A raíz del caso de Marta

22 02 2009

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El dolor siempre empaña la visión de la realidad; las lágrimas por una vida arrebatada son ardientes, como la lava que sale de la tierra desquebrajada, y el vapor liberado del corazón roto por el impacto profundo de la pérdida hace traslúcido el aire frente a quien lo sufre; por ello el dolor sólo ve dolor. El homicidio de Marta del Castillo, como el de todas las mujeres que mueren cada año a manos de sus parejas o ex parejas, es lo suficientemente doloroso como para levantar el rechazo social; sin embargo, aún no han desgarrado la capa impermeable de una sociedad que a menudo prefiere no mirar a los ojos de la realidad, que toma la tangente de los argumentos de siempre o se detiene ante análisis parciales para buscar una lectura justificativa con la que concluir que el problema únicamente es la suma de los casos conocidos, desconsiderando todo lo que hace que se produzcan cada uno de ellos con sus peculiaridades y diferencias.
Hablar de violencia de género no sólo es hacer referencia a las estadísticas que resumen un periodo de tiempo determinado. Lo que se destaca bajo ese concepto es la existencia de elementos que la cultura ha puesto a disposición de los hombres para que aquellos que lo decidan puedan utilizarlos para construir la estructura en la que atrapar a “su mujer”. Y si esta escapa y ellos lo consideran, que lo haga con el precio de su vida. Son esos factores los que, según se deduce de la información existente en el momento actual, han hecho que un hombre de 20 años de edad decidiera acabar con la vida de Marta después de haber compartido una relación de dos meses hace un año.
En este caso, la juventud no es la clave del problema, sino tan sólo uno de los elementos acompañantes, que se ha visto potenciado por el resto de circunstancias. El pasado año, otra chica de 17 años fue asesinada por su novio, y la reflexión sobre el factor edad no fue tan intensa. Las profundas raíces de la violencia de género han sido el principal problema de la violencia que sufren las mujeres: esa presencia histórica y su normalización sobre la crítica de determinadas circunstancias que la esperanza en las nuevas generaciones aún no ha resuelto.
La violencia no está ausente del mundo de los jóvenes, tal y como reveló el Informe sobre la Convivencia Escolar al reflejar que un 19,9% de los alumnos actúa de forma violenta o consiente la violencia.
En 2008 el 29,2% de las mujeres asesinadas tenían menos de 30 años, y el 20,8% de los agresores pertenecía al mismo grupo de edad; todos ellos se engancharon con su corta edad a un tiempo viejo de valores caducos. No basta la actitud pasiva ni la crítica sobre los casos; ello podrá producir más o menos rechazo sobre el suceso, o mayor o menor repulsa ante las circunstancias, pero apenas modificará la conciencia crítica social sobre el problema y la violencia de género.
Un ejemplo cercano lo tenemos en el mes de diciembre del pasado año, un mes en que fueron asesinadas 11 mujeres, el mayor número de homicidios durante todo 2008; sin embargo, el porcentaje de población que consideró la violencia contra las mujeres como un problema grave, según el Barómetro del CIS, sólo fue del 1,8%, sin que ello significara que en cada uno de ellos no se produjera un rechazo ni muestras de solidaridad con las familias.
La Ley Integral ha dirigido gran parte de sus esfuerzos a concienciar y sensibilizar a la sociedad, a introducir referencias para la convivencia y la paz a través de la educación, y a formar a los profesionales que intervienen en los casos relacionados con la violencia de género. Pero no basta con las políticas institucionales: estas han dado sus frutos en los casos que han llegado a las diferentes Administraciones, pero prácticamente en el 80% de los homicidios no existía denuncia previa y nada se pudo hacer desde las instituciones.
Las políticas públicas son fundamentales pero también es necesaria la implicación de cada una de las personas y no sólo cuando la violencia esté presente, sino de manera preventiva. Debemos interiorizar el problema y transmitir a las personas que estén a nuestro lado –sean pacientes, usuarias de determinados recursos o servicios, clientes, hijos o hijas– que, del mismo modo que se dice “no puede usted comer de esto o beber de aquello”, “tiene que caminar 20 minutos al día”, “ten cuidado con lo que tomas en la fiesta”, hay que decir también “no se te ocurra controlar o cuestionar a tus amigas” y “no dejes que tus amigos te fiscalicen la vida”.
Pero aún así no será suficiente; aún haría falta algo más para poder caminar tranquilamente sobre esas nuevas referencias, y ese algo más es acabar con las amenazas, los miedos y las dudas que tratan de introducir quienes se sienten cuestionados cuando se habla de igualdad. Resulta difícil aceptar que, hoy por hoy, el debate sobre las circunstancias que envuelven la violencia de género más allá de los homicidios, todavía gire alrededor de mitos como el de las denuncias falsas, el que la ley ataca a los hombres, la inconstitucionalidad de una ley aprobada por unanimidad en el Parlamento y confirmada por el Tribunal Constitucional en las cuestiones elevadas ante él, o que se cuestione el concepto género acudiendo al purismo lingüista y al mismo tiempo se inventen otros como el de hembrismo, todo ello, en algunos casos, utilizado además desde posiciones institucionales.
La solución a la violencia de género pasa por desmontar las referencias históricas que utilizan los agresores y los que desde la pasividad las usan para esconderla o esconderse, y por situar en su lugar instrumentos para avanzar con más decisión por el camino de la igualdad. Podemos conseguirlo, pero es necesario que todas y cada una de las personas quiten una piedra y pongan su granito de arena.

