El desamor en el corazón del amor

25 Junio 2020 por mariofv

El amor es un sentimiento pleno que nos completa de todas las formas posibles, siempre y cuando todo sea bonito –o eso se dice en los cuentos de hadas, donde se vende el amor como algo romántico y sin problemas que siempre sale bien–. ¿Pero alguna vez nos hemos parado a pensar qué pasaría si el príncipe dejase a Cenicienta? ¿Cómo se sentiría ella? ¿Seguiría sonriendo como si no pasara nada?

Siempre pintan el amor como algo que no da problemas, como algo maravilloso; de ahí el tópico, ¿no? “Y vivieron felices y comieron perdices”. ¿Pero realmente se puede ser feliz siempre? El problema es que, desde pequeños, muchos de nosotros soñamos con la típica historia de amor adolescente donde todo es maravilloso, porque te crees que has encontrado a alguien que te hará feliz siempre. Pero en la “vida real” nada es perfecto, nadie tiene la relación perfecta y nadie es feliz por siempre jamás, aunque muchas veces se confunda el ser feliz con sonreír. Sin embargo, tristemente, la sonrisa exterior a menudo no denota el auténtico estado de ánimo interior de alguien. Y cuando creemos haber conseguido al fin ese amor imposible y nos damos cuenta cómo, poco a poco, se apaga y las dificultades se hacen demasiado grandes, nos invade una sensación de angustia que no podemos controlar; que se apodera de nuestra mente con preguntas y más preguntas que nunca tendrán respuesta. Esa sensación nos hace preocuparnos y ahogarnos con nuestras propias lagrimas, preguntándonos si todo este tiempo habremos estado viviendo una mentira.

Pero en eso consiste el amor, en una gran mentira pintada de felicidad eterna, que en realidad está llena de traiciones, de enfados y peleas, y de lágrimas que derramas por no poder expresarte con palabras. Y no quiero decir que enamorase no esté bien, sino que todo lo perfecto alberga algo imperfecto en sí.

Cristina Carvajal Fernández

Quiero trabajar en algo que me guste

16 Junio 2020 por mariofv

¿Pero a alguien le puede gustar el trabajo o alguien puede trabajar por gusto? El trabajo es un fleco del eterno problema de la teodicea: la necesidad del mal.

Disiento de Lessing y de su alma de viejo teólogo protestante, quien decía que el divertirse es tan necesario como el trabajar; y de Gorki y su idea estajanovista de que el trabajo puede ser un placer. ¡Qué confusión! Está claro que el trabajo es una necesidad, pero el divertirse sólo es una posibilidad. Para los comunes mortales, es imposible vivir sin trabajar, pero es posible vivir sin divertirse. El trabajo es un deber, no un placer. Los deberes se cumplen, los placeres se disfrutan. Los deberes se cumplen, aunque no se disfrute. Los placeres y la diversión se disfrutan, aunque no se deba. El cumplir un deber es una obligación. El disfrutar y el divertirse son un gusto, una opción. Con fuerza de voluntad cumplimos deberes y nos abstenemos de placeres. El deber exige sacrificio y el placer no. Tan irónico es decir que uno se sacrifica divirtiéndose como decir que uno se divierte sacrificándose. Un deber sin sacrificio no es un auténtico deber y un placer con sacrificio ya no es tanto placer ni tan divertido. En definitiva, ni el trabajo es un gusto, salvo perversiones, ni el placer o la diversión un trabajo, salvo disonancias cognitivas de a quien no le queda más remedio.

Mario Francisco Villa

¿Cuándo se acabará esto?

9 Junio 2020 por mariofv

Cuando empezó el confinamiento, mis preguntas más recurrentes fueron: ¿Cuándo acabará esto?, ¿cuándo podremos volver a salir? Y lo más curioso es que ahora que por fin puedo salir, mi preocupación es otra, muy ajena a lo que yo pueda o no hacer o disfrutar. A continuación, intentaré explicar el porqué de este cambio. Mi preocupación nada más empezar esta crisis fue pensar cuándo volveríamos a la normalidad, creyendo que eso solo se conseguiría, “volviendo a salir”, “volviendo al colegio”, “volviendo a viajar”… Pero no, me he dado cuenta de que la antigua normalidad no volverá. Después del confinamiento, ha venido algo peor; por lo menos así lo pienso yo. Ha llegado la crisis económica, la crispación, las revueltas, las protestas… y de estas protestas son de las que realmente quiero hablar en este texto.

