iba a aparecer el superhombre?<br />
- Si tomamos en serio el eterno retorno, vendría necesariamente como parte del ciclo eterno de repetición.<br />
- ¿Y a qué se parecería? ¿A un nazi dominador, violento, cruel?<br />
- En absoluto. Sería más parecido a un niño. Un niño amoral, no inmoral, que no tiene sentido del bien y del mal, inocente, que juega, que crea continuamente sin ninguna finalidad y sin ninguna causa que le determine a ello necesariamente.<br />
- Recuerda a la afirmación de Jesús: quien no se haga como un niño no entrará en el reino de Dios.<br />
- En algo se parece. En Lucero, el hombre nuevo significa una superación de la muerte por la resurrección. En Nietzsche por el contrario, significa la muerte de Dios, la desaparición de ese dios que es antítesis de la vida.<br />
- Esto es un juego de palabras.<br />
- Los cristianos entienden la verdadera vida no es ésta, sino otra que está más allá, después de la muerte. Nietzsche en cambio sólo ve como real esta vida, aunque, eso sí, eternamente repetida.<br />
- ¿Por qué esa aversión tan grande al cristianismo?<br />
-Veía al cristianismo como el resumen de todos los aspectos criticables de la cultura occidental: ciencia, arte, religión, filosofía, moral, ideologías, nacionalismo…<br />
- ¿No lo llamó “nihilismo”?<br />
- Sí. Aunque utilizaba este término (de nihil = nada) para descalificar cualquier doctrina que niegue realidades o  valores que él considera importantes.<br />
- El término ya existía.<br />
- Se llamó nihilismo al sentimiento de desesperanza que se produce en Rusia en el siglo XIX  tras el fracaso de las reformas de Alejandro II. Y se llamó nihilistas a quienes intentaban romper con la tradición y fundar la sociedad sobre una base científica o positivista.<br />
- Llegaron a ser un grupo político.<br />
- Acabaron confundidos con los anarquistas.<br />
- ¿En qué sentido lo utiliza Nietzsche?<br />
- En dos sentidos: como signo del creciente poder del espíritu (nihilismo activo) y como decadencia y retroceso del poder del espíritu (nihilismo pasivo). Tiene que ver con la voluntad de poder: si disminuye, da lugar a un nihilismo pasivo; si aumenta, a un nihilismo activo, crítico.<br />
- ¿Consideraba que ya habíamos llegado a una situación de nihilismo pasivo?<br />
- Veía atisbos de su inminente llegada. Porque todos los valores creados por la cultura occidental eran falsos valores que negaban la vida misma. Se había pasado del “Dios es la verdad” a “Todo es falso”. De hecho, consideraba al mismo Schopenhauer como representante de este pesimismo.<br />
- Supongo que él propondría un nihilismo activo.<br />
- Sí, como una crítica destructiva que no se limitase a lamentaciones sino que diese paso a nuevos valores.<br />
- Crear una civilización nueva antes de que se derrumbe la antigua.<br />
- Le gustaban ese tipo de declaraciones grandilocuentes.<br />
- Respecto a la filosofía, ¿cuáles eran sus objeciones?<br />
- De todas clases: consideraba los conceptos como metáforas petrificadas y olvidadas, a los metafísicos como falsificadores del mundo, y a la verdad como un disfraz que oculta nuestros intereses.<br />
- ¿Qué se opina hoy de él?<br />
- Disparidad de opiniones. Hay quien no soporta su estilo grandilocuente, sus afirmaciones dogmáticas, su análisis más psicológico que filosófico&#8230;; otros lo consideran precisamente un extraordinario psicólogo del hombre y de la cultura, y uno de los grandes.<br />
- Estaría muy satisfecho de saberlo.<br />
- Nunca llegará enterarse, si lo que dijo es cierto. Aunque ya en vida tenía una gran opinión sobre sí mismo. Y, desde  luego, nadie atacó a la cultura occidental con tal furor y sutileza.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Comentario de Juan Tendi en RINCÓN CREADOR</title>
		<link>http://blog.educastur.es/biblionorena/rincon-creador/#comment-944</link>
		<dc:creator>Juan Tendi</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 12:08:33 +0000</pubDate>
		<guid>http://blog.educastur.es/biblionorena/rincon-creador/#comment-944</guid>
		<description>LA PROMESA 
I.
