La verdad fabricada

20 01 2008

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En 1633 Galileo fue condenado a cadena perpetua por defender la tesis copernicana de que la Tierra y los planetas giraban alrededor del Sol. Cuenta la leyenda que tras abjurar públicamente de sus ideas para evitar la cárcel, Galileo musitó “Eppur si muove“, o sea, “Sin embargo, gira”. Estaba seguro de lo que decía porque tenía pruebas empíricas de ello.

La condena a Galileo quedó en la historia como el paradigma del enfrentamiento entre ciencia y religión, pugna que hoy, casi cuatrocientos años después, parece carente de sentido… ¿o no?. Lo que sigue es la traducción de una reciente editorial de la revista Europhysicsnews, de la European Physical Society (EPS). Ya sé que puede parecer un poco largo, pero merece la pena el esfuerzo de llegar hasta el final. Como la traducción está hecha por un servidor, al final se suministra el texto original (en inglés) por si alguien no se fía de lo que el texto dice (lo cual sería muy razonable)

¿Tiene aún valor la verdad?

En 1633, cuando Galileo fue condenado a cadena perpetua, el modelo heliocéntrico de Copérnico estaba en conflicto con el ptolemaico y la  interpretación literal de la Biblia que describía la Tierra fija en el firmamento y las estrellas y los planetas girando  alrededor de ella. De hecho  en el Salmo 19, verso 7 (en el original se dice que en el 6) se lee “A un extremo del cielo es su salida (del sol), y su órbita llega al otro extremo”… El sistema ptolemaico ya había sido cuestionado en 1610 por la observación  de Galileo de que el planeta Venus, que se encuentra más cerca del Sol que la Tierra, tiene fases como la Luna. La conjetura de Tycho Brahe de que el Sol se mueve alrededor de la Tierra al igual que la Luna y que los demás planetas se mueven alrededor del sol era aún compatible con la Biblia. El clero estaba dispuesto a aceptar el modelo copernicano como una hipótesis, una descripción matemáticamente útil, pero no como la verdad última. Entonces  se consideraba que la ciencia nunca podría ofrecer la prueba final, porque Dios tiene el poder de cambiar y modificar la evidencia. 100 años después el modelo copernicano dejó de ser una teoría para convertirse en un hecho.

El proceso contra Galileo tuvo lugar tras  la Reforma. Entonces la restauración de la autoridad católica  derivó hacia posiciones ortodoxas, específicamente una exégesis estricta de la Biblia y los conceptos de la escuela aristotélica. Pero no hubo una unánime condena de Galileo por parte del clero. Galileo fue rehabilitado en dos fases, primero en 1741, cuando sus “Obras Completas” se sacaron del Índice (de libros prohibidos) de la Iglesia Católica Romana y luego en 1992 en un proceso abierto por el Papa Juan Pablo II.

Ese mismo año, el Catecismo aprobado por la Iglesia Católica comienza con las palabras: “En el principio, Dios creó el cielo y la tierra.” Que el universo tiene un principio es un punto en el que están de acuerdo la cosmología moderna y la Biblia. Verdad y fe pertenecen a diferentes categorías, ambas siguen siendo muy importantes para los seres humanos, independientes entre sí y  complementarias, no alternativas, sin necesidad de compromiso o reconciliación. El conocimiento en las ciencias naturales no conduce inevitablemente al ateísmo. La ciencia se ocupa del conocimiento, la religión de la existencia humana, la dignidad y el sentido de la vida.

En gran medida desconectado de las religiones organizadas, el movimiento creacionista desafía los procedimientos científicos y su metodología y ataca la teoría de la evolución como el elemento potencialmente más débil de las ciencias naturales. Aunque el objetivo a largo plazo de este movimiento puede ser el provocar drásticos cambios en la sociedad occidental y sus estructuras políticas, actualmente ataca los fundamentos y principios del trabajo científico. Colocar la teoría de la evolución y el Diseño Inteligente (ID) en igualdad de condiciones implica el abandono de la exigencia de que las conclusiones científicas y el progreso estén basadas en datos empíricos, que deban ser confirmados por experimentos que sean reproducibles, que a ser posible puedan ser descritos matemáticamente, que estén libres de contradicciones internas, y que permitan realizar predicciones que posibiliten nuevos descubrimientos. El movimiento ID no se limita sólo a los EE.UU. (Kansas), sino que también tiene seguidores en Europa. La demanda por parte de los creacionistas de que la ID  debe ser incluida en el currículo de la biología  y enseñada en las escuelas como una alternativa conceptual a la teoría de la evolución, también encuentra apoyo en el Parlamento Europeo y en algunos gobiernos. Un miembro del Consejo de Europa, Guy Lengagne, escribió un informe titulado “Los peligros del creacionismo”, que no fue aprobado inmediatamente por el Consejo. Su comentario sobre esta negativa fue: “Somos testigos del inicio del retorno a los tiempos medievales”…

Hay fuerzas poderosas que desean desacreditar a la ciencia (y, a menudo, a la tecnología también) aprovechando que la opinión pública no tiene la necesaria información o conocimiento. Un ejemplo puede ser el uso incorrecto del recurso de la falsación (rebatir una proposición o una teoría mediante un contraejemplo o una observación empírica). En lugar de verlo como un elemento importante del método científico y un requisito básico que un resultado científico o declaración tiene que cumplir (conceptos no falsables son no científicos) se utiliza a menudo como un reconocimiento de que la ciencia conduce sólo a resultados discutibles. Como consecuencia de ello cualquier otra hipótesis no obtenida por la metodología científica puede coexistir y tiene que ser igualmente bien aceptada.

