Me gusta leer

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  DERECHOS DEL LECTOR

(De Daniel Pennac, de su libro Como una novela)

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1. El derecho a no leer. La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer. Se evitará considerar a priori a cualquier individuo que no lee, un bruto potencial o un cretino contumaz.

2. El derecho a saltarse las páginas. Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.

3. El derecho a no terminar un libro. Hay 36.000 motivos para abandonar una novela antes del final: la historia no interesa, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema… ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.

4. El derecho a releer. Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.

5. El derecho a leer cualquier cosa. Se pueden leer malas novelas. A cierta edad pueden estimular el saludable vicio de la lectura.

6. El derecho a leer lo que me gusta. La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones. No porque una joven coleccione novelas rosas acabará tragándose una cuchara de arsénico.

7. El derecho a leer en cualquier lugar. Un ejemplo vale más que mil palabras: el soldado Fulano se presenta voluntario para limpiar las letrinas. Es un trabajo despreciable pero rápido. Un cuarto de hora de bayeta le permite leer las obras completas de Gógol.

8. El derecho a hojear. Coger cualquier volumen de la biblioteca y hojearlo. Se puede abrir Proust, Shakespeare o Chandler por cualquier parte; seguro que proporciona cinco minutos interesantes.

9. El derecho a leer en voz alta. Leer en voz alta para uno mismo o para los otros es un ejercicio estimulante.

10. El derecho a callarnos. Absoluto derecho a no opinar sobre lo que se ha leído.

Estos 10 derechos se resumen en 1 solo deber: NO BURLARSE JAMÁS DE AQUELLOS QUE NO LEEN SI QUIERES QUE UN DÍA LEAN.


La felicidad de este mundo

Tener una casa cómoda, limpia y bonita.
Un jardín alfombrado de fragantes espaldares.
Fruta, buen vino, una vida sencilla, pocos hijos.
Ser el único hombre, sin alarde, de una mujer fiel.

No tener deudas ni amoríos, ni pleitos, ni riñas.
Ni repartos de bienes con los parientes.
Contentarse con poco, no esperar nada de los Poderosos.
Acomodar los deseos a un modelo realizable.

Vivir honradamente y sin grandes ambiciones.
Entregarse sin excesos a la devoción.
Dominar las pasiones y hacerlas obedientes.

Conservar el espíritu libre y el juicio firme.
Rezar en silencio, cultivando el huerto.
Esperar en casa, con gran sosiego, la muerte.

Christophe Plantin, impresor y humanista s. XVI

 

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