6ª Propuesta de escritura: “es usted un robot”.

13 03 2009

Partimos de una cita que puede darnos pie a escribir un relato:

Imagínese una situación en la que usted se da cuenta de que no es un ser humano. Al afeitarse una mañana ante el espejo de su cuarto de baño, se corta la garganta y descubre con pavor que en el fondo de la herida hay una serie de circuitos electrónicos. Desconcertado, decide someterse a unos exámenes en el hospital y el diagnóstico no tarda en llegar: usted no es una criatura biológica. Sus huesos son de titanio, sus articulaciones son de carbono, el líquido que corre por sus venas de plástico es aceite de motor, tiene placas de silicio situadas en el lugar de los órganos internos y, para colmo, su cráneo está completamente vacío, sin el menor rastro de cerebro. No cabe la duda menor duda, es usted un robot.

 

(texto extraído del libro Lecciones de cosas. Una inroducción a la filosofía de Stéphane Ferret. Editorial Gredos. Madrid. 2008)

 

En esta ocasión os proponemos escrir un texto narrativo en el que nos pongamos en la piel de un personaje que, bruscamente, descubre que es un robot. En un instante deja de ser un humano, sin dejar de sertirse como tal.

 

El relato estará escrito en primera persona, será la expresión subjetiva de alguien tal vez angustiado, tal vez símplemente sorprendido pero indiferente ante la noticia, quizás de la sorpresa inicial pase a la satisfacción por aprovechar las ventajas de la nueva situación. ¿Otras posibilidades…? el miedo, el misterio de en torno a quién es su creador, el modo en que se lo dirá u ocultará a su familia o a sus amigos… ¿Cómo podríamos desarrollar esta situación de partida en un relato? Tú tienes la oportunidad de imaginar una respuesta.

Para ampliar la información sobre este tema de escritura (puede darte buenas ideas para tu texto), si tienes curiosidad, puedes consultar las referencias literarias y cinematográficas que te ofrecemos a continuación:

Esta propuesta de escritura también puede recordar la situación de inicio del relato de Franz Kafka, La metamorfosis, en el que el protagonista, Gregorio Samsa, despierta convertido en un monstruo de aspecto similar a una gran cucaracha, sin haber sufrido ninguna transformación en su conciencia humana.

 

En el cine se han contado muchas historias en torno a robots. En los últimos años, han sido muy habituales los relatos en torno a robot “excesivamente humanos”, ya sea por su apariencia, sus emociones, por sus ambiciones o por su violencia. Tal vez la película que representa mejor la ficciones sobre antroides o “replicantes” sea Blade Runner:

 

 

La película de Steven Spielberg Inteligencia artificial trata este tema con una variante inicial muy interesante: en una sociedad futura en la que se inicia un control férreo de la natalidad se plantea la opción de crear niños androides, robot que suplirán la carencia de niños en las familias. El robot protagonista es un prototipo de ese proyecto: ¿Cómo serán las relaciones emocionales de la familia con un niño-robot adoptado?:

 

En el cine a animación también son muchas las historias de robot. Una de las últimas es Wall-E, en la que el robot protagonista se caracteriza precisamente por su sensibilidad y por la calidad de sus sentimientos.

 

 

Si hablamos de robot y de relatos de ciencia-ficción, es interesante que recordemos uno de los clásicos del cine mudo, Metrópolis, de Friz Lang. Un film de 1927 en el que se narra una historia futurista sobre una sociedad en la que una reducida  clase de élite explota al resto de la población. Ante el inicio de protestas por parte de los obreros, el poder decide crear una androide que asuma falsamente el papel de una de las figuras que lidera los movimientos obreros, con la intención de manipular y confundir a los trabajadores. La escena de creación de dicho androide es un icono cel cine mudo que merece la pena conocer:

 



¡Ojalá no hubiera números!

