El científico que contradecía a los libros de texto

10 12 2011

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En la mañana del 8 de abril de 1982 Dan Schechman  (Premio Nobel de Química 2011) no podía creer lo que estaba viendo a través del microscopio electrónico. El patrón de difracción de una mezcla de alumnio y manganeso  (ver foto que encabeza el post) exhibía una simetría que los libros de texto consideraban imposible. Según todos los tratados de cristalografía un cristal no puede presentar simetría de orden cinco o diez. Las configuraciones correspondientes a esos órdenes muestran que el espaciado entre los átomos no es el  mismo, lo que hace imposible este tipo de simetría (para más información ver FisQuiWeb). Cuando comentó su descubrimiento alguno de sus colegas lo ridiculizaron, incluso su jefe le ofreció un libro de cristalografía con la recomendación de que se lo leyera, y poco después, ante el empecinemiento de Schechman, incluso terminó pidiéndole que abandonara el grupo de investigación.

La publicación en las revistas científicas tampoco fue un camino de rosas. En algunas ocasiones el artículo fue devuelto a vuelta de correo. Por fin Physical Review Letters accedió a publicar el artículo que cayó como una bomba entre los cristalógrafos: podían existir cristales en los que no hubiera una repetición periódica de un determinado patrón.

La gran pregunta, no obstante, era averiguar cómo se colocaban los átomos en el interior de un cristal para dar semejantes patrones de difracción.

La respuesta vino de una dirección inesperada: los llamadaos mosaicos aperiódicos, ya conocidos por los árabes y de los cuales hay espléndidas muestras en La Alhambra. En ellos no existe ninguna estructura a partir de la cual pueda obtenerse la totalidad del mosaico mediante traslaciones o rotaciones.

Los cristales de Schechman tampoco eran periódicos por lo que recibieron el nombre de cuasicristales.

Los cuasicristales, además de mostrar una estructura sorprendente, poseen propiedades desconcertantes: son muy resistentes, antiadherentes y poco conductores del calor y la electricidad.

Los cuasicristales nos han mostrado, además de su extraña estructura y propiedades, que en el mundo de la ciencia nada se debe dar por sentado, ni ninguna proposición tiene el rango de verdad absoluta.

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