Mientras la mayoría seguíamos estando en casa sin salir más que unas pocas horas; mientras hacíamos deporte en las horas estipuladas; mientras no podíamos salir con nuestra familia de paseo, porque solo se podía salir en parejas; mientras asistíamos diariamente a los aplausos a nuestros sanitarios desde nuestras ventanas; mientras todo esto sucedía… a las 21:00 horas, en muchas ciudades, algunas personas decidieron saltarse todas las medidas de distanciamiento social y hacer manifestaciones (me da igual por qué o por quién se convocaran); es decir, empezaron a hacer lo más contraproducente que se podía hacer en esos momentos, mientras una gran parte de la población se sacrificaba. Después, si esta idea no les había parecido lo suficientemente maravillosa, decidieron además manifestarse en vehículos. Y si algo positivo se había sacado de toda esta crisis, el haber limpiado el medio ambiente, ahora también hacían gala de no haberse dado cuenta de ello. Una de las lecciones que se ha podido aprender de todo esto es que el medio ambiente necesitaba “un respiro”. No me podía creer que, después de una idea tan equivocada como era manifestarse, surgiera otra peor, manifestarse en coches, contaminándolo todo, y solo pensando en su beneficio personal, el beneficio político.

Ahora mismo estoy en el mismo punto en el que empecé: ¿Cuándo acabará esto? Pero, aun siendo aparentemente la misma pregunta, ya no lo es, pues ahora mi pregunta necesita una respuesta más compleja: ¿Cuándo acabará el egoísmo del ser humano?

Elsa Martín Blanco

Las clases y la pandemia

4 Junio 2020 por mariofv

Desde el día 13 de marzo, todos los institutos y colegios de nuestro país se cerraron de forma permanente, sin que nosotros, los alumnos y las alumnas, supiéramos cuándo íbamos a poder volver a nuestras aulas. Al principio, la verdad es que fue un alivio para todos. ¿Qué mejor plan que no ir a clase, no tener que estudiar y no hacer ningún examen? La verdad es que no sabíamos la que se nos venía encima.

Aparte de tener que estar confinados en nuestras casas, tuvimos que acostumbrarnos a una rutina muy distinta a la de las clases presenciales. Tuvimos que enfrentarnos a muchos trabajos, que los profesores nos enviaban a través de Internet y que teníamos que hacer desde casa. Pero eso no iba a ser lo peor. Ni nos hacíamos idea de la suerte que teníamos de acudir al instituto todos los días. No sólo recibíamos clases presenciales, sino que además los profesores nos daban contenidos que, en la mayoría de los casos, pueden sernos muy útiles posteriormente. Además, estábamos con todos nuestros compañeros y amigos. Muchos profesores intentaron darnos clases online, una nueva forma de trabajo, muy distinta tanto para ellos como para nosotros, que, la verdad, fue un poco compleja de asumir al principio. Sin embargo, a pesar de esas dificultades, al final logramos sacar el curso adelante.

Sin olvidarnos de nuestros mayores, que fueron quienes sufrieron el golpe de la pandemia más directamente, con muchos fallecidos, creo que los jóvenes, aunque de distinta forma, también nos hemos visto muy perjudicados. No hemos podido ver muchos de los contenidos de este curso, y el año que viene tendremos que enfrentarnos a 2º de Bachillerato con esa carencia. Se nos exigirán el año que viene y tendremos que examinarnos de ellos en la EBAU. Para colmo de males, por culpa del coronavirus, nos hemos quedado sin nuestro viaje de estudios, el último que íbamos a hacer todos juntos antes de dejar el instituto.

La verdad es que antes de todo esto no sabíamos lo afortunados que éramos al ir a clase todos los días hasta que la pandemia nos lo impidió. Como dice el refrán “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.