13 02 2009

Los alumnos de 1º B ESO han leído este libro de Esteban Serrano Marugán, de la editorial Nivola. Los textos que siguen están inspirados en ese relato:


Érase una vez un niño llamado Arturo Comelibros. Era muy bueno en todas las asignaturas de clase excepto en Matemáticas.

 

Un día, cuando estaba haciendo los deberes de Matemáticas, exclamó: “¡ojala no hubiera números!” mientras hacia una suma imposible. Al Rey de las Matemáticas, Pitágoras V, no le pareció nada bien y convocó una asamblea para eliminar todos los números.

 

Entre los miembros de la asamblea estaban Calculín y Numerón. Todos aceptaron y empezaron a quitar números en las calles y ciudades, hasta en los propios sueños de las personas, en todas excepto en Arturo: por su culpa, todos los números desaparecieron y él es será el único que podrá devolver los números.

 

Arturo empezó su día como cualquier otro, se le levantó y fue a desayunar, y le pidió a su madre 2 rosquillas. La madre no le entendió y le dijo que dejara de decir cosas raras. Le pasó lo mismo en clase y en el colegio y en clase de Sociales. La profesora preguntó cuándo descubrió Colón América. Arturo dijo “en 1492”, la profesora le dijo que no le entendía y todos soltaron unas grandes carcajadas.

 

Todo iba mal, los coches corrían sin límites, los aeropuertos se colapsaron. Al ver Pitágoras V que estaba produciéndose todo ese jaleo, le dijo a Arturo al oído que él era el único que podría devolver los números a la Tierra, convenciendo a alguien de que son importantes.

 

Arturo decidió que convencería a su profesor de Matemáticas. Los padres llevaron a los hijos al colegio con miedo, puesto que no había teléfono, radio, televisión, ¡ni los videojuegos! y eso sí que fastidiaba a los niños. Cuando Arturo estaba en el colegio, consiguió escapar de sus padres e ir a hablar con su profesor de Matemáticas. Lucas estaba en la barra del bar. Arturo le dijo que necesitaba que le escuchara, porque tenía que decirle algo muy importante.

 

Arturo intentó explicar a su profesor las mates. Lucas, el profesor, aprendió escuchó muy bien, y comprendió todo lo que dijo con facilidad. Luego, pasado un rato, Arturo le puso la suma que Lucas le mandó anteriormente. Lucas la hizo bien y los números volvieron, gracias a Pitágoras V. Arturo se despidió del Rey de las Matemáticas. A lo lejos se oyó un “¡ja,je,ji,jo,ju!”.

 

Juan Muñíz Vázquez (1º ESO)

 


 

Érase una vez un niño que se llamaba Arturo. Sus amigos lo llamaban Arturo Comelibros. Un día, haciendo una cuenta, Arturo pensó que ojalá no hubiera números. El rey Pitágoras V oyó lo que había dicho, llamó a los demás números y se lo contó. Los números decidieron abandonar sus funciones.

 

Tras el desastre provocado, la misión de Arturo fue conseguir que la gente creyese de nuevo que los números eran necesarios. El rey Pitágoras V, que vio que todo lo estaba pasando (los semáforos se estaban volviendo locos, el aeropuerto era un caos porque no había número de asiento ni de billete, tampoco sabían lo que costaba el viaje…) le ofreció ayuda a Arturo.

 

Arturo pensó quién podía ayudarle y se le ocurrió que su profesor de Matemáticas sería el indicado y fue a buscarle. Cuando Arturo lo encontró le preguntó que si podían hablar, el profesor dijo que fuera al Departamento de Matemáticas. Arturo empezó a contarle todo lo que había pasado. Seguidamente, empezó a enseñarle los números. Lucas, el profesor, le atendió y aprendió como un niño de cinco años.

 

Al final, todos los números volvieron a aparecer y Lucas volvió a su estado original, ser profesor de Matemáticas. Pitágoras V y a sus amigos volvieron a su casa.

