Artículo elaborado por Taryna Campo 

INTRODUCCIÓN  

El ciprés de nuestro jardín es en realidad un falso ciprés y su nombre cientifico es Chamaecyparis lawsoniana, pertenece a la familia de las cupresáceas.

Descripción: El ciprés falso puede alcanzar en la naturaleza una altura de más de 50 metros, cultivados en jardines privados raramente llegan a los 25,30 metros. La madera, una vez liberada de la corteza, es clara por lo que se convierte en especialmente adecuada para crear jins. El follaje es verde oscuro y brillante, mientras que el tronco suele adoptar formas curvadas.

Leyenda: Se asegura que la madera del ciprés es incorruptible a la carcoma con el paso de los años, habiéndose utilizado por ello su madera para la fabricación de muebles; y que si se colocan hojas machacadas entre simientes de cualquier especie, éstas nunca serán atacadas por los gusanos.

                      Falso ciprés dentro del jardín del IES ROCES

Se asocian, por lo general, los cipreses a los cementerios, considerándose, por tanto, árboles simbólicos de la Muerte; pero también se consideran árboles de la Vida cuando forman un bosquecillo, ya que sus efluvios devolvían la salud a la gente que acudía con el pecho dolido para respirarlos.

EL MITO DE CIPARISO 

Finalmente, os narro un cuento sobre la creación del ciprés: En los campos de Cartea había un ciervo al que las ninfas del lugar tenían por sagrado. No le faltaba de nada al animal, que con el paso de los años se había acostumbrado a corretear y pasear tranquilamente por toda la comarca sin que humanos, ni otros seres le atacasen; pues notable era su presencia. Sus cuernos brillaban como el oro; y colgaban de su torneado cuello collares de diamantes; una cinta de plata, ceñía su frente, de la que pendían pequeñas perlas, que se movían graciosamente cuando se movía, a juego con las dos grandes perlas de sus orejas. El ciervo, sin temor, se dejaba acariciar de toda persona; pero sin duda, con quien más congenió, fue con Cipariso, el más hermoso de las gentes de Ceos, la antigua isla de Kea. El muchacho acompañaba al ciervo en sus idas y venidas, llevándole a los manantiales más limpios para beber y a los mejores pastos para comer; le hacía guirnaldas de flores que colgaba de sus relucientes astas y, a veces, montaba sobre su lomo.

cipariso y su ciervo

Cipariso y su ciervo

Pero sucedió un día, que el ciervo sagrado, se tumbó a dormir después de una buena comilona. Cipariso había salido a cazar en compañía de su amigo el dios Febo Apolo. Divisó un bulto detrás de unos arbustos y lanzó contra el su jabalina. Cipariso corrió a ver la pieza que había acertado. El arma del guapo joven, que no había reconocido a su querido amigo, hirió de muerte al sagrado ciervo de las ninfas. Nada pudieron hacer ni Febo con sus conocimientos médicos ni Cipariso que lloraba desconsolado sobre el ciervo, deseando, él mismo, la muerte. Tampoco consiguió Febo sacar de la cabeza de Cipariso su deseo de morir. El agraciado joven quedó de rodillas, derramando lágrima tras lágrima, sobre el cadáver de su amado ciervo, pidiendo a los dioses estar de luto todo el tiempo. Agotadas todas las lágrimas, comenzaron sus miembros a tornarse de color verde y a crecerle el pelo que se le enmarañó y endureció; adquiriendo una gran altura desde la que podía mirar las estrellas desde su copa. Muy triste y apenado quedo Febo, por la pérdida de su amigo y, con voz honda y profunda pronunció estas palabras: 

Luto serás desde este instante para la gente y consuelo serás de los dolientes.

Aunque nuestro ciprés es un “falso ciprés”, después de leer este hermoso mito, ya no podremos evitar considerarlo como a Cipariso metamorfoseado en árbol.

   Isla de Ceos o Kea, de donde era Cipariso

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