prodesse et delectare

La enseñanza y el aprendizaje de la lengua y la literatura castellana con el apoyo de las TIC

“En tierra de indios. El descubrimiento del Lejano Oeste” de Philippe Nessmann

Publicado en recomendaciones literarias por cristianlv 10:18 am Domingo, 22 Noviembre 2015

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En este libro el capitán Lewis le cuenta a Jean Baptiste, hijo de una india llamada Sacagawea y un trampero de nombre Charbonneau,  las numerosas aventuras de una expedición al mando de los capitanes  Clark y el mismo Lewis, que reciben el encargo del presidente americano Thomas Jefferson de explorar el Lejano Oeste. Una auténtica novela de aventuras con los ingredientes de la misma, con dificultades de todo tipo: una geografía agreste y abrupta, el frío, la nieve, la escasez de alimentos, enfrentamientos con los indios, para llegar hasta el límite de la tierra con el océano Pacífico.

La expedición contará con la ayuda de Sacagawea, que les hará de traductora con las tribus indias con las que entrarán en contacto, y  de su marido, Charbonneau, de profesión trampero y que también conoce la zona, ya que lleva muchos años viviendo entre los indios.

La unión y colaboración de los miembros de la expedición serán esenciales para alcanzar el objetivo, pero está puede romperse en cualquier momento de debilidad física o síquica. ¿Lograrán alcanzar su meta?

Un libro interesante en el que se contraponen la mentalidad de los pueblos indios y la del hombre blanco en cuánto a la madre naturaleza y el papel que debe jugar el hombre como otra especie más de la misma. Lectura muy recomendable para jóvenes de 12 a 14 años por la sucesión de numerosas aventuras y las profundas reflexiones sobre la variedad de mentalidades de los seres humanos que provocan diferentes relaciones con la naturaleza.

De aquellos barros, estos lodazales

Publicado en Lectura comprensiva por cristianlv 10:00 am Viernes, 20 Noviembre 2015

Leyendo en Tierra de indios de Philippe Nessmann, Editorial Casals, 2012, empiezo a comprender la situación actual de degradación de la humanidad y del planeta en este comienzo terrible del siglo XXI:

Para los indios, todos los seres vivos están unidos entre sí: hombres, peces, aves, árboles, bisontes, hierbas o insectos. Cohabitan en el mismo universo, respiran el mismo aire, se comunican entre sí y se comen unos a otros. Los humanos no son más que una especie entre otras muchas, ni superior ni inferior a las demás. Y puesto que no pueden subsistir solas, tienen que respetar la naturaleza y vivir en armonía con ella, sin intentar dominarla o explotarla. Además, la tierra no pertenece a los hombres. En realidad ellos son fruto de la tierra.

Por supuesto que esta visión de las cosas no es la mía. Yo creo en Dios, el Padre Eterno que nos ha creado a su imagen. Estoy convencido de que la tierra pertenece al cultivador que le da valor. Y, observando la naturaleza, solo puedo constatar la evidente superioridad del ser humano sobre todas las especies animales y vegetal

Ante la deplorable situación actual, estas palabras tienen un valor pedagógico mayor que el de un año académico.

“La novela después de la guerra civil”

Publicado en Lengua castellana por cristianlv 6:47 pm Domingo, 15 Noviembre 2015

  1. LA NOVELA DESPUÉS DE LA GUERRA CIVIL. EL EXILIO Y LA POSGUERRA

La Guerra Civil supuso una ruptura total con la literatura anterior. Las consecuencias políticas, económicas, sociales e ideológicas van a influir en la labor literaria del momento y condicionarán la creación novelesca.

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La biblioteca del IES de Candás está… de miedo

Publicado en Biblioteca por cristianlv 9:03 pm Miércoles, 11 Noviembre 2015

Coincidiendo con la celebración de la festividad de Halloween, en nuestro centro se han desarrollado diferentes actividades para incentivar la lectura, la escritura, la investigación y la habilidad para el dibujo y el diseño.

