Taryna era la encargada de preparar el mito de Dioniso para darle la bienvenida a la nueva viña que tenemos en el jardín y que, por supuesto, le hemos dedicado al dios del vino. Ha encontrado este soneto:

Fluya el vino en raudal; cada Bacante
dance y embriáguese la noche entera,
desnuda entre la fronda, que la fiera
dormida en cada copa es un amante
dispuesto a alborotar, desafiante,
cuerpo y alma hasta la última frontera;
espíritu de Baco, que libera
cuanto el recato reprimió frustrante.

Coronado de pámpanos, Dioniso
logra crear ficticio paraíso
sin fracasos, ni lágrimas, ni heridas,

como si todo aquello que se alcanza
se convirtiera en oro, a semejanza
del infortunio acontecido a Midas.  

DIONISO (Διώνυσος Diônysos o Διόνυσος Dionisos)

Hijo de Júpiter en la mitología griega dios del vino y de la vegetación, enseño a los mortales la vid y cómo hacer vino. Era bueno y amable con quienes le honraban, pero llevaba la locura y la destrucción a quienes lo despreciaban o a los rituales orgiásticos de su culto. De acuerdo con la tradición, Dionisio moría cada invierno y renacía en la primavera. Para sus adeptos, este renacimiento cíclico, acompañado de la renovación estacional de los frutos de la tierra, encarnaba la promesa de la resurrección de los muertos. 

BACO:

Dios del vino en la mitología romana, solía caracterizarse de dos maneras: una como dios de la vegetación, específicamente de los frutos de los árboles, que aparece representado en los vasos con un cuerno con bebida y racimos de uvas. Cómo llego a ser el dios popular del vino y del regocijo, se dice que en algunos de sus festivales se producían milagros en los que dicha bebida era el ingrediente predominante   

INFANCIA DE DIONISO

Antes de que su madre muriera, Zeus extrae el fruto de su vientre y lo injerta en su muslo para salvarle la vida, una vez concluida la maduración lo sacará de ahí. Por orden de Hera los Titanes se apodaron del hijo recién nacido de Zeus, Dioniso, niño coronado con serpientes y, a pesar de sus transformaciones, lo desmenuzaron. Hirvieron los pedazos en una caldera, mientras un granado brotaba de la tierra donde su sangre había caído; pero salvado y reconstruido por su abuela Rea, volvió a la vida. Perséfone a quien Zeus confió su cuidado, lo llevó al rey Atamante de Orcomenos y su esposa ino, a quienes persuadió para que criasen al niño en las habitaciones de las mujeres, disfrazada de niña. Cuando llegó a la edad viril, Hera lo reconoció como hijo de Zeus, a pesar del afeminamiento a que lo había reducido su educación, confundiéndolo. Pero no se podía engañar a Hera, quien castigó al matrimonio real con la locura, de modo que Atamante mató a su hijo Learco confundiéndolo con un ciervo Luego, por orden de Zeus, Hermes transformó temporalmente a Dioniso en un chivo y lo regaló a las ninfas Macrís , Nisa, Erato,Bromia y Bacque, del monte Nisa en el Helicón. Ellas cuidaron a Dioniso en una cueva, lo mimaron y lo alimentaron con miel, servicio por el cual Zeus colocó luego sus imágenes entre las estrellas con los nombres de las Híades. Dioniso fue a recorrer el mundo entero acompañado por su preceptor Sileno y un ejército salvaje de sátiros y ménades, cuyas armas eran el báculo con hiedra enroscada y con una piña en la punta, llamada thyrsus y espadas, serpientes y bramaderas que infundían terror. Navegó rumbo a Egipto, llevando consigo el vino, y en Faros el rey Proteo lo recibió hospitalariamente.Allí después de encontrar mucha resistencia en el camino, conquistó todo el país, al que enseño el arte de la vinicultura, dotándolo además de leyes y fundando grandes ciudades. Fue en el Monte Nisa donde Dioniso inventó el vino por el que se celebra principalmente.

DIONISO Y LA VID

Cuando Dioniso creció, descubrió la cultura del vino y la forma de extraer su precioso jugo. A este respecto, la leyenda narra lo siguiente: Dioniso se encontró con un frágil tallo de parra, sin pámpanos, racimos o fruto alguno. Le gustó, y decidió hacer algo para preservarlo. En primer lugar, lo introdujo en un huesecillo de pájaro. Tan a gusto se encontró el tallo, que siguió creciendo. Fue entonces cuando tuvo que transplantarlo al interior de un hueso de león de león. Posteriormente, hubo de pasarlo a un hueso de asno, de mayor tamaño. Al tiempo, el tallo se convirtió en una parra y dio su fruto. Entonces descubrió Dioniso las propiedades de su zumo fermentado. La hiedra aplaca los excesos del vino. Con coronas de hiedra se ceñían las cabezas de los dionisiacos en sus fiestas.

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