Ana González Carretero

¡Qué bello es vivir!

28 Mayo 2020 por mariofv

Qué tan corta es la vida! Muchas veces no nos damos cuenta de la gran importancia que tenemos en este mundo, de lo mucho que nos quieren las personas y lo mucho que nos valoran, y lo fácilmente que podemos romperles su corazón en mil pedazos. No nos damos cuenta de que todo puede cambiar en un solo instante, haciendo que algo divertido y que tan solo era un juego pueda terminar con la vida, con nuestra vida. Es un tópico decir eso de “vive cada día como si fuera el último”, pero, para vivirlo como si fuera el ultimo, tendríamos que pensar que realmente es el último; y no solo nosotros, sino todos los de nuestro alrededor.

Desafortunadamente, estamos en una cultura donde la muerte se paga con lágrimas. ¿Pero no sería mucho mejor afrontar la muerte como el día siguiente al de hoy? Pocas veces nos paramos a pensar que cada año que pasa estamos avanzando hacia el día y hora de nuestra muerte; y puede que ese mismo día, unos años antes, tal vez haya sido uno de los mejores de toda nuestra vida Por consiguiente, ¿por qué no sentir? ¿por qué no decir lo que pensamos? ¿por qué no mostrarnos tal y como somos sin complejos ni mentiras? ¿por qué no apreciar el verdadero significado de la vida, con sus días buenos y sus días malos, y demostrarles a todas las personas que quieres lo importantes que son en cada momento? Nadie dice que la muerte de alguien a quien verdaderamente queremos no duela. Pero es mejor pensar en los miles de cosas y buenos momentos que ese alguien que ya no está nos ha dejado.

Cristina Carvajal Fernández

El coronavirus y la desescalada

24 Mayo 2020 por mariofv

Hoy por hoy, la pandemia del Covid-19 está empezando a disminuir un poco su propagación. Pero eso no significa que la pandemia haya finalizado, ni mucho menos. Asturias está en fase 1 de la desescalada del confinamiento y, por este motivo, mucha gente empieza a creer que el virus ya no es un problema.

El virus sigue sin tener cura, por lo que todavía hay que ser prudentes y no saltarse las normas de la desescalada a la ligera. Asturias entró en fase 1 el 11 de mayo, después de casi sesenta días de confinamiento; y lo primero que hizo la gente fue tirarse a la calle a la hora a la que les estaba permitido salir. Fue tal la cantidad de gente que afluyó a las calles que a las 8 casi nadie aplaudía el trabajo de los sanitarios.

Dos semanas después, es decir, este próximo lunes 25 de mayo, Asturias entrará en fase 2. Mucha gente cree que Asturias entra en la fase 2 gracias a la responsabilidad de sus ciudadanos, pero la verdad es que ese no es el principal motivo por el que nuestra comunidad autónoma cambia de fase. El motivo fundamental es que las cifras de contagiados y de fallecimientos han disminuido considerablemente. En Asturias hay una media de mortalidad inferior al 1%

En resumen, la desescalada asturiana progresa adecuadamente. Pero no nos tenemos que confiar y pensar que el virus ya se ha ido. Todavía hay riesgo de contagios.

Alba Marcos Hernández

La experimentación animal

16 Mayo 2020 por mariofv

En los años 60, la Talidomida apareció en el mercado como un sedante para las mujeres embarazadas, que no perjudicaba a la salud del feto. Este medicamento había sido probado exitosamente en numerosos ensayos con animales. Sin embargo, por lo menos 10.000 niños de madres que tomaron la Talidomida nacieron con deformidades severas. Casos como este muestran que, al contrario de lo que se suele creer, la experimentación en animales no ofrece unos resultados fiables que justifiquen el sufrimiento al que son sometidos. Y esto no afecta únicamente a la industria, sino también a la ciencia, pues acaba suponiendo un impedimento para la investigación. A raíz de estas afirmaciones, deberíamos reflexionar: ¿tiene sentido continuar con este tipo de prácticas?

