Monasterio Santa María la Real de Obona. La Leyenda de Puliatos, por Sergio Feito

17 11 2011

Me encuentro con Ramón Menéndez, vecino de la Parroquia de Obona. Le pido que me cuente alguna de la muchas leyendas que giran entorno al Monasterio de Obona.

Sergio: Buenas tardes Ramón.
Ramón: Buenas tardes Sergio.
Sergio: Me gustaría que me contases alguna de las leyendas que se van contando de padres a hijos en relación con el Monasterio de Obona.
Ramón: Hay muchísimas leyendas y misterios que hablan del Monasterio, pero si te parece bien te voy a contar las que en este momento se me vienen a la cabeza.

Se dice que en tiempos existió un túnel que comunicaba al Monasterio de Obona que era de monjes, con el Convento de Bárcena que era de monjas. Lo que no sé es si queda algo de ese túnel.

Otra de las situaciones que se vivían entonces ocurría cuando alguno de los parroquianos se casaba. Después de la boda, la novia tenía que pasar una semana en compañía de los monjes, con lo que todo el mundo suponía que el primer hijo de ese matrimonio era de alguno de esos monjes.

Y ahora me acuerdo de una leyenda que debe ser una de las más famosas que se oyen por esta parroquia, la leyenda de Puliatos Fernández.

No sé si sabrás que antes los monjes cobraban impuestos a todos los parroquianos. Tenían que pagar con parte de su cosecha a los monjes para que tuviesen los “beneficios” morales de la Iglesia.

Pues un vecino de Bustiello de Tablado, Puliatos Fernández, era el único parroquiano que se negaba a pagar los impuestos. Así, que en una ocasión, los monjes subieron a Bustiello a pedirle que les pagasen los que les debía. Llegaron al pueblo y se encontraron a un hombretón grande y fuerte labrando la tierra.

- “¿Usted sabrá dónde vive Puliatos?- Le preguntaron los monjes con prudencia.
- “¿Y quién pregunta por él?”- Contestó Puliatos.

Cuando los monjes respondieron quién le buscaba, Puliatos levantó con una mano el arado y los dos bueyes que tenía uncidos, y apuntando para su casa respondió:

- ” Aquella es la casa de Puliatos, y yo soy Puliatos”.

Los monjes salieron corriendo como alma que lleva el diablo, asustados por la fuerza de aquel hombre.

En el Monasterio anduvieron dándole vueltas al modo de cobrarle los impuestos, así que hablaron y hablaron y decidieron que había que matarle.

La mejor forma, dijo un tal Fray Durán, era engañarlo y llevarlo a la Torre de Salas, donde los monjes tenían amigos que harían el trabajo.

Fueron entonces nuevamente hasta Bustiello de Tablado, llegaron hasta casa de Puliatos y allí estaba aquel gigante afilando la gadaña.

- “Señor Puliatos, ¿Podría hacernos el favor de llevarnos hasta Salas este escrito, que ya Dios se lo pagará?”
- “Y vosotros cuando podáis”- contestó Puliatos.

Aceptó. Atravesó Piedrafita, y al pasar por La Espina, se encontró con un amigo que le preguntó que a dónde iba de viaje.

- “A Salas, a llevar este escrito que me mandaron entregar los monjes de Obona.
- “¿Y qué dice el escrito?” - Le preguntó el amigo.
- No sé, nunca supe leer.

El amigo sí sabía. Allí venía redactado en forma de copla, los pelos y las señales que ordenaban la muerte de Puliatos Fernández.

Entonces el hombre retorna a Obona, juntando toda la leña que pudo, llevándola de un brazado, y prendió fuego al monasterio. Se cuenta que de ahí son las paredes tan negras que todavía quedan hoy en pié.

Sergio: Muchas gracias Ramón. Ha sido una entrevista muy interesante.
Ramón: Gracias a tí Sergio, que me gustó mucho recordar estas cosas, que aunque no sé hasta qué punto son verdad ni mentira, siempre se agradece que nos pregunten por ellas y no se pierdan en el tiempo.

Sergio Feito (6º Primaria)

Concurso de Redacción sobre los Monasterios de Bárcena y Obona

Noticia en la Nueva España: Una reivindicación con mucha historia

 

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