30
01
2008

Vamos a ver, pequeñas e ingeniosas mentes matemáticas (como diría Jose Anto), yo sé que a veces esta ciencia maravillosa nos juega malas pasadas y nos hace sentir un poco inútiles. No os preocupéis, es sólo que quiere desafiar a nuestra inteligencia tanto como a nuestra paciencia, pero con un poco de picardía, algo de trabajo y nuestra mutua colaboración seguiremos teniendo resultados excelentes.
Para que las FRACCIONES y todo su mundo sean un paseo sin preocupaciones, entrenaos con las divertidísimas actividades interactivas que propone esta aplicación que encontramos en CNICE y vereis cómo crece vuestra sabiduría sin apenas esfuerzo.
Un beso a todos, campeones/as.
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30
01
2008
Son muchos los homenajes que estos días inundan los diarios y los telediarios, recordando a un hombre sencillo, discreto y sencillo pero enorme, que no claudicó, que nos llenó los ojos y el alma de ironía y de rabia, de sensualidad y sueños, de algunas sonrisas y de enormes compromisos.
Yo no quiero llorarle, no quiero lamentar que se haya ido, porque él lo dejó dicho casi todo y con su voz me quedo para festejarlo, para decirle que lo amo, ahora como cuando vivía, porque yo nunca lo vi, pero lo amé por su palabra y ésa sigue viva.
No es para mí sólo un poeta, es el mago que convirtió en espléndidos atardeceres las más tediosas tardes de mi vida, que me prestó sus versos para hablar de amor y para que alguien me hablara de lo mismo. Y, lo que es aún más prodigioso, me ayudó a creer que todo era posible.
Es tarde ahora pero aún llevo en el cuello el pañuelo de seda que una vez (tan lejos, hace tanto tiempo) pintaron para mí con su poesía haciéndome sentir como una reina…
“Por aquí pasa un río,
por aquí tus pisadas…..
Ya veis, todo pasó, el amor y los años, la felicidad y los días, pero me queda su poesía y hasta puedo envolverme con ella.
No creo que haya muerto Ángel González. Si acaso, se ha ido en busca de más sueños para cuando el pañuelo se me caiga de las manos y pierda por el río las letras que lo inundan.
Mientras, voy a recordarlo, porque así lo pidió y porque él pensaba que se muere en el olvido.
MUERTE EN EL OLVIDO
Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita…
No lo olvidemos, para que no muera. Su poesía vive.
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