En primer lugar, la mayoría de experimentos realizados en animales no buscan obtener mejoras en la salud de la población, como es el caso de la investigación militar o de las pruebas de seguridad de cosméticos. Desde un punto de vista racional, el beneficio que los seres humanos obtienen es insignificante comparado con el sufrimiento y la muerte de manera sistemática de estos animales. Por lo tanto, la experimentación con fines lucrativos debe ser, a todas luces, rechazada. Afortunadamente, en Europa los ensayos de cosméticos están en la actualidad prohibidos.

En segundo lugar, hay que admitir que una parte de la investigación animal sí tiene como fin la cura de enfermedades y el aumento de nuestra calidad de vida. En estos casos, podría pensarse que este tipo de prácticas sí que estarían justificadas. Ello supondría, sin embargo, un error. El hecho es que las respuestas de los organismos humanos y no humanos son tan distintas que, en EE. UU. el 96% de los fármacos que pasaron con éxito ensayos con animales fallaron en los ensayos con seres humanos. Esto tiene dos consecuencias directas: por una parte, las personas que participan en los experimentos se exponen a recibir daños que no habían sido detectados, como ocurrió con el desastre de la Talidomida; por otra parte, impide que se desarrollen tratamientos, como la aspirina, que serían beneficiosos para los humanos y que, sin embargo, no superan las pruebas en animales. Por último, actualmente existe un gran número de métodos de investigación que no emplean animales, como el uso de cultivos celulares o simulaciones dirigidas por ordenador. Mediante estos procedimientos, se consigue que las reacciones se asemejen mejor al ensayo en un cuerpo humano, pero de manera totalmente inofensiva y significativamente más económica.

Finalmente, si lo único que nos importara fuera obtener los mayores avances para la salud humana, entonces deberíamos estar dispuestos a experimentar con otros seres humanos, aun contra su voluntad. A fin de cuentas, desde un punto de vista práctico, es la mejor alternativa para la investigación biomédica. Evidentemente, este tipo de experimentos resultarían escandalizadores e inmorales. Debido a esto, nuestra situación queda reducida a dos opciones: o aceptamos experimentar con seres vivos, o bien lo rechazamos y nos inclinamos por otros métodos de investigación. Como ya hemos mencionado, si basáramos nuestra decisión en la eficacia, deberíamos escoger la primera alternativa y permitir la experimentación en humanos. El decidir éticamente, sin embargo, nos obliga a escoger la segunda, abandonando los experimentos con animales e invirtiendo en el desarrollo de otros métodos: cualquier otra solución sería, en todos los aspectos, intolerable.

Elena Pérez San Luis

El deporte rey y el coronavirus

12 Mayo 2020 por mariofv

El fútbol es, sin lugar a duda, el deporte rey en España; y ha sido bastante sonado el regreso de los futbolistas a los entrenamientos, junto con las continuas discusiones que esto generaba. ¿Realmente se deberían usar test para que estos deportistas puedan volver a entrenar cuando se dice que no hay suficientes para el control de la enfermedad? Hay opiniones muy diferentes. Por una parte, hay jugadores que se niegan a poner en riesgo su salud y la de sus familiares; y, por otra, personas que afirman que no se debe destinar recursos a este tipo de cosas, sino que los test deberían ser usados en las residencias o proporcionados a grupos de riesgo. Pero seamos realistas: hay datos que muestran que en España se fabrica más de un millón y medio de test rápidos al día y que se exportan, porque no los compramos. Por lo tanto, no hay nada que impida que La Liga y los equipos compren estas pruebas para volver a entrenar.