Así, algunos alumnos escribieron esquelas un poco atípicas, en la que el muerto era algún objeto querido, algún sentimiento y siempre con un tono humorístico. Otros investigaron sobre la forma de celebrar esta festividad en diferentes países; no se debe olvidar que el origen de esta festividad está en una tradición celta que celebra el fin, la muerte del período de cosechas y el inicio del invierno. Siguiendo la tradición asturiana, algunos alumnos representaron a la güestia recorriendo los pasillos asustando a los vivos. Otros diseñaron y crearon sus propias  caretas terriblemente monstruosas. Por último, se seleccionaron del fondo de la biblioteca libros de terror para que los alumnos experimentaran miedo leyendo las obras de maestros de este género como Poe, Lovecraft, S. King, Bram Stoker, Bécquer, etc.

En la siguiente presentación podéis ver algunas de las actividades desarrolladas.

Esta película necesita Flash Player 7

Las oraciones subordinadas sustantivas y adjetivas

Publicado en Lengua castellana por cristianlv 3:06 pm Miércoles, 11 Noviembre 2015

Aquí os dejo completo el Power Point sobre las oraciones subordinadas sustantivas y adjetivas.

Esta película necesita Flash Player 7

“Para educar a un niño hace falta una buena tribu entera”

Publicado en Lectura comprensiva por cristianlv 9:21 am Sábado, 7 Noviembre 2015

Esta sentencia es de una tribu africana y la completa José Antonio Marina en su libro Despertad al diplodocus con el adjetivo buena. Esta afirmación sirve muy bien para demostrar por qué el sistema educativo español está condenado eternamente al fracaso. Se piensa erróneamente que el peso de la educación y formación del alumnado recae sólo sobre los profesores, cuando un sistema está formado por un conjunto de elementos que desempeñan su papel adecuadamente para que el sistema funcione. Partiendo de esta premisa, la responsabilidad de la educación de un niño recae en diversos agentes sociales.

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Discurso de Emilio Lledó en la entrega de los Premios Princesa de Asturias

Publicado en Lectura comprensiva por cristianlv 9:29 am Viernes, 6 Noviembre 2015

Ante el panorama actual, con unas humanidades que cada vez tienen menos peso en el currículo de enseñanza y en la vida diaria, a favor de una tecnología y progreso científico deshumanizado que parecían garantizar un futuro mejor; a pesar de que autores como Aldoux Huxley en Un mundo feliz o Herbert George Wells en La maquina del tiempo, ya habían advertido que la tecnología y el progreso por sí mismos no aseguran la felicidad y la prosperidad del hombre si no van acompañados de un humanismo, es decir, una reflexión desde la compasión y el bien común, para utilizar esos progresos en beneficio de los seres humanos y no de sistemas económicos -capitalismo feroz de hoy en día-, sistemas políticos corruptos o lobbys de empresas armamentísticas o farmaceúticas, por ejemplo, que solo buscan el beneficio económico y someten al poder político en su propio beneficio, sacrificando políticas sociales para los más desfavorecidos: sistema educativo público y gratuito, planes de empleo para desempleados, asistencia a personas mayores y discapacitadas, etc.

Lledo habla de la necesidad de recuperar las humanidades, ya que si bien no nos sirvan para encontrar un trabajo, si son necesarias para reflexionar sobre el actual período de crisis que vivimos, y a partir de la reflexión, seamos capaces de aprovechar todos esos progresos científicos y tecnológicos en beneficio de la humanidad y no de unos pocos privilegiados. Pero esa reflexión sobre la vida tanto interior y exterior que nos llevaría a la felicidad es imposible sin la lectura de los grandes filósofos de la historia y de los grandes autores literarios.

Pero, como Emilio Lledó lo explica mucho mejor que yo, aquí os dejo su discurso para que lo leáis y os paréis un poquito a reflexionar sobre el tema.