 

Sheila Pérez (1º ESO)


 

Érase una vez un niño que se llamaba Arturo, al que le gustaban todas las asignaturas, excepto las Matemáticas. Un día Arturo tenía que hacer una cuenta, se enfadó porque no le salía y dijo que ojala no hubiera números. En otro mundo, Pitágoras V oyó lo que dijo Arturo y decidió con sus compinches que no hubiera números, pero La Regla de Tres dijo que Arturo fuera el único que supiera de Matemáticas.

Al día siguiente, Arturo fue a desayunar y pidió tres magdalenas. A su madre le sonaba a chino y le pidió que no dijera cosas inventadas, tuvieron una discusión y al final Arturo se fue a la escuela. Se dio cuenta de que no había números, en ningún lado del mundo había números. Al principio esta contento, pero en un partido televisado se dio cuenta de que sin números no se podía vivir. Las consecuencias fueron graves en el recreo, los partidos no tenían resultado, no se sabía si había ganado uno u otro equipo. Las niñas del colegio decían verdaderas barbaridades. Las máquinas más sofisticadas de cirugía no funcionaban bien y los médicos se pasaban con las dosis. Los semáforos cambiaban de color cuando les daba la gana.

El rey Pitágoras V reconoció que la medida se le había ido de las manos y decidió ayudar a Arturo. Le dijo que debía convencer a alguien de que los números existen. Al día siguiente Arturo decidió convencer a su profesor de Matemáticas. Fue al colegio y le enseñó los números. Le dijo que los números existían y que sin los números no se podía vivir. Arturo le enseño a sumar, a restar, los números negativos.

Al final el profesor de Arturo aprendió todo lo relacionado con las Matemáticas y el rey Pitágoras V devolvió con un hechizo los números a las personas y les quito la memoria de los dos días, excepto a Arturo. Pitágoras V se despidió de Arturo, y éste nunca olvidó la lección.

Alejandro del Barrio (1º ESO)


Érase una vez un niño llamado Arturo. A Arturo le gustaban todas las asignaturas, menos Matemáticas, sus amigos lo llamaban Arturo Comelibros, porque le encantaba leer libros.Todo iba bien hasta que un día su profesor le mandó hacer una cuenta muy larga. La cuenta no le salía y Arturo gritó: “¡ojalá no hubiera números!” El Rey de las Matemáticas, Pitágoras V, que le oyó, se enfadó mucho y llamó a sus compañeros a una asamblea y les dijo que, para dar un escarmiento, había decidido quitar los números, sumaran, restaran, dividieran y multiplicaran.Y después de sumar, restar, dividir y multiplicar ellos también lo decidieron así y se pusieron a bailar y cantar. Más tarde, Regla de Tres tuvo una idea, esa idea era dejar solamente los números a Arturo y cuando él convenciera a una persona devolverían las matemáticas a la normalidad.

Todos los presentes aceptaron. Al día siguiente ya no había números, más tarde, en el recreo, Arturo escuchó extrañas conversaciones, como una que decía: “vamos ganando mucho a poco”, también escucho otras conversaciones, y todas le parecieron absurdas.

Más tarde se fueron estropeando las máquinas, como las radios, las televisiones… y muchas más, ¡Hasta máquinas sofisticadísimas! También se estropeaban los coches, los autobuses… etc. Todo era un caos.

Cuando estaba en casa, por la noche, su padre le dijo que se tenía que ir a dormir porque la luna ya estaba por encima del piso de los gatitos y eso significaba que se tenía que ir a dormir. Pero cuando se fue a la cama no podía dormir, estuvo recordando lo que pasó en el día y no lo comprendía. Cuando se durmió, Pitágoras V le dijo unas palabras que le ayudarían, de manera que al despertarse, Arturo se convenció a sí mismo de que iba a explicar que los números eran importantes a Lucas, su profesor de Matemáticas. Y así fue, le estaba enseñando poco a poco los números, ya había un montón de papeles encima de la mesa y Lucas ya había aprendido mucho.

