Últimamente se han puesto de moda las noticias de prensa, radio y tv que hablan de los dispares rendimientos de los diferentes sistemas educativos que existen en nuestro entorno socio-político y se hace mucho hincapié en las comparaciones, clasificaciones, rankings, etc., para ver quién es el más guapo o el que se encuentra cerca de la quiebra.
Uno de estos días llegó a mis manos un artículo que os enlazo porque es agradable de leer y da una visión siempre silenciada de algunos de los problemas de la educación en nuestro país.
Posiblemente nadie posee la verdad única y absoluta, pero todos los enfoques son necesarios para tener una visión más cercana a la realidad. Éste es necesario, creo yo.
Buscad a un niño de los 80, de los que crecieron con Barrio Sésamo y Verano Azul. Preguntadle por los electroduendes y veréis que sonríe maliciosamente. O decidle que tiene quince minutos para imaginar: notaréis cómo se le pierde la mirada y al momento parece estar muy lejos de allí. Y es que La bola de cristal marcó a toda una generación con su planteamiento innovador y sus propuestas inteligentes y arriesgadas.
Se emitió por primera vez el 6 de octubre de 1984. Cuatro años después, cuando dejó de emitirse, era ya un programa de culto para niños, jóvenes e incluso adultos. La bola no sólo entretenía, sino que enseñaba a pensar y fomentaba valores como la amistad y la solidaridad. Y lo hacía con un formato muy diferente al de los programas infantiles de la época.
De hecho, La bola de cristal fue un éxito desde su primera emisión, y no tardó en destacar por encima de la amplia oferta del momento para el público infantil. Así lo demuestran sus cuotas de audiencia, que llegaron a los cinco millones de espectadores en algunas ocasiones, y los diferentes premios que consiguió, entre ellos un Ondas y varios TP.
Ésta era la carátula de entrada y el tema musical principal. Que lo disfrutéis
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