EL REGRESO
3 05 2008Al fin el panorama se va despejando y vuelvo a mis aficiones, después de mucho, mucho tiempo sin publicar. Dicen que un blog que no se renueva a diario se muere pero yo estoy dispuesta a resucitar el mío, ahora que he terminado los asuntos que me mantuvieron alejada de vosotros.
Durante estas semanas no han dejado de suceder cosas, así que tendremos mucho que contar.
Las cosas por el instituto van como pueden, o sea, sin ir, intentando aguantar de cualquier manera hasta que nos den las llaves del nuevo centro que vamos a estrenar. La espera ya se está haciendo tediosa y mientras, hacemos las cosas casi en borrador, si es que hacemos algo. Parece que no importa demasiado cómo salgan, si “ya lo haremos mejor en el nuevo instituto”, como si el cambiar de edificio nos cambiara la cabeza y nos devolviera la juventud, el brío, la ilusión y todo lo que hace falta.
Creo más bien que son pretextos y que allí nos inventaremos otros. Ojalá me equivoque pero esta banda de gerontosaurios que arrastramos nuestros huesos por los pasillos del viejo “C” llegaremos como los zombies de “Thriller” a intentar perpetuar nuestras manías en el nuevo destino. En un par de meses, en cuanto los suelos empiecen a estar un poco gastados, nadie será capaz de distinguir si realmente hemos cambiado de sitio o era sólo un sueño.
¿Pesimista? Qué más quisierais. No hay más que ver el salto de calidad que dan los alumnos a medida que pasan los meses y van siendo troquelados por el molde insti. De la ilusionada e inocente energía de 1º ESO a la incurable apatía de 2º van sólo 12 meses y en otros tantos nos colocamos en la desesperanza de 3º. En 4º los que quedan ya casi son también zombies o al menos criaturas amaestradas y a los que consiguen llegar a bachillerato hay que mirarlos dos veces para verles el dibujo de la cara porque el aprendizaje de la sumisión que les permite llegar hasta allí les desdibuja la personalidad hasta hacerlos invisibles.
Claro que nos queda el consuelo de saber que eso es mal de muchos, o sea, que pasa en todas partes, porque este país (y quizá otros) tiene un problema de c… con su sistema educativo. Un problema que empieza con “P” de pro, de pro-blema, de pro-fesional, de pro-fundo, de pro-nóstico, de pro-pietario, de pro-fesor.
Claro que es un pro sin solución porque cuando el que manda pregunta qué se puede hacer para mejorar esto, siempre pregunta a los mismos, o sea, vaya, a los del pro.
Bueno, que no nos falte el sarcasmo al menos.
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