Cuando Lucas hizo una cuenta muy larga, él y Arturo se pusieron a gritar: “¡Vivan las matemáticas!” Y Numerón abrió un gran saco del que salieron todos los números y todo volvió a la normalidad.

Sara (1º ESO)

 

 

 



Finalistas del concurso de microrrelatos II

10 02 2009

Categoría B: 4º ESO y 1º Bachiller.

 

Un europeo miraba cómo su mejor amigo lloraba en el tejado, se levantaba, miraba al cielo y cerraba los ojos para siempre.

Víctor Rodríguez, 4º ESO


Más allá de la amistad

 

Un año, seis meses y catorce días. Era el tiempo exacto que llevaba alejado de todo, recorriendo Europa. Era un sueño, pero no estaba disfrutando. Había huido. No quería enfrentarme a la realidad. Pero tenía que volver. Él nunca le había fallado.

Estaba enfrente de él. Era su mejor amigo, con quien había vivido alegrías, penas, miedos. Estaba junto a él para contarle lo que había hecho en ese tiempo. Pero esta vez era diferente. No había respuesta. Hacía ya un año y siete meses que sabía que no la habría.

Beatriz Botana, 4º ESO


Y tú, ¿de qué te ríes?

 

Vivo en España, al sur de Europa, un lugar muy soleado. Los días de sol me encanta tirarme en un parque cercano a ver pasar las nubes. Lo siento, soy así de vago. Un día, un extraño hombre con gafas de sol y un bastón se sentó en un banco cercano. Él me escuchaba y no podía dejar de reírse. Tuve que preguntarle: Y tú, ¿de qué te ríes? Me contestó: Amigo, si Dios no me hubiera quitado la vista y pudiera mirar las nubes, no sería capaz de roncar como tú lo haces.

José Ignacio Junquera, 1º Bachiller.


 

 

Sola, aturdida, abandonada en el corazón de Europa llora, sueña en cambiar, pero sólo consigue estar igual. Se perdió entre las olas que vienen y van, ya no es la que era.

Nada de lo que fue queda. Siempre dicen que los amigos te ayudan, pero a ella nadie la ayudó. Al final, entre mar y tierra se quedó.

Débora Rafael Álvarez, 1º Bachiller.


Reencuentro

 

Él era mi mejor amigo. Le hice daño. Mañana no lo veré y nunca me podrá perdonar. Viajaba a Europa, pero nunca llegó…

Necesito hablar con él, verle. Necesito que me perdone.

Los coches pasas velozmente bajo mis pies… Ahora podré verle y pedirle disculpas. Todos entenderán el porqué.

Cristian Suárez, 1º Bachiller.


Inter-raíl

 

Cogimos el tren para pasar un tiempo juntos y conocer Europa. Mi amigo y yo hablamos de todo lo que nos había pasado, y ahora me doy cuenta de que yo mismo soy una persona que casi no conocía.

Jorge Suárez, 1º Bachiller.


El tiempo nos unió

 

Antes. Antes sólo éramos dos desconocidos, viviendo en un lugar llamado Europa. De repente, un día nos presentaron, nos conocimos y fuimos amigos. Llegamos a ser eso que se llama “mejor amigo”.

Ahora, ahora somos sólo uno, uno entre millones, uno para siempre…

Icíar Suárez, 1º Bachiller.


 

Cerró los ojos. Los volvió a abrir. Todo cambió. La oscuridad se volvió eterna y el suelo resbaladizo. La habitación comenzó a inundarse de agua y Europa no sabía dónde estaba Seyn. Comenzó a mirar alrededor. Oscuridad. Se sumergió en el agua de azufre y comenzó a sentir dolor inmenso. Pero lo que detuvo su marcha fue la mirada de Seyn… Rendida sobre un pedestal. Comenzó a llover. Más fuerte que nunca. Lluvia, dolor, lluvia, dolor… Lluvia tan fría que quemaba… Y luego nada… Europa sentía arder su piel… Pero nunca llueve eternamente, el sol salió, el agua se evaporó, y su amigo apareció a su lado.

