Escritura y Nuevas Tecnologías, ¿enemigos naturales?

9 02 2011

LetrasHace pocos días que ha llegado a mi correo un pequeño dossier titulado LA ESCRITURA: UN RECURSO VALIOSO PARA TRABAJAR LAS ÁREAS Y MATERIAS DEL CURRÍCULO. Pertenece al número 7 de la colección Cuadernos de Profesor, publicados por el Ministerio de Educación, la Junta de Castilla y León y la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. En sus primeras páginas encontramos una introducción de Daniel Cassany sobre las nuevas formas de escribir de los “nativos digitales”, nuestros alumn@s de hoy en día. Me ha parecido enormemente interesante y revelador, como casi todo lo que dice este experto filólogo catalán. Os lo traslado:

 

Aunque sigamos usando el verbo “escribir” para referirnos a ello, sin duda lo que hacemos hoy al teclear mensajes en una pantalla dista mucho de los cuadernillos que emborronábamos en clase o en casa cuando llevábamos pantalón corto. Hoy los chicos:

Escriben en situaciones nuevas: chatean por MSN, se envían SMS, postean blogs o “se hacen amigos” en Facebook. Son intercambios inmediatos, espontáneos, algo interactivos, con cierto parecido al habla y tremendamente diferentes de las redacciones escolares.

Escriben y leen al mismo tiempo en situaciones muy distintas, demostrando mucha habilidad técnica: mantienen abiertas numerosas ventanas en su pantalla y “saltan” de una a otra para responder a un amigo en un chat, atender su correo o avisar de su estado en Facebook; también “copian y pegan” fragmentos de texto de una ventana a otra al usar un traductor automático, recopilar datos de Wikipedia o insertar un vínculo de un lugar a otro. Además del dominio lingüístico han desarrollado importantes destrezas informáticas.

Adaptan la grafía a cada situación: eliminan vocales, tildes y consonantes mudas en los SMS, usan @ para evitar la marca de género y las mayúsculas para “gritar”, prescinden de detalles en sus posts y tweets. Del monopolio de la lengua literaria o del estándar hemos pasado a una gran diversidad de escrituras vernáculas, que incluye el código simplificado del SMS o del chat o el mensaje directo y escueto en Twitter.

Acompañan sus escritos con fotos, vídeos y audio, que manipulan a veces con editores sofisticados o que vinculan con repositorios gratuitos como YouTube o Flickr, para crear mensajes complejos y multimodales.

Están acostumbrados a interactuar con lectores extranjeros que, pese a hablar otros idiomas y tener otras culturas, comparten su pasión por unos mismos ídolos musicales o deportivos, por unas sagas (Crepúsculo, Harry Potter, Perdidos) o por un videojuego o un cómic manga. Donde no llega su escaso inglés o portugués, ayudan los traductores en línea, Google y Wikipedia, que se han convertido en su biblioteca básica de uso cotidiano.

Esas maneras escritas no son solo un divertimento superficial o lúdico. A través de prácticas letradas como las anteriores estos chicos aprenden lo que para ellos resulta más interesante, aunque no coincida con el currículo escolar. Es un modo cualitativamente distinto de socializar, culturizar y construir conocimiento en relación con lo que hicimos sus padres o maestros. Saben cosas diferentes, que aprenden y usan de otro modo y que cada vez están más presentes en nuestro día a día. Sería arrogante y erróneo por nuestra parte despreciar estas formas de escritura y conocimiento, porque constituyen su conocimiento previo y el punto de partida para fomentar el aprendizaje de formas letradas más vinculadas con la escuela.

Es cierto que los famosos “nativos digitales” pueden estar más familiarizados con las TIC porque se criaron a su lado, porque son más cooperativos y se ayudan entre sí y porque quizás pasan más tiempo usándolas, mientras que las generaciones previas de “inmigrantes” -que hemos pasado en pocos años del libro al ebook y del LP a iTunes- somos más lentos e individualistas y sentimos cierta inquietud ante esas máquinas… Pero pecaríamos de ingenuidad si supusiéramos que estos chicos están “sobradamente preparados” para la escritura digital. Varias investigaciones sugieren que su aparente destreza mecánica con los ordenadores no se corresponde con una capacidad crítica, estratégica o cognitiva para leer y escribir de manera significativa en la red. Esos chicos suelen ser incapaces de discriminar lo relevante de lo superfluo, ignoran los términos específicos o las técnicas documentalistas para recuperar datos en la red, leen parcial y superficialmente lo que encuentran, “confían” ciegamente en todo lo que se halla en Internet, a menudo escriben de manera compulsiva, etc..

No olvidemos que, en la red, esos chicos solo suelen hacer amigos, bromear, preparar fiestas o excursiones, comentarlas o intercambiar ficheros, siempre en un ámbito privado y ocioso. Pero aprovechar Internet para desarrollar tareas educativas en matemáticas, sociales o lenguaje requiere prácticas letradas bien distintas y mucho más complejas: conocer los foros y las webs adecuadas de cada materia; dominar los lenguajes técnicos que se usan en ellos; saber buscar, analizar, contrastar y sintetizar información de varios lugares, etc. Eso tiene poco en común con los SMS, los chats o el uso de Facebook que hacen los adolescentes.

Y ese es el gran reto que tiene hoy la escuela ante sí: ayudar a los chicos a avanzar desde los usos coloquiales, ociosos y privados de la red hasta las prácticas más especializadas y elaboradas, que requieren los aprendizajes científicos y profesionales que exige el mundo de hoy. En este sentido, aplaudo la iniciativa institucional de fomentar la Escuela 2.0, la dotación de portátiles para cada alumno, el desarrollo de materiales digitales en formato de WebQuest, blog, wiki o Moodle, o la incentivación del profesorado para incorporar estos nuevos recursos a la red.

Pero conviene entender que no se trata de una simple “emigración”, de sustituir el soporte en papel por los PDF y las pantallas y de cambiar las cartas por los emails. Los libros siguen estando aquí, presentes y vivos, y siguen siendo protagonistas del aprendizaje, porque almacenan información que no está disponible en Internet y porque son el legado de nuestro pasado inmediato. De modo que vamos a seguir usando libros y emborronando cuadernos, mientras navegamos por Internet y posteamos en nuestros blogs. Leer y escribir hoy requiere saber usar todos soportes, saber combinarlos y compararlos. Leer y escribir son verbos transitivos y plurales.

En definitiva, los chicos hoy pasan varias horas diarias ante la pantalla y manejan varios tipos de escritura, en idiomas extranjeros pero también en español no estándar. Escribir nunca fue tan interesante y útil como ahora. Escribiendo hacemos cosas fantásticas e inimaginables hace tan solo unos años: hoy saber escribir otorga mucho más poder que antaño. Pero también resulta mucho más difícil y demandante. Por todo ello, quizás los maestros hoy sean todavía más necesarios e importantes.

Si hoy escribimos más que ayer, si lo hacemos de maneras tan diversas y complejas, si hoy resolvemos más cosas que ayer escribiendo, si hoy escribir es más complejo, técnico y poderoso… ¿quién enseña a hacerlo? El profesorado, sin duda.

Daniel Cassany
Universitat Pompeu Fabra

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