Sin embargo, hay quien se pregunta a qué viene tanta prisa, si es solo un deporte y no se va a poder acudir a los estadios de todas maneras. Pues bien, vamos a hablar de lo que realmente significa el fútbol. El fútbol español supone el 1.37 por ciento del PIB nacional, genera cerca de 15.700 millones de euros de forma anual. Es decir, actualmente el fútbol español cuenta con el mismo tamaño que el PIB de Extremadura, duplicando al de La Rioja (”Las cifras de dinero que mueve el fútbol¨, en https://www.merca2.es/cifras-dinero-mueve-futbol-espana/). Y es que el fútbol no es solo pasión y goles. Los espectadores pagan por ver los partidos en su casa. Y millones de españoles lucen con orgullo la camiseta de su club preferido. Por eso tanta prisa, porque, ahora que la emergencia sanitaria parece remitir, le prestamos más atención a la economía y al daño que esta enfermedad le está causando. Es por eso que el deporte rey en España se reanudará, moviendo mucha pasión en cada equipo, pero no olvidemos que, a la vez, miles de millones de euros.

Julia Berdasco García

La epistocracia

8 Mayo 2020 por mariofv

Todos conocemos los sistemas políticos de la democracia y la dictadura. Pero en los últimos tiempos ha cogido fuerza un nuevo modelo político difundido en los últimos años por Jason Brennan, filósofo estadounidense y profesor en la Universidad de Georgetown, la epistocracia.

La epistocracia es un sistema en el que los votos de las personas que pueden demostrar su conocimiento político cuentan más que los votos de las personas que no pueden. Otra forma de aplicar la epistocracia es que solo puedan votar las personas que tengan ciertos conocimientos. Aunque la epistocracia tiene muchas concepciones diferentes, la idea general es que la mayoría de los individuos no tienen el conocimiento político necesario para participar en el proceso electivo. Los ciudadanos deberían pasar una especie de prueba para saber si son aptos o no, como si fuera un examen; si no lo aprueban, no pueden votar o su voto contaría menos.

Muchas personas señalan que la democracia es un modelo político que no funciona o que debe ser mejorado, puesto que tiene algunos problemas. El mayor problema de la democracia son los votantes desinformados, los que presentan cierta ignorancia política; aquellos cuyos votos cuentan lo mismo que el de las personas que conocen a fondo la situación real. Esto puede tener gravísimas consecuencias en las urnas. Es cierto que todavía no se sabe si este sistema funcionaría o no. Pero decisiones como el “Brexit” o la elección de Donald Trump, dice Bernann, quizá no se hubiesen producido bajo la epistocracia que propone. Esta alternativa a la democracia, cuyo lema podría ser “todo para el pueblo, pero sin la mayor parte del pueblo”, podría ser una opción seria a largo plazo y quién sabe si sustituirá a la democracia en algunos países.

Javier Piquero Romero

¡Justicia!

8 Mayo 2020 por mariofv

La pena de prisión es un castigo judicial que priva de libertad al acusado de un acto ilícito. Sin embargo, para saber quién comete dicho acto, se suele hacer uso del personal de policía. Estos investigan lo sucedido para determinar quién es el culpable y posteriormente llevarlo a juicio, donde el inexorable juez determinará su grado de culpabilidad y firmará su sentencia.

No obstante, muchas veces, o no se atrapa al verdadero culpable o se confunde y se condena a alguien inocente, quien, injustamente condenado, no solo perderá su libertad, sino que también perderá su trabajo, la confianza de sus seres queridos, tiempo de su vida, su honra o buen nombre, etc. Mientras, el verdadero culpable, seguirá sin remordimiento alguno viviendo su vida. Pero no solo este lo hará, ya que no es el único culpable de la desdicha del condenado, también seguirán con su vida los policías y los jueces.

Así pues, ¿quién tiene más culpa en un error judicial, el verdadero culpable del delito o los que robaron su vida a un inocente, bien sea por falta de pruebas, por prejuicios o por suposiciones, y cerraron el caso en falso? ¿Pero si todas las pruebas incriminaran al inocente, qué culpa tendrían los trabajadores de la justicia? ¿Cómo lo iban a saber si todo apuntaba hacia él o ella? La respuesta es sencilla: tienen toda la culpa, por no haberlo determinado con certeza y ser los responsables de la libertad de un criminal y del encarcelamiento de un inocente. Al igual que un médico responsable de la muerte de un paciente se disculpa con la familia y explica lo ocurrido, los trabajadores de la justicia deberían hacer lo mismo en caso de flagrante error judicial.

Paula Monasterio Álvarez