Esmeralda Nicieza, 1º Bachiller.


Primero me invadió el corazón, luego me invadió el espacio y después se marchó sin dejar rastro.Hector Mayor, 1º Bachiller.



Finalistas del concurso de microrrelatos I

10 02 2009

Categoría A (1º, 2º y 3º ESO)

Su amigo lo advirtió, él se rió. Ocho días antes de su entierro en Europa.

Adrián Quintana Miguel, 3º B

 


 

Ahora me arrepiento de no haber cogido ese avión hacia Europa para ver a mi amiga. Pero ya es tarde.

Raquel Álvarez García, 3º B

 


 

Mi amigo y yo estábamos parados delante de un coche con matrícula europea. Después de eso ya no recuerdo nada más.

Vera González, 3º B

 


 

El frío invadía las calles de Berlín. Mis amigos y yo paseábamos por aquella hermosa ciudad de Europa central. Descubrimos que un hombre nos perseguía y echamos a correr. Era cierto, aquel hombre de gabardina venía a por nosotros. De pronto un timbre invadió mi mente. Pensé en despertarme pero aún no era la hora del recreo.

Luisa Yolanda Sánchez, 3º B

 


 

Teníamos miedo, era un pueblo fantasma que se encontraba al norte de Europa. Al verlo decidimos que no era plan quedarnos más tiempo, pero no quedó otra posibilidad, se había desencadenado una tormenta de nieve.

 

Ya dentro de los edificios, nos habíamos acomodado. Uno de nuestros amigos escuchó un ruido en el edificio de al lado. Entonces decidió buscar en el portátil información de ese pueblo.

 

Resultó ser un pueblo maldito en el que el que entraba nunca salía. No se sabía por qué ese suceso, y no cuento el final porque no puedo poner más palabras.

José Antonio Álvarez, 3º B

 


 

Nos reunimos unos amigos para ver el partido del Real Madrid en competición europea sin que se enteraran nuestras madres.

 

El plan era perfecto unos minutos antes.

José Antonio Álvarez, 3º B


VIAJAR POR EL MUNDO

De pequeño tenía un sueño que era viajar por todo el mundo, pero entonces no tenía la edad correspondiente de cumplir su sueño. Su padre viajaba mucho por toda Europa con sus socios en viajes de trabajo porque tenía un trabajo el cual no le permitía estar mucho tiempo con su hijo que lo necesitaba, aunque él no se diera cuenta de esto. El pequeño logró cumplir su sueño. Junto con un socio suyo que era su mejor amigo pudo viajar por el mundo por negocios que heredó de su padre.

Adina Madalina Butura, 3º A

 


 

VIOLENCIA DE GÉNERO

Él había perdido la cabeza. Ella le entregó el corazón. Los dos paseaban como tantos otros pasando desapercibidos como una pareja de amigos que paseaba por una calle de Europa. Él, incómodo con aquella víscera sangrante que la persona que tenía al lado le había confiado. Ella, ansiosa, pretendiendo adivinar su futuro en la inútil esfera degollada. No hubiera sucedido nada si alguien hubiera rescatado aquel corazón que, minutos más tarde, él acuchilló despiadadamente.

José Antonio García, 3º A

 


LAS VACACIONES DE VERANO

Mis amigas Paula y Deva viven en una ciudad de Europa llamada Avilés y se van a ir de vacaciones a París a visitar la torre Eiffel, también van a ir Gran Bretaña a ver el palacio de Buckimghan y el Big Ben. Yo voy a ir a Ucrania con mi amiga Vicky porque me asegura que es muy hermosa. Serán unas vacaciones inolvidables.