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La economía también marca nuestro calendario festivo

Publicado en Lectura comprensiva por cristianlv 9:18 am Martes, 3 Noviembre 2015

El domingo se publicó un interesante artículo en El País sobre el triunfo y definitivo asentamiento de la fiesta de Halloween en nuestro país gracias al poder económico y mediático americano, especialmente, de su cine. Y es que la fiesta de Halloween tiene un origen celta, prueba de ello es la existencia en nuestra cultura asturiana de las leyendas de la Güestia y la Santa Compaña en relación con los muertos. Y es que detrás de estas leyendas está el final de las cosechas, la muerte del tiempo de la fertilidad y el nacimiento del invierno.

Artículo de opinión “Astronautas”, de Manuel Vicent

Publicado en General por cristianlv 9:04 am Martes, 3 Noviembre 2015

 

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Primero fue el indio Seatle quien alertó del peligro que corría nuestro planeta ante la continúa e ingente depredación llevada a cabo por el hombre. En aquella época, el hombre blanco   pretendía comprarle a los indios sus tierras, ya que tenía el sueño de colonizar el oeste americano, de extender su civilización con su  tren, el “caballo de hierro” según los indios, empleando y depredando todos los recursos necesarios. Seatle ya advertía de que la madre naturaleza no estaba en venta, sino que hay que respetarla y protegerla para que pueda seguir dando cobijo y alimento a sus hijos, los seres humanos.

 

Este domingo es Manuel Vicent quien vuelve a recordarnos la necesidad de preservar y cuidar nuestro planeta de la destrucción a la que se ve abocado. Y es que el ser humano hoy tiene un sueño diferente, colonizar marte, como sustituto del planeta tierra cuando haya acabado con él, consciente de verse incapacitado de preservarlo.

 

 

Aquí os dejo este maravilloso artículo publicado en El País este domingo, representante del verdadero ecologismo y no el seudoecologismo de algunas políticas de medioambiente de determinados gobiernos, empeñados en proteger a las alimanañas antes que a pastores y ganaderos.

Manuel Rivas también ha publicado un artículo en El País sobre la crisis del campo y la destrucción de la naturaleza.

Para recordar lo que decía el indio Seattle aquí os dejo su magnífica carta, tomada del blog Ciudad Seva, todo un manifiesto ecologista.

El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envía en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Wáshington. A cambio, promete crear una “reservación” para el pueblo indígena. El jefe Seattle responde en 1855.

El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña. Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja. Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados. Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.

Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un  salvaje y no comprendo.

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.

¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.

La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.

Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.

Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.

¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.

La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

 En el siguiente poema de Lorca, New York (Oficina y denuncia) trata también el tema de la destrucción de la naturaleza y la dignidad humana:

 Debajo de las multiplicaciones

hay una gota de sangre de pato.

Debajo de las divisiones

hay una gota de sangre de marinero.

Debajo de las sumas, un río de sangre tierna;

un río que viene cantando

por los dormitorios de los arrabales,

y es plata, cemento o brisa

en el alba mentida de New York.

Existen las montañas, lo sé.

Y los anteojos para la sabiduría,

lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo.

He venido para ver la turbia sangre,

la sangre que lleva las máquinas a las cataratas

y el espíritu a la lengua de la cobra.

Todos los días se matan en New York

cuatro millones de patos,

cinco millones de cerdos,

dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,

un millón de vacas,

un millón de corderos

y dos millones de gallos

que dejan los cielos hechos añicos.

Más vale sollozar afilando la navaja

o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías

que resistir en la madrugada

los interminables trenes de leche,

los interminables trenes de sangre,

y los trenes de rosas maniatadas

por los comerciantes de perfumes.

Los patos y las palomas

y los cerdos y los corderos

ponen sus gotas de sangre

debajo de las multiplicaciones;

y los terribles alaridos de las vacas estrujadas

llenan de dolor el valle

donde el Hudson se emborracha con aceite.

