Autocrítica para periodistas y lectores de prensa

18 12 2008

Es difícil ser bombero

 La prensa ante Bush, zapatazos y autocrítica

JAVIER CUERVO

La Nueva España.

Oviedo. 17 de diciembre de 2008 

Alguien cree tener algo que contar y convoca a los medios de comunicación para hacerlo de una vez para todos. Los poderes usan la rueda de prensa para vender sus cosas sin pagar publicidad y trabar la iniciativa periodística sobre los contenidos informativos que puedan interesar.

Por su abuso, a estas alturas la rueda de prensa tiene más que ver con el invento de la rueda que con el de la prensa, más con echar a rodar información en paquete redondo que con informar sobre lo que se quiere saber. La dieta de ellas a la que se enfrenta un medio de comunicación desde primera hora es un menú largo, estrecho e insípido, no siempre fácil de evitar. El invento se perfecciona -a favor de la desinformación- con la rueda de prensa sin preguntas, que reduce al periodista a chico de los recados.

Cosas que hacer en una rueda de prensa sin preguntas (salvo situaciones tan excepcionales que cuesta pensar ejemplos): largarse.

Cosas que no hacer en una rueda de prensa: admitir que no haya preguntas o tirar zapatos. Si aceptamos que los cirujanos no clavan el bisturí en el corazón de un enfermo, aunque sea un asesino, o que los camareros no escupen en la tortilla, aunque sea para un cliente híspido, tenemos que aceptar que las ruedas de prensa no deben usarse para tirar zapatos. Ni siquiera a Bush.

Mientras en el país que laminaron los bombarderos se entienden mejor los zapatazos en imagen de la rueda de prensa en la que un periodista lanza un zapato al Presidente de los EEUUgrado de tentativa que la función de informar, en el del país del que zarpó el portaaviones hay un debate sobre cómo los grandes medios de comunicación se rindieron informativamente a un Gobierno que mintió, bombardeo, secuestró y torturó. Hay varias explicaciones, pero la mejor es una dinámica de grupo a base de miedo aviesamente utilizada. Del miedo real que produce el terrorismo al miedo social a ser señalado como traidor o cobarde en nombre del patriotismo. El resultado, una renuncia temporal a hacer el trabajo en el país con el mejor periodismo del mundo, es como si los bomberos hubieran dicho: déjalo quemar, que aquí hay mucho fuego.