Sheila Pérez, 1º ESO


 

LA SOLEDAD

Sentados a la mesa mis amigos y yo decidimos ir a Europa. Reunimos el dinero trabajando, y ahí descubrimos lo que era trabajar. Descubrimos la vida: soledad, una palabra tan sola, arrinconada, triste pero bella. A veces añorada, otras encontrada, la soledad…trabajar solo, levantarse a las seis y media para no cobrar mucho. La soledad…

Álvaro Manzano, 1º ESO

Leer más »



Víctor Suárez y El Libro de Oro

13 01 2009

 

Os voy a contar una de mis múltiples aventuras: Estaba yo dando clase en el IES La Manzana cuando, de pronto, me sonó él móvil. Sin darme cuenta contesté y me puse a hablar con mi compañero de aventuras Juan García, que me decía que acababa de saber que las tropas del general alemañés Alcachofus Jutler querían robar el Libro Dorado en el cual venía la formula del conjuro para conseguir que los demás le aplaudieran por todo, la cual emplearía para hacer que las tropas aliadas se rindieran.

Yo odiaba a los ñazis así que abandoné la clase inmediatamente y me dirigí a casa de Juan. Tras eso fuimos al aeródromo y montamos en nuestra avioneta “Morttadelius”, la cual nos llevaría a Chiribitastán, país del norte de Europa. Después de un arduo viaje en el “Morttadelius” aterrizamos en un claro de la “Selva Crónlech”.

Tuvimos que atravesar unas arenas movedizas saltando por unas lianas con desastrosos resultados, ¡sobre todo para mí que me estrellé contra un árbol! Y vencidas todas las dificultades llegamos al templo donde estaba guardado el libro dorado, pero llegábamos demasiado tarde, ya que las tropas ñazis habían saqueado el templo y habían dejado una inscripción en una lápida que decía: “Oink, marramiau, guau”, que traducido al español significaba: “Alcachofus Jutler estuvo aquí”. ¡Juan y yo habíamos hecho el viaje en vano! ¡El libro estaba en Brelín!

Así que otra vez al “Morttadelius”, el que nos llevaría a Brelín porque según le habían dicho a Juan sus contactos era allí donde estaba el libro.
Yo tenía miedo porque Jutler estaba en la ciudad. Tras un viaje movidito por las turbulencias por fin llegamos a Brelín, pero allí oímos la noticia de que Alcachofus había cogido la gripe y se había ido a su chalet de Toulouse.

El rescate del libro ya fue algo más complicado debido a las medidas de seguridad del lugar donde estaba guardado. Yo, como era muy torpe, me puse a jugar con un rayo láser e hice que saltaran las alarmas. Fuimos corriendo a la sala donde estaba el libro, lo cogimos y de repente nos vimos rodeados por tropas ñazis. Juan cogió una cuerda con un garfio, la tiró al techo para que se enganchara a una viga y comenzamos a trepar por ella viéndonos envueltos en una lluvia de balas, pero lo que no teníamos previsto era que el techo fuese de hormigón en lugar de cristal. Juan y yo empezamos a gritar de miedo porque estábamos muy asustados, pero de pronto me acordé del libro y les dije la formula que venía en él: “Sinbutu ongimi”. ¡No os lo vais a creer! ¡Funcionó!

Los soldados soltaron las pistolas y comenzaron a aplaudir y a reírse. Juan y yo aprovechamos ese momento, bajamos al suelo, les saludamos, huimos al aeródromo, subimos en el “Morttadelius” y volvimos a España. Allí aprovechamos el libro dorado y en vez de entregárselo a un museo nos lo quedamos nosotros. Nos hicimos ricos y famosos contando en la televisión chistes malos y terminamos diciendo la fórmula.

