La multitud guarda un minuto y medio de silencio. De repente se oye un grito: “Si no ahora, ¿cuándo?”. Y la plaza del Popolo, completamente llena, de mujeres sobre todo, pero también de hombres, estalla en una sola voz: “¡Ahora, ahora, ahora!”. El grito no solo se ha oído en Roma. Convocadas por diversas asociaciones feministas, últimos reductos de un pasado más activo y eficaz, cientos de miles de italianas (e italianos) se han echado este domingo a las calles de 230 ciudades, pequeñas medianas y grandes. La movilización se ha extendido a otros 50 lugares del planeta, de Tokio a Madrid, Atenas, Ámsterdam, Nueva York o Honolulu.
En Milán, bajo la lluvia, miles de manifestantes han llevado bufandas blancas en señal de solidaridad con los menores. Y en Roma, donde se ha vivido la marcha más larga y numerosa, había monjas y estudiantes, abuelas con sus nietas, militantes de la izquierda, sindicalistas y también funcionarias, escolares. Al acabar la concentración de la plaza del Popolo, un grupo de manifestantes se ha dirigido hacia las puertas del Parlamento. Pero no se han registrado incidentes.
Dignidad, respeto y dimisión
La participación en la protesta simultánea ha superado el millón de personas, según ha anunciado la organización en Roma. Los manifestantes han reclamado dignidad y respeto para las mujeres, han pedido la dimisión de Silvio Berlusconi y han mostrado su hartazgo con el modelo político y cultural de estirpe machista y patriarcal, dejando claro que muchas mujeres tampoco se sienten representadas hoy por la débil oposición.
Llegó el momento de decir basta. Parece que, por fin la paciencia de las mujeres italianas ha llegado a su fin. Hartas de un país gobernado bajo los valores más rancios del patriarcado radical, del machismo sin escrúpulos.
El ambiente en la plaza ha sido de rabia y melancolía. Pero también de esperanza, de energía resucitada. Como si Italia estuviera despertando de repente del falso sueño de riqueza y alegría permanente que lanzan cada noche las televisiones del país. La sensación es que no se trata solo de echar a Berlusconi, que también, sino de recuperar la identidad femenina difuminada en el auge de las velinas; y de retomar la responsabilidad olvidada en la sociedad italiana.
Giulia Bongiorno, diputada de Futuro y Libertad, el grupo disidente de Fini, ha sido de las más aplaudidas. “No estoy aquí para criticar las fiestas hard, sino para denunciar que se han convertido en un sistema de selección de la clase dirigente”, ha dicho. Quien calla puede convertirse en cómplice. Esta no es una protesta de moralistas como ha dicho alguien en estos días como un intento de disminuir vuestra asistencia. Tienen miedo de vosotros”.
El caso Ruby, en el que Berlusconi está en espera de ser enviado a juicio por cohecho y prostitución de menores, ha generado un encendido debate sobre la condición de la mujer en Italia, un país que encabeza las listas europeas de desempleo femenino y de muertes por violencia machista.
Los partidarios del primer ministro, capitaneados por Giuliano Ferrara, director de Il Foglio y consejero político de Berlusconi, achacan la investigación judicial y el movimiento de repulsa a Berlusconi a un supuesto puritanismo que aspiraría a convertir al país en una “República de la virtud”. Ayer, en un acto celebrado en un teatro milanés bajo el lema “En calzoncillos, pero vivos”, Ferrara acusó a los fiscales de ser “como la inquisición española” y de utilizar métodos dignos de la Stasi. En las últimas elecciones, Ferrara se presentó con un partido provida y contra el aborto.
Una mujer lleva una pancarta casera que afirma: “No te está permitido ofender y humillar la belleza de las mujeres. No es lícito transformar las relaciones en mercancía de intercambio por interés y dinero. No puedes ahogar el camino de los jóvenes y sus deseos de autenticidad, transparencia y honestidad”.
Concita de Gregorio, directora de L’Unità, y una de las promotoras de una protesta que recibido el apoyo de miles de mujeres de todos los ámbitos: directoras de cine, actrices, científicas, estudiantes, profesoras, o sindicalistas como la líder de la CGIL, Susanna Camusso, piensa también “que el problema es más cultural que político: el bombardeo televisivo contra la dignidad de la mujer ha producido una mutación antropológica en Italia”.
Su manifiesto Existen otras mujeres que ha reunido 100.000 firmas y ha sido leído en los últimos días por algunos curas en misa, afirma que la cuestión es “la ausencia de educación, de cultura, de conciencia, de dignidad. La falta de una alternativa convincente. Es ese el daño producido por los 15 años que hemos atravesado, ese es el delito político cometido: el vacío, el vuelo en caída libre hacia el medievo catódico, Italia reducida a un burdel”.
Pero las protestas, aunque han sido apoyadas por todos los partidos de oposición, intentan ir más allá de la habitual oposición a Berlusconi. Las mujeres denuncian “un sistema de poder transversal, machista y misógino, un modelo social y mediático que prima la aparición en televisión y la venta del cuerpo sobre la formación, el pensamiento y el trabajo”, según explica Shukri Said, secretaria de la asociación Migrare.
Fuente: elpais.com
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