Los monjes del monasterio de Bárcena, por Sergio Fernández Rodríguez

17 11 2011

En el monasterio de Bárcena vivían unos monjes muy pacíficos que se dedicaban a cuidarlo: cuidaban sus jardines y no dejaban que las malas hierbas brotaran. Tenían una huerta en la que cultivaban muchos alimentos, como: patatas, tomates, calbazas y muchas más verduras y hortalizas. También tenían animales para alimentarse de ellos. Los monjes sólo salían a comprar una vez al mes. Compraban víveres para subsistir durante el mes siguiente. Cuando algún vecino de los pueblos cercanos les pedía ayuda, no dudaban en acudir. El dinero que recaudaban de las ventas de animales y de verduras lo empleaban en las compras y, si les sobraba algo, se lo daban a los pobres que no tenían para comer.

Un día, mientras los monjes dormían, unos ladrones se colaron en el monasterio y los atacaron a todos menos, que se había escondido en el armario. Los ladrones no se dieron cuenta y empezaron a robar todo lo que tenía algo de valor, que era poco. Por la mañana, cuando despertaron, los ladrones ya se habían ido y el monje que se había escondido en el armario salío y desató a sus amigos. Cuando fueron a ver los daños que habían provocado los ladrones, se dieron cuenta de que habían dejado el monasterio en ruinas. Bastó con que sólo dijeran una palabra para que la gente a la que habían estado ayudando acudiera.

La gente dejó su trabajo para ir a trabajar en el monasterio. Mientras tanto, los monjes se dedicaron principalmente a esclarecer quien había sido el autor del robo. Los monjes estaban buscando pistas y, de repente, el chico que se escondiera en el armario dijo que por una rejilla había podido ver el traje que llevaba uno de los ladrones y resulta que era muy parecido al que ellos se ponían en misa. Con esos datos pudieron esclarecer que los ladrones eran otros monjes. Fueron por los monasterios más cercanos, pero no vieron nada, hasta que llegaron al monasterio de Obona, donde estaban sus pertenencias. Les preguntaron a los monjes por qué les había robado y ellos les contestaron que les robaron porque les tenían envidía de lo bonito que estaba su monasterio, mientras que el suyo estaba en ruinas.

Los monjes de Bárcena recuperaron sus pertenencias y decidieron que, cuando la gente terminara de arreglar su monasterior, fueran a restaurar el monasterio de Obona. Los monjes de Obona estuvieron de acuerdo, pero con una condición: ellos debían estar trabajando un mes en el monasterio de Bárcena para pagar lo que habían hecho y lo que habían destrozado.

Cuando los dos monasterios restauraron todos los monjes se hicieron amigos y de vez en cuando iban a visitarse los unos a los otros.

Sergio Fernández Rodríguez, 2º ESO

Concurso de Redacción sobre los Monasterios de Bárcena y Obona

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