El oso del secretario

28 10 2008

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(Texto para la primera propuesta de escritura)

 El oso del secretario

 La pequeña empresa familiar se dedicaba a la repostería. En Navidad horneaban cientos de roscones de Reyes y él se encargaba todos los años de introducir la sorpresa en el interior de la masa, como obliga la tradición. Su padre había comprado 1500 osos polares disfrazados de piloto de las fuerzas aéreas, envueltos en pequeñas bolsas de plástico. Su padre no se complicaba la vida con aquello de la Navidad y el viajante de Alicalia Dulces se los encajó sin ni siquiera una simple consulta al catálogo por su parte.Tras toda la noche colocando bolsitas en los roscones, le sobraron siete. ¿.Qué hago con vosotros? –se dijo. En la madrugada del taller acostumbraba a hablar a solas en voz alta para entretener la rutina. Sonrió al meter a uno de los osos en el molde de horneado de la máquina de las magdalenas. Esta vez le susurró: “alégrame el día, oso”. Era el final de la jornada y faltaba poco tiempo para tener unos días de descanso.

***

El secretario del juzgado miraba la miniatura que había caído en el plato, con aquel tintineo de moneda falsa. Abría cuidadosamente la bolsa, le daba vueltas, lo posaba en la mesa, de pie… tal vez debería decir algo al camarero, pensó. Sería un buen tema para un relato, podría escribir las historias absurdas del juzgado, o algo así, como ésto: un tipo que mete osos piloto en las magdalenas. ¡Hay gente para todo! ¿Se habrá dado cuenta de que se juega una querella y perder el trabajo?Abrió el periódico de nuevo, tomó el café muy despacio, le esperaban las prisas del juez sobre la mesa del despacho. Cuando el camarero le trajo la cuenta, escondió su oso en la mano.    

Alfonso Fernández