Reflexión para un 8 de marzo

26 02 2015

Aprovechando este 8 de Marzo preelectoral queremos compartir una reflexión sobre estos últimos años de trabajo en igualdad desde las

De la escuela mixta a la coeducativa.

Con la desaparición de la escuela segregada y el acceso a la escuela mixta el problema de la igualdad de género en las aulas no quedó resuelto en absoluto, de manera que el paso siguiente fue hacer explícitas acciones en las escuelas, ahora, coeducativas. Sin embargo, después de décadas trabajando desde las aulas en igualdad poco parece cambiar a nivel social. ¿Por qué? ¿No es la educación el motor del cambio?

La desigualdad de género es estructural, está disuelta en cada nivel de la sociedad: en las relaciones personales, en el quehacer de las familias, en las relaciones laborales, en la publicidad y los medios de comunicación,… La violencia de género es hija de esa desigualdad preexistente. Esta sociedad androcéntrica en la que vivimos desde hace muchos siglos reproduce modelos desiguales con roles diferenciados y desequilibrados para hombres y mujeres. Y la escuela no escapa de esos paradigmas y  es, a su vez, androcéntrica. Los modelos de referencias históricos, sociales, científicos, etc. siguen situando al hombre en el centro, dándole un valor preponderante sobre las mujeres. En las escuelas siguen reproduciéndose esos roles tradiciones (a veces explícitamente y otras veces de maneras más sutiles). Una vista rápida a los libros de texto nos bastaría para darnos cuenta de esto: ¿cuántas mujeres aparecen en los libros de Historia o Filosofía? ¿Cuántas son sujetos agentes en los de lengua o protagonistas en los problemas de matemáticas? Pero también, ¿cuántas son directoras, inspectoras, etc….?

Los valores asociados a los hombres siguen siendo la competitividad, la violencia, la valentía, la independencia,… Los valores asociados a las mujeres: la sumisión, la dependencia, junto a lo estético y lo emocional. Modelos tradicionales y desiguales que acaban generando los problemas consabidos entre los que está, sobre todo por su gravedad, el elevado número de mujeres muertas por sus parejas o exparejas.

¿Por qué no aparecen ya modelos diversos de género? Las diferentes y diversas maneras de ser hombre y mujer. Es más, ¿qué modelos de género queremos promover? ¿Qué mujeres u hombres queremos ser o queremos que lleguen a ser los y las ciudadanas del futuro? Y, al final, ¿en qué sociedad queremos vivir? A esta última pregunta diremos que en una más cooperativa, empática y solidaria. Más igual y más libre. Esto parece algo positivo para todos, hombres y mujeres.

Uno de los frenos que desde las escuelas encontramos en la búsqueda de la igualdad es que, hasta ahora, la “lucha” contra ese modelo androcéntrico se ha dejado de la mano del voluntarismo del profesorado comprometido, quienes con su esfuerzo y perseverancia han tenido que hacer frente a las resistencias internas y externas para realizar actividades y acciones de promoción de la igualdad. Hay que reconocer la existencia de algunos programas que han ayudado y ayudan a esta labor como: “Ni ogros ni princesas”, “Eso por la salud”, la publicaciones periódicas del Instituto asturiano de la mujer en torno al 8 de Marzo, los talleres de sensibilización sobre violencia de género que durante años impulsó el Ayuntamiento de SMRA en los centros educativos del concejo, etc… Ahora bien, todos ellos no dejan de ser momentos anecdóticos en el día día de nuestro alumnado. La realidad con la que se tropiezan habitualmente es la descrita más arriba.

De la coeducación a la Ley contra la violencia de género

No hay duda que la Ley contra la violencia de género (2004) dio un impulso al fomento de la igualdad en las aulas. Con esta ley la coeducación pasó, al menos formalmente, a un primer plano en los currículum. También se introdujo la figura de “Agente de Igualdad” que tendría que impulsar las acciones por la igualdad en los centros educativos. Ambos aspectos nos dieron esperanza a quienes llevamos años trabajando en igualdad. Pero estos últimos 10 años se llevaron la esperanza y nos dejaron:

-La disolución de la figura de agente de igualdad, que no llegó a tener nunca ningún tipo de reconocimiento ni en horas ni en proyección de su labor,… es más, en algunos centros educativos recayó en el representante del AMPA en el Consejo Escolar, poniendo de manifiesto la poca o ninguna importancia que se le otorgaba.

-La eliminación de materias como Educación para la ciudadanía o la Educación ético-cívica que abordaban los temas de igualdad de género como parte de su contenido curricular.

-La consideración de la igualdad como un tema transversal, en forma de competencia ciudadana, quedando colgado de una lista muy larga de esos “problemas sociales” a resolver desde las escuelas, junto con las drogo-dependencias, el acoso, el mal uso de las TIC, etc…

-La falta de implicación política real, material, en la obligatoriedad para los centros educativos de poner en marcha un Plan de igualdad igual que hay uno de convivencia.

-La inexistencia de programas atractivos de orientación profesional que generen cambios en las elecciones profesionales de género.

-La reducción del número de horas disponibles para desarrollar programas en los centros educativos. Con una plantilla de profesorados saturada de horas lectivas es difícil que se abra paso la creatividad. Estos años con el empeoramiento de las condiciones laborables, incluso se va perdiendo ese voluntarismo que se mencionaba al principio del escrito.

¿Qué nos cabe esperar?

-Más formación real y obligatoria para el profesorado, que se introduzcan estos contenidos en todos los cursos de formación. Que se “obligue” a mirar por unas gafas violetas a todo el profesorado, de manera que sea difícil sustraerse o negar la desigualdad de género.

- Que no haya en las aulas libros de texto sin mujeres y sin hombres diferentes a los modelos tradicionales. Se puede hacer, echando atrás los materiales en los que no se cumplan unas tasas. Propongamos modelos de género diversos para romper con esa dicotomía tan dañina.

- Dar espacio en las escuelas, importancia y reconocimiento a quienes trabajan con seriedad en igualdad de género, con más horas no lectivas, con reconocimientos en formación o innovación educativa.

Ana R. Frechilla

Estadísticas Este artículo ha sido visitado  931  veces


Acciones

Informaciones

Enviar un comentario


*
Para demostrar que eres un usuario (no un script de spam), introduce la palabra de seguridad mostrada en la imagen.
Anti-Spam Image