Miguel Lorente Acosta es Delegado del Gobierno para la Violencia de Género del Ministerio de Igualdad. Publicado en el periódico Público (21 de febreo de 2009)



Cómo prevenir y defenderse de las agresiones. Guía para chicas II

13 02 2009

No permitas: 

-     Que te desnuden con la mirada, que te agredan con la palabra o que toquen tu cuerpo cuando tú no quieres. Plántate. Frénales con tu mirada. Con tus palabras. Actúa con firmeza. No te avergüences y ten valor para que se avergüencen ellos. Busca la complicidad de tus amigas o de las personas que te rodean.

-     Algunos aprovechan los autobuses, el metro, las fiestas y las aglomeraciones, para «meter mano». Reacciona y responde a la situación concreta, de forma que tú no salgas perdiendo y ellos aprendan para otra ocasión.

-     Tienes derecho a bañarte desnuda en una playa, si te gusta, a usar minifalda, a no llevar sujetador. Y ellos, no tienen derecho a meterse contigo. Tú no les provocas, les provoca el mal rollo que tienen en su coco.

-     Si eres simpática, arrolladora, atractiva y ellos, lo viven como una provocación, no te cortes. Es su problema.

-     A veces hay que parar los pies a los propios compañeros, a los amigos, cuando vas de marcha un sábado, en una fiesta, un fin de semana. Vas a pasar un rato agradable, a divertirte, a estar entre personas de tu confianza… pero, si se pasan, tienes que defenderte y mostrarles tu desagrado y rechazo.

 Cinco cosas que tienes que saber:

 Una. Te costará creerlo, pero investigaciones realizadas han constatado que más de la mitad de los abusos sexuales a menores, se dan en la familia por parte de un cuñado, del padre, del abuelo o de un hermano. Si eres una de ellas, no lo ocultes por cariño mal entendido, vergüenza o miedo. Coméntalo con tu madre, con alguna amiga o persona adulta que te ofrezca confianza. No pienses que no te van a creer, porque ahora ya sabemos que estas agresiones suceden. Denúncialo. No pares, hasta solucionar el problema que te haya creado esa persona. Te puede hacer mucho daño el ocultarlo. 

Dos. A veces suceden agresiones, por parte de amigos de la familia, que se aprovechan cuando una chica está sola. No te cortes. Coméntalo con tu madre y tu padre. Enfréntate a los supuestos amigos familiares, contando su comportamiento. Decídete por la denuncia judicial, si fuera preciso. 

Tres. Hay chicas que también reciben agresiones por parte de algunos compañeros de su propio Centro escolar, tales como: que ridiculicen su cuerpo o el de alguna compañera, ofensas verbales o físicas contra las chicas en los vestuarios de gimnasia, en los pasillos del Centro, en la calle, desprestigiar a una compañera porque no quiere aceptar una relación con un chico, tocar a una chica sin su voluntad, contar chistes despectivos para las mujeres en las fiestas escolares, realizar pintadas ofensivas para las mujeres en las paredes del Centro, intentar acomplejar a las chicas o chicos que no responden a los modelos de belleza establecidos, expresiones ofensivas de los chicos respecto al cuerpo de las profesoras. Y una larga lista de otros hechos, que van configurando una situación de normalización de estas agresiones.

