Algunos cuentos mezclados de 1º D (07-08)

        El hombre con almohadillas (Por Rubén Cantón Casado)    

     En los tiempos de tu tataratataratataratataraabuela había muchos gatos pobres.Entre ellos estaba la familia de los bigotes pardos, la que se había quedado sin padre, sin madre, sin padres adoptivos, sin tutor legal y sin tutor ilegal y ya nadie quería cuidar de los chicos.Como ya eran todos mayorcitos decidieron repartirse la herencia e irse a vivir todos por su cuenta.

        El mayor, que era el más fuerte de los gatos, se quedó con los sacos de comida “Friskies”; el mediano que era el más listo se quedó con los sacos de comida “Eukanuba”; el más mediano que era el más guapo se quedó con los sacos de comida “Hill’s Neutered” y el más pequeño, que era el más pequeño,  se quedó con Juan,  el humano mascota de la familia.

      Todos los gatos se fueron por su lado a vivir cada uno a una ciudad.El mayor se fue a París, una hermosísima ciudad; el mediano a Londres, una muy guapa ciudad; el más mediano que el mediano a Atenas; una guapa ciudad y el más pequeño a Madrid, una horrenda ciudad.El pobre gato gemía y gemía, maullando que qué iba a hacer con un simple y tonto humano viviendo en Madrid sin casa y sin sacos de comida. Entonces el humano le dijo:

-¿Qué te pasa?

-¡Tú maúllas!Claro, los humanos todos podemos además de hablar, maullar, ladrar y hacer algún que otro sonido más.

-Chuli- maulló el gato-pero, ¿qué puedo hacer yo contigo nada más?

-¿Sabes? Los humanos sabemos hacer muchas cosas, como hablar idiomas raros cantar o hacer muecas, me podía meter en un circo y ganarte sacos de comida.

-Eso sería una posibilidad, porque últimamente sólo como el envoltorio del saco, con un poco de suerte.

-Pero yo quiero que me des a cambio chuminadas.

-Sin problemas. No sé como podéis los humanos comer esa mierda.

-Pues están muy ricas.

         Dicho y hecho. El gato se puso a buscar un circo para el humano; pero todos tenían humanos con esas habilidades y nadie quería un humano que supiera maullar, andar en coche, cantar, etc. El problema era que todos los circos tenían un humano por lo que tuvieron que ir hasta la otra punta del mundo y tuvieron que pasar por socavones en ciudades con perros abajo esperando que cayeran como en este juego.Entonces,  al llegar al llegar a la otra punta del mundo, en Nueva Zelanda, encontraron  un circo musulmán donde los humanos sólo hablaban árabe (era algo increíble un humano que hablaba español). Lo admitieron. El gato ganó mucho dinero y entonces se pudo casar con la princesa Mohanimalahlpetolonhal.Fueron felices, pero no comieron perdices, sino ratones. (La princesa sardinas, porque el ratón es un animal impuro para el gato musulmán)  

                  El gato chulo (Por Guillermo Rego Fernández, Javier Riego Barcía y Ánder Villanueva Santiago) 

        Hace mucho tiempo en la época de Naranjito, había un gato muy presumido llevaba botas de chúpame la punta, también le encantaba hacer casamientos de princesas. Un día, caminando por al lado de un río encontró una carroza que había pinchado, se acercó y empezó a hablar:

-               Hola, ¿le puedo ayudar en algo?

-               ¡No necesito ayuda! Soy el marques de Carabás. Pronto llegará un paje para cambiarme la rueda.

-               Bueno, usted se lo pierde. Yo soy mejor que miles de pajes humanos. Y, por cierto, más agradable.

-               Espere un momento, ¿qué ha dicho? 

- Pregunta el marqués.

-               Nada, nada, que me gustaría ser su amigo.

-               Pues si me arregla mi carroza en menos de un cuarto de hora, se sube a ella y hablamos.

         Y en menos tiempo de lo que canta la Pantoja, el  gato arregló la carroza y comenzaron a hablar. Le contó en qué trabajaba y el marqués se interesó y le dijo:

- Yo estoy soltero y necesito una princesita.- Dijo el marqués.

-Pues yo te puedo conseguir una. Si quieres.

- Vale pero que sea guapa y rica.

- Sí, sí fue miss princesa en este año.

- ¡Adquirida!- Exclama el marqués.

- Será un  placer hacer negocios con usted.

- ¡Negocios, cómo que negocios!

- Sí. Si no cobro, no hay trato.

- ¿De cuánto estaríamos hablando?

- De unas 1.000 monedas de oro.

- Dinero no falta.

- Pues entonces, acompáñame.

         El gato y el marqués fueron a buscar a la princesa  para  casarla con él. La  boda sería al día siguiente. Y así  fue, se casaro , hicieron el amor y tuvieron muchos hijos. 

         Y  colorín colorado, este cuento se ha acabado. 

Fin 

El euro del modista( María Vijande Alonso y  Ángela González Vázquez) 

                                                     Allá  en  la  época  de los romanos, vivía uno de  los  habitantes  mas  infelices   del   pueblo  de Castilla , llamado  Euraclio, que  le  debía mucho dinero a todos los habitantes  de aquel   pequeño  lugar, por lo que todos estos estaban  muy enfadados   con  él. Euraclio no  podía   salir  a  la  calle  porque  todos  iban a   pedirle  dinero.            

            El   día  25  de  noviembre  Euraclio  “se  puso  enfermo”   (se  hizo  el  enfermo)  porque  no  quería,  ni  tenía  el suficiente  dinero  para  pagar  todas  sus  deudas.          

       Entonces  todos  decían:

-    Bueno, no  hace  falta  que  me  des  el  dinero,  ¡cuídate!

-    Pobrecito, a mí   tampoco  me des  nada, ¡no   te   mueras!

-    No  voy  a  ser  yo  la  excepción,  a  mi  tampoco  me debes  nada.

Pero hubo  una  excepción, EL  SASTRE:       

 -  Pues  a  mí   me  devuelve  el  mi  dinero,  como  Dios manda, aunque  se  muera.Los  demás  le llamaban egoísta.

-¡Pero,  cómo  puedes  decir  eso!  ¡No  seas  tan  malo!

     Entonces,  Euraclio  ya  cansado  del  sastre,  pensó  para  sí:

-Me  haré  el  muerto  y  así  me  ahorraré  los  odiosos  comentarios  del  sastre.  ¡Y  sus  malditos  euros!

   Al  día  siguiente  lo  encontraron   “muerto”  en  su  casa. En aquel   momento  celebraron  su  funeral. Entre  lágrimas  y  sollozos  se  acabó  el  funeral  y  lo  dejaron  en  la  iglesia…

        A  las  doce  de  la  noche  de  la  noche,  un  grupo de ladrones  entró en  el  cementerio  y  le  amenazaron con  que le  iban  a  matar. Entonces, cuando  uno  de  los  ladrones  le  iba  a  clavar  el  cuchillo,  Euraclio  dijo:- ¡Venid,  difuntos!El  sastre  que  estaba  escondido  detrás  de un  confesionario  exclamó:

 -¡Allá  vamos  todos  juntos!

          Y  el   ladrón  cogió  tanto  miedo,  que se  escapó  a  un  bosque  muy  lejano  y  no volvió  jamás. Al  final,  el  sastre  salió  de  su  escondite   y   Euraclio   le dio  el   euro a  todos  y  también al  sastre. Nunca  más  le  debió  nada  a  nadie.  

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