 

Víctor Suárez Fernández (1ºB- ESO)



Un día en la isla de Cuba

11 01 2009

 imagen de Fidel Castro

Un día, me dirigí a la isla de Cuba. Al llegar, fui a ver a Fidel para saber cómo se encontraba. Me dijo que tenía que ayudarle, porque ya estaba viejo, aunque siempre se mostraba muy decidido.
Su hermano Raúl Castro quería quitarle el puesto de presidente de Cuba. Fidel me dijo que con su ayuda yo podría llegar a ser el presidente, Fidel el vicepresidente y Raúl barrendero del parlamento.
Preparamos un plan para derrotar a Raúl. Fidel y yo intentamos ir a casa de Raúl para averiguar los planes que tenía preparados para poder ser el nuevo presidente de Cuba. Cuando estábamos entrando, los guardaespaldas de Raúl nos vieron y tuvimos que ir a la cárcel por intento de robo. Pasaron los meses y llego el día de las elecciones. Como sólo se presentaba Raúl, él ganó.
Nosotros teníamos un plan preparado para escapar de la cárcel. Con una lima que conseguimos, rompimos los barrotes y nos fuimos corriendo. Un guardia nos vio y lanzó unos disparos al aire de advertencia. El último, alcanzó a Fidel y, cayéndose al suelo, dijo que me fuera, pero yo no le hice caso. Le llevé como pude hasta la salida.
Cuando por fin salimos de la cárcel, cogimos un coche abandonado y nos fuimos rápidamente a casa de Raúl.
Allí le vimos fumando un puro, mientras decía: ¡Por fin me he librado de mi hermano!– soltando unas grandes carcajadas.imagen de Raúl Castro
Fidel le dijo: ¡Que te lo has creído! – Con la ayuda de Juan podré vencer.
Tuvieron una gran pelea, pero como Fidel aún tenía la bala en su interior se cayó redondo al suelo. A mí sólo se me ocurrió tirar a Raúl y aproveché para llamar a la policía cubana.
En un instante llegaron porque estaban al lado, concretamente, en la calle siguiente a la nuestra. Pillaron a Raúl y vieron cómo Fidel estaba en el suelo tendido. Entonces llamaron a una ambulancia, y, rápidamente, le extrajeron la bala.
Entonces, me nombraron presidente y a Fidel vicepresidente, mientras que a Raúl que iba a pasar toda su vida en la cárcel. Finalmente le perdonamos y los dos decretamos que debía trabajar como barrendero puesto que, de todos modos, era el hermano de Fidel.
Al final, Fidel y yo gobernamos Cuba.

Juan Muñiz Vázquez  (1º B  ESO)



Confabulario

8 12 2008

Cuento de horror

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.

Juan José Arreola (Confabulario)

Para saber más sobre este autor mejicano y sus libros puedes ir a esta página del CVC del Instituto Cervantes. Pincha en la imagen:



Ersilia

10 11 2008

fotografá de Chema Madoz

En Ersilia, para establecer las relaciones que rigen la vida de la ciudad, los habitantes tienden hilos entre los ángulos de las casas, blancos o negros o grises o blanquinegros, según indiquen las relaciones de parentesco, intercambio, autoridad, representación. Cuando los hilos son tantos que ya no se puede pasar por en medio, los habitantes se marchan: las casas se desmontan; quedan sólo los hilos y los soportes de los hilos.

Desde la ladera de un monte, acampados con sus enseres,  los prófugos de Ersilia miran la maraña de los hilos tendidos y los palos que se levantan en la llanura. Y aquello es todavía la ciudad de Ersilia, y ellos no son nada.

Vuelven a edificar Ersilia en otra parte. Tejen con los hilos una figura similar que quisieran más complicada y al mismo tiempo más regular que la otra. Después la abandonan y se trasladan aún más lejos con sus casas.

Viajando así por el territorio de Ersilia encuentras las ruinas de las ciudades abandonadas, sin los muros que no duran, sin los muertos que el viento hace rodar: telarañas de relaciones intrincadas que buscan una forma.