No sabía que ya no volvería a verle. Aquel día me levanté antes que de costumbre, a la vez que el hombre, y preparé algo para el viaje. No mucho; sabía que se resistiría a llevar cualquier cosa. Él se despertó tarde, cuando ya habíamos terminado de almorzar, en silencio, aunque el paisano intentó hilar alguna frase. Apenas pudo; también estaba afectado por su marcha. 
Recuerdo bien los sonidos que me llegaban, como si adquiriesen una rara y especial significación con su partida. Las campanillas del ganado, abajo en el corral, fingían una resonancia lejana, de recuerdo infantil, y el temprano rumor de los campos parecía más apagado. Me alegró tener tarea para hacer, como todos los días, y no verle mientras se aseaba y vestía, y ponía en sus bolsillos - con aquel paciente cuidado que desde muy pequeño siempre tuvo, y que tanto lo distinguía de sus hermanos - todo lo preciso. Todavía me asombraba y conmovía, después de tantos años, verle vestirse solo. Como si aún fuese un niño que juega a ser hombre y en cualquier momento pudiese lanzar un grito de impotencia o de júbilo y revelar así su pueril naturaleza. Pensaba en ello mientras amasaba la harina de maíz para las gallinas y el salvado de los cerdos, y preparaba la comida que llevaríamos para ir a terminar de meter la hierba ese año. Era lo último. Él había insistido en quedarse hasta que la brazada final, segada, curada y recogida fuese alzada a la facina o la tenada. Conocía el viejo orgullo del paisano por ser el primero del valle en guardar su hierba. Por eso, a pesar de nuestras débiles protestas, retrasó su viaje, en un gesto que a los dos nos turbó, no por lo que representaba en trabajo sino porque era la última oportunidad de mostrar su respeto. 
Cuando apareció, vestido ya con su traje de las ferias y las botas fuertes que el viejo le había regalado, tuve que mirar a otro lado. Se sentaron a fumar juntos su cuarterón y a comentar los sucedidos del valle como si aquél fuese un día como los otros y  su ausencia no fuese a significar más que un intervalo al que sólo el pasado podía dar sentido. Supe entonces que también él comenzaba a sentir una nostalgia anticipada, y apenas si me admiró la coincidencia. Él siempre había sido así; un poco como yo. Luego se fueron tras el corral y oía al paisano contar lo que iba a sembrar ese otoño, los árboles que era preciso cortar y los desmontes que haría. Me asomé a la ventana y le encomendé que no se manchara con el barro. Me contestó serio, sin reír como otras veces, reconociendo así en ese gesto mi derecho sempiterno a pesar de la ya inminente distancia. 
Volví a gritar cuando les vi cruzar por el prado hasta el río, mojándose con la rosada, pero no me respondieron. 
Y yo sentí una vez más su ajena complicidad de hombres, el mundo nuevo en el que ellos se habían encontrado, justo cuando él comenzó a escapar del mío. Cuando dejó de estar a mi lado en la cocina, mientras las tortas se doraban; cuando ya no desgranaba maíz por las noches, y se iban juntos a Ca María o jugaban solos a las cartas; cuando ya oía distraído mis cuentos y consejas, y no preguntaba por mis parientes y sus venturas, allá, al otro lado del mundo. 
II. 
Después, a lo largo de todos estos años, han ido llegando sus cartas; y también aquélla, aquella carta. 
Dicen que era viejo, que ya había tenido varios ataques, que... No es cierto, no podía ser tan viejo. Le he llevado en mis brazos, le he visto crecer... No podía ser un viejo. Durante algún tiempo creí que no lo resistiría, que no podría comprenderlo, hasta que acepté que las muertes lejanas - y tal vez todas las muertes - sólo son otro aspecto de la ausencia. Y él estaba... él está ausente desde hace tantos años. 
Porque ahí mismo, bajo ese tilo, junto al camino de la fuente, él me dijo aquella mañana que volvería. Y yo le creo. Como le creí entonces, porque sentí que aquella era una promesa de hombre, de un hombre que se descubre a sí mismo al hacerla, como si así supiera de pronto cuál es la tarea de ser hombre. 
Por esto, sin esperanza, sigo esperando. Porque él es todavía como un niño al que debo ayudar a cumplir su promesa; igual que le ayudaba a llevar sus cargas de hierba cuando ya su voluntad era mayor que sus fuerzas. 