Yo denuncio a toda la gente

que ignora la otra mitad,

la mitad irredimible

que levanta sus montes de cemento

donde laten los corazones

de los animalitos que se olvidan

y donde caeremos todos

en la última fiesta de los taladros.

Os escupo en la cara.

La otra mitad me escucha

devorando, cantando, volando en su pureza

como los niños en las porterías

que llevan frágiles palitos

a los huecos donde se oxidan

las antenas de los insectos.

No es el infierno, es la calle.

No es la muerte, es la tienda de frutas.

Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles

en la patita de ese gato quebrada por el automóvil,

y yo oigo el canto de la lombriz

en el corazón de muchas niñas.

óxido, fermento, tierra estremecida.

Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina.

¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes?

¿Ordenar los amores que luego son fotografías,

que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?

No, no; yo denuncio,

yo denuncio la conjura

de estas desiertas oficinas

que no radian las agonías,

que borran los programas de la selva,

y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas

cuando sus gritos llenan el valle

donde el Hudson se emborracha con aceite.

 Debajo de las multiplicaciones 

 

hay una gota de sangre de pato.
Debajo de las divisiones
hay una gota de sangre de marinero.
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna;
un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York.
Existen las montañas, lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría,
lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo.
He venido para ver la turbia sangre,
la sangre que lleva las máquinas a las cataratas
y el espíritu a la lengua de la cobra.
Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos.
Más vale sollozar afilando la navaja
o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías
que resistir en la madrugada
los interminables trenes de leche,
los interminables trenes de sangre,
y los trenes de rosas maniatadas
por los comerciantes de perfumes.
Los patos y las palomas
y los cerdos y los corderos
ponen sus gotas de sangre
debajo de las multiplicaciones;
y los terribles alaridos de las vacas estrujadas
llenan de dolor el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.
Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara.
La otra mitad me escucha
devorando, cantando, volando en su pureza
como los niños en las porterías
que llevan frágiles palitos
a los huecos donde se oxidan
las antenas de los insectos.
No es el infierno, es la calle.
No es la muerte, es la tienda de frutas.
Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles
en la patita de ese gato quebrada por el automóvil,
y yo oigo el canto de la lombriz
en el corazón de muchas niñas.
óxido, fermento, tierra estremecida.
Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina.
¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?
No, no; yo denuncio,
yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías,
que borran los programas de la selva,
y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas
cuando sus gritos llenan el valle
donde el Hudson se emborracha con aceite.

“El coleccionista de relojes extraordinarios”, de Laura Gallego

Publicado en recomendaciones literarias por cristianlv 9:29 am Domingo, 1 Noviembre 2015

     el-coleccionista-de-relojes-extraordinarios.jpg

Jonathan, junto a su padre y madrastra, se encuentra de vacaciones en España. Durante la visita a un viejo caserón, que alberga una extraordinaria colección de relojes, conocen al marqués, un personaje siniestro que les enseña una sala donde guarda los mejores relojes de su colección. Marjorie, la madrastra de Jonathan,  toca sin querer uno de los relojes y su alma queda atrapada dentro de su esfera, mientras que su cuerpo yace inerte en la habitación. El marqués les cuenta a Jonathan que la única forma de deshacer el hechizo es encontrar, antes de las 6:00 del día siguiente, el reloj Devereaux , del que no se tienen noticias desde hace 300 años; pero se piensa que se halla en La Ciudad Oculta. A partir de ese momento, Jonathan viviría una serie de aventuras extraordinarias y aterradoras que le obligarán a agudizar su ingenio y demostrar gran valor para hacerse con el reloj.

De nuevo Laura Gallego nos presenta un mundo de fantasía, aventuras y seres extraordinarios que recuerdan al mejor M. Ende de La historia interminable. Novela que pone de manifiesto la importancia de valores como el amor, la amistad, la confianza, el valor, el afán de superación y, finalmente, una acertada reflexión sobre la vida, la muerte y la inmortalidad.  Muy recomendable su lectura para un público juvenil de 12 a 15 años.

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