 Las ciudades invisibles

Italo Calvino

Siruela. Madrid. 2002memoria de Ersilia



El oso del secretario

28 10 2008

j02346812.gif

(Texto para la primera propuesta de escritura)

 El oso del secretario

 La pequeña empresa familiar se dedicaba a la repostería. En Navidad horneaban cientos de roscones de Reyes y él se encargaba todos los años de introducir la sorpresa en el interior de la masa, como obliga la tradición. Su padre había comprado 1500 osos polares disfrazados de piloto de las fuerzas aéreas, envueltos en pequeñas bolsas de plástico. Su padre no se complicaba la vida con aquello de la Navidad y el viajante de Alicalia Dulces se los encajó sin ni siquiera una simple consulta al catálogo por su parte.Tras toda la noche colocando bolsitas en los roscones, le sobraron siete. ¿.Qué hago con vosotros? –se dijo. En la madrugada del taller acostumbraba a hablar a solas en voz alta para entretener la rutina. Sonrió al meter a uno de los osos en el molde de horneado de la máquina de las magdalenas. Esta vez le susurró: “alégrame el día, oso”. Era el final de la jornada y faltaba poco tiempo para tener unos días de descanso.

***

El secretario del juzgado miraba la miniatura que había caído en el plato, con aquel tintineo de moneda falsa. Abría cuidadosamente la bolsa, le daba vueltas, lo posaba en la mesa, de pie… tal vez debería decir algo al camarero, pensó. Sería un buen tema para un relato, podría escribir las historias absurdas del juzgado, o algo así, como ésto: un tipo que mete osos piloto en las magdalenas. ¡Hay gente para todo! ¿Se habrá dado cuenta de que se juega una querella y perder el trabajo?Abrió el periódico de nuevo, tomó el café muy despacio, le esperaban las prisas del juez sobre la mesa del despacho. Cuando el camarero le trajo la cuenta, escondió su oso en la mano.    

Alfonso Fernández



Los dos reyes y los dos laberintos

25 10 2008

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mando a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso.” Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

Jorge Luis Borges



Zapatos

21 10 2008

Fotógrafo: Julio César

Me senté en la cama para calzarme, pero los zapatos habían desaparecido. Miré alrededor y vi asomar la puntera de uno de ellos, el izquierdo, me parece, por debajo de la cortina, aunque se retiró enseguida hacia el interior como si presintiera que había sido descubierto. Me levanté, la corrí de golpe y trotaron hasta encontrar refugio debajo de la cama, de donde logré espantarlos con una escoba. Entonces se escondieron detrás de un armario grande y tan pegado a la pared que no me entraba el brazo. Envié a dos zapatillas de mucha confianza a por ellos, pero regresaron al poco pisoteadas y maltrechas. Su inferioridad era evidente. Esa noche me envolví los pies en una manta por miedo a que los zapatos me los devoraran durante el sueño: no sabía hasta dónde serían capaces de llevar aquella rebelión. Pero ni siquiera se acercaron a la cama. De madrugada los oí recorriendo el pasillo desesperadamente hasta que dieron con la salida a las habitaciones de la memoria, que se hallaban de forma simultánea al otro lado de la puerta y en el interior de mi cabeza. No vi los lugares que atravesaban, pero reconocí por los pasos los diferentes suelos que yo mismo había recorrido para llegar hasta este punto de la vida.
Por la mañana, cuando me incorporé sobre la cama para comenzar el día, los vi a mis pies de nuevo, dóciles, como los coches oscuros de un subsecretario. Traían la suela sucia y entre el barro se distinguían pelos de alfombras caras mezclados con basura de lugares remotos y fragmentos de cucarachas aplastadas en hoteles de horror. Les sobraban razones para mostrar aquel aspecto de cansancio, como a mí mismo, como a usted en esta época del año. Me metí en ellos y supe que en el futuro sólo iría ya a donde quisieran llevarme, incluso aunque no me conviniera.

Cuerpo y prótesis
Juan José Millás