Por eso, cuando al anochecer estamos junto al fuego, sentados y cenando, y le digo al paisano que hace tiempo que no tenemos carta del hijo, él aparta los ojos y responde muy quedo: 
- Sí, mujer. Hace tiempo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>LA PROMESA<br />
I.<br />
No sabía que ya no volvería a verle. Aquel día me levanté antes que de costumbre, a la vez que el hombre, y preparé algo para el viaje. No mucho; sabía que se resistiría a llevar cualquier cosa. Él se despertó tarde, cuando ya habíamos terminado de almorzar, en silencio, aunque el paisano intentó hilar alguna frase. Apenas pudo; también estaba afectado por su marcha.<br />
Recuerdo bien los sonidos que me llegaban, como si adquiriesen una rara y especial significación con su partida. Las campanillas del ganado, abajo en el corral, fingían una resonancia lejana, de recuerdo infantil, y el temprano rumor de los campos parecía más apagado. Me alegró tener tarea para hacer, como todos los días, y no verle mientras se aseaba y vestía, y ponía en sus bolsillos - con aquel paciente cuidado que desde muy pequeño siempre tuvo, y que tanto lo distinguía de sus hermanos - todo lo preciso. Todavía me asombraba y conmovía, después de tantos años, verle vestirse solo. Como si aún fuese un niño que juega a ser hombre y en cualquier momento pudiese lanzar un grito de impotencia o de júbilo y revelar así su pueril naturaleza. Pensaba en ello mientras amasaba la harina de maíz para las gallinas y el salvado de los cerdos, y preparaba la comida que llevaríamos para ir a terminar de meter la hierba ese año. Era lo último. Él había insistido en quedarse hasta que la brazada final, segada, curada y recogida fuese alzada a la facina o la tenada. Conocía el viejo orgullo del paisano por ser el primero del valle en guardar su hierba. Por eso, a pesar de nuestras débiles protestas, retrasó su viaje, en un gesto que a los dos nos turbó, no por lo que representaba en trabajo sino porque era la última oportunidad de mostrar su respeto.<br />
Cuando apareció, vestido ya con su traje de las ferias y las botas fuertes que el viejo le había regalado, tuve que mirar a otro lado. Se sentaron a fumar juntos su cuarterón y a comentar los sucedidos del valle como si aquél fuese un día como los otros y  su ausencia no fuese a significar más que un intervalo al que sólo el pasado podía dar sentido. Supe entonces que también él comenzaba a sentir una nostalgia anticipada, y apenas si me admiró la coincidencia. Él siempre había sido así; un poco como yo. Luego se fueron tras el corral y oía al paisano contar lo que iba a sembrar ese otoño, los árboles que era preciso cortar y los desmontes que haría. Me asomé a la ventana y le encomendé que no se manchara con el barro. Me contestó serio, sin reír como otras veces, reconociendo así en ese gesto mi derecho sempiterno a pesar de la ya inminente distancia.<br />
Volví a gritar cuando les vi cruzar por el prado hasta el río, mojándose con la rosada, pero no me respondieron.<br />
Y yo sentí una vez más su ajena complicidad de hombres, el mundo nuevo en el que ellos se habían encontrado, justo cuando él comenzó a escapar del mío. Cuando dejó de estar a mi lado en la cocina, mientras las tortas se doraban; cuando ya no desgranaba maíz por las noches, y se iban juntos a Ca María o jugaban solos a las cartas; cuando ya oía distraído mis cuentos y consejas, y no preguntaba por mis parientes y sus venturas, allá, al otro lado del mundo.<br />
II.<br />
Después, a lo largo de todos estos años, han ido llegando sus cartas; y también aquélla, aquella carta.<br />
Dicen que era viejo, que ya había tenido varios ataques, que&#8230; No es cierto, no podía ser tan viejo. Le he llevado en mis brazos, le he visto crecer&#8230; No podía ser un viejo. Durante algún tiempo creí que no lo resistiría, que no podría comprenderlo, hasta que acepté que las muertes lejanas - y tal vez todas las muertes - sólo son otro aspecto de la ausencia. Y él estaba&#8230; él está ausente desde hace tantos años.<br />
