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Colegio Público Belmonte de Miranda

Daniel Pennac y su “Como una novela”

Publicado en General — 2 Enero 2009 @ 19:39

Después de leer y releer la obra de Daniel Pennac, Como una novela, hemos decidido recomendar su lectura a través de este blog y también de paso su Mal de escuela. Mientras os animáis y no a leerlas, incluímos algunos extractos de Como una novela. En ella, Pennac nos anima a no agobiarnos ni agobiar a nuestro alumnado en exceso con el tema de la lectura, nos descubre unas cuantas verdades y nos orienta para ayudar a nuestros alumnos y alumnas a encontrarse con la lectura de forma placentera y auténtica.

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DANIEL PENNAC: Como una novela. Ed. Anagrama.   (Extractos) - Capítulo 1 (p. 11): El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo “amar”…, el verbo “soñar”…Claro que siempre se puede intentar. Adelante: “¡Ámame!” “¡Sueña!” “¡Lee!” “¡Lee! ¡Pero lee de una vez, te ordeno que leas, caramba!”- ¡Sube a tu cuarto y lee! ¿Resultado?Ninguno.Se ha dormido sobre el libro. La ventana, de repente, se le ha antojado inmensamente abierta sobre algo deseable. Y es por ahí por donde ha huido para escapar al libro. Pero es un sueño vigilante: el libro sigue abierto delante de él. Por poco que abramos la puerta de su habitación le encontraremos sentado ante su mesa, formalmente ocupado en leer. […]   - Capítulo 5 (p. 19): ¡Qué pedagogos éramos cuando no estábamos preocupados por la pedagogía!  - Capítulo 16(p. 41): […] Por inhibida que sea, cualquier lectura está presidida por el placer de leer; y, por su misma naturaleza -este goce de alquimista-, el placer de leer no teme a la imagen, ni siquiera a la televisiva, aun cuando se presente bajo forma de avalancha diaria.Pero si el placer de leer se ha perdido (si, como se dice, a mi hijo, a mi hija, a la juventud, no les gusta leer), no está muy lejos. Sólo se ha extraviado.Es fácil de recuperar. Claro que hay que saber por qué caminos buscarlo, y, para ello, enumerar unas cuantas verdades que no guardan ninguna relación con los efectos de la modernidad sobre la juventud. Unas cuantas verdades que sólo se refieren a nosotros… […] - Capítulo 22 (p. 53): […] Es, en un principio, el buen lector que seguiría siendo si los adultos que lo rodean alimentaran su entusiasmo en lugar de poner a prueba su competencia, si estimularan su deseo de aprender en lugar de imponerle el deber de recitar, si le acompañaran en su esfuerzo sin contentarse con esperarle a la vuelta de la esquina, si consintieran en perder tardes en lugar de intentar ganar tiempo, si hicieran vibrar el presente sin blandir la amenaza del futuro, si se negaran a convertir en dura tarea lo que era un placer, si alimentaran este placer hasta que se transmutara en deber, si sustentaran este deber en la gratuidad de cualquier aprendizaje cultural, y recuperaran ellos mismos el placer de esta gratuidad.  - Capítulo 23 (p. 54): Ahora bien, este placer está muy próximo. Es fácil de recuperar. Basta con no dejar pasar los años. Basta con esperar la caída de la noche, abrir de nuevo la puerta de su habitación, sentarnos a la cabecera de su cama, y reanudar nuestra lectura común.Leer.En voz alta.Gratuitamente.Sus historias preferidas. […]  - Capítulo 49 (p. 120-121): […] ¿De dónde sacar tiempo para leer?Grave problema.Que no lo es. […]El tiempo para leer siempre es tiempo robado. (Al igual qu el tiempo para escribir, por otra parte, o el tiempo para amar.)¿Robado a qué?Digamos que al deber de vivir.[…]El tiempo para leer, igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir.[…]Yo jamás he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme que acabara una novela que amaba.La lectura depende de la organización del tiempo social, es, como el amor, una manera de ser.El problema no está en saber si tengo tiempo de leer o no (tiempo que nadie, además, me dará), sino en si me regalo o no la dicha de ser lector. […]  - Capítulo 51 (p. 123): Basta una condición para esta reconciliación con la lectura: no pedir nada a cambio. Absolutamente nada. no alzar ninguna muralla de conocimientos preliminares alrededor del libro. No plantear la más mínima pregunta. No encargar el más mínimo trabajo. No añadir ni una palabra a las de las páginas leídas. Ni juicio de valor, ni explicación de vocabulario, ni análisis de texto, ni indicación biográfica… Prohibirse por completo “hablar de”.Lectura-regalo.Leer y esperar.Una curiosidad no se fuerza, se despirta.Leer, leer, y confiar en los ojos que se abren, en las caras que se alegran, en la pregunta que nacerá, y que arrastrará otra pregunta. […]  - Capítulo 57 (p. 141): En materia de lectura, nosotros, “lectores”, nos permitimos todos los derechos, comenzando por aquellos que negamos a los jóvenes a los que pretendemos inciar en la lectura:1. El derecho a no leer.2. El derecho a saltarnos las páginas.3. El derecho a no terminar un libro.4. El derecho a releer.5. El derecho a leer cualquier cosa.6. El derecho al bovarismo.7. El derecho a leer en cualquier sitio.8. El derecho a hojear.9. El derecho a leer en voz alta.10. El derecho a callarnos. - (p. 169):10. El derecho a callarnos[…]De manera que nuestras razones para leer son tan extrañas como nuestras razones para vivir. Y nadie tiene poderes para pedirnos cuentas sobre esa intimidad.Los escasos adultos que me han dado de leer se han borrado siempre delante de los libros y se han cuidado mucho de preguntarme qué había entendido en ellos. A ésos, evidentemente, hablaba de mis lecturas. Vivos o muertos, yo les dedico estas páginas.

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