A pesar de la ilustración de las sociedades occidentales, el valor de la verdad decrece. Es sustituida por lo que podría llamarse la verdad fabricada, una mercancía que es definida, por ejemplo, por la forma en que es presentada, por el respaldo que obtenga de los medios de comunicación o la resonancia pública que tenga, pero que no ha sido  obtenida con metodología científica.En el creacionismo los resultados científicos se colocan en pie de igualdad con la lectura literal de la Biblia. Este método, sin embargo, no se limita a las cuestiones del Génesis. Las verdades fabricadas, pueden ser más atractivas y menos complejas, menos contradictorias y más creíbles que la verdad científica y ofrecer una visión más simplista del mundo.

Las verdades fabricadas, por lo tanto, tienen el valor estratégico de que puede ser manipuladas a la hora de obtenerlas. La verdad fabricada puede ser utilizada para justificar o defender doctrinas; puede ser potencialmente explotada con fines políticos, sociales u otros. Los científicos deben permanecer vigilantes y no deberían abstenerse de enfrentarse a la verdad fabricada, desafiándola con la verdad científica y defendiendo sus resultados y los principios y métodos usados para obtenerlos.

Friedrich Wagner.

Presidente de la European Physical Society (EPS)

Publicado en Europhysicsnews

2007. Volumen 38. Número 5

Documento original: is-truth-still-of-value.pdf



Bombillas

9 01 2008

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La vieja bombilla de filamento parece que tiene los días contados. En un mundo en el cual la preocupación por el medio ambiente crece, parece un lujo insoportable seguir iluminando nuestros hogares  a base de poner incandescente un filamento de wolframio. Y es que a la temperatura a la que se calienta en las bombillas, el wolframio emite un espectro contínuo similar al de la figura:

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La zona visible está señalada con un rectángulo punteado (longitudes de onda comprendidas entre 350 y 750 nm) y así nos podemos explicar por qué la luz de estas bombillas tiene un color rojo-amarillo (la mayor intensidad de luz emitida se corresponde con la de estos colores). Sin embargo es evidente que un gran porcentaje de la radiación emitida no es visible, sino infrarroja. Esto es, la mayor parte de la energía consumida no se emite en forma de luz visible, sino que se transforma en calor (casi un 85%). El invento de Edison, que nos iluminó durante décadas, se muestra como un dispositivo muy poco eficiente.

La alternativa parece que son las llamadas lámparas flouorescentes compactas (LFC o CFL, en inglés). Estas lámparas consisten en una mezcla de gases inertes (Ne, Kr y Ar) y vapor de mercurio. Cuando los gases son calentados (mediante un filamento) se ionizan y los iones chocan contra los átomos de mercurio que de esta forma son excitados y emiten luz ultravioleta que produce la fluorescencia del material que recubre el interior de la lámpara. Consumen un 80 %menos que las convencionales y duran 10 veces más (lo que compensa su elevado precio).

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Sin embargo tienen un inconveniente. En el número de diciembre de 2007 de Investigación y Ciencia, David Appell resalta el lado oscuro de las CFL: contienen mercurio. Concretamente 5 mg por bombilla. Aparentemente poca cosa (un termómetro de los “de antes” contenía unos 500 mg de metal líquido). El problema es que está en estado gaseoso (mayor peligro ante una eventual rotura) y si se multiplican esos inocentes 5 mg por la enorme cantidad de bombillas  nos da una cantidad respetable de mercurio que no debería verterse sin más al medio ambiente. La solución está en establecer puntos de recogida con el fin de reciclar las bombillas, pero parece que lo primero es el negocio (vender bombillas) y del reciclado ya hablaremos.

Pero esto no es todo. Los ingenieros de una compañía canadiense: Group IV Semiconductor Inc. han desarrollado una tecnología totalmente revolucionaria que permitirá construir bombillas cuya luz se origine al pasar la corriente eléctrica a través de silicio. Estarán listas a partir de 2010, consumen un 90 % menos de energía que las actuales, duran 50.000 h (frente a las 5.000 h de las CFL), proporcionan una luz de excelente calidad  y además ¡no se calientan!

Da la impresión que las CFL, también tienen sus días contados. Esperemos que su breve paso por nuestro planeta no deje un rastro de mercurio difícil de limpiar.

Las CFL en Wikipedia

Artículo de Investigación y Ciencia (transcripción en un blog)

Así funcionan las CFL

Bombillas de silicio