Porque ahí mismo, bajo ese tilo, junto al camino de la fuente, él me dijo aquella mañana que volvería. Y yo le creo. Como le creí entonces, porque sentí que aquella era una promesa de hombre, de un hombre que se descubre a sí mismo al hacerla, como si así supiera de pronto cuál es la tarea de ser hombre.<br />
Por esto, sin esperanza, sigo esperando. Porque él es todavía como un niño al que debo ayudar a cumplir su promesa; igual que le ayudaba a llevar sus cargas de hierba cuando ya su voluntad era mayor que sus fuerzas.<br />
Por eso, cuando al anochecer estamos junto al fuego, sentados y cenando, y le digo al paisano que hace tiempo que no tenemos carta del hijo, él aparta los ojos y responde muy quedo:<br />
- Sí, mujer. Hace tiempo.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Comentario de Juan Tendi en RINCÓN CREADOR</title>
		<link>http://blog.educastur.es/biblionorena/rincon-creador/#comment-943</link>
		<dc:creator>Juan Tendi</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 11:39:25 +0000</pubDate>
		<guid>http://blog.educastur.es/biblionorena/rincon-creador/#comment-943</guid>
		<description>El hombre bendito de la tela arrugada

	Dios o el mundo o la realidad o la sustancia es como una tela infinita de la que sólo captamos un pequeño trozo con dos colores distintos  - la materia y el pensamiento-, cada uno de los cuales se presenta con múltiples arrugas diferentes  - las cosas concretas y los pensamientos singulares.

	Como muchos jóvenes, Benedicto se planteó qué cosas podían hacer que su vida fuese una buena vida, y al considerar la surtida oferta que la sociedad le brindaba -fama, honores, dinero, placer... -, la halló insatisfactoria ¿Comparada con qué? Su educación judía le ponía delante a Dios, y en él se puso a pensar. ¿Por qué pensar? Porque en su país había dos dioses únicos: el de los judíos y el de los cristianos. Así que en lugar de obedecer a sus sedicentes representantes, los rabinos de Ámsterdam  y los obispos cristianos, se dispuso a interrogar al dios de los filósofos, que amén de único no desdeña ser sopesado a la luz de la razón.
	Como el filósofo más célebre de su tiempo era un francés llamado Renée, a él se dirige, encontrando dos tesis que juzgará contradictorias: 
que hay tres sustancias, una infinita (Dios) y dos finitas (mentes y cuerpos), y que sustancia es aquello que existe por sí mismo.
Obviamente, se dijo, sólo Dios puede ser estrictamente sustancia, pues sólo él, como eterno que se le supone, no necesita de otra cosa para existir. Mas, ¿existe ese Dios? Por supuesto: si es infinito es perfecto, si es perfecto no puede faltarle nada, si nada le falta no le faltará la existencia.
Por otro lado, siendo infinito, nada puede haber que esté fuera de él o le limite. Luego el mundo, los cuerpos y las mentes, son parte suya. 
	¿Quería esto decir que Dios y el mundo son lo mismo? Sí y no. Sí, porque el mundo forma parte de él; no, porque al ser infinito tiene infinitos atributos o características, aunque nosotros no las conozcamos. En resumidas cuentas, de Dios sólo conocemos dos aspectos: la materia extensa que forma los cuerpos y la sustancia pensante que constituye las mentes.
	Pero si el mundo es, por así decir, un aspecto de Dios, todo lo que en él ocurre está predeterminado por la inteligencia divina. ¿Dónde quedan entonces el azar y la libertad humana? En ningún lugar; son ilusiones. 
	¿Y a que se debe esta ilusión? A nuestra noción insuficiente de lo que es el mundo. ¿Y cuál es la causa de tal ignorancia? Que nuestro conocimiento está basado, en primer lugar,  en percepciones sensoriales que son limitadas  e imperfectas. ¿Por qué? Justamente porque afectan nuestros cuerpos y nos trastornan. Somos como un espejo que al reflejar un objeto sufre él mismo una transformación que deforma la imagen.
	¿Cómo superar esta deficiencia? Mediante los conceptos, que nos muestran lo que de común tienen todas las cosas, y mediante la intuición, que nos permite atisbar los principios de la realidad.
	¿Y qué descubrimos gracias a ellos? Ya lo hemos descubierto: que nuestro conocimiento es limitado, puesto que se refiere sólo a dos aspectos de una realidad infinita, que todas las cosas persisten en mantener su ser, que la realidad es una y que todo en ella ocurre de un modo inexorable y necesario.