 Cuatro. No tengas miedo a desnudarte delante de un médico o de sentarte ante un psicólogo, pero has de ser espabilada, para distinguir el tratamiento necesario para tu salud, de las palabras, miradas, tocamientos, que nada tienen que ver con ella. Cuando no estés conforme con el trato que te dan, no te acobardes y responde, contándolo a alguna persona de tu familia o a alguna amiga y denunciándolo según convenga en cada caso. 

 Qué hacer si has sido agredida:

 *No creas que la agresión que te acaban de hacer, es normal, porque es habitual. No pienses: «también les ha pasado a otras chicas», «no tengo que darle importancia…». Párate a contarte a ti misma lo que ha pasado.

 *No ocultes la agresión recibida. Esfuérzate por vencer la vergüenza, el miedo, el bloqueo. No tengas miedo al «qué dirán» y cuéntale a alguien en quien confíes o a una amiga, lo que te ha pasado y pídele que te ayude.

 *Nunca te autoculpabilices. Sería el colmo. Eres la agredida no la responsable de la agresión. Ten valentía para criticar con energía el comportamiento de quien te ha agredido. Ellos casi siempre se defenderán echándote a ti la culpa y diciendo que son inocentes, pero tú, sigue firme con tu denuncia, porque tú eres la que mejor sabes cómo has sido agredida .

 *Denuncia la agresión, ante tu familia, el Centro escolar, el Centro médico o lugar que veáis más conveniente según cada caso. Puedes denunciarlo también en algún Colectivo social de mujeres que conozcas, o en el Instituto de la Mujer, de la Juventud… No ocultes los datos, de quien te ha agredido.

 *En caso de haber sido agredida en el ámbito familiar, después de denunciarlo, exige que salga de casa quien te ha agredido y no aceptes ser tú la que salgas para arreglar el problema.

 *Exige en tu Centro escolar, una educación adecuada que te ayude a tener unas relaciones afectivas y sexuales positivas. 

 Qué hacer para prevenir las agresiones:

 -      Critica y denuncia siempre que puedas, las continuas agresiones sexuales que aparecen en la tele, en las revistas, en la pornografía, como si fuera algo normal. Colaborarás con ello, a que se cree un estado de opinión, que obligue a los agresores a sentirse avergonzados, rebajados y a que se cuestione el poder que ejercen irracionalmente sobre el cuerpo de las mujeres.

-      No rías las gracias de los chicos u hombres que confunden las «bromas» con las «agresiones» y el «sentido del humor» con la «actitud sexista», les ayudarás con ello a que traten con respeto al cuerpo de todas las mujeres.

 Mª José Urruzola 



Forges contra la violencia machista

8 02 2009



Cómo prevenir y defenderse de las agresiones. Guía para chicas I

6 02 2009

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Aprendiendo a distinguir las agresiones

No te será difícil diferenciar entre:

1- La violencia psíquica, los actos que van dirigidos a destruir tu autoestima o a que te aísles tú misma de las personas que te rodean. Por ejemplo, comentarios degradantes, amenazas, humillaciones delante de otras personas, destruirte objetos que para ti tienen un valor sentimental, actos de poseerte o de controlarte… Suelen ser el primer paso que avisa de los malos tratos físicos.

2- La violencia física, cualquier acto que te produzca daño en tu cuerpo, por ejemplo, bofetadas, golpes…

3- La violencia sexual, cuando te imponen una relación con tu cuerpo que tú no quieres por cualquier motivo, por ejemplo, un beso forzado, un tocamiento cuando tú no querías…

De los tres tipos de violencia, la que más suelen padecer las chicas jóvenes es la violencia sexual.

Para que te sea fácil distinguir si una relación es agresión sexual o no, te puedes fijar en algunos indicadores como éstos:

• Cuando una persona toca tu cuerpo sin tu consentimiento.

• Cuando tú has aceptado una relación con otra persona, pero ella se pasa del grado de relación que tú quieres tener.

• Cuando una persona convierte una relación que en principio es correcta en agresión, por la intencionalidad, el tono, el poder o la fuerza…

• Cuando se insinúan o relacionan contigo a través de gestos que tú no deseas.

• Cuando alguien interpreta que un juego de seducción es una justificación, para llegar a tu cuerpo sin que tú quieras.

Mª José Urruzola