El mito del barrio de La Magdalena

24 11 2008

 

En Avilés hay un barrio que se llama el barrio de La Magdalena, en él hay un institutito que se llama IES. La Magdalena. Voy a contar porque recibió este nombre: 

Hace muchos años, un panadero pastelero de la villa de Avilés cuya especialidad eran las magdalenas, decidió junto con su mujer irse a vivir lejos de su lugar de trabajo, pero la mujer del panadero quería tener vecinos, así que como tenían mucho dinero gracias a las magdalenas decidieron construir varias casas más para tener vecinos.

Se dice que desde que empezaron las obras del barrio, hasta que acabaron, la mujer del panadero llevaba todos los días una cesta con magdalenas para los obreros, por lo que se le acabó conociendo como el Barrio de la Magdalena.

 Hace más de veintisiete años que se empezó a construir el IES La Magdalena, que se llamó así por dos cosas: la primera porque obviamente está en el barrio de La Magdalena y la segunda es porque todos los días por la mañana, a la puerta de la obra, había una cesta con magdalenas, que nadie había visto a quien la ponía allí. Se piensa que era el espíritu de la mujer del panadero, que amaba el barrio y cuidaba de todos los que están en él. La cesta de magdalenas era para que los obreros trabajaran mejor y así cuidar de ellos y para que los estudiantes que fueran estuvieran seguros. 

Y a que no sabéis por qué el periódico del instituto se llama “El Magdaleno”. Porque el periódico es masculino y el masculino de “La Magdalena” es “El Magdaleno”.  

Héctor Mayor Jordán (1º  Bachiller - J)



Las continuas confusiones

21 11 2008

 

 

Una niña llamada Magdalena trabajaba desde que era muy joven con su padre, en su pequeña repostería. Todo el barrio la conocía por lo bien que hacía las magdalenas. Cada vez que oía la palabra “magdalena” mientras estaba trabajando en la cocina decía: “¿qué quieres?”: No podía evitarlo.

Sus padres la llevaron al médico y al psicólogo para ver si podían encontrar una solución para el problema de su hija, pero ningún especialista pudo encontrar un posible remedio. Su fama por esa confusión empezó a ser universal y en todos los países del mundo se conocían las magdalenas de Magdalena. Magdalena pasó de ser una empleada en la cocina en el negocio de su familia a ser la jefa de la cadena más importante de repostería del mundo.   

Adrián Fernández Clemente (3º ESO- B)



El oso del secretario

28 10 2008

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(Texto para la primera propuesta de escritura)

 El oso del secretario

 La pequeña empresa familiar se dedicaba a la repostería. En Navidad horneaban cientos de roscones de Reyes y él se encargaba todos los años de introducir la sorpresa en el interior de la masa, como obliga la tradición. Su padre había comprado 1500 osos polares disfrazados de piloto de las fuerzas aéreas, envueltos en pequeñas bolsas de plástico. Su padre no se complicaba la vida con aquello de la Navidad y el viajante de Alicalia Dulces se los encajó sin ni siquiera una simple consulta al catálogo por su parte.Tras toda la noche colocando bolsitas en los roscones, le sobraron siete. ¿.Qué hago con vosotros? –se dijo. En la madrugada del taller acostumbraba a hablar a solas en voz alta para entretener la rutina. Sonrió al meter a uno de los osos en el molde de horneado de la máquina de las magdalenas. Esta vez le susurró: “alégrame el día, oso”. Era el final de la jornada y faltaba poco tiempo para tener unos días de descanso.

***

El secretario del juzgado miraba la miniatura que había caído en el plato, con aquel tintineo de moneda falsa. Abría cuidadosamente la bolsa, le daba vueltas, lo posaba en la mesa, de pie… tal vez debería decir algo al camarero, pensó. Sería un buen tema para un relato, podría escribir las historias absurdas del juzgado, o algo así, como ésto: un tipo que mete osos piloto en las magdalenas. ¡Hay gente para todo! ¿Se habrá dado cuenta de que se juega una querella y perder el trabajo?Abrió el periódico de nuevo, tomó el café muy despacio, le esperaban las prisas del juez sobre la mesa del despacho. Cuando el camarero le trajo la cuenta, escondió su oso en la mano.    

Alfonso Fernández