	¿En qué consiste entonces una buena vida? En dedicar nuestro esfuerzo a conocer las leyes que rigen el mundo y a nosotros mismos.
	¿Alcanzaré así la felicidad? ¿Qué hacer con la tristeza, el miedo, el arrepentimiento, el dolor, el odio y todas las pasiones que me atormentan?
	Transformarlos en sus opuestos: la alegría, la confianza, el amor, el placer...
	¿Cómo? Si has entendido que todo ocurre necesariamente, que nada está en tu mano evitar, que todo es como es..., ya lo has hecho.
	Así, Benedicto Espinosa dedicó sus días a pulir lentes, para alimentar su cuerpo, y las noches a pensar, para nutrir su alma. Y envuelto en la ajedrezada capa arrugada, se protegió del frío hasta que una tarde se confundió con todo, tal como cabía esperar de un bendito que nunca quiso ser santo.
	Paradójicamente, o no tanto, al hombre que creía que Dios es la única realidad realmente existente, sus contemporáneos le acusaron de ateismo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El hombre bendito de la tela arrugada</p>
<p>	Dios o el mundo o la realidad o la sustancia es como una tela infinita de la que sólo captamos un pequeño trozo con dos colores distintos  - la materia y el pensamiento-, cada uno de los cuales se presenta con múltiples arrugas diferentes  - las cosas concretas y los pensamientos singulares.</p>
<p>	Como muchos jóvenes, Benedicto se planteó qué cosas podían hacer que su vida fuese una buena vida, y al considerar la surtida oferta que la sociedad le brindaba -fama, honores, dinero, placer&#8230; -, la halló insatisfactoria ¿Comparada con qué? Su educación judía le ponía delante a Dios, y en él se puso a pensar. ¿Por qué pensar? Porque en su país había dos dioses únicos: el de los judíos y el de los cristianos. Así que en lugar de obedecer a sus sedicentes representantes, los rabinos de Ámsterdam  y los obispos cristianos, se dispuso a interrogar al dios de los filósofos, que amén de único no desdeña ser sopesado a la luz de la razón.<br />
	Como el filósofo más célebre de su tiempo era un francés llamado Renée, a él se dirige, encontrando dos tesis que juzgará contradictorias:<br />
que hay tres sustancias, una infinita (Dios) y dos finitas (mentes y cuerpos), y que sustancia es aquello que existe por sí mismo.<br />
Obviamente, se dijo, sólo Dios puede ser estrictamente sustancia, pues sólo él, como eterno que se le supone, no necesita de otra cosa para existir. Mas, ¿existe ese Dios? Por supuesto: si es infinito es perfecto, si es perfecto no puede faltarle nada, si nada le falta no le faltará la existencia.<br />
Por otro lado, siendo infinito, nada puede haber que esté fuera de él o le limite. Luego el mundo, los cuerpos y las mentes, son parte suya.<br />
	¿Quería esto decir que Dios y el mundo son lo mismo? Sí y no. Sí, porque el mundo forma parte de él; no, porque al ser infinito tiene infinitos atributos o características, aunque nosotros no las conozcamos. En resumidas cuentas, de Dios sólo conocemos dos aspectos: la materia extensa que forma los cuerpos y la sustancia pensante que constituye las mentes.<br />
	Pero si el mundo es, por así decir, un aspecto de Dios, todo lo que en él ocurre está predeterminado por la inteligencia divina. ¿Dónde quedan entonces el azar y la libertad humana? En ningún lugar; son ilusiones.<br />
	¿Y a que se debe esta ilusión? A nuestra noción insuficiente de lo que es el mundo. ¿Y cuál es la causa de tal ignorancia? Que nuestro conocimiento está basado, en primer lugar,  en percepciones sensoriales que son limitadas  e imperfectas. ¿Por qué? Justamente porque afectan nuestros cuerpos y nos trastornan. Somos como un espejo que al reflejar un objeto sufre él mismo una transformación que deforma la imagen.<br />
	¿Cómo superar esta deficiencia? Mediante los conceptos, que nos muestran lo que de común tienen todas las cosas, y mediante la intuición, que nos permite atisbar los principios de la realidad.<br />
	¿Y qué descubrimos gracias a ellos? Ya lo hemos descubierto: que nuestro conocimiento es limitado, puesto que se refiere sólo a dos aspectos de una realidad infinita, que todas las cosas persisten en mantener su ser, que la realidad es una y que todo en ella ocurre de un modo inexorable y necesario.<br />
	¿En qué consiste entonces una buena vida? En dedicar nuestro esfuerzo a conocer las leyes que rigen el mundo y a nosotros mismos.<br />
	¿Alcanzaré así la felicidad? ¿Qué hacer con la tristeza, el miedo, el arrepentimiento, el dolor, el odio y todas las pasiones que me atormentan?<br />
	Transformarlos en sus opuestos: la alegría, la confianza, el amor, el placer&#8230;<br />
	¿Cómo? Si has entendido que todo ocurre necesariamente, que nada está en tu mano evitar, que todo es como es&#8230;, ya lo has hecho.<br />
	Así, Benedicto Espinosa dedicó sus días a pulir lentes, para alimentar su cuerpo, y las noches a pensar, para nutrir su alma. Y envuelto en la ajedrezada capa arrugada, se protegió del frío hasta que una tarde se confundió con todo, tal como cabía esperar de un bendito que nunca quiso ser santo.<br />
	Paradójicamente, o no tanto, al hombre que creía que Dios es la única realidad realmente existente, sus contemporáneos le acusaron de ateismo.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Comentario de Paula en RINCÓN CREADOR</title>
		<link>http://blog.educastur.es/biblionorena/rincon-creador/#comment-942</link>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 15:51:20 +0000</pubDate>
		<guid>http://blog.educastur.es/biblionorena/rincon-creador/#comment-942</guid>
		<description>No regresé a casa hasta que amaneció.Mi abuela entró en mi habitación con mala cara.Procuré ser lo más natural posible.
-¿Se puede saber,jovencita,dónde narices has estado?
-Yo...-Me agarró por la ropa y me dió un tortazo.-
-Y no mientas,porque ayer hablé con tu amigo y me dijo que no estabas allí,así que dimelo entonces.
-Yo...pues...es que me escapé.
-¡¡Pero bueno!!¿De dónde sacas esas ideas?¿Es que crees que tu abuela no se preocupa por tí?¡¡Estás loca!!¡¡Te podía haber pasado cualquier cosa!!
Yo estuve callada un rato.La abuela suspiró y miró al techo.
-No quiero que vuelvas a salir de esta casa.¡Y ni ver a ese crío!
Cerró dando un portazo.Yo empecé a llorar como una magdalena,pero de pronto,me entró un ataque de rabia que ni yo misma pude controlar,cogí el jarrón y los muebles y los lancé contra las ventanas que se rrompieron en mil pedazos.Chillé.En un segundo mi abuela se plantó allí.
-¡Loca!-gritó.-¡Esta chiquilla está loca!¿Qué le habrá metido en la cabeza ese muchacho insolente?
Al oír aquello me retocí y ardí en deseos que callarla.
-¡¡Gilipollas!!-le grité-idiota,amargada y gorda vieja.No mereces al abuelo y nunca has merecido a mi familia.Sólo eres una débil y amargada mujer.
Ella calló súbitamente y se quedó mirandome con los ojos rojos.Yo empecé a sollozar y me senté en el suelo hundiendo la cabeza en los brazos.Dios mío.Por qué habría dicho eso.
-Yo...-dijo ella-lo siento.
Se giró hacia la ventana y se tiró.Su imágen se me quedó grabada,y como quien no quiere la cosa,me quedé callada en vez de correr a socorrerla.Empecé a temblar violentamente y a sollozar.Un segundo después rompí a llorar.Y me quedé sentada,sentada hasta que mis ojos se erraron para huir de todo aquello.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>No regresé a casa hasta que amaneció.Mi abuela entró en mi habitación con mala cara.Procuré ser lo más natural posible.<br />
-¿Se puede saber,jovencita,dónde narices has estado?<br />
-Yo&#8230;-Me agarró por la ropa y me dió un tortazo.-<br />
-Y no mientas,porque ayer hablé con tu amigo y me dijo que no estabas allí,así que dimelo entonces.<br />
-Yo&#8230;pues&#8230;es que me escapé.<br />
-¡¡Pero bueno!!¿De dónde sacas esas ideas?¿Es que crees que tu abuela no se preocupa por tí?¡¡Estás loca!!¡¡Te podía haber pasado cualquier cosa!!<br />
Yo estuve callada un rato.La abuela suspiró y miró al techo.<br />
-No quiero que vuelvas a salir de esta casa.¡Y ni ver a ese crío!<br />
Cerró dando un portazo.Yo empecé a llorar como una magdalena,pero de pronto,me entró un ataque de rabia que ni yo misma pude controlar,cogí el jarrón y los muebles y los lancé contra las ventanas que se rrompieron en mil pedazos.Chillé.En un segundo mi abuela se plantó allí.<br />
-¡Loca!-gritó.-¡Esta chiquilla está loca!¿Qué le habrá metido en la cabeza ese muchacho insolente?<br />
Al oír aquello me retocí y ardí en deseos que callarla.<br />
-¡¡Gilipollas!!-le grité-idiota,amargada y gorda vieja.No mereces al abuelo y nunca has merecido a mi familia.Sólo eres una débil y amargada mujer.<br />
Ella calló súbitamente y se quedó mirandome con los ojos rojos.Yo empecé a sollozar y me senté en el suelo hundiendo la cabeza en los brazos.Dios mío.Por qué habría dicho eso.<br />
-Yo&#8230;-dijo ella-lo siento.<br />
Se giró hacia la ventana y se tiró.Su imágen se me quedó grabada,y como quien no quiere la cosa,me quedé callada en vez de correr a socorrerla.Empecé a temblar violentamente y a sollozar.Un segundo después rompí a llorar.Y me quedé sentada,sentada hasta que mis ojos se erraron para huir de todo aquello.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Comentario de Andrea,Kevin en Lecturas de 2º de ESO. Primer trimestre.</title>
		<link>http://blog.educastur.es/biblionorena/2012/01/10/lecturas-de-2%c2%ba-de-eso-primer-trimestre/#comment-939</link>
		<dc:creator>Andrea,Kevin</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 20:17:48 +0000</pubDate>
		<guid>http://blog.educastur.es/biblionorena/2012/01/10/lecturas-de-2%c2%ba-de-eso-primer-trimestre/#comment-939</guid>
		<description>Nos gustó Una casa con encanto porque es una novela muy entretenida.Tiene una parte misteriosa,hay un fantasma,la protagonista es muy contestona,protestona y enrollada.
Ademas en la novela se mezcla realidad con ficción y eso resulta muy entretenido.
Por ultimo el final ha sido inesperado pero entretenido.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nos gustó Una casa con encanto porque es una novela muy entretenida.Tiene una parte misteriosa,hay un fantasma,la protagonista es muy contestona,protestona y enrollada.<br />
Ademas en la novela se mezcla realidad con ficción y eso resulta muy entretenido.<br />
Por ultimo el final ha sido inesperado pero entretenido.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Comentario de Claudia e Iván en Lecturas de 2º de ESO. Primer trimestre.</title>
		<link>http://blog.educastur.es/biblionorena/2012/01/10/lecturas-de-2%c2%ba-de-eso-primer-trimestre/#comment-937</link>
		<dc:creator>Claudia e Iván</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 08:26:33 +0000</pubDate>
		<guid>http://blog.educastur.es/biblionorena/2012/01/10/lecturas-de-2%c2%ba-de-eso-primer-trimestre/#comment-937</guid>
		<description>Nos ha gustado el libro porque ha sido muy emocionante a la par que divertido.
La protagonista ha sido lo mejor porque ha sido una chica muy extrovertida y tenia  unos "puntazos" muy gracioso.
El ritmo de la aventura ha sido trepidante y hacia que te engancharas cada vez más a ella.
El final ha sido inesperado e intrigante al mismo tiempo ya que nadie se esperaba lo sucedido y ha estado muy bien por que todo se ha resuelto felizmente.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nos ha gustado el libro porque ha sido muy emocionante a la par que divertido.<br />
La protagonista ha sido lo mejor porque ha sido una chica muy extrovertida y tenia  unos &#8220;puntazos&#8221; muy gracioso.<br />
El ritmo de la aventura ha sido trepidante y hacia que te engancharas cada vez más a ella.<br />
El final ha sido inesperado e intrigante al mismo tiempo ya que nadie se esperaba lo sucedido y ha estado muy bien por que todo se